56. Mixed emotions (4). 28 noviembre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Blog, celos, Discusión, El viajero, Novio, Zapatillas Verdes
30 comments
Del Otro Lado: Hablamos… Vigésimoséptimo.
Ir a Post siguiente: 57. Mixed emotions (5).
Advertencia: no apto para diabéticos
La charla se fue aplacando pero nos quedamos con sensaciones encontradas. Había sido un día intenso para mí y de golpe recordé la sensación que había tenido esa misma mañana. Lo había extrañado. Lo había necesitado (por más que odio esa palabra) cerca. Y ahora había sentido que podía perderlo. Era mucho, y todo junto. Estaba sobre la cama, enrollada sobre mí misma, hecha un ovillito, como siempre que me invade la angustia o la tristeza. Pero él estaba ahí.
-¿Me abrazás? -le pedí.
Era justo lo que necesitaba en ese momento. Y él me dió el mejor abrazo del mundo. De esos que te envuelven, te calman, y te contienen. Nos quedamos abrazándonos un buen rato, y besándonos, y abrazándonos nuevamente. Y poco a poco la angustia fue cediendo y dejando lugar a otras sensaciones. (más…)
48. To sleep or not to sleep? (5). 28 octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Blog, Dudas, El viajero, Facebook, Novio, Zapatillas Verdes
18 comments
Pedimos la pizza finalmente, y comimos mirando un poco la luna y charlando de lo loca que había sido la última semana. Es sorprendente la cantidad de cosas que pueden pasar en tan pocos días, y tantas otras veces pueden pasar semanas enteras y que no pase absolutamente nada. Terminamos de comer, y volvimos caminado para mi casa abrazados. O más bien, yo colgada de su espalda. En cada esquina nos frenábamos para besarnos y disfrutar de nuestra cercanía. Pero había un par de cosas que aún daban vueltas por mi cabeza. Por un lado lo del blog, por el otro lo que acababa de pasar un rato antes. ¿No era demasiado pronto? Ya habíamos dormido juntos ayer, y ya era tarde. ¿Daba para dormir juntos dos noches seguidas? Esto empezaba a asustarme un poco. Además todavía necesitaba un poco de libertad, un ratito de espacio para mí. ¿Cuándo iba a escribir en mi blog entonces? ¿Con él ahí? No, eso no daba. ¿Iba a dejar de escribir por él? No, tampoco me parecía…
Llegamos hasta mi casa y subimos. Nos abrazamos y nos besamos, tomamos un café y me dijo:
-Me voy a ir yendo…
Y se me quedó mirando. Supongo que esperaba que le pidiera quedarse, pero ya a esta altura necesitaba un descansito. Tanto amor de golpe satura un poco, o todavía no estaba preparada, no sé.
-Ok, terminemos el cafecito y te acompaño.
Nos despedimos en la puerta con un beso y un abrazo, y la promesa tácita de hablar al día siguiente. Antes de irse me besó, y me tocó tres veces seguidas el hombro con su dedo índice. Casi como un código, en clave morse. Ya lo había hecho antes y yo no le había prestado demasiada atención. O sí y me había hecho la tonta. Pero después de esa noche era imposible no entender. Tres puntos, como tres puntos suspensivos. … Obviamente era una forma de decirme lo que yo le había pedido que no me diga, cuando dije -no me apures. Seguramente lo mismo que me había dicho en la pizzería. Pero me daba la chance de hacerme la tonta y no contestar, y así lo hice.
Volví a subir pensando que al fin iba a tener toda la camita para mí, para dormir toda despatarrada como siempre. Solo que antes de irme a la cama, no se me ocurrió mejor idea que sentarme frente a la PC, que estaba apagada desde el viernes. Abrí la página de WordPress. Era muy tarde para ponerme a escribir, y tenía la cabeza llena de pájaros y de dudas, no había chance de concentrarme. Pero entré a curiosear, cuántas personas habían entrado, desde dónde… y para mi sorpresa veo que había una entrada desde facebook…
.
Del otro lado: Des-atragantando antes de atragantarse, vigésimoterceros.
Ir a Post siguiente: 49. El beneficio de la duda.
