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47. To sleep or not to sleep? (4). 23 octubre 2009

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Ya había dicho que era un noche hermosa y templada de los primeros días de abril, con una luna perfecta. Elegimos una mesita afuera y nos sentamos. Debería aclarar que tengo la mala costumbre, desde chiquita, de sentarme en cualquier lado con las piernas cruzadas. No sé porqué, pero estoy cómoda en esa posición. Algo bastante inconveniente cuando una usa pollera, pero por suerte no era el caso de esa noche. Me había puesto un jean clarito, bien ajustado, una camisa negra cruzada y botas largas negras. Así que me senté, crucé las piernas arriba del asiento como era mi costumbre. En ese momento la voz de mi vieja empezó a retumbar en mi cabeza: -nena, que hacés sentada así? No ves que ni entrás en la silla? Estás acompañada, comportate como un señorita! Mierda, mamá, callate, ¿qué hacés acá? -pensé para mí. Pero era cierto, era sillas con apoyabrazos y mis piernas cruzadas no entraban del todo.

–Uh, ni me doy cuenta y ya me siento toda despatarrada, debería comportarme como una señorita, ser un poco más femenina… pero no me sale!

Dije mientras ojeaba la carta, un poco en broma, un poco en serio. En realidad poco me importa la imagen que doy, suelo hacer lo que me hace sentir cómoda, sin pensarlo demasiado. Pero la respuesta no se hizo esperar…

-Vos sentate como quieras, yo te amo igual…

Dijo sin casi darse cuenta de lo que decía. Me quedé mirándolo con los ojos abiertos como platos. Cerré la carta instantáneamente. ¿Qué??? ¿Qué me dijiste??? Pensé, pero de mi boca no salió ni una sola palabra. Ahora sí que me dejaste muda, ésta no me la esperaba. Hasta ese momento venía relajándome de a poquito, pasándola bien, disfrutando, tratando de controlar los miedos. Pero ésto había sido como un baldazo de agua fría. ¿Y ahora? ¿Qué te contesto? Decir -hace más de 24 hs. que estamos juntos y la estamos pasando divino, pero…. yo todavía no…  No. Definitivamente no. No quería ni podía decir algo así. Así que opté por callarme. Me mantuve en silencio durante un minuto o dos (aunque tal vez fueron segundos, pero se sintieron como minutos), lo miré, miré para abajo… Y volví a abrir la carta.

-¿Vos te diste cuenta de lo que me acabás de decir?

Pregunté mirando solo a la carta. No podía mirarlo a los ojos.

-Ehhh… no del todo. Creo que se me escapó…

-Ah… ok… No sé si te puedo contestar…  …¿Pedimos?…

Dije, tratando desviar la conversación hacia otros rumbos. Pero esas palabras seguían resonando en mi cabeza, y calculo que también en la suya. ¿Sería verdad? ¿Era posible? Pero si nos conocíamos hace ¡sólo una semana! Pero tambien era cierto que hacía más de un día que estábamos juntos, que habíamos dormido juntos, y que la estábamos pasando genial. ¡Mierda! ¿Qué necesidad había de arruinarla así? ¿Cómo puede ser que solo dos palabritas tengan el poder de cambiar tanto las cosas?

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del otro lado: Quedarse. Vigesimosegundos.

43. Tengo Novio (3) 15 octubre 2009

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Me quedé muda, mudísima. No sabía qué contestar. No podía creer que había sido tan tonta. Tenía obviamente en mi facebook una aplicación de blogs, en la que tenía seis blogs registrados, algunos que leía… y el mío. Obviamente no decía cuál era cuál pero no podía ser tan difícil, sobre todo cuando el mío tenía alguna información básica. Sin datos personales, pero psicóloga, de 30 años… no iba a ser muy difícil de deducir. Mierda, pensé. Mierrrrrrrrrda. ¿Y ahora qué le digo? No daba mentir, simplemente yo no soy así. Y además no hubiera tenido sentido. Así que no se lo negué. Solo le repetí

-Acordate que me prometiste que no lo ibas a leer.

