53. El regreso de los muertos vivos (3)

Después de esa breve historia en mis años de estudiante universitaria, El Alto y yo cruzamos algunos mensajes de texto y algunas conversaciones via msn, durante los años que siguieron. Yo empecé a salir con el músico, después él se fue a vivir con su novia, yo me peleé con el músico y empecé a salir con el enfermito. Durante este tiempo hablabamos esporádicamente como amigos, pero siempre con una cierta tensión implícita, y varias veces quedamos en ir a tomar una cerveza por ahí, aunque yo siempre me hacía la tonta. Finalmente, luego de separarme me manda ese mensaje de texto, recordándome la salida que teníamos pendiente. Y ya no había excusas para decir que no. Habían pasado ya casi 8 años, las cosas debían ser diferentes de una manera u otra, ¿Porqué no probar? Salimos entonces una tarde de esa semana a tomar la dichosa cerveza. Fuimos a un barcito por mi barrio, con mesas afuera, tomamos, hablamos, nos pusimos al día con la vida de cada uno. Los dos nos recibimos hace bastante y estamos tratando de insertarnos en el mercado laboral con más o menos dificultades, ambos nos separamos de nuestras parejas. Hablamos de peleas, de ex novios, de pacientes, de trabajo, de amigos en común, de la familia. Nos divertimos, pero yo seguía sintiendo esa tensión. Él me miraba con cierta intensidad que me incomoda, sigo siendo un poco tímida en el fondo. Cuando se hizo tarde decidimos irnos del bar, me acompañó hasta la puerta de mi casa, él se iba después para otro lado. Durante el camino me contó que le gustaba cocinar y propuso cocinarme algo rico en su casa otro día. No supe que responder. Ir a comer a la casa de alguien, antes de saber si quiero acostarme con esa persona me incomoda. Díganme mal pensada, pero cena y vino en mi casa a mi me suena a sexo delivery. Y la verdad, no estaba tan decidida. Le dije  -…si, bueno, lo vemos, no sé- o algo así, y seguimos caminando. Al llegar a la puerta de mi casa nos despedimos, quedamos en volver a hablar, yo ya estaba poniendo la llave en la cerradura después de darle un correcto beso en la mejilla, cuando lo escucho que me llama. Me doy vuelta y no me dió ni tiempo a decir -qué-, ya me estaba encajando un tremendo beso en la boca. Nos quedamos unos instantes besándonos, hasta que me separé, dije alguna estupidez, como suelo hacer cuando me pongo nerviosa y me fui. Subí a mi departamento con un gran signo de pregunta en la cabeza. Y ahora…?

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3 comentarios en “53. El regreso de los muertos vivos (3)

  1. Ja, a mi tambien me pasa que cuando me pongo nervioso no entiendo nada y digo cualquier cosa, tartamudeo, es rarisimo. Es el efeco de desintegración de la imagen narcisista, o más comunmente llamada “yo”.

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