46. To sleep or not to sleep? (3) 22 octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, El viajero, Marcadores, Novio, Zapatillas Verdes
20 comments
Sábado 4 de Abril de 2009
No apto para… diabéticos.
Agarró un marcador verde de trazo grueso, lo destapó y empezó a dibujarme el cuerpo. Lineas curvas como una planta enredadera en mi pecho, otras en mis piernas, y luego se tomó el tiempo de escribir un pequeño poema en mi abdomen desnudo, que terminaba casi llegando a mi pubis. Me hacía cosquillas pero era un sensación interesante. Era la primera vez que alguien me dedicaba un poema, y más aún de aquella manera. Lo leímos juntos. Estaba bueno, lindas palabras, sin excesivo romanticismo. Bien. Lástima que fuera tan perecedero, no hay forma de recuperar aquellas palabras. La hubo, en realidad. Sacamos algunas fotos, pero tiempo después, en un ataque de locura repentino las borré. Una pena. Una vez que él hubo terminado con mi cuerpo empecé yo con el suyo. Las letras no se me dan a mí tan fácil como a él, no al menos la poesía, ni siquiera la metáfora, lo mío es más literal. Pero siempre me gustó el dibujo, así que lo ilustré. Tomé otros colores, además del verde, azul y rojo. Unos trazos verdes por aquí, flores rojas y azules entrelazadas aquí y allá. Un ojo. Siempre me llamaron la atención los ojos, y siempre me gustó dibujarlos. Un ojo verde, con brillo en sus pupilas, y pestañas largas y curvas. Seguí ilustrando aquí y allá. Dejando mi marca en su cuerpo, mi nombre por acá, otra flor por allá, algunas figuras irregulares más allá. Nos miramos y nos reímos. Era bastante ridículo lo que estábamos haciendo, pero no por eso menos divertido. Parecíamos dos nenes, entusiasmados. Apropiándonos del cuerpo del otro de toda manera posible. Una vez que terminamos con la sesión de dibujo y fotografía nos miramos.
-¿Y ahora?
Dijimos entre risas.
-Vamos a darnos una ducha, así nos sacamos todo ésto.
Le dije, mientras iba hasta el baño. Abrí la ducha y nos metimos juntos. Nos bañamos mutuamente, frotándonos con la esponja para sacar los restos de tinta que todavía nos cubrían. Pero no salía del todo. Nos reímos en la ducha, y nos besamos, y tal vez algo más…
Una vez que terminamos de ducharnos y secarnos nos percatamos que ya se había hecho de noche, otra vez. Empezábamos a tener hambre y en mi casa ya no había nada de comer.
-Te invito a comer ¿Querés?
Dijo. Y no pude más que contestarle que sí. Nos vestimos y salimos a caminar por el barrio. Era una noche hermosa, cálida, con una luna perfecta. Empezamos a caminar por el bulevard Charcas hasta que encontramos una pizzería…
Ir a Post siguiente: 47.To sleep or not to sleep? (4).
43. Tengo Novio (3) 15 octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Blog, Cita, Facebook, Novio, sexo, Zapatillas Verdes
25 comments
Me quedé muda, mudísima. No sabía qué contestar. No podía creer que había sido tan tonta. Tenía obviamente en mi facebook una aplicación de blogs, en la que tenía seis blogs registrados, algunos que leía… y el mío. Obviamente no decía cuál era cuál pero no podía ser tan difícil, sobre todo cuando el mío tenía alguna información básica. Sin datos personales, pero psicóloga, de 30 años… no iba a ser muy difícil de deducir. Mierda, pensé. Mierrrrrrrrrda. ¿Y ahora qué le digo? No daba mentir, simplemente yo no soy así. Y además no hubiera tenido sentido. Así que no se lo negué. Solo le repetí
-Acordate que me prometiste que no lo ibas a leer.
