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71. …y una de arena. 23 febrero 2010

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Ir a Post siguiente: 72. ¿Concubinato?

Del Otro Lado: La ciudad de la furia. Trigesimoquinto.

 

22 de Mayo de 2009

Por suerte Gerardo no volvió a tocar el timbre, ni Pablo volvió a llamar, ni Pedro volvió a mandar mensajes de texto. Aunque los hombres de sus fantasías hacían mucho más que eso. Me seguían persiguiendo en sus sueños y en sus pensamientos. A veces me los contaba y a veces no, pero se le notaba. Cuando la mirada se le volvía brumosa,  yo sabía que estaba viendo otra escena. Pero en algún momento tenía que pasar, así que tuve paciencia. O al menos lo intenté. (más…)

70. En problemas (3) 16 febrero 2010

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Del Otro Lado: La ciudad de la furia. Trigesimoquinto.

Viernes de resurrección. Trigésimocuarto.

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La de Gerardo era historia antigua -le dije- nos conocimos hace casi diez años y cuando estábamos a punto de… me asusté y me fui. Creo que los dos nos quedamos con ganas, era un asunto pendiente. El año pasado nos volvimos a encontrar. Yo estaba solterísima, y él estaba casado y tenía un hijo chiquito, pero si a él no le importaba ¿porqué me iba a importar a mí? Nos encontramos unos días después y nos sacamos las ganas. Nos seguimos viendo de tanto en tanto, cuando él lograba escaparse de su mujer. No pasaba nada, entre él y yo no había sentimientos, era solo eso. Hacía rato que no lo veía, además -dije, tratando de tranquilizarlo, pero evidentemente no funcionó. Se lo veía cada vez más alterado.

-Ahora le mando un mensaje y le digo que no lo quiero ver más. (más…)

69. En problemas (2) 9 febrero 2010

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Ir a Post siguiente: 70. En problemas (3).

Del Otro Lado: Viernes de resurrección. Trigésimocuarto.

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Por supuesto que le dije todo lo que le tenía que decir, y se enojó y tuvimos una pequeña discusión. El motivo de su enojo no fue tanto el llamado como mi escueta respuesta.

-Así le dejás la puerta abierta para que te vuelva a llamar.

Dijo, y tenía razón. Tendría que haber contestado otra cosa, pero en el momento me taro y no me sale, nunca se qué decir.  Para cuando encuentro una respuesta adecuada ya es tarde. Traté de tranquilizarlo mientras le escribía un mensaje de texto al susdicho.

(más…)

68. En problemas 2 febrero 2010

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Ir a Post siguiente: 69. En problemas (2).

Del Otro lado: Ser o no ser… Trigésimotercero.

Era inevitable.
En algún momento tenía que pasar y yo lo sabía. Venía esperando que mágicamente no sucediera, pero tampoco podía hacer nada para controlarlo. Y pasó. De a poquito, como la gota que va horadando la piedra lentamente. Empezó unos días, antes o después de aquella charla, ya no recuerdo bien las fechas exactas. Era un día hermoso, sábado tal vez, y habíamos decidido ir a tomar solcito al parque. Y ahí estábamos, tirados en el pastito, acariciándonos mientras leíamos cada uno concentrado en su libro cuando de golpe… suena mi celular. Era un mensaje de texto. Lo leo.

Hola bombón! ¿Cómo estás tanto tiempo?

Pedro

Tragué saliva.

-¿Quién era? (más…)

64. Libro de Quejas 13 enero 2010

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Ir a Post siguiente: 65. Y más dudas…

Del Otro Lado: La vez, la última. Trigésimo.

Primeros días de Mayo de 2009

Después de un año y medio de no estar en pareja, había cosas que ya había olvidado, o prefería no recordar. Los reclamos por ejemplo. La relación estaba recién empezando y los dos sentíamos la necesidad de estar en contacto todo el tiempo. Además Zapatillas Verdes estaba sin trabajo y no tenía mucho que hacer, y yo trabajaba poco. Hablábamos mucho por teléfono y nos mandábamos muchos mensajitos de texto. O más bien él me mandaba montones de mensajitos hermosos, que me hacían sonreir en donde estuviera, diciéndome cuánto me quería y lo mucho que me extrañaba. Yo casi siempre se los contestaba. Casi siempre. A veces estaba ocupada, o no escuchaba el teléfono en el tren, o simplemente no sabía que responder, y no contestaba. Yo considero que no todos los mensajes ameritan una respuesta. Pero él no estaba de acuerdo, y cuando nos veíamos más tarde venía el inevitable reclamo. (más…)

63. (No todo es) Color de Rosa 7 enero 2010

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Ir a Post siguiente: Feliz Cumple(s)!

del Otro Lado: Sombras a un costado. Vigésimonoveno.

Los días siguieron pasando y las cosas entre el señor de las Zapatillas Verdes y yo iban cada vez mejor.  Bueno… o casi. Yo todavía tenía algunos recaudos y un poco de miedo, y él… bueno él tenía sus momentos. Estaba todavía sin trabajo, viviendo de algunos dólares que todavía quedaban por ahí. Yo trabajaba poco, pero trabajaba, a veces todo el día, a veces sólo unas horas, dependiendo del día. Él buscaba trabajo, mandaba currículums a todos lados y tenía poco que hacer. Leía y escribía y me mandaba mensajitos de texto de tanto en tanto. Hablábamos mucho. Nos veíamos bastante: casi todos los días. Y dormía en mi casa cada vez más seguido. (más…)

57. Mixed emotions (5) 7 diciembre 2009

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Del Otro Lado: *Hablamos… Vigésimoséptimo.

*Setenta segundos. Vigésimooctavo.

Ir a Post siguiente: 58. En Clave.

Y me fui a dormir con una sensación agridulce, todavía sorprendida por lo que había pasado. Mi inconciente había hablado por mi boca, y siempre que eso pasa le hago caso. Si dije eso por algo será. Era lo que había que decir. El inconciente no se equivoca. O sí, pero en todo caso no miente. Eso debía ser lo que sentía. Hacía mucho tiempo que no salía con nadie más de tres veces seguidas. No sé si era yo que no me quería enganchar, o que mis partenaires no eran lo suficientemente interesantes como para querer seguir viéndolos. Y en varias oportunidades no había sido mutuo. Había unos cuántos que me seguían llamando, incluso que me seguían mandando mensajitos. Pero lo único que podía pensar cuando los recibía era -qué pesados! Pero éste no era el caso, algo estaba cambiando. A la mañana siguiente  mientras iba a trabajar recordé que me había pedido que le mandara un mensajito para quedarse tranquilo. Todavía sentía lo mismo que la noche anterior, nada había cambiado. Le mandé el mensajito entonces, desde el colectivo. (más…)

53. Mixed emotions. 19 noviembre 2009

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Del Otro Lado: Y la tarde siguiente. Vigésimosexto.

Ir a Post siguiente: 54. Mixed emotions. (2).

Domingo 05 de Abril de 2009.

Necesitaba pensar, entender, entenderme. Necesitaba aire. Mi amiga Caro me tocó el timbre y bajé con el mate y el termo. Compramos unas medialunas y fuimos a tomar mates al parque. No nos veíamos desde antes que empezara toda esta historia. Le conté todo. Le conté los cafés y las charlas. Las caminatas. Los mensajes, y los marcadores verdes y los cepillos de dientes. Le conté que se quedó en casa y me había podido dormir. Le conté que me crucé con un auto blanco y su abrazo me calmó la angustia. Le conté de mis ganas y de mis miedos. De sus “tequieros” y sus “teamos” y de los tres puntos suspensivos, y de las preguntas de vivir en Rio o en Londres. Y del blog. (más…)

50. El beneficio de la duda (2) 4 noviembre 2009

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Domingo 5 de Abril de 2009

Un buen rato más tarde, recibo un mensaje de texto. Era él respondiendo el mío. Decía:

Yo no dejo de pensar en vos. Definitivamente hay algo que me subyuga, que me enciende el alma. Te necesito cerca y cuando no estás se me nota.

Besos

Sin pensarlo demasiado le contesté

Yo tampoco dejo de pensar en vos…

Escribí timidamente, estaba tratando de soltarme un poco, de liberarme de esos miedos que me seguían atormentando. Su respuesta no se hizo esperar.

Tené cuidado con los “…” Me puedo equivocar y pensar que me querés.

Su mensaje me hizo sonreir. Claro. Tres puntos suspensivos, como tres toques en el hombro, eran ya a esta altura como un código para nosotros. Eran su forma de decirme “te quiero” o “te amo” sin asustarme demasiado, sin esperar una respuesta. Y ahora me estaba invitando a jugar. A jugar al juego de los mensajes ocultos, las metáforas y los dobles sentidos. Un juego para el que siempre tuve cierta facilidad. Contesté entonces:

Ja Ja Ja.. Qué lindo. Y tal vez.. no te equivocarías mucho.

