Volver… (III)

Julio / Agosto  de 2013

Mis días pasaban de charla en charla en Badoo, de pelea en pelea con él, de llanto en llanto cuando tenía un rato a solas, entre el nene y el trabajo. Esos ratitos de charla irrelevante (o no tanto) con desconocidos eran lo único que me desconectaba de mi espantosa realidad. Mis días por esa época eran básicamente levantarme, llevar a mi hijo al jardín, previa discusión matutina, limpiar, ordenar, trabajar, ir a buscar a mi hijo al jardín, romperme la cabeza para pagar las cuentas, volverme loca para conseguir más trabajo, discutir con él que a todo esto estaba tirado mirando series en la compu, seguir trabajando, lavarme la cara para que no se note que estuve llorando, disimular.

Una mierda, bah.

Lo peor de todo es que no lograba entender. No lograba entender porqué él que hasta hace unos meses me decía que me amaba de un día para el otro dejó de hacerlo. No lograba entender porqué eran tan vagas sus respuestas a mis preguntas, porqué no se acercaba, porque no lo intentaba, porque no…

Supuse que tal vez estaba deprimido. Hacía rato que estaba sin trabajar, lo veía mucho tirado, mucho de mal humor. Le sugerí que empezara terapia. Incluso le conseguí una colega que se ofreció a atenderlo gratis en un hospital público sin que tuviera que esperar meses por un turno.

-Sí, en la semana la llamo…

Dijo, y nunca llamó.

-No me rompas las pelotas…

Fue la única respuesta que obtuvo mi inútil insistencia.

Estaba completamente desorientada.

Pero también seguía enojada, dolida, cansada, frustrada. Una combinación altamente explosiva.

Uno de esos días, como en una charla casual, me dijo

-Éste sábado es el cumple de Franco, hace un asado en la casa. Imagino que no vas a querer venir…

-No…

Le contesté inocentemente. Su amigo Franco me resulta, (perdón por la redundancia) francamente desagradable. Un Cheto insoportable, egocéntrico como él solo capaz de estar hablando un rato largo de cuánto gastó en ésto o aquello o de sus viajes por el mundo. Capaz de estar horas lloriqueando porque una minita no le dio bola y absolutamente borrado cuando se engancha con una nueva. No me lo fumaba, y él lo sabía.

En ese momento no me dí cuenta, pero algo me empezaba a picar…

algo… algo… no me cerraba…

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