Miguel Angel -El Ansioso- III

Agosto de 2015

Después nos dio hambre y salimos a caminar buscando algun lugar en el barrio donde sentarnos a comer. Ibamos caminando de la mano como dos viejos conocidos. Nos sentíamos cómodos. Nos sentamos en una pizzería cerca de mi casa y esperamos que nos atendieran, mientras charlabamos. Él me agarraba de la mano y me miraba, embelesado. Yo trataba de sostener su mirada, pero en el fondo me era imposible. Me intimidaba su intensidad, recién nos estabamos conociendo. Finamente nos cansamos de esperar que nos atendieran y pedimos la pizza para llevar.

Volvimos para su casa caminando despacio, disfrutando el fresco de la noche. Una vez que entramos a su departamento el hambre y la pizza quedaron enfriándose sobre la mesa.

A los besos me empujó hacia la cama y yo me dejé llevar. Empezó a sacarme la ropa despacio y a besarme lentamente, de arriba hacia abajo. La cosa se ponía interesante y lo dejé hacer sin oponer la menor resistencia. Al fin se había acordado que el sur también existe!

Cuando empezaba a entusiasmarme con la situación se alejó para buscar un preservativo. Contuve un gemido por la mitad y no dije nada, solo esperé. Una vez que se lo puso volvió rápidamente a la cama y repitió su rutina, casi de la misma manera. Tal vez duró un minuto o dos más. Me aguanté el -¿Yaaa? que tenía atragantado y lo abracé. Así nos quedamos abrazados un buen rato en la cama. No pregunté. Ni preguntó. Compartimos un rato de silencio y paz, hasta que le recordé que se enfriaba la comida.

Comimos la pizza fría, mientras hablábamos de nuestras vidas, acompañándola con jugo de manzana. El me hablaba de sus hijas y su familia, yo de la mía. Nos reíamos.

Después de comer me abrazó por atrás y empezó a hacerme masajes. Y yo que vivo contracturada, jamas me niego a un masaje. Fuimos de vuelta a la cama y me acosté mientras él me masajeaba la espalda. La cosa empezó a ponerse más caliente y yo estaba entre dejarme llevar, para ver si al fin mejoraban las cosas, o irme a la mierda para no pasar otra vez por lo mismo. Ya estás en el baile -pensé- y me deje llevar una vez más. Nos besamos y nos entrelazamos y mientras empezamos a sacarnos la ropa una vez más me dijo

-Estás bastante cómoda, vos… no?

Era cierto, hasta ahora solo lo había dejado hacer, y la verdad es que no me había dado tiempo de nada, pero bueno… Esta vez hice caso de sus palabras y lo intenté. Nos sacamos la ropa y lo besé de arriba a abajo, deteniéndome en el abajo. Su reacción fue buena, sus gestos y sonidos parecían indicar que le gustaba lo que estaba pasando así que le puse onda y seguí… hasta que me frenó, una vez más, buscando un preservativo. Se lo puso y esta vez fui yo la que subió arriba de él y dominó la situación. A ver si así logramos que la cosa dure un poco más -pensaba- Pero me agarro de la cintura y empezó a moverse a su ritmo, mucho más acelerado que el mío. En un momento me acerqué y se susurré al oído…

-¿Qué apuro hay?

Acusó recibo, frenando la intensidad un poco y dejándome hacer, y empecé a jugar un poco a mi ritmo, despacito yendo y viniendo, sintiéndolo y disfrutándolo lentamente… pero ni había empezado a entusiasmarme cuando el se impacientó y volvió a dominar la situación. Me rindo -pensé- ésto no tiene caso. Y lo observé acabar debajo mío en menos de dos minutos.

Eran cerca de las 3 de la mañana y yo lo único que pensaba era que tenía sueño. Mucho sueño.

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