122. Hakuna Matata (5)

Fines de abril de 2008

Por unos días no volví a tener noticias suyas. No me preocupaba demasiado, en realidad, ya prefería no volver a saber de él de una vez por todas. Lo había pensado mucho y eso no me cerraba por ningún costado, así que tanto mejor si desaparecía el solito. Me la hacía más fácil. Pero no fue así. Unos días más tarde recibo un mensaje suyo en mi celular:

-¿Cómo andás bombón? Nos vemos?

Decía. Y la verdad preferí no responderle. Pasaron unos días más y seguía insistiendo, no se daba por aludido. Mandó un mensaje más, nuevamente sin respuesta. Y luego un tercero. En general pensaba que era más fácil hacerme la boluda, que los tipos entendían las indirectas. Que si no te responden al tercer mensaje entendés que no da. Pero evidentemente no era el caso porque éste flaco seguía insistiendo. Evidentemente algunos no entienden las indirectas, habrá que ir al grano y decir las cosas claritas. Le contesté entonces:

-Todo bien, pero preferiría que no nos vieramos más, para serte sincera…

Pocos minutos más tarde recibo su respuesta

-Eh! ¿Pero porqué? ¿Pasó algo?

-No pasó nada. Simplemente me doy cuenta que no es lo que necesito.

Le contesté, suponiendo que había sido lo suficientemente clara. Que iba a entender y no iba a seguir insistiendo. Lamentablemente no fue así, y unos segundos más tarde, su respuesta:

-No te entiendo, qué es lo que necesitas?

Que te importa! -pensé para mi- claramente no algo que vos puedas darme! Pero me sentí en la obligación de contestarle, no se bien por qué, así que lo hice

-No quiero encuentros a las escondidas al mediodía, ni quiero estar con alguien que tiene cero interés en conocerme y con el que no puedo ni soñar con ir a tomar un café, creo que me merezco otra cosa!

Le dije, omitiendo algunos datos. Para qué hacerlo sentir mal agregando lo más importante, que haría tolerable todo el resto: Si por lo menos me cogieras bien…. Pero creo que la idea básica se entendía. No era de los que se daban por vencidos facilmente, y creo que ya empezaba a sonarme a caprichito. Alcanza que no puedas tenerlo para que empieces a insistir? Me respondió:

-No sé porqué pensas eso, sí tengo ganas de conocerte, y nada nos impide tomar un café…

Y ya me hinché la paciencia. Caprichitos no, que para caprichosa estoy yo, eh! Un tanto más cortante esta vez le contesté, ahora sí por última vez:

-La verdad que prefiero que no. Disculpame pero en esto decido yo y lo sentí así. Dejemoslo ahí. Te mando un beso.

Unos minutos más tarde recibí la respuesta. La última de su parte:

-Ok, voy a respetar tu decisión, aunque no la comparta. Si cambias de opinión avisame. Besos.

Lo leí, todavía sin poder creer en su insistencia. Pero había tomado una decisión, y aunque me cuesta mucho llegar a hacerlo, una vez hecho rara vez cambio de idea. La verdad es que a veces a los hombres no los entiendo. Si yo me hubiera puesto insistente, seguro desaparecía él, pero alcanza que yo me haga la difícil para que de golpe se acuerde que casi no puede vivir sin mí? Definitivamente, cada vez los entiendo menos…

Ir a Post siguiente: 123. Y después…

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4 comentarios en “122. Hakuna Matata (5)

  1. Nas!!

    Bien hecho. Esto amerita un brindis xD

    ¡¡Por la buena desición de la (des)encontrada!! jajajaja

    No hay nada más que agregar, solamente…: “el siguiente por favor”! xD

    Nos estamos leyendo, hasta entonces….

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