Archivo de la categoría: 2007

65. Y más dudas…

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Del Otro Lado: Sombras a un costado II. Trigésimoprimero.

Mayo de 2009

A pesar de quejas y preguntas complicadas, la mayor parte del tiempo que compartíamos la pasábamos genial. Nos divertíamos en la cocina, a los dos nos gustaba cocinar y disfrutábamos preparando desde los platos más simples hasta algunos un poco más complejos. Y obviamente después nos deleitábamos saboreandolos juntos. Nos salían bastante bien. El sexo era cada vez mejor, nos íbamos conociendo más y ya empezábamos a entendernos sin hablar. Había momentos muy intensos y otros de relax absoluto, con crema, masajes y velitas. De tanto en tanto una sombra de duda se paseaba por mi dormitorio, o mi cocina y yo en vez de tratar de espantarla me metía a pelear mano a mano con ella. Pero no siempre funcionaba.

A esta altura ya dormíamos juntos casi todas las noches, y cuándo no estábamos juntos nos extrañábamos. Pero él no era el único que tenía dudas. Sigue leyendo 65. Y más dudas…

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58. La Colo, mi mentora…

La colo se merecía un capítulo aparte. A esta altura ella era como mi modelo a seguir. Después que su novio la dejó, tuvo un par de semanas de bajón, pero inmediatamente se recuperó y se dedicó a revolear la chancleta de la mejor manera. Siempre tenía a alguno mandándole mensajitos o llamándola para verse. Con todos se divertía y siempre había lugar para uno más. A su lado me sentía una nenita tonta, pero de a poco fui observando… y aprendiendo. Aprendí a ponerme buenos escotes y a sostener la mirada, venciendo mi timidez. Y a divertirme. Era como un juego. Tenía unas frases geniales. Como ambas nos conocimos trabajando en el call center de un banco, ella tomaba frases del trabajo y las adaptaba. Decía por ejemplo: “Con los hombres hay que hacer como con las inversiones: Hay que diversificar”. Y eso hacía. Tenía al profe del gimnasio, su “cacho de carne” con el que se veían cada tanto fuera del gimnasio. Había otro, ex compañero del trabajo, con el que se veían a veces y se suponía que nadie sabía. Un ex compañero de la facu, y un par más revoloteando por ahí. Siempre estaba ocupada. Obviamente, ni ella, ni yo estabamos buscando un novio. Veníamos de relaciones complicadas y lo único que queríamos era pasarla bien. Lo más divertido fue un fin de semana en el que se le desaparecieron varios de los flacos a los que venía viendo y nos mandó un mensaje de texto donde ponía: “Este finde: fuerte caída de chongos”. jajaja, una genia la colo. Y pensar que ahora está comprometida, no se puede creer!

Colo, amiga, se te extraña en las pistas!

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39. Año nuevo, vida nueva… (2)

La Flaca es una vieja amiga, nos conocemos desde la escuela primaria. Nos vemos poco, una vez al año, o dos, pero nos queremos. Ella tiene una hija de 9 años, por eso a veces se le complica un poco salir, y yo estuve mucho tiempo de novia. Habíamos hablado por esos días y arreglamos para salir la noche de año nuevo, después de los festejos familiares. Cené con la familia, muy tranquilo y después que logramos meter a la abuela en un taxi y mandarla a su casa, la llamé. Me dijo que había hablado con su ex, El Pelado, para ir a bailar salsa.

-¿Con tu ex, Flaca? –le dije.

-Sí, te acordás ese que conocí en la clase de salsa, baila divino y como a vos te encanta bailar pensé que…

-Ok, Flaca… si a vos te parece, vamos!

