83. El Tano (2)

Jueves 7 de febrero de 2008

Llegamos entonces, entre intentos de charla interrumpidos por subida y bajada de volumen del estereo del auto, en los que El Tano me cantaba temas a todo volumen y golpeaba el volante con sus manos, mientras yo para mis adentros solo podía pensar -¿cómo llegué acá??. Bajamos en la parrilla de su hermano y nos sentamos en una mesa. Él saludó al mozo y le pidió que trajera una cerveza y una porción de rabas. Charlamos un poco más hasta que sonó su celular. Atendió y se dedicó durante los siguientes diez o quince minutos a discutir con su ex acerca de la cuota del jardín de la nena. Cosa que intenté no escuchar, pero me fue bastante dificultoso, ya que ni siquiera osó levantarse, y siguió sentado enfrente mío, impavido, como si nada pasara. Una vez que cortó volvió a hablar conmigo naturalmente. Comentándome su discusión con la ex por nosequé del jardín de la nena, que por suerte ya no recuerdo. Yo me sentía ya bastante incómoda. Sentía que estaba metiéndome en su mundo de golpe y sin invitación: El bar de su hermano, me contó de su relación con su padre, la ex sentada a la mesa con nosotros y la mayor parte de la cena discutiendo la crianza de una criatura de tres añitos. Está bien que yo soy psicóloga de niños… pero hacía falta enterarme de tanto? Al rato agarró la carta y eligió por mí. Cosa que le agradecí en el fondo, ya que cuando me siento a comer con alguien que no conozco me siento tan incómoda que elegir algo de la carta es una tarea casi imposible, que puede tomarme un rato largo. Sí, sigo siendo tímida en algunas cosas, solo aprendí a disimularlo bien. Pidió un pollo al verdeo y más cerveza. Yo timidamente pedí un agua mineral. Estaba recuperándome de una faringitis y todavía seguía tomando los antibióticos. Tomar alcohol no era una buena idea. Seguimos cenando entonces, más o menos en el mismo clima. Él siempre acelerado, saltando de un tema a otro, hablando fuerte. Cada tanto se levantaba, iba y venía. Yo tratando de seguirlo, con cierta dificultad. Terminamos de cenar, él pidió un fernet, yo un café. Mientras pensaba que tenía que volverme en auto con él y se había tomado nosecuántos vasos de cerveza y un fernet… Al terminar la cena volvimos a su auto, donde nos dimos unos cuantos besos y arrancó.

-¿Querés que vayamos para mi casa?

Me preguntó. Lo pensé bastante, las cosas venían bastante raras hasta ahora, pero los besos estaban buenos, había que probar a ver si algo mejoraba. Si lo hacía con la intensidad con la que hablaba… Bueno, probemos, me dije para mis adentros, y le dije que sí…

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6 comentarios en “83. El Tano (2)

  1. Qué horror este negro de mierda. Y dejá de contarnos que sos piscóloga, si no lo sabemos, lo intuímos, todos escriben igual.

    Te quiero, tanto tanto.

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