(des) Moro (nada)

Agosto de 2013.

Me metí en la ducha y lloré mientras el ruido del agua que caía me amparaba. Salí tragándome las lagrimas y me vestí como pude. Hacía milenios que no salía con nadie y no tenía la más mínima idea de cómo había que vestirse para salir en pleno invierno. Me puse algo que me pareció medianamente decente, me perfumé, me peiné y salí rumbo al bar de la esquina. Llegué bastante antes de la hora que habíamos acordado. Me senté, pedí un café y mientras lo tomaba y ojeaba el reloj me preguntaba ¿Qué carajo hago acá? A lo que rápidamente me respondía -Salir de ahí. En mi casa el aire era irrespirable y yo definitivamente necesitaba una bocanada de aire fresco. O pensar en otra cosa o como carajo quieran llamarlo.

El Moro llegó relativamente puntual, vestido de negro, con lentes oscuros y una gorra, que se sacó apenas llegó hasta la mesa. Era tal cual lo había visto en sus fotos. Un tipo común, flaco alto, con la cabeza rapada y una cara que no era ni fea ni hermosa.

Nos saludamos y me preguntó

-Me vas a contar que pasó que te decidiste a encontrarnos así de un día para el otro?

Lo dudé un poco antes de responderle, porque no me parecía que era el tema apropiado para hablar en una primera salida, pero siendo un poco sincera conmigo misma, no creía que pudiera hablar de otra cosa en ese momento. Apreté la garganta para no llorar, y como pude le conté los eventos de ese mismo día. Él escuchó respetuosamente intercalando algunas preguntas de vez en cuando hasta que terminé de contar.

-O sea que ésta es una cita por despecho? -Preguntó a continuación

-No… no… lo sé -dije -Si fuera así… ¿Te molestaría?

-No -dijo riendo -Sólo quería saberlo

Seguimos hablando un rato más, de otras cosas. Me contó de su hija, algo de su vida, yo le conté algunas cosas de la mía. Terminamos nuestros cafés y pedimos otros mientras seguíamos hablando. Era agradable pensar en otras cosas por un rato que no fueran las miserias de mi historia, aunque no podía dejar de tenerlas presentes a modo de nudo en la garganta. Un rato más tarde salimos y el aire frío en la cara fue una sensación muy interesante. Caminamos un poco hasta que llegamos a su auto y me invitó a subir.

Lo dudé…

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