Decir las cosas y no decirlas al mismo tiempo. Ese era el juego. No pude con mi genio. Lo escribí, pero usando un “tal vez” y un condicional. Y dos puntos en vez de tres. Era una lucha entre mi intelecto y mis emociones, y venían cabeza a cabeza. Me respondió con uno o dos mensajes más, uno más dulce que el otro. Si no fuera por lo mucho que lo extrañaba, y por los suspiros que me arrancaba cada vez que sonaba mi celular, tal vez me habrían parecido un tanto empalagosos, pero no: me encantaron. Entonces me senté frente a la computadora y me puse a escribirle un mensaje por facebook. Necesitaba contarle lo que me estaba pasando, pero no podía hacerlo en forma directa, no me animaba. Siempre se me ocurre algún recurso para decir las cosas sin hacerme cargo del todo. Escribí:

Para: El Viajero

Asunto: Vos me dijiste que me ibas a cuidar…

Mensaje: Decime, entonces, qué hago?

Te cuento: hay un loquito que conocí por ahí, que me manda mensajes y me escribe cosas lindas, y me mira a los ojos con una intensidad que me hace temblar un poquito. Y a mí me da un poco de miedo. Me está asustando pensar que me puedo enamorar perdidamente de él…

Si, leyeron bien. Escribí todo eso y con tres puntos suspensivos al final. Y antes de tener tiempo de arrepentirme presioné “enviar”. Y me quedé frente a la compu como una idiota, con el corazón en la mano y esperando una respuesta.

Pero definitivamente no me esperaba la que recibí un rato más tarde…

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del Otro lado: El blog de Des. Vigesimocuarto.

Ir a Post siguiente: 51. A confesión de parte…

49. El beneficio de la duda. 2 noviembre 2009

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No basta que todos sepamos que una persona es culpable de un delito. Sólo se lo puede condenar si se puede probar -más allá de toda duda razonable- que fue él quien cometió la fechoría.*

Domingo 5 de Abril de 2009.

Si bien sabía que habían entrado a mi blog desde facebook, no tenía forma de comprobar que efectivamente se tratara de él. Podía ser cualquier otro de mis contactos de facebook, o cualquier otra persona. Mi intuición me decía que sí, mi razón me decía que no. Que no era seguro al menos, así que había que sostener el beneficio de la duda. Según el derecho todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario (o al menos así debería ser). Con éste tipo de estupideces intento acallar a mi intuición para poder dormir en paz a la noche. Y así lo hice. Me fui a dormir pensando que no puedo ser tan paranoica. Que si me prometió que no lo iba a leer tendría que creerle. Mmmm… Tendría que… en fin. No estaba tan convencida. Sospechaba que en algún momento lo iba a leer y se iba a armar, pero esperaba que no fuera tan pronto. Todavía no sabía como iba a seguir esta historia. Dí unas cuantas vueltas en mi cama mientras pensaba estas cosas.

Me desperté a la mañana siguiente, sacudiendo aquellos pensamientos como si se tratara de un mal sueño. No podía ser él. No podía defraudarme de esa manera… me lo había prometido. Relajada después de una noche de sueño tranquilo, me preparé el desayuno, y noté con sorpresa que no dejaba de pensar en él, y en todas las cosas que habían pasado ese fin de semana. ¿Sería posible algo más? Todo parecía encaminarse hacia ese lado. No paraba de pensar en la noche que dormimos juntos, en Girondo y sus poesías, en el marcador verde, y en esa pizza que se me quedó atragantada de la sorpresa. ¿Podría ser real todo eso? ¿O sería puro chamuyo? Todavía me costaba un poco confiar en él… Pero definitivamente no pensaba en otras cosas, solo en él. Era uno de esos días en que los suspiros se hacen constantes, y uno siente el alma hinchada, que casi no entra en el pecho. Necesitaba comunicarme con él, de alguna manera. Aún con esa duda clavada en el pecho, no pensaba preguntar. Así que lo llamé. Agarré mi celular y marqué su número, casi por primera vez. Hasta aquí la iniciativa siempre había sido suya. Sonó… una, dos, tres… y cuatro veces. No me atendió, y no me animé a insistir. Esperé un rato, una hora o tal vez menos, sin novedades. Entonces le mandé un mensaje de texto. Escribí:

Solo te llamé para decirte que te extraño.

Des.

Y aún medio indecisa y sin pensarlo demasiado, lo envié.

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*http://neuro.qi.fcen.uba.ar/ricuti/Tonterias/beneficio.html

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