121. Hakuna Matata (4)

Con el Rey león nos vimos una vez más, la semana siguiente. Y fue más de lo mismo, ni vale la pena contar los detalles. Lo único relevante de ese encuentro fue que me tomé un poco más de tiempo para hablar con él, escucharlo. Necesitaba entender qué era lo que me atraía de él, cuando todo indicaba lo contrario. No encontré la respuesta que esperaba, pero sí me enteré que tenía una hijita de pocos meses. -Qué hijo de puta que sos- pensé para mí -tu mujer cuidando a la beba y vos acá… Pero según él me contó no era ni la primera ni la última vez que lo hacía, así que definitivamente yo no hacía la diferencia. No había motivo para sentirme culpable, aunque un poco de bronquita me dio. Respecto al sexo… No era maravilloso, tampoco horrible. Simplemente termino medio. En principio no estaba mal para pasar el rato, y porque no había otra cosa. Pero tampoco era algo que me entusiasmara demasiado. Y además estaba la cuestión del horario. Eso de estar saliendo de la cama temprano, solo para arreglarme para él no me cerraba para nada. Para un tipo que nunca iba a tener tiempo para mí. Tiempo para llamarme, hablar un rato, preguntar cómo estás, ni para ir a tomar algo, ni hablar de ir al cine… La semana que siguió a nuestro último encuentro no tuvimos ningun tipo de contacto. Él ni llamó, ni mandó mensajes, y por supuesto que yo tampoco lo hice. La verdad, estaba empezando a pensar que era mejor así. Vernos empezaba a parecerme una perdida de tiempo, casi que prefería dormir un ratito más. Pero las cosas no quedaron así. El miercoles siguiente, dos semanas después de nuestro último encuentro, seguía sin noticias de él, y ya casi me había olvidado del asunto. Estaba terminando de bañarme y cambiarme para ir a trabajar, al mediodía, cuando de golpe escucho sonar el timbre de mi casa. Eso era raro. No el portero eléctrico de abajo, sino el timbre de mi departamento. Solo podía ser el portero… y yo estaba vestida solo con una toalla y el pelo mojado. Me acerqué a la puerta y pregunté:

-¿Quién es?

Mientras miraba por la mirilla. Solo ví una gorrita, era él. Le pedí que me espere mientras me cambiaba. Fui a mi cuarto y me puse lo primero que encontré, para salir a abrirle.

-¿Qué hacés acá? No te esperaba…

-Es que perdí el celular y no tenía más tu número… Venía a dejarte esto… (me muestra un sobre blanco) pero tu vecina me abrió y subí a ver si estabas…

Mmmm… que raro todo, pensaba para mí, suena a puro chamuyo…

-¿Mi vecina te abrió? Qué peligro ¿Qué le dijiste? ¿Y como pensabas salir si yo no estaba??

No estaba muy contenta con su visita, así, sin avisar. Y no le creía demasiado. Le ofrecí un vaso de agua mientras hablamos un ratito. Me pidió que le repitiera mi teléfono y volví a dárselo mientras le decía:

-La próxima avisame así arreglamos con tiempo, ahora me tengo que ir  a trabajar…

Y lo acompañé abajo, para abrirle la puerta. La verdad, todavía tenía algo de tiempo, pero lo que no tenía eran ganas. No me gustaba que fuera él el que tomaba todas las desiciones, y menos que yo tuviera que aceptarlas así como venían. El sobre no me lo dejó, asi que no sé que decía. Pero lo que sí sabía era que no tenía muchas más ganas de esto…

Ir a Post siguiente: 122. Hakuna Matata (5).

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4 comentarios en “121. Hakuna Matata (4)

  1. nooooooooooooo no me castigues asi, me porto bien me porto bien, una de sexo sin detalles nooooooooooooooooooooooo.
    mala
    mala

    P.

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