Venía con el pelado y una compañera de trabajo en el auto de él y yo me encontraba con ellos allá. Al rato me llama diciéndome que el boliche de salsa estaba cerrado, si se me ocurría algún otro lugar. Sugerí un boliche de mi barrio, donde había ido con La Colorada y quedamos en encontrarnos ahí. Los esperé en la puerta. El lugar estaba super lleno y había una cola importante para entrar, así que decidimos ir al bolichito que está a la vuelta. Fuimos. Yo me había puesto el vestido violeta que usé para la fiesta de fin de año de la empresa, con un escote interesante, y unas sandalias negras de taco alto divinas. Llegamos y nos invitaron a pasar, adentro: fiesta de la espuma…

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38. Año nuevo, vida nueva…

Para como venía ese año, un bajón atrás del otro, el fin de año se estaba poniendo de lo más divertido. La idea era no terminar el año en “abstinencia” y ya lo había cumplido, y para más detalles en un barquito! Me estaba empezando a gustar esto de estar soltera. Lo que más terror me causaba era enamorarme del primer idiota que se cruzara, porque ya saben, tengo debilidad por los idiotas y los enfermitos, así que me decidí a dejar el corazoncito guardado en un cajón, como dice mi querido Joaquín y seguir adelante a pura diversión. Era Domingo, 30 de Diciembre. Había salido la noche anterior con El del Barquito y el lunes 31 no había que ir a trabajar. ¡Qué ganas de salir! Llamé a Caro para ver si tenía ganas de hacer algo y se prendió, quedamos en ir a tomar algo por Las Cañitas. En eso me mandó un mensaje de texto La arquitecta que también estaba con ganas de hacer algo, así que la invité también. Ellas dos no se conocían, así que hicimos una previa en casa, tomamos algo y salimos. Fuimos para las cañitas, pedimos un par de tragos y nos sentamos a charlar… y mirar. No pasaba mucho pero era mejor que quedarse en casa. Subimos a la pista, bailamos, hablamos con algunos flacos. No pasó demasiado, mucha histeria por parte de ellos últimamente, pero igual nos divertimos bastante. Cuando nos cansamos de bailar nos fuimos a desayunar a un barsucho por plaza italia tres cafés enormes con medialunas, el mío sin leche como siempre, y nos quedamos hablando mal de nuestros ex (como corresponde). Qué buena sensación la de salir del boliche y caminar solitas al vientito de la madrugada, mucha paz…

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37. El del Barquito (5).

Nos vestimos y salimos a tomar la cerveza en la parte de afuera del barquito, mirando las estrellas, tratando de recuperar el aliento. Nos quedamos en silencio un rato. Hubiera sido un momento muy romántico para dos enamorados, pero no era el caso. Igual estuvo bueno el silencio compartido, cada uno con sus pensamientos. Me sentí muy rara conmigo misma, era una experiencia diferente para mí la de tener sexo con alguien que no conozco, y casi podría decir: con alguien que no me interesa. Hasta el momento yo era de la idea que tener sexo sin amor no era lo mío, pero estaba tratando de descubrir que podía ser bueno, divertido. Y que tampoco implica mucho compromiso, es solo eso. Después hablamos un poco, de temas comunes. La familia, los intereses de cada uno. El amaba los deportes, los autos, el turismo aventura. Yo el cine, los libros, bailar. No teníamos mucho en común la verdad, pero fue una charla amena. Más tarde volvimos al auto, arrancó, saludó al vigilante de la puerta y salió. No debe ser la primera vez que usa el barquito de telo, pensé para mis adentros, porque el vigilante lo vio entrar y salir en menos de dos horas de madrugada y lo saludó como si nada. ¿O será más común de lo que yo creo? Me llevó hasta la puerta de mi casa, nos dimos unos besos y bajé.

-Hablamos-

Nos dijimos antes de despedirnos. ¿Que mierda querrá decir ese “hablamos” tan impersonal? -me quedé pensando-… Pero al fin y al cabo no me importó mucho porque no sabía si quería volver a verlo. ¿Fin?