Pero sabiendo la inutilidad absoluta de aquellas palabras. Ahora solo faltaba prepararse para lo que se iba a venir después. Esperaba que más tarde que temprano, pero en algún momento iba a pasar. Me quedé un poco preocupada, pero él parecía tan seguro cuando me decía que no lo iba a leer que me relajé. Seguimos hablando de otras cosas mientras la cercanía y la intesidad de los besos y las miradas se iba haciendo omnipresente. Nos levantamos, caminamos un poco y fuimos casi directamente hasta mi casa, hacia mi cama. Qué pasó después, no les sabría decir. Mi memoria ya no registra con exactitud la sucesión de hechos. Si podría contar que de tanto en tanto, cuando parábamos a tomar un descanso, se me quedaba mirando con un ternura y una fijeza que hubieran derretido el hielo de los polos, si es que todavía queda algo. Alguna vez, así como al pasar largó un “te quiero”, que todavía sonaba extraño a mis oídos. Era casi como un golpe en la frente que alguien volviera a usar aquellas viejas palabras. No me era natural contestarle (como hubiera debido) “yo también”. Odio decir y hacer cosas sólo porque es lo correcto, y si no me salía decirlo, todavía no lo pensaba hacer. Tampoco me daba para quedarme en silencio, y todo lo que podía contestarle era
-No me apures…
Optó por cambiar de estrategia, hubiera sido simplemente estúpido insistir. Cuando me besaba me pedía que abriera los labios y susurraba palabras dentro de mi boca. Yo no sabía qué había dicho pero podía imaginármelo. De todos modos me ahorraba la obligación de tener que contestar y eso ya era un alivio. Así que lo dejé hacer, miéntras volvíamos a empezar. Un buen rato más tarde, después de muchas idas y vueltas, caímos muertos los dos sobre la cama. Transpirados y agotados, pero relajados, con mucho sueño. Se había hecho muy tarde y la verdad, después de todo lo que venía pasando, y visto y considerando nuestro reciente “noviazgo”, no me daba para volver a echarlo de casa, como venía haciendo hasta ahora, sutilmente. Debería decir que para mí, llegar a dormir con alguien es todo un evento. Sencillamente me parece algo muchísimo más íntimo que el sexo en sí. Lavarse los dientes, ponerse un pijama viejo, escucharse los ronquidos y levantarse a la mañana con los pelos parados y mal aliento… Me daba verguenza! Encima las últimas veces que lo había intentado no había podido relajarme ni pegar un ojo en toda la noche… Por eso lo venía postergando, pero esa noche… era distinto. Dije, entre dudas:
-¿Te querés quedar a dormir?
.
Ir a Post siguiente: 44. To sleep or not to sleep.
39. ¿Y…? (5) 29 septiembre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Cita, El viajero, sexo, Zapatillas Verdes
19 comments
Había sido una cena casi perfecta, de no ser por lo que se me había quedado un poquito atragantado. Hacía mucho tiempo que nadie me invitaba a cenar a un lugar lindo, ni me decía cosas lindas, y yo estaba tratando de relajarme y disfrutarlo, pero todavía no me salía del todo. Muchas preguntas se agolpaban en mi cabeza y no me permitían disfrutar. ¿Me vas a preguntar de nuevo si quiero ser tu novia? ¿De dónde mierda sacaste para pagar ésta cena? ¿Te vas a poner a buscar trabajo? ¿Te vas a quedar en Buenos Aires? ¿Me vas a mentir? Eran algunas de las preguntas que aún no podía responderme. Todavía no me era tan fácil, pero por lo menos ya no me asustaba tanto cruzarme con un auto blanco.
Llegamos entonces hasta la puerta de mi casa, y abrí, esta vez sin preguntar nada. Subimos hasta el quinto piso matándonos a besos en el ascensor. Abrí la puerta y pasamos directamente a la habitación, sin escalas. La ropa de ambos salió volando por los aires en pocos instantes. Se sentía tan bien estar cerquita, piel con piel. Era casi algo natural. Y así estuvimos durante horas, rozándonos, besándonos, acariciándonos. Acercándonos y alejándonos, empezando, parando y volviendo a empezar. Casi sin palabras. De tanto en tanto descansábamos como para recuperar el aire, pero a los pocos minutos volvíamos a empezar. Era sólo rozarnos y ya no poder parar. Mi cabeza por suerte no me molestó por un buen rato. Debe haber salido volando junto con la ropa. Me dediqué solo al cuerpo, a los sentidos, todos puestos en lo que estaba pasando en mi cama. Hasta que en uno de esos instantes de descanso escuché lo que estaba temiendo. Me miró a los ojos y con una caricia dijo:
-Ya es primero de Abril, te lo tengo que preguntar otra vez…
-Eh…
-¿Querés ser mi novia?