Pero sabiendo la inutilidad absoluta de aquellas palabras. Ahora solo faltaba prepararse para lo que se iba a venir después. Esperaba que más tarde que temprano, pero en algún momento iba a pasar. Me quedé un poco preocupada, pero él parecía tan seguro cuando me decía que no lo iba a leer que me relajé. Seguimos hablando de otras cosas mientras la cercanía y la intesidad de los besos y las miradas se iba haciendo omnipresente. Nos levantamos, caminamos un poco y fuimos casi directamente hasta mi casa, hacia mi cama. Qué pasó después, no les sabría decir. Mi memoria ya no registra con exactitud la sucesión de hechos. Si podría contar que de tanto en tanto, cuando parábamos a tomar un descanso, se me quedaba mirando con un ternura y una fijeza que hubieran derretido el hielo de los polos, si es que todavía queda algo. Alguna vez, así como al pasar largó un “te quiero”, que todavía sonaba extraño a mis oídos. Era casi como un golpe en la frente que alguien volviera a usar aquellas viejas palabras. No me era natural contestarle (como hubiera debido) “yo también”. Odio decir y hacer cosas sólo porque es lo correcto, y si no me salía decirlo, todavía no lo pensaba hacer. Tampoco me daba para quedarme en silencio, y todo lo que podía contestarle era

-No me apures…

Optó por cambiar de estrategia, hubiera sido simplemente estúpido insistir. Cuando me besaba me pedía que abriera los labios y susurraba palabras dentro de mi boca. Yo no sabía qué había dicho pero podía imaginármelo. De todos modos me ahorraba la obligación de tener que contestar y eso ya era un alivio. Así que lo dejé hacer, miéntras volvíamos a empezar. Un buen rato más tarde, después de muchas idas y vueltas, caímos muertos los dos sobre la cama. Transpirados y agotados, pero relajados, con mucho sueño. Se había hecho muy tarde y la verdad, después de todo lo que venía pasando, y visto y considerando nuestro reciente “noviazgo”, no me daba para volver a echarlo de casa, como venía haciendo hasta ahora, sutilmente. Debería decir que para mí, llegar a dormir con alguien es todo un evento. Sencillamente me parece algo muchísimo más íntimo que el sexo en sí. Lavarse los dientes, ponerse un pijama viejo, escucharse los ronquidos y levantarse a la mañana con los pelos parados y mal aliento… Me daba verguenza! Encima las últimas veces que lo había intentado no había podido relajarme ni pegar un ojo en toda la noche… Por eso lo venía postergando, pero esa noche… era distinto. Dije, entre dudas:

-¿Te querés quedar a dormir?

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42. Tengo Novio (2) 13 octubre 2009

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Viernes 3 de Abril de 2009

Obviamente la cosa no quedo ahí. Él siguió preguntando y yo cada vez sabía menos qué contestar, ni cómo. Los silencios se hacían más prolongados y hasta intenté decirle que prefería no contestarle. Pero no era tan fácil y además en algún momento se iba a enterar… Pero la pregunta era ¿Yo quería que él leyera lo que estaba escribiendo? No estaba segura. Era inevitable que si lo leía vinieran escenas de celos, desconfianza, prejuicios. No iba a ser fácil hacerle entender que yo escribía sobre un pasado, reciente pero pasado al fin. Que mi vida hoy era diferente. Y que no me arrepentía de nada, que había sido una experiencia muy interesante y sumamente enriquecedora. Imposible de explicar y mucho menos de entender. Pero lo intenté.

-Te lo voy a contar pero con una condición.

-¿Cuál?

-Que me prometas que nunca lo vas a leer. NUNCA.

-Eh! ¿Pero porqué?

-Porque creo que te puede llegar a hacer mal. Puede ser doloroso. Prometémelo.

