104. Ella baila sola (3)

Salimos del boliche de la mano, ante la mirada atónica de Juanjo, que me vio entrar sola y de mal humor. No me importó nada. Seguimos caminando y justo al lado del boliche estaba la entrada de un camping. Estaba a punto de amanecer. Caminamos hasta donde estaban acampando El Rey Leon y sus amigos, entre los arbolitos. Eran varios en dos carpas y había una camioneta estacionada cerca de la entrada de las carpas. Me quedé ahí esperandolo mientras el chequeaba cual era la situación, esperando que alguna de las dos estuviese desocupada. Aunque la experiencia de tener sexo con un desconocido en una carpa, mientras sus amigos estaban en la otra, justo al lado, no me parecía demasiado tentadora. Volvió al rato contándome que los amigos ya estaban dormidos,  las dos carpas estaban ocupadas y no tenía la llave de la camioneta. Nos dimos unos besos ahí, apoyados sobre la camioneta, amparados en la media luz. Todavía no terminaba de amanecer. Los besos se fueron poniendo cada vez más intensos y algunas manos se iban deslizando por aquí y por allá. Le pregunté si tenía preservativos y me dijo que no. Yo tampoco tenía encima, y a partir de ese momento me hice una nota mental de no volver a salir sin al menos un preservativo en la cartera, aunque debo confesar que casi nunca lo cumplí. Puedo ser muy osada para algunas cosas, pero soy prudente: le dije que no. No parecía un lugar muy apropiado, pero aún así, sin un preservativo no me iba a dejar tocar ni un pelo: así no. Hay que cuidarse. Apenas lo conocía y lo poco que sabía de él era que era casado. No cerraba por ningun lado. Pero lo odié un poco, la verdad, me habían dado ganas, y la situación aventurera del camping era de alguna forma tentadora. Hubiera sido un broche de oro para terminar de una vez por todas con mi mal humor. Seguimos franeleando un poco contra la puerta de la camioneta, pero yo ya sabía que no iba a pasar. En cuanto terminó de amanecer le pregunté:

-¿Qué hacemos?

-Me muero de ganas de… -Me contestó.

-Si, yo también, pero así no. -le dije-  ¿Querés que nos veamos mañana?

-Dale, pasame tu teléfono

lo anotó en su celular, y me acompañó hasta la avenida, donde me tomé un taxi para ir hasta el hotel. Quedamos en vernos a la noche siguiente en el mismo boliche, para terminar lo que habíamos empezado. No me dió su número, pero prometió avisarme si por algun motivo no podía ir. Me subí al taxi y me dejé llevar hasta el hotel. En cuanto entré a la habitación me encontré con La Morocha, totalmente dormida, y La Colo no estaba por ningún lado. Me imaginé que debía estar pasándola bien, y me acosté a dormir…

Ir  Post siguiente: 105. El Rey Leon.

Anuncios

13 comentarios en “104. Ella baila sola (3)

  1. Muy bien!!! tal cual!!! tomen nota los que no lo cumplen!! hay que cuidarse!!!
    te felicito D…!!

    Besos Ro

  2. Sí, obviamente, hay que cuidarse SIEMPRE. Un forrito es lo mínimo que hay que usar. Es todo un tema, y por lo que veo de amigos míos, los heteros tienen tendencia a cuidarse menos, pensando que si la chica toma pastillas, ya está (olvidándose del HIV, sífilis y tantas otras pestes). Pero bueh, los gays solemos ser mucho más promiscuos, lo que al final termina igualando los riesgos.

  3. Nas!!

    Eres todo un ejemplo a seguir (des)encontrada xDD Más vale prevenir que tener que cuidar un bebé 9 meses después… de un hombre casado que realmente ni conoces. Por mucho ojos verde y sonrisa encantadora, como tu dices, no da.

    En fin, ya veremos si el día siguiente corrigen los inconvenientes de ésta velada frustrada xD

    Nos estamos leyendo, hasta entonces…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s