Me quedé muda unos instantes, pensando qué contestar. Era obvio que no podía decir que no. Tampoco estaba convencida de querer decir que sí, no al menos tan pronto. Y menos que menos volver a hacerme la boluda… ¿Qué decir? ¿Qué decir???? Tomé aire y dije:
-Sí…
Que sea lo que dios quiera -pensé- Pará… ¿desde cuándo vos crees en dios? -me dije a mí misma -bueno, ya veremos qué onda, nada es irreversible. Y me besó. Me dió un beso largo y profundo, y como si hiciera falta, repreguntó:
-¿Estás segura?
No preguntes, no preguntes, no preguntes…
-No, no estoy segura. Pero probemos…
Contesté con mi habitual falta de tacto y excesiva sinceridad. ¿Cuándo aprenderé que uno NO (gracias, Maes…) tiene que decir toooodo lo que piensa???
.
Ir a Post siguiente: 40. ¿Tengo novio?
31. Dudas y más dudas… (2) 8 septiembre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Cita, Discusión, El viajero, Zapatillas Verdes
18 comments
Lunes 30 de Marzo de 2009
-Es que tengo una oferta de trabajo muy buena allá, y no sé… lo estoy pensando…
-Ah… Bueno… que complicado. La verdad es que yo no me veo viviendo allá. Extrañaría muchas cosas. A mí me gusta éste país de mierda… -le contesté como pude- Pero vos hacé tu vida, no cambies tus planes por mí…
La verdad no me parecía momento para plantear semejante decisión. Hubiera querido que el tema quede ahí, al menos por ahora. Pero la cosa no quedó ahí.
-¿Y en Buzios? ¿Cómo te ves? -insistió.
-¿Qué??
Volví a balbucear, tratando de entender
-Es que mi viejo tiene una casa grande allá y no la usa. Yo pensaba que se podría hacer una posada y vivir ahí… hay una casa de huéspedes atrás…
Siguió hablando pero creo que yo ya no lo escuchaba. Entre el frío, el malestar que sentía en el cuerpo y mi cabeza que no paraba, ya no podía más. Empecé a sentirme realmente incómoda. Empezamos a caminar y yo estaba cada vez más colgada de su espalda, metida en mis pensamientos. ¿Porqué me estás apurando tanto? -pensaba. Y creo que hasta se lo dije en voz alta alguna vez:
-Me estás asustando, ¿podemos ir más despacio?
Le dije. Pero creo que no me entendió. Seguimos caminando entre silencios cada vez más prolongados de mi parte. El seguía diciendome cuánto le gustaba y lo bien que se sentía conmigo. Yo me sentía cada vez más presionada: nadie dice todas estas cosas si no espera una respuesta del otro lado – pensaba. Y en mi cabeza cada vez más dudas, en constante diálogo. Si, pero no. No, pero sí. Simplemente no podía contestarle. Sentía que me estaban apurando. Y a mi decirle al otro lo que creo que quiere escuchar, porque sí, no me va. Yo no digo cosas que no siento, al menos hasta que no siento que se me escapan de la boca, que tengo que decirlas. Así que mi respuesta era un incómodo silencio, a veces prolongado. Cada vez me sentía peor y no quería seguir caminando sin rumbo.
-Entonces… ¿Qué hacemos?
Le pregunté.
-Me gustaría invitarte a cenar, pero hoy no puedo -dijo- ¿Querés que te cocine algo? -Agregó.
Me quedé pensando. Al menos no me había pedido que yo le cocine, podría haber sido peor. Pero en mi casa no había nada y lo más probable era que fuera un desastre. Entre dudas, le dije que sí. Fuimos caminando para el lado de mi casa y paramos en un supermercado, que por suerte estaba todavía abierto. Empezamos a dar vuelta por las góndolas pensando qué comer. Decidimos, finalmente, por unas pastas. Buscamos una lata de salsa de tomates, una caja de ravioles y queso rallado, y entre vuelta y vuelta me dijo:
-Te quiero…
No podía creer lo que estaba escuchando. ¿En el supermercado me lo tenés que decir?? -pensé. Tragué saliva. Conozco una sola forma de responder a esa frase y la verdad no me salía…
Ir a Post siguiente: 32. Dudas y más dudas… (3).