-Te doy mi palabra -dijo, mirándome a los ojos.

-mmmm…. No sé si te creo…

Le contesté. Me era difícil creer que iba a aguantar la tentación, no sé si yo podría…

-De verdad, te doy mi palabra de honor que no lo voy a leer.

Dijo y yo hice un esfuerzo por creerle. Aunque en el fondo sabía que no lo iba a poder cumplir, que le estaba pidiendo demasiado. Pero quise creer.

-Ok. Empecé escribiendo cómo había sido la ruptura con mi ex. Había sido una historia rara, complicada, que aún no terminaba de comprender. Sentí que tenía que contarla para terminar de entenderla yo. Para cerrar esa historia. Y después seguí escribiendo, contando mis historias…

-¿Historias como qué?

-mmmm…. Bueno, salidas con amigas, conocer gente, no sé… siempre me pasaban cosas que me parecían divertidas para contar…

-¿Escribís de los tipos que te levantabas?

-Ehhh…. mmmm… bueno, algo así, pero…

-¿En internet? ¿Dónde lo puede leer cualquiera?

-…

-¿No te da miedo?

-¿Miedo a qué?

-No sé, que alguien te reconozca, que lo lea alguien que no lo tiene que leer, que te juzguen, que te maltraten…

-No, la verdad no me da miedo. No tengo nada que ocultar, y además escribo con un seudónimo. No por vergüenza, sino por mantener la privacidad. Y que me juzguen no me importa en lo más mínimo. Yo sé lo que soy y lo que valgo, no necesito del reconocimiento de nadie…

-¿Y te lee mucha gente?

-No mucha en realidad, pero hay algunos.

-Ahora me da curiosidad…

-Me prometiste que no lo ibas a leer! Además no te pienso dar la dirección…

-¿Es uno de los blogs que tenés en tu Facebook?

-…

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41. Tengo novio. 12 octubre 2009

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Viernes 03 de Abril de 2009.

Ese día intercambiamos algunos llamados y quedamos en encontrarnos por la tarde. Me había venido bien un día de soledad para ordenarme un poco. Todavía no me acostumbraba a la idea de “tener novio” y eso de andar pegoteados todo el día no me cerraba del todo. Apenas estábamos conociéndonos y necesitaba un poco de aire. Además siempre venía bien algo de tiempo para escribir en mi blog, cosa que para ésa época, era una de mis actividades principales. Así que esa tarde nos encontramos. Bajé en cuanto tocó el timbre y empezamos a caminar para un barcito con mesas afuera, uno de los tantos que hay en Palermo. Era una tarde fresquita pero agradable. Pedimos lo de siempre: yo café negro, él pepsi light. Y mientras tomábamos, nos abrazámos y acariciábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Obviamente empezamos a hablar y hablar y hablar, como cada vez que nos encontrábamos.

-¿Qué estuviste haciendo hoy? -preguntó.

-Fui al hospital a la mañana, hoy empezaron las clases y tenía que ir a recibir a los alumnos y presentar la materia. Después me vine para casa…

-¿Y qué estuviste haciendo toda la tarde?

Por esa época yo estaba con poco trabajo, había renunciado a mi puesto en el call center hacía unos meses y todavía disfrutaba de la tranquilidad de trabajar poco. Cosa que a la vez me llenaba de angustias. Con total inocencia contesté, casi sin saber lo que estaba diciendo:

-Estuve leyendo… y escribiendo.

Ya se lo había dicho antes, que escribía. Pero había quedado como al pasar y él nunca había preguntado qué. Supuse que no le interesaba…

-Ahhh, Escribís? ¿Qué escribís?

Preguntó, sumamente interesado. Él también escribía, yo ya lo sabía. Pero me había equivocado, y ahora iba a tener que aclarar. ¿Qué decir? Después de pensarlo unos segundos opté por decir la verdad, sin explicar demasiado. Tal vez la cosa quedara ahí y pasáramos a otros temas…

-Tengo un blog…

Dije, tratando de no darle demasiada importancia al asunto. Pero la cosa no quedó ahí. Él insistió.