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36. El del Barquito (4)

Pero para hacerlo se levantó y se fué al baño, nunca entendí porqué. ¿Timidez? Al volver dejó encendida la luz del bañito con la puerta entreabierta y apagó la otra. Y así en penumbras, volvió. Se acomodó arriba mío, me dió un par de besos y me la metió. Costó un poco al principio, yo hacía más de dos meses que no hacía nada, pero no estuvo mal. Después empezó a moverse arriba mío mientras me besaba, y como todo lo hizo con mucha intensidad. Se movía muy fuerte mientras me besaba y mordía mis labios por momentos. Me gustaba, pero de a ratos, casi que parecía demasiado intenso. Dolía un poco, no sé si por mi falta de práctica, y casi de experiencia. No voy a decir que era virgen, pero había estado con mis ex (tuve dos ex más antes del enfermito) y con un par más, en toda mi vida. No es una larga experiencia que digamos. En fin, me quedé con la duda de si era su intensidad, mi inexperiencia, o que tenía un miembro muy grande. Un poco por mi timidez, un poco por la de él, la cosa es que nunca lo vi. Cuando quería tocarlo él me sacaba la mano. ¡Qué raro! pensé, pero en el sexo cada uno tiene sus locuras y se lo respeté. Seguimos un poco así, pero me dolía. Cambiamos de posición un par de veces, se tomó su tiempo, hasta que acabó. Yo ni noticias, imposible. Entre lo que me dolía, y que estaba con la cabeza en cualquier lado no había ni chance. Igual a mí me divertía la experiencia y era casi como una meta a cumplir. Después de terminar nos quedamos tirados en el piso, acariciándonos, completamente transpirados los dos. Era 29 de Diciembre y hacía mucho calor.

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35. El del Barquito (3)

Si, era ahí. Me estaba llevando a su barquito. Yo con unos tacos altísimos trataba de bajar por el pastito para entrar en el barquito, él me ayudaba mientras cargaba una botella de cerveza que sacó del baúl de su auto. ¿Tenía todo preparado? Parece que sí. Pero no me importaba mucho, estaba por terminar el año y yo no quería que el enfermito de mi ex fuera el único hombre que hubiera pasado por mi cuerpito ese año. Además la aventura parecía divertida. Subimos al barquito. Era chiquito adentro, el piso alfombrado, unos sillones a los lados, una mesa, una puertita que daba al baño, y otra que no me enteré nunca a donde daba. Sirvió la cerveza, con poca luz y empezamos a los besos. Cuando la cosa se puso más hot nos tiramos los dos en uno de los silloncitos, pero era muy angosto, incómodo. Terminamos tirados en el piso, ya con poca ropa. Hacía calor. Un costado de mi cabeza insistía pensando ¿Qué carajo hago acá? y ¿Quién carajo es éste? Y el otro se divertía mucho con la situación y tenía ganas de experimentar. ¿Adivinen a cuál le hice caso? Empezó a tocarme y tal como sus besos, era muy intenso. Al principio me gustó, me calentó, pero al rato empezó a parecerme demasiado directo, demasiado fuerte para ese primer momento. Le saqué la mano de ahí entonces sugiriendo que se pusiera un preservativo, y así lo hizo…

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34. El del Barquito (2)

Bajo y ahí está él, esperándome en su auto, un lindo auto, aunque yo no sé mucho de eso. No es lindo, ni alto, pero ya dije que me gustaban sus besos, y tiene una sonrisa simpática. Subo al auto y me propone ir a tomar algo frente al río, acepto. Vamos a un barcito muy lindo, tomamos algo y hablamos. Sonríe mucho y me mira, parece medio tímido (somos dos, que problema). Hablamos de nuestras vidas, le cuento un poco que hago, él me cuenta lo suyo. Tiene una imprenta, o algo así. Me cuenta que estudiaba, no me acuerdo qué, y dejó. Se dedicó a laburar full time. Habla mucho del gimnasio y su entrenamiento, parece que eso es muy importante en su vida. Tomamos una cerveza o dos y salimos a mirar el río. Nos sentamos en el pastito y nos damos unos besos, la cosa se empieza a poner hot. Hay poca luz, pero no, no da ahí. Propone ir a un lugar más cómodo y volvemos a su auto. Da un par de vueltas por la zona, parece que no sabe donde ir. En un momento estaciona su auto en una zona medio oscura.. y volvemos a empezar, un par de manos por aquí y por allá… pero es medio incómodo. No lo conozco, no da en el auto, en medio de la calle. Le digo que ahí no da, arranca y vamos a buscar otro lado, de un par de vueltas más, parece indeciso. En un momento me dice, tengo un lugar por acá, vamos? Le digo que si, y empieza a manejar, entra en un portón grande, saluda al de la puerta y estaciona. Miro a mi alrededor. Hay mucho pasto, río, un par de muelles y un montón de barquitos…

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33. El del Barquito

Último sábado del 2007.

