07. Reflexiones…

En el post anterior mencioné como al pasar que para ese momento muchas cosas habían cambiado para mí. Que ya estaba cansada de la joda y las aventuritas de una noche. Pero me parece que no termina de quedar claro porqué y hay muchas cosas que todavía no conté. Voy a intentar explicarlo un poco, si es que se puede. Hubo muchos sucesos en la historia de ese año y medio que relato acá que me hicieron detenerme y pensar un poco. Primero, la historia del “Cacho de Carne” que me hizo pensar que a veces hablar de más no está tan bueno, y también que ir tanto al frente es una buena forma de evitar (conciente o inconcientemente) empezar una relación con alguien, conocer y dejarse conocer. Una especie de auto complot. Después, la historia con “El Rey León“, me hizo entender que no tengo ganas de estar en el último lugar en la vida de alguien. Que no tengo ganas de ser la que espera que el otro disponga de un mínimo ratito para mí. Así no me dan ganas. Pero hay otras cosas que todavía no conté y me gustaría desarrollar un poquito más. Una historia que me marcó mucho y me hizo cambiar mi forma de pensar fue la que pasó a fines de Junio de 2008. Era el cumpleaños de La Morocha, y yo venía viéndome con un flaco cada tanto, en una relación “sin compromiso”. Al menos así lo planteaba él, porque a decir verdad, no cumplía ni el más mínimo de los compromisos, ni siquiera el llamarme cuando me decía -Te llamo-. Sin embargo, cuando se dignaba a aparecer, y después que a mí se me pasara el enojo, se tomaba el atrevimiento de quedarse a dormir en mi casa. Esta situación estaba empezando a hartarme. Primero porque si hay algo que odio es que me dejen plantada. Y quedarme esperando que alguien me llame cuando en realidad nunca tuvo la más mínima intención de hacerlo ya me parece una tomada de pelo. Y encima… ¿dormir en mi casa como si fuera un hotel? Esto ya era demasiado. Para peor cuando él se quedaba a dormir no había forma de que yo pegara un ojo, y ya estaba cansando de ir a trabajar sin dormir. Ese sábado que La Morocha festejaba su cumpleaños, por supuesto había quedado en llamarme. Ya me había colgado la noche anterior, y ese mismo sábado me avisó, por mensaje de texto:

Tengo ensayo, termino tarde. Te llamo cuando salgo a ver si te paso a buscar por el cumpleaños.

Así que me fui al cumpleaños de mi amiga, enojadísima y sabiendo de alguna manera que el flaco no iba a aparecer en toda la noche. Aunque de rato en rato miraba mi celular para ver si había alguna novedad. Obviamente sin resultado alguno. Entonces, comí y bailé y tomé con mis amigas, tratando de olvidarme del celular, del idiota en cuestión y de mi propio malhumor. Estaba enojada conmigo misma por darle más importancia de la que tenía a semejante tarado. Hasta que lo conocí a Valentín…

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