-¿Un blog? ¿Y sobre qué escribís?

Me tomé unos segundos más para pensar la respuesta. Realmente no sabía qué contestar y me había metido en un brete. ¿Qué decir? Lo más natural en mí hubiera sido abrir la boca y empezar a largar todo. Pero eso no podía ser sin consecuencias y él estaba empezando a importarme. Entonces ¿Qué hacer? ¿Porqué mierda no me habré callado la puta boca? pensé. Pero ya era tarde. Intenté balbucear alguna respuesta difusa, que no dijera demasiado…

-Nada importante, boludeces mías, cuento mis historias -dije y tratando de cambiar el rumbo de la conversación agregué- lo bueno es que descubrí que puedo escribir. A mí siempre me gustó mucho leer y creía que era inútil para escribir, pero un día decidí sacarme los prejuicios de encima y empezar, y la verdad fue fluyendo. Y ahora si bien no creo que lo haga genial, al menos me dí cuenta que puedo hacerlo….

-Sí, buenísimo…. Pero ¿Qué tipo de historias escribís?

Volvió a preguntar. No me la iba a dejar pasar tan fácil…

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39. ¿Y…? (5) 29 septiembre 2009

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Había sido una cena casi perfecta, de no ser por lo que se me había quedado un poquito atragantado. Hacía mucho tiempo que nadie me invitaba a cenar a un lugar lindo, ni  me decía cosas lindas, y yo estaba tratando de relajarme y disfrutarlo, pero todavía no me salía del todo. Muchas preguntas se agolpaban en mi cabeza y no me permitían disfrutar. ¿Me vas a preguntar de nuevo si quiero ser tu novia? ¿De dónde mierda sacaste para pagar ésta cena? ¿Te vas a poner a buscar trabajo? ¿Te vas a quedar en Buenos Aires? ¿Me vas a mentir? Eran algunas de las preguntas que aún no podía responderme. Todavía no me era tan fácil, pero por lo menos ya no me asustaba tanto cruzarme con un auto blanco.

Llegamos entonces hasta la puerta de mi casa, y abrí, esta vez sin preguntar nada. Subimos hasta el quinto piso matándonos a besos en el ascensor. Abrí la puerta y pasamos directamente a la habitación, sin escalas. La ropa de ambos salió volando por los aires en pocos instantes. Se sentía tan bien estar cerquita, piel con piel. Era casi algo natural. Y así estuvimos durante horas, rozándonos, besándonos, acariciándonos. Acercándonos y alejándonos, empezando, parando y volviendo a empezar. Casi sin palabras. De tanto en tanto descansábamos como para recuperar el aire, pero a los pocos minutos volvíamos a empezar. Era sólo rozarnos y ya no poder parar. Mi cabeza por suerte no me molestó por un buen rato. Debe haber salido volando junto con la ropa. Me dediqué solo al cuerpo, a los sentidos, todos puestos en lo que estaba pasando en mi cama. Hasta que en uno de esos instantes de descanso escuché lo que estaba temiendo. Me miró a los ojos y con una caricia dijo:

-Ya es primero de Abril, te lo tengo que preguntar otra vez…

-Eh…

-¿Querés ser mi novia?

Me quedé muda unos instantes, pensando qué contestar. Era obvio que no podía decir que no. Tampoco estaba convencida de querer decir que sí, no al menos tan pronto. Y menos que menos volver a hacerme la boluda… ¿Qué decir? ¿Qué decir???? Tomé aire y dije:

-Sí…

Que sea lo que dios quiera -pensé- Pará… ¿desde cuándo vos crees en dios? -me dije a mí misma -bueno, ya veremos qué onda, nada es irreversible. Y me besó. Me dió un beso largo y profundo, y como si hiciera falta, repreguntó:

-¿Estás segura?