30. Dudas y más dudas… 6 septiembre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Cita, Discusión, El viajero, Zapatillas Verdes
18 comments
Lunes 30 de Marzo de 2009
Entre tantas dudas, terminé de atender a una paciente y se iba acercando la hora en que habíamos quedado en encontrarnos. Empecé a sentirme mal. Un dolor difuso en la parte baja de la espalda, de esos de “antes de”. ¿Ya me tiene que venir? Pensé. No llevaba demasiado control de las fechas, hasta el momento no había mucho de qué preocuparse. Me tomé un ibuprofeno mientras lo esperaba, pero no tuve ni ganas de cambiarme. Cuando tocó el timbre yo estaba vestida con el jean y la camisa marrón con la que había recibido a mi última paciente, casi sin maquillaje y con anteojos. No tenía ganas de ponerme los lentes de contacto. Le contesté:
-Ya bajo!
Y antes de hacerlo pasé por el baño, me peiné un poco, me delineé los ojos apenas, un poco de rimmel y bajé. Nos besamos en la puerta y le conté que no me sentía del todo bien, y le pedí disculpas por mi aspecto.
-Estás hermosa igual.
Me contestó, haciéndome sentir aún peor por mi falta de cuidado. Pero si íbamos a tener una relación más larga en algún momento me iba a ver más al natural. Empezamos a caminar. Era un poco temprano para cenar, y hacía frio. Además él no tenía plata para invitarme a cenar. Y yo tampoco. Así que caminamos un rato, pero mi dolor de cintura empezaba a jugarme una mala pasada, y las dudas que circulaban por mi cabeza otro tanto. En un momento nos detuvimos en una esquina, frente a la plaza y empezamos a besarnos. Nos quedamos abrazados un rato y él empezó a hablar:
-Me parece que no me voy a volver a Río… -dijo.
-¿Por?
le pregunté asustada. Me daba terror que me dijera que era por mí…
-Con mi viejo está todo mal, y no tengo otro lugar donde ir allá. Es medio complicado… Además acá…
Empezó una frase, pero no la terminó. Yo cambié de tema
-¿Y qué vas a hacer?
-Y la verdad no lo sé todavía… hay varias posibilidades… ¿Cómo te ves viviendo en Londres?
-¿QUÉEEEEE?
Pregunté aterrada. ¿Pero éste flaco está totalmente loco? ¿Me está proponiendo irme a vivir con él al otro lado del mundo? ¿Será que realmente lo piensa o me está cargando?? La verdad es que no me veía, ni con él ni sin él. Recién ahora despues de años de esfuerzo mi trabajo está empezando a repuntar acá. ¿A qué me iría a Londres? ¿A trabajar de mucama en algún hotel y abandonar mi profesión, mis amigos, mi casa? Y además…. ¿Me está diciendo que quiere vivir conmigo?? Mi cabeza confabulada con mi cintura me estaban matando…
Ir a Post siguiente: 31. Dudas y más dudas… (2).
24. En el horno… (4) 24 agosto 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, El viajero, sexo
16 comments
Mientras íbamos para mi casa veníamos hablando de cómo habíamos sido de chicos. Él me contó que en el colegio había sido bastante quilombero. Que lo habían echado de algún colegio, que era muy deportista (jugaba al rugby) y que había tenido muchas novias, desde muy chiquito. Que incluso en alguna época había salido con más de una a la vez. Yo, en cambio le conté que desde chiquita había sido “la de anteojos”, que era una nena buena y estudiosa, que siempre me habían tratado de “traga” y nunca había tenido mucho éxito con los varones. Que siempre había odiado los deportes y había preferido encerrarme en mis libros. Que no le daba mucha bola a nadie… y nadie me daba bola a mí. Que por eso siempre me había creído fea…
-La verdad es que nunca, nadie me dijo -¿Querés ser mi novia?
Le dije, y seguí contándole que recién en el último año había empezado a superar un poco mi timidez y mis complejos y había empezado a divertirme un poco más. Él me miraba atónito, cómo sin entender:
-¿En serio nunca te dijeron eso? ¡Pero si sos hermosa! -me contestó.
