124. Y después… (2)

Sábado 3 de mayo de 2008

Entonces empezamos a hablar, y a reirnos, y me invitó a tomar una cerveza. Yo ya había tomado bastante, pero acepté. Me contó que estaba ahí de casualidad, que odiaba los boliches y la música que pasaban, pero era el cumpleaños de un amigo y lo habían llevado. Mientras decía todo esto yo seguía bailando. Contó también que venía de tocar con su banda, tocaban heavy metal o algo así. Tenía 31 años y era ingeniero. Trabajaba ejerciendo su profesión en una empresa grande, que producía instrumentos tecnológicos y vivía con sus padres.

-¿Con tus padres? ¿Porqué?

-No sé, estoy cómodo ahí…

Nunca voy a entender porqué una persona de más de veintipico, que ya se recibió y gana más o menos bien sigue viviendo con sus padres. Me suena a algo tan infantil… Pero bueno, quién soy yo para juzgar a nadie. Además no lo conocía demasiado. No dije mucho más sobre el tema.  Seguimos charlando un rato más y nos dimos un par de besos, que fueron bastante interesantes, para mi sorpresa. Intensos. Pero esa noche yo estaba medio engripada, y encima indispuesta y al día siguiente como siempre, tenía que ir a trabajar. No daba para mucho más en esa situación. Estaba lejos de mi casa, en la otra punta de la capital, cansada y medio enfermita, y la verdad no sabía como volverme a casa. Pensaba bajar a la calle y tomarme un taxi. Pero él se adelantó y me dijo:

-Me voy a ir yendo, estoy con el auto querés que te alcance a tu casa?

No sabía qué contestar. No sería la primera vez que me subo al auto de un desconocido, pero ésta noche estaba segura que no quería nada más. No en estas condiciones al menos. No sabía que decir. Finalmente le dije:

-Me encantaría, pero no pienses que va a pasar algo más. Esta noche no al menos…

Y nos fuimos juntos. Subí a su auto y encaramos para el lado de mi casa, que quedaba de camino para la suya. En cuanto subimos puso música, heavy metal por supuesto. Música de la cual no entiendo absolutamente nada ni me gusta demasiado, pero bueno, a él le gustaba. Después cambió de música y puso algo de rock más clásico, eso me gustaba más. Siempre me gustó bailar rock. Hablamos un poco de eso, de ir alguna vez juntos a una clase de rock, no estaba mal. Él se reía mucho de todo, encontraba todo gracioso. Yo no entendía mucho de que se reía, hasta que finalmente entendí que era un poco así. Una de esas personas que se toman todo en broma, que no se hacen problemas por nada. Sonaba raro para un ingeniero, en general uno tiene la idea de que son gente seria y estructurada, pero esos son prejuicios. Llegamos a la puerta de mi casa y estacionó enfrente, pero no me bajé. Seguimos dándonos besos, cada vez más intensos, y ya estaba maldiciéndome a mí misma por la puntería de mis ciclos. ¿Justo esa noche tenía que ser? En fin, pero esas son cosas que no se pueden controlar. Por lo menos me iba a servir para no apurarme a hacer las cosas sin pensar y después arrepentirme…

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