No preguntes, no preguntes, no preguntes…

-No, no estoy segura. Pero probemos…

Contesté con mi habitual falta de tacto y excesiva sinceridad. ¿Cuándo aprenderé que uno NO (gracias, Maes…) tiene que decir toooodo lo que piensa???

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38. ¿Y…? (4) 27 septiembre 2009

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Miércoles 1º de Abril de 2009

Me quedé callada un rato, pensando en lo que estaba pasando. Ya lo estoy haciendo otra vez -pensé- me estoy enganchando con un manipulador…

Pero había algo que no me cerraba. No sentía que él me estuviese manipulando. Nadie lo hace con todas las cartas sobre la mesa, tendría que se demasiado bueno… o demasiado tonto. Pregunté un poco más y me contó lo mal que se había sentido después de eso y que se había arrepentido demasiado tarde. Después de eso vinieron dos años de replanteo total, de cambios importantes en su estilo de vida. Dentro de los cambios venían dejar su trabajo e irse a vivir a Brasil, de una manera totalmente despojada, opuesta a la anterior opulencia y derroche constantes. Y luego de eso el viaje a Europa. Contaba que durante esos casi dos años le había sido casi imposible conectar con nadie. Que si bien había salido con algunas mujeres (cuatro o cinco, dijo) con ninguna había pasado nada. No lo había sentido, es más, había empezado a creer que eso ya no le iba a pasar. Yo lo escuchaba atenta mientras él me contaba estas cosas, intentando descubrir cualquier mentira o intento de manipulación detrás de sus palabras. No lo veía, pero aún así, tenía cierta desconfianza. Sentía que él me observaba, que trataba de descifrarme. Le dije:

-Vos sos de los que juegan al ajedrez con la gente…

-¿Cómo? -preguntó.

-¿Viste como los ajedrecistas? Están todo el tiempo tratando de predecir la próxima jugada del adversario, y adelantar hasta tres o cuatro jugadas si es posible, para ver cuál es la mejor forma de ataque. Calculando siempre, y siempre con estrategias.

-Jajajaa… -se rió -puede ser. Antes seguro era así, ahora no sé…

Hice un silencio, esperando…

-Igual a vos no te puedo leer, sos impredecible…

Dijo, y en vez de tranquilizarme me preocupó más. Que no pudiera leerme indicaba que yo estaba en lo cierto, estaba intentándolo. Aunque todos lo hacemos en un primer momento. Intentamos entender al otro, conocerlo. Pero con esos antecedentes… Por otro lado estaba bueno que no pudiera leerme ni predecirme, a veces yo tampoco podía.

-Ok, prometeme que no lo vas a hacer…

-¿Qué?

-Jugar al ajedrez conmigo. No sería justo, vos sabés que yo soy incapaz de ocultar nada, que todas mis cartas están sobre la mesa…

-Te prometo que no lo voy a hacer. Aunque eso de que tus cartas estén sobre la mesa… a mí no me queda tan claro. A veces no te entiendo.

-A veces yo tampoco me entiendo a mí misma -dije- pero podés estar seguro que no te oculto nada. No sabría hacerlo.

Dije, mientras terminábamos de cenar. Salimos del restorán y empezamos a caminar rumbo a mi casa. La atracción se iba haciendo cada vez más fuerte con cada paso que dábamos…

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37. ¿Y…? (3) 21 septiembre 2009

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Las minas tendemos a creer que el modo en el que uno terminó sus relaciones anteriores dice mucho de la persona. Y la verdad es cierto que al final, caído el velo de la idealización idiota del enamoramiento, uno deja ver muchas más cosas de sí. Al menos eso creí aprender de mi última relación y no estaba dispuesta a engancharme con otro enfermito. No, por favor, Ya tuve demasiado de psicópatas en mi vida, lo último que necesito es uno más! Así las cosas en mi cabeza, y viendo el riesgo de enamoramiento posible que flotaba en el aire, era necesario saber. Y para saber, preguntar. Así que insistí.

-Entonces ¿cómo fué que terminaron?

-En realidad yo la dejé -dijo, midiendo sus palabras -en un momento me di cuenta que la cosa no daba para más. Un día en una discusión, ya no recuerdo porqué, sentí que la hubiera cagado a trompadas. Pero yo soy incapaz de levantarle la mano a una mujer, así que hice mi bolsito y me fui…

-¿Y te fuiste así de una? ¿No la viste más?

Insistí. Había algo que no me cerraba. Algo que no me estaba contando…

-Yo había decidido que iba a ser así, de un día para el otro. Odio las idas y vueltas, no hacen más que causar un sufrimiento al pedo. Estaba decidido.

-Si, vos sí… ¿Pero… y ella? -Seguí insistiendo….

-¿Ella qué…?

Dijo, haciéndose el tonto. Ya era evidente que no me lo quería contar. Pero que me oculten las cosas siempre me huele mal. Así que presioné un poco más…

-Sabés lo que te estoy preguntando, no te hagas el tonto…

-Es que no debería contarte esto… -dijo contrariado.

-Contame lo que quieras…

-Es que no quiero que me juzgues. Yo cambié un montón de cosas en estos dos años y ya no volvería a hacer lo que hice…

-Ahá…

-Bueno, fue así. Yo estaba decidido y no quería idas y vueltas al pedo. Quería terminar de una y para siempre. Además mi ex era medio loquita y quería evitarme problemas, peleas, llantos y gritos. Así que decidí que lo mejor era que ella me odiara…

-¿Cómo?

-Si, entonces cuando me fui le mandé un mail a una amiga de ella diciéndole que siempre me había calentado y que tenía ganas de verla. Yo sabía que la amiga se lo iba a contar, obviamente, y ella no iba a querer volver a verme en su vida…

-¿En serio hiciste eso?

Dije tragando saliva. Luces Rojas se encendían por todas partes. “DANGER” decían. ¿Podrá ser posible que cada vez que creo que me puedo enganchar con alguien resulte ser un manipulador? ¿Alguien capaz de pensar tan fríamente semejante estrategia y utilizarla en alguien a quien supuestamente amaba? Por diosssssssss. Mi cabeza no paraba de pensar. Miraba las salidas para ver por dónde escapar más rápido. Pero también lo sentía sincero. ¿Sería posible que estuviera de verdad arrepentido?

-Si. No estoy orgulloso de lo que hice. De hecho me arrepentí poco después. Pero en ese momento creía que era lo mejor…

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36. ¿Y…? (2) 17 septiembre 2009

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Esa noche me fui a dormir temprano. No me sentía bien y mi cabeza no paraba, pero traté de relajarme y descansar. Decidí tratar de no pensar más y sólo darme una oportunidad, no porque no tuviera dudas sino porque sospechaba que las dudas no se iban a ir solas. Al día siguiente me levanté más tranquila y me dediqué a hacer lo que tenía que hacer, sin ocuparme demasiado de él. Quería dejar que las cosas fluyan un poco. Cuando volví a la tarde a casa, encendí la computadora y entré a facebook. Ese parecía ser el medio que el elegía para comunicarse conmigo, y a mí me divertía un poco. Entro a su perfil y me encuentro con algo que no había leído la noche anterior

El Viajero  Como si tuviera doce.
El 31 de marzo a las 19:06 ·

Más claro imposible, pensé. Pero no había respuesta posible a eso, no todavía al menos. Me dediqué a mis mails, a escribir un poco y leer blogs, y un rato más tarde me encuentro con esto:

El Viajero  Salimos?
El 01 de abril a las 16:35 ·

Asumí sin dudarlo que estaba dirigido a mí (y menos mal que no me equivoqué, qué feo habría sido!). Dejé pasar un rato y le contesté por mensaje de texto

Qué hacemos?

Unos mintuso más tarde, recibo una llamada suya en mi celular. Hablamos un rato y arreglamos para vernos esa misma noche

-Te paso a buscar y te invito a cenar, ¿te parece?

-¿A cenar? -le pregunté, recordando que estaba sin un mango -¿Qué pasó, robaste un banco?

-jajajaa …Algo así… Paso a eso de las nueve, ¿dale?

-Dale, nos vemos.

Le dije y corté. Me metí en la ducha, me preparé como habitualmente y lo esperé. Llegó puntual como era su costumbre, bajé y empezamos a caminar. Fuimos hasta la Placita Armenia y elegimos un restorán, lindo en la esquina frente a la plaza. En realidad eligió él, yo me limité a asentir y le agradecí. A veces soy tan indecisa que me hacen un favor enorme si deciden por mí. Era temprano. Entramos y no había casi nadie. Nos sentamos en una mesita tranquila, con poca luz y alguna velita y mientras cenábamos, empezamos a hablar. Al principio costó un poco. Él no paraba de mirarme con cara de enamorado y eso no ayudaba. Yo estaba muy a la defensiva y la conversación no fluía del todo, pero de a poco me fui aflojando. Empezamos a hablar de nuestros pasados, de los “ex”. Inevitable esa conversación. Él me contó que después de la separación había estado un tiempo largo muy deprimido, totalmente desilusionado de la vida. Por eso se había ido a Brasil. Buenos Aires le dolía y más mi barrio, que era el mismo en el que vivía su ex. Me costaba entender el motivo de tanto bajón. Entiendo que toda separación conlleva un período de duelo, pero según él, la decisión había sido suya -y no de la ex como había pensado en un primer momento- así que había algo que yo no entendía. Yo también había decidido separarme y sin embargo para mi fue un alivio, casi como recuperar la paz que había perdido. Tal vez porque lo había hecho demasiado tarde. Así que volví a preguntar, necesitaba entender…

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33. Dudas y más dudas… (4) 10 septiembre 2009

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Intenté explicarle lo que me estaba pasando, las malas experiencias con mi ex, los miedos a volver a enamorarme, las dudas, las angustias. Decirle que no se fuera, que a mí también me pasaban cosas, pero que no me era tan fácil, que tenía mis tiempos. Pero no había caso. No me escuchaba. Se ve que lo que le había dicho lo había lastimado y yo no sabía como explicarme sin sentirme aún más presionada. Así que decidí no insistir más. Cuando él volvió a hablar de irse, simplemente agarré las llaves y lo acompañé hacia la puerta. Un silencio incómodo bajó con nosotros en el ascensor y nos acompañó hasta la puerta de calle. Ni nos mirábamos. Antes de irse me besó tímidamente, como pidiendo permiso y me dijo:

-Si (me) querés llamame.

Me reí. En mis oídos sonó como un acto fallido. Había querido decir “si querés llamame”, pero el me se había deslizado entre sus labios sin que él lo notara. No pude evitar reirme.

-¿De qué te reis?

Me dijo, enojado. Habrá pensado que me estaba burlando de él.

-Vos sos el que no cree en el inconciente. ¿Escuchaste lo que acabás de decir?

-Te dije que si querés me llames.

-Me dijiste que si TE quiero te llame…

No le causó gracia. Pero a mi si. A veces un chiste ayuda a aflojar un poco la angustia. Me dió un beso más, con cara de perrito mojado a punto de ser sacrificado, y se fue. Me sentí una reverendahijadeputa. Pero no le podía mentir. No le quería mentir. Me fui a la cama y obviamente, no me podía dormir. Di vueltas y más vueltas y lloré, abrazando la almohada, hasta que finalmente me dormí. Gracias a dios al día siguiente era martes y tenía sesión.

