105. El Rey Leon

Sábado 23 de febrero de 2008

Me tiré a dormir una horita y ya había que levantarse a hacer los bolsos. Era nuestro último día en el hotel, aunque habíamos decidido quedarnos hasta el domingo para aprovechar el fin de semana. Así que hicimos el bolsito y nos mudamos a un hotelito a 2 cuadras que habíamos reservado por esa noche. Desayunamos después de armar los bolsos y caminamos las dos cuadras, hasta el otro hotel. Era un hotel barato, pero tolerable, aunque los colchones dejaban mucho que desear. Apenas llegamos al hotel, lo primero que hice fue meterme en la cama. Estaba muerta de cansancio y el día estaba horrible, nublado y con pinta de largarse a llover en cualquier momento, así que me metí abajo de las sábanas y ahí me quedé hasta la tarde, por primera vez en todas las vacaciones. La Colo y La Morocha se habían ido al centro a comprar alfajores. Cuando volvieron, les conté toda la historia del Rey Leon, con una sensación muy ambigua en el pecho. Por algún motivo, creía que éramos una especie de alma gemela, estaba totalmente embobada con sus ojos verdísimos y con la afinidad que creía que teníamos. Por otro lado recordaba que era casado y que me había pedido mi número pero no me había dado el suyo, con lo cual, existía la posibilidad de que desapareciera de golpe y sin avisar.

-No seas boluda, nena, seguro lo vas a ver hoy a la noche…

Me decían mis amigas, y yo les contestaba que sí, pero tenía algunas dudas. Supongo que todavía me duraba la inseguridad despertada de un largo letargo por la escenita con el rubio y los recuerdos posteriores. La Colo y La Morocha me pusieron al día de sus aventuras de la noche anterior. La Colo había terminado con el pendejo en alguna habitación del hotel, pasandola bien. Se pasaron los teléfonos pero el pendejo vivía en el sur, por lo cual, la historia quedó ahí. La Morocha…  había tomado de más, y no se acordaba de lo que había pasado, así que estuvimos riendonos gran parte del día conjeturando que pudo haber sucedido. Por ahora me reservo de contar cómo la encontré aquella noche, ya veremos si ella se anima a contarlo… Nos duchamos y nos cambiamos para salir. Era la ultima noche de vacaciones teníamos que aprovecharla, además con la excusa de la carrera de golpe la costa se había superpoblado de hombres, y esa era un oportunidad que no podíamos dejar pasar así nomás. Cenamos en el centro y nos fuimos a tomar algo, y más tarde al boliche. Llegamos temprano pero ya había bastante gente…

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