Salgo del trabajo y me voy a caminar por el barrio, sola. A veces hago esas cosas, un poco porque me gusta estar sola, otro poco porque no quiero quedarme encerrada solo porque no tengo con quién ir a dar una vuelta. Voy hasta Plaza Serrano, miro la feria, pienso, camino, disfruto. Cuando estoy volviendo a casa suena mi celular: un número que no conozco, atiendo. Pregunto quién es, era el del barquito. ¡Qué sorpresa! Así que a veces si llaman… mirá vos. Hablamos un rato, y quedamos en salir esa noche, ir a tomar algo. Que raro, hace taaanto que no salgo con alguien! ¿Cómo era esto? Voy a casa, descanso un poco. Me levanto, me doy una ducha, me cambio, me maquillo. Y espero. No llega a la hora que dijo, cómo odio que me hagan esperar, menos mal que quedé que me pase a buscar por mi casa, sino tal vez estaría esperándolo en una esquina. Me engancho a mirar una peli en la tele (horrible, de esas que pasan en la tele de aire, porque no tengo cable) y sigo esperando. Pensando, ¿Será capaz de dejarme plantada? ¿Qué puede ser más patético que quedarse cambiada y maquillada en casa mirando una peli en canal 9 un sábado a la noche? No sé porqué pero siempre tengo miedo que me dejen plantada, o que pase algo… que insegura soy! Trato de aguantarme de no llamarlo, no quiero parecer pesada y además no lo conozco todavía. Sigo esperando, quince minutos, veinte… media hora. Ya es bastante, no me gusta esperar tanto y menos que no me avise. ¿Qué hago? ¿Lo llamo? ¿Le mando un mensaje? Le mando un mensaje, breve:

“¿Por donde andas?”.

Contesta al rato:

“Ya estoy llegando”.

Ok, me quedo tranquila, no puedo ser tan ansiosa (¿o si puedo?). Al rato efectivamente me avisa,

“Estoy en la puerta”.

Bajo…

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32. Salida loca (2)

Viernes 28 de Diciembre de 2007

Después de la cerveza seguimos con un mojito, y la charla ya venía rumbeando para el lado de la histeria masculina.

-Los tipos están cada día más histéricos, -decía La Arquitecta, -ahora ya ni te encaran, se quedan ahí esperando que una haga todo el trabajo.

Mientras mirábamos a nuestro alrededor se confirmaba esta idea. Cada uno en su mundo, cero onda la gente.

-A las únicas que se toman la molestia en encarar son las rubias desteñidas con pinta de gato y las tetas hechas.

Dijo, mientras pasaba una platinada con extensiones y tetas de plástico y tooodos los flacos del bar se daban vuelta a mirar.

-Pero nosotras no podemos quedarnos esperando, no señor, -dijo, -somos las tres lindas, solteras, profesionales y solitas, vamos a hacer algo!

Confieso que casi, casi… muero de la vergüenza, pero le seguí el juego. Además después del mojito, seguimos con una copa de vino tinto, así que todo empezaba a parecerme graciosísimo. La seguí entonces, nos paramos en la puerta del barcito, y empezamos a “cobrar peaje”, cada uno que entraba tenía que saludarnos con un beso en la mejilla. La verdad fue algo insólito, jamás se me hubiera ocurrido hacer algo así, pero fue muy divertido, hablamos con todo el mundo, hicimos una mini-encuesta a ver que opinaban los caballeros  acerca de las rubias platinadas con las tetas hechas, conocimos gente y nos reímos mucho. Creo como dice Nietzche que lo que no te mata te hace más fuerte, esa noche no morí de vergüenza y le gané un par de puntitos a mi timidez crónica. A decir verdad, ya aprendí a disimularla bastante bien. A eso de las tres de la mañana y después de charlar con todo el mundo me despedí de ellas y me fui a dormir, había que levantarse tempranito al día siguiente…

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