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62. Un deseo de Año Nuevo

del Otro Lado: Sombras a un costado. Vigésimonoveno.

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31 de Diciembre de 2008 (hace un poquito más de un año!)

Después de mucho desearlo, y gracias a la tan odiada crisis financiera pude por fin renunciar a mi esclavizante y horrible trabajo en el call center de un banco a cambio de una suma que no me salvaba la vida, pero por lo menos me permitía vivir unos cuantos meses tranquila. El año terminaba mejor de lo que había comenzado. No tan divertido, pero con más posibilidades. Animarme a largar lo seguro y jugármela a intentar vivir de mi profesión no había sido una decisión fácil. Me había costado muchas ansiedades y lágrimas, que no tenían un hombro amigo donde caer. Si, hubiera sido mucho más fácil decidirlo si no hubiera estado solita. Si mantener mi casa hubiera sido un proyecto de a dos. Pero últimamente los tipos que conocía parecían no valer la pena. No para más de un polvo o dos, por lo menos. Asi que seguía solita. Nada de volver a engancharme con un tarado, era mi lema del último año y por ahora venía funcionando.

La cena de año nuevo fue de lo más bizarra esa noche. Sigue leyendo 62. Un deseo de Año Nuevo

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08. Will you be my Valentine?

Estaba bailando con mis amigas, tratando de olvidar el hecho de que mi celular nunca sonó, ni siquiera un mísero mensajito. De golpe, contra el marco de puerta, y con cara de aburrido, veo un bombón de apenas un metro de altura. Le hago señas para que se acerque, y viene, me toma de la mano, y le pregunto si quiere bailar. Me dice que si y levanta los bracitos para que le haga upa. Lo levanto. Mientras bailamos un rato, le pregunto:

-¿Cómo te llamás?

-Valentín -me contesta con vocecita tímida.

-¿Y cuántos añitos tenés?

Levanta tres deditos de la mano derecha y me los muestra, con carita de sueño.

-¿Querés ir con tu mamá?

-No…

Me contesta e instantáneamente apoya su cabecita sobre mi hombro y me abraza, como si nos conociéramos de toda la vida. Fue el abrazo más puro y tierno que me dieron en mucho tiempo. Y en ese preciso momento entendí todo. Me sentí una tarada total, esperando una muestra de interés de un flaco que claramente no podía darme nada. Que nunca iba a valorar nada simplemente porque no le interesaba. Solo quería coger conmigo. Y nada más. Y a veces ni siquiera eso. ¿Qué mierda hacía yo, esperando, rogando que apareciera, para darme lo que le sobraba? Basta. Basta de esperar lo que no hay, yo me merezco más que eso -pensé. ¿Que mierda hago esperando a un idiota que no tiene nada para darme? Lo que yo quiero es otra cosa. Quiero alguien que pueda abrazarme con la pureza y la sinceridad de un niño. Alguien que me quiera. ¿Porqué no? Si yo me lo merezco… Pensé, mientras se me escapaba una lagrimita, y seguía disfrutando de ese abrazo. Obviamente, no volví a mirar mi celular en toda la noche. No valía la pena, ni pensaba volver a verlo, yo me merecía algo más. Me quedé con valentín, hablamos, bailamos, tomamos coca y comimos torta. Más tarde conