Acerca de la Felicidad

Últimamente ando triste. Preocupada, angustiada, reflexiva. Triste.

Pero resulta que no puedo hablar de eso.

Es imposible, absolutamente imposible soltar “estoy triste” sin que salten los acérrimos defensores de la felicidad y el pensamiento positivo por todos lados.

Ey, no, vamos! Pensá en positivo!

Dale, ponete bien, mirá para adelante!

Soltá, Flui, pedile al universo!

Y etcétera, etcétera, etcétera.

Me irritan, me enojan, me sublevan. ¿Porqué no tengo permitido estar triste? ¿Porqué no se puede?

Acaso hay algo más mononeurónico que la felicidad impuesta? ¡Se feliz! ¡No pienses! Sonríe!, piensa en positivo!, repite frases huecas como un mantra!, suelta!, vive!, etc… Todas frases escritas en un odioso tono imperativo. ¿Porqué nos tienen que decir cómo vivir, cómo pensar?

Dejenme decirles porqué.

La dictadura de la felicidad es uno de los mejores inventos de éste capitalismo enfermo en el que vivimos. La mejor herramienta de control. Muda, silenciosa, nadie cree que está siendo controlado. Al menos en los siglos anteriores era más evidente. Nos vendían indulgencias y estampitas y promesas de felicidad en la próxima vida a cambio de que nos calláramos la boca y aguantáramos en ésta. Ahora, ¡peor aún! Tenemos que callarnos y ser felices ¡Sin chistar! en éste mismo mundo que nos explota. Ni se nos ocurra protestar, angustiarnos, enfermarnos y dejar de producir. ¡Nada de eso! A pintarnos sonrisas idiotas y seguir produciendo, que la rueda tiene que seguir girando.

Pero la vida no es así. La vida tiene matices. Negros, blancos, y varios tonos de grises. Momentos felices, momentos tristes, momentos en los que ni. No es lo mismo cuando se muere tu tío favorito que cuando se casa tu mejor amiga, o vos estas enamoradísima. Y no podés estar siempre igual. Eso sería idiota, rematadamente idiota. A veces estamos felices, a veces tristes, a veces enojados, angustiados, preocupados, a veces sentimos varias cosas al mismo tiempo. ¿Y porqué no permitirnos vivir lo que nos pasa? Disfrutar lo bueno, sufrir lo malo, incluso querer hacer cosas para cambiarlo? ¿Acaso no es eso -si existe- la libertad?

Así que ya saben.

Déjenme estar triste en paz.

Ya se me va a pasar.

Amén.

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