101. Mal humor y recuerdos adolescentes (3)

Así que me fui a dormir, de madrugada, angustiada y de mal humor. Dormí un par de horitas nomás, hasta que sonó el despertador anunciando la hora de ir a desayunar, como todas las mañanas. Me levanté mejor pero con un humor ligeramente sombrío. El día transcurrió como todos los demás, playa, caminata, pileta a la tarde y luego volver a la playa. Después de tanto chamuyar con los pendejitos del hotel, esa noche finalmente, La Colo y La Morocha habían arreglado un encuentro en grupo. Después de la cena, nos íbamos a juntar, nosotras tres y ellos, que creo que eran tres o cuatro, en la playita frente al hotel, con una guitarra y bebidas. Así lo hicimos, juntamos unos pesos entre todos con los que ellos se ocuparon de comprar algunas bebidas, y nos sentamos todos en la playa, bajo la luz de la luna. Habían traído unas botellas de plástico cortadas en las que prepararon fernet en una y vodka mezclado con jugo de frutas en la otra. Creo que fue el vaso menos glamoroso en el que tomé en mi vida, pero bueno, cosas que pasan por juntarse con pendejos, no? Empezaron a tocar la guitarra y a cantar, canciones de esas que “sabemos todos”. Mis amigas por supuesto se prendieron y empezaron a cantar con ellos, mientras pasaban las bebidas. Yo empezaba a sentirme cada vez más incómoda con la situación. Por empezar hacía bastante frío, de noche en la playa con el culo en la arena helada. Por otro lado, eso de tomar de una botella cortada, con pendejos que ni sé quienes son, no me estaba gustando mucho, y el alcohol no me estaba pegando. Y por si fuera poco, esto de hacer fogón cantando cancioncitas me hacía morir de la verguenza, sobre todo porque yo, como viví mis adolescencia dentro de un táper, ni me sabía las letras. Y cantar en público era demasiado! Para peor La Colo y La Morocha estaba cada vez más borrachitas y poniendose cariñosas cada una con uno de los pendejitos, y yo empezaba a sentirme de más. Era casi como una regresión a mi adolescencia, con el recuerdo de esa sensación de estar viendo siempre la joda de los otros desde afuera. A cada instante que pasaba me sentía más incómoda, mientras mis amigas me preguntaba qué me pasaba, y yo les respondía que no se preocuparan. Pero en cuanto empezaron a los besos y a revolcarse con sus respectivos pendejos la cosa ya me superó. Así que me levanté y me fui, caminé hasta la puerta del hotel y me senté en uno de los bancos que había del lado de afuera. Habíamos quedado en ir a bailar después de la joda en la playa, pero ya veía que no iba a ser posible. Me quedé ahí sentada tratando de entender qué me pasaba, y de separar lo de la noche anterior, lo de ésta y mis recuerdos adolescentes. Todo se mezclaba. En eso se acerca otro de los pendejos y se sienta al lado mío, dándome charla. Le seguí el juego un rato pero me cansó, no tenía ganas de estar con nadie y menos con él. Subí a la habitación del hotel a cambiarme los zapatos, agarré mi cartera y caminé hasta el centro a tomarme el micrito que iba hacia el boliche, sola. Bailar era lo único que podía cambiarme el humor…

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12 comentarios en “101. Mal humor y recuerdos adolescentes (3)

  1. te felicito por la decision! yo seguro me hubiera acostado a dormir enculada… pero me encanto eso de poner el pecho y salir a revolear!!! jaja

  2. En serio!! que coraje eso de ir a bailar sola!! yo igual definitivamente, me hubiera ido a dormir amargada y enojada…
    besos! Ro

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