Me desperté el martes y mientras desayunaba, prendí la PC. Ya se había vuelto una costumbre abrir el Facebook para saber de él. Leí:

El Viajero:  Cambiando de color.
El 30 de marzo a las 23:33 ·

Lo había publicado apenas unos minutos después de irse de mi casa. ¿Qué habría querido decir? Supongo que de una manera u otra hacía referencia a lo que había pasado ayer. Pero no lo entendía. Respondí en mi estado:

Des encontrada: ?
El 31 de marzo a las 11:03

Y esperé un rato pero no recibí respuesta. Ya me tenía que ir, mi analista me esperaba en su consultorio, como todos los martes. Me cambié y sali…

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32. Dudas y más dudas… (3) 9 septiembre 2009

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Me quedé muda. En la góndola del supermercado chino, con una lata de tomates en una mano y una caja de ravioles en la otra, El Viajero me decía que me quería. Y era la tercera vez que nos veíamos. ¿Que me esperaba a la quinta? ¿Propuesta de matrimonio? Menos mal que ya estaba casado… respiré aliviada. Quería responderle pero las palabras no me salían. No sabía qué contestar. Ni siquiera podía mirarlo a los ojos. Los segundos pasaban y con cada uno de ellos yo me sentía más hijadeputa, por no poder contestarle “yo también”. Obviamente me pasaban cosas con él. Pero no estaba segura y cada paso de él me hacía sentir más y más presionada. Y no funciono bien bajo presión. Balbuceando, le respondí algo asi como:

-Eh… mmmm… este… Creo que es mucho todo junto para mí, hoy. Voy a hacer como que no te escuché lo último…

Dije, haciendome la idiota, y sintiéndome una grandísima idem.  Contrariados los dos, fuimos hasta la caja, donde la discusión pasó a ser acerca de quién pagaba. El insistió bastante, pero no me parecía que él se ofreciera a cocinarme en mi casa y tuviera que pagar todo. Además estaba con poca plata. Me puse firme: pagué y nos fuimos. Subimos a mi casa y yo me sentía cada vez peor, pero ya no se si era mi cintura lo que más me preocupaba. Me senté en la cocina mientras él empezaba a cocinar, pero estaba con la mirada perdida, hundida en mis pensamientos y con cara de sentirme mal. El lo notó y me dijo:

-¿Porqué no te acostás un rato mientras te cocino? Se ve que te sentís mal, yo me arreglo acá…

Así que le hice caso, de paso me escapaba un rato de la intensidad de su mirada, que parecía que me quemaba. Me tiré un rato en el sillón del living a descansar mi cintura y tratar de ordenar mis pensamientos y emociones, que a esta altura ya parecían un corso de contramano. Pero no hubo caso: no entendía nada. Su aparición desde hace tres días había sido como un torbellino en mi vida, todo estaba mezclado y fuera de lugar. Terminó de cocinar, y debería decir que lo hizo muy rápido y muy bien. Se ve que tenía experiencia en la cocina.

-Hace dos años que no le cocino a nadie. Me había prometido no volver a hacerlo…

Dijo mientras lo ayudaba a poner la mesa y servir los platos. Comimos, en medio de silencios largos y miradas incómodas. De tanto en tanto volvía a insistirme con lo mucho que yo le gustaba, con que me quería. Y yo solo podía responder con silencios. Apenas podía tragar la comida de la angustia que iba creciendo en mi pecho. Después de uno de esos largos e incómodos silencios, se cansó y me preguntó:

-¿Qué pasa??

Y yo en vez de mantenerme en silencio o inventar alguna excusa estúpida le contesté, con total sinceridad:

-Es que me decís cosas tan lindas… Y a mí en vez de gustarme me ponen incómoda. Es que no sé que responderte…

-… será que no te pasa lo mismo…

Contestó, claramente molesto.

-No, no es así. En realidad no se qué me pasa, es muy pronto todavía, siento que me estás apurando. Me siento presionada. Como que estoy obligada a respondertelo con la misma intensidad y no me sale…

Le dije, pero él ya no me escuchaba.

-Mejor me voy. -dijo.

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