49. Comienzo de año bizarro

Estaba entonces, sentada en un bar, mirando el cielo y escuchando música la tarde del 1º de enero. En eso siento que alguien me habla, de atrás. Me saco los auriculares y giro la cabeza. Escucho: ¿Es un gatito? Ufff, y se creen tan originales. Si, tengo un gatito tatuado en la espalda, más exactamente en el homóplato derecho. Y después seguro viene el clásico ¿Y porqué un gatito? con cara de picarones. ¿Qué esperaran que les conteste? ¿Porqué esa es mi profesión y acá tengo tatuada la lista de precios??? -pensé- Pero en ese momento solo atiné a responder -si, es un gatito. Será que me sorprendió ese comentario a plena luz del día. Y viniendo de alguien que parecía tener la edad de mi padre, o más tal vez…

Se acercó el caballero a ver el gatito con más detalle, mientras que me contaba que a él también le gustaban los gatos y blablabla… Yo estaba sola, culposa y muuuy aburrida, así que antes que me diera cuenta, el Señor Canoso pidió permiso, se sentó y pidió un café. Miré para todos lados, viendo para donde escapar, pero después me acordé de mi nueva filosofía del “¿Porqué no?” y decidí que tomar un café acompañada era más divertido que tomarlo sola. Me pidió un café a mi también y empezamos a hablar. Era periodista político, me nombró varios medios para los que trabajaba o había trabajado, y empezó una charla muy interesante que duró un par de horas en las que nos contamos parte de nuestras vidas. Por mi parte tímidamente, por la de él no tanto. Hizo gala de haber sido partícipe de hechos históricos de lo más interesantes, de haber viajado por distintas partes del mundo, y compartido mesa y vino con unas cuantas celebridades. Era claro que él estaba interesado en mí, y yo no, al menos era claro para mí. Pero era simpático y yo no tenía nada más divertido que hacer, además contaba buenas historias. Cuando finalmente se hizo de noche, decidí que era hora de irme. De alguna manera logró que le diera mi teléfono, y me dió el suyo, no sin antes decirme que vivía en el 7mo piso del edificio de la esquina, que fuera a visitarlo algun día. Doble la servilleta con su teléfono y la guardé en mi cartera mientras me iba, pensando, que comienzo de año más raro…

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