36. ¿Y…? (2)

Esa noche me fui a dormir temprano. No me sentía bien y mi cabeza no paraba, pero traté de relajarme y descansar. Decidí tratar de no pensar más y sólo darme una oportunidad, no porque no tuviera dudas sino porque sospechaba que las dudas no se iban a ir solas. Al día siguiente me levanté más tranquila y me dediqué a hacer lo que tenía que hacer, sin ocuparme demasiado de él. Quería dejar que las cosas fluyan un poco. Cuando volví a la tarde a casa, encendí la computadora y entré a facebook. Ese parecía ser el medio que el elegía para comunicarse conmigo, y a mí me divertía un poco. Entro a su perfil y me encuentro con algo que no había leído la noche anterior

El Viajero  Como si tuviera doce.
El 31 de marzo a las 19:06 ·

Más claro imposible, pensé. Pero no había respuesta posible a eso, no todavía al menos. Me dediqué a mis mails, a escribir un poco y leer blogs, y un rato más tarde me encuentro con esto:

El Viajero  Salimos?
El 01 de abril a las 16:35 ·

Asumí sin dudarlo que estaba dirigido a mí (y menos mal que no me equivoqué, qué feo habría sido!). Dejé pasar un rato y le contesté por mensaje de texto

Qué hacemos?

Unos mintuso más tarde, recibo una llamada suya en mi celular. Hablamos un rato y arreglamos para vernos esa misma noche

-Te paso a buscar y te invito a cenar, ¿te parece?

-¿A cenar? -le pregunté, recordando que estaba sin un mango -¿Qué pasó, robaste un banco?

-jajajaa …Algo así… Paso a eso de las nueve, ¿dale?

-Dale, nos vemos.

Le dije y corté. Me metí en la ducha, me preparé como habitualmente y lo esperé. Llegó puntual como era su costumbre, bajé y empezamos a caminar. Fuimos hasta la Placita Armenia y elegimos un restorán, lindo en la esquina frente a la plaza. En realidad eligió él, yo me limité a asentir y le agradecí. A veces soy tan indecisa que me hacen un favor enorme si deciden por mí. Era temprano. Entramos y no había casi nadie. Nos sentamos en una mesita tranquila, con poca luz y alguna velita y mientras cenábamos, empezamos a hablar. Al principio costó un poco. Él no paraba de mirarme con cara de enamorado y eso no ayudaba. Yo estaba muy a la defensiva y la conversación no fluía del todo, pero de a poco me fui aflojando. Empezamos a hablar de nuestros pasados, de los “ex”. Inevitable esa conversación. Él me contó que después de la separación había estado un tiempo largo muy deprimido, totalmente desilusionado de la vida. Por eso se había ido a Brasil. Buenos Aires le dolía y más mi barrio, que era el mismo en el que vivía su ex. Me costaba entender el motivo de tanto bajón. Entiendo que toda separación conlleva un período de duelo, pero según él, la decisión había sido suya -y no de la ex como había pensado en un primer momento- así que había algo que yo no entendía. Yo también había decidido separarme y sin embargo para mi fue un alivio, casi como recuperar la paz que había perdido. Tal vez porque lo había hecho demasiado tarde. Así que volví a preguntar, necesitaba entender…

Ir a Post siguiente: 37. ¿Y…? (3).

 

15 comentarios en “36. ¿Y…? (2)

  1. Lluvia de chanes!!!! “Danger!”, “No traspasing” “Cuidado con el Perro”, “Material Radioactivo”

    No viste esos carteles antes de meterte en esos temas de la ex?
    Ese es terreno peligroso!

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