Y nos reimos. Subimos a casa, matándonos a besos en el ascensor, y no podría contarles claramente qué pasó después. Fue una de esas noches en las que uno entra en una especie de transe, ese estado de semiinconciencia en el que lo único que importa es el cuerpo del otro… y el propio. De alguna manera llegamos al dormitorio y en algún momento nos sacamos la ropa. Seguimos besándonos y tocándonos y recorriéndonos los cuerpos, conociéndonos. Esta vez sin frenos ni límites. En casa había preservativos y eso era para mí la única condición. Se lo dije y lo aceptó, pero no era algo que le resultara demasiado cómodo. Me aclaró:
-Es que hace más de diez años que no uso uno. Y hace al menos dos años que no estoy con nadie.
-¿No tuviste sexo con nadie en dos en dos años??
Le pregunté, casi como pensando en voz alta.
-No -me contestó- la verdad es que no tuve ganas…
Y ésta vez era yo la que no podía creer lo que escuchaba.
Empezamos a besarnos nuevamente mientras él se ponía el preservativo y continuamos lo que habíamos empezado un rato antes. Empezamos y paramos muchas veces, por momentos impetuosamente, por momentos con una calma tranquilidad, probando distintas posiciones, jugando, experimentando. De tanto en tanto hacíamos un recreo para recuperar el aliento, descansábamos un rato acariciándonos y conversando. Había muchas cosas dando vueltas por mi cabeza en esos momentos de calma: todo lo que me gustaba de él, y todo lo que no me gustaba. La posibilidad de que esta historia tuviera alguna continuación, pero también la posibilidad de que él se volviera a Brasil y todo quedara ahí: yo no estaba dispuesta a dejar todo por seguirlo, mi vida se estaba empezando a encaminar por acá. El hecho de que él no tuviera trabajo, ni casa, ni plata, tampoco me resultaba una idea muy seductora. Sin embargo había algo, llamémoslo intuición o como más les guste, que me decía que ahí podía haber algo más.
En un momento, entre beso y beso se me quedó mirando fijamente y me dijo:
-Te tengo que contar algo que me pasó en París….
Ir a Post siguiente: 25. Que las hay, las hay…
23. En el horno… (3) 20 agosto 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Cita, El viajero
26 comments
Domingo 29 de Marzo de 2009
Bajé entonces, quince minutos antes de la hora acordada, gratamente sorprendida. Nos saludamos en la puerta con un beso intenso, habían pasado apenas unas horas desde nuestra despedida, y ese aire de familiariedad seguía presente. Ésta vez no se había puesto las zapatillas verdes. Tenía puestas unas rojas, con cordones blancos, que hacían juego con su remera roja (colorada, diría él), y los anteojos oscuros de los que nunca parecía separarse. Apenas salí del edificio empezamos a caminar, juntos, hacia el lado del parque. Me siguió sin preguntar mucho y después de caminar unos metros preguntó:
-¿Qué hacemos?
-Hay un solcito hermoso, ¿qué te parece si vamos al parque?
Me animé a decirle. No sé porqué me cuesta tanto proponer algunas cosas, serán resabios de mi antigua timidez, una guerra que nunca gané por completo. El parque estaba a escasas dos cuadras de mi casa, es un parque hermoso, con muchos árboles y esculturas al que voy siempre que puedo. Me encanta la tranquilidad de estar tirada en el pasto, tomando solcito, leyendo, o simplemente disfrutando del sonido de los árboles y los pajaritos en pleno centro de la ciudad.
Sorprendido, aceptó y seguimos caminando hasta llegar al centro del parque. Elegimos un espacio al solcito, cerca de una escultura. Saqué mi pareo de la cartera y lo estiré sobre el pasto, para poder sentarnos cómodamente.
-¿Siempre llevás eso en la cartera o ya tenías todo planeado? -preguntó.
-No, lo llevo en la cartera cuando está lindo el día, por las dudas -mentí, más por vergüenza que otra cosa. Sí, soy una tarada, ya lo sé…
Finalmente nos recostamos en el pasto, muy cerca uno del otro y empezamos a hablar. Y hablamos y hablamos… de museos, de pinturas, de esculturas, de viajes, de fotos, de literatura… Mientras el solcito de a poco se iba yendo y nosotros estábamos cada vez más enganchados con la conversación, y cada vez más cerca uno del otro, acomodándonos uno en los huequitos del cuerpo del otro. Por supuesto que en el medio de la charla seguíamos besándonos, cada vez con más ganas, reconociéndonos las bocas. Seguimos charlando un rato más hasta que vinieron a echarnos. Ese parque cierra a las 19.00 hs y siempre hay un guardaparque mala onda que se encarga de recordartelo un buen rato antes. Salimos de ahí y fuimos caminando hasta un barcito que está a unas cuadras, con mesas afuera. Nos sentamos y pedimos: Un café negro -sin leche, tengo que aclarar, porque las camareras se empecinan en traerme cafés cortados… puajjjj… yo no tomo leche!- y una pepsi light para él, con mucho hielo. Seguimos la charla un rato más, tomados de las manos. Él no paraba de decirme lo hermosa que estaba hasta hacerme sonrojar:
-No sabés lo linda que te queda ésta luz.
Decía, y yo que nunca sé que mierda contestar. Empecé a sentirme un poco inquieta con la fijeza de su mirada y sus constantes halagos, pero la verdad es que a mí también me gustaba. Sobre todo me gustaba lo cómoda que me sentía con él, cómo si nos conociéramos de mucho tiempo antes. Un rato más tarde, cuando ya era noche cerrada, seguimos camino hacia mi casa…
Ir a Post siguiente: 24. En el horno… (4).
20. Un vaso de agua (2) 10 agosto 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Amigas, Besos, Cita, Cumpleaños, El viajero
23 comments
Me quedé muda. No sabía qué contestar. Mis ideas estaban más desencontradas que nunca. Había un costado de mi cabeza que gritaba
-¿Qué??? ¿Me vas a dejar así? ¿Para qué mierda subiste??
Pero estaba también el otro costado, el que me decía
-relajate, si vos también tenías dudas, si vos tampoco querías que sea solo una noche más… ¿que problema hay en esperar? Y además te está diciendo que le gustás mucho, que te quiere ver mañana… esperá…
Pero mientras por mi cabeza pasaban todas estas ideas, y tal vez algunas más, mi boca estaba cerrada. No era momento de decir nada, o tal vez solo de escuchar…
-…
-No es que no me gustes, te aclaro, me encantás y tengo muchas ganas, pero siento que no es el momento…
-ok…
-Vas a pensar que soy gay… -dijo después de un rato de silencio
-No, no… está bien…
Le contesté, después de pensar un rato, mientras nos quedamos abrazados, acariciandonos desnudos en la cama. Todo seguía siendo muy raro. Era a la vez un momento muy íntimo, pero seguíamos siendo solo dos desconocidos. Decidí hacerle caso a mi intuición, la que me había inspirado las dudas al invitarlo a subir, y la misma que me indicaba que no estaba mal esperar, que el hecho de que alguien te diga que quiere algo más que sexo con vos es una novedad interesante. Seguimos abrazados un rato más, acariciandonos y besándonos, hasta que se hizo casi la hora en la que mi amiga me iba a tocar el timbre. Entonces nos vestimos, y seguimos hablando un rato más en el living. Por algún motivo nos costaba mucho separarnos, y si no hubiera sido porque me había comprometido con mi amiga, hubiera preferido quedarme con él. Pero no podía colgar a mi amiga de esa manera, así que no me quedaba otra que echarlo, sutilmente.
-Pero… ¿es verdad lo del cumpleaños? ¿O lo inventaste para tener una excusa por si estaba todo mal?
-¡Es verdad! -Le dije -Mi amiga va a tocar el timbre en cualquier momento!
-Bueno, me voy… Pero solo si me prometés que me vas a atender el teléfono mañana. Quiero volver a verte.
-¿Mañana?
-Si, mañana te llamo. Prometeme que me vas a atender.
-Ok, te lo prometo.
Y sonó el portero eléctrico. Era mi amiga. Lo acompañé hasta la puerta y nos despedimos mientras hacía pasar a La Rubia.
Ahh! ¿El vaso de agua? Sí, tomamos un vaso de agua antes que se fuera…
Ir a Post siguiente: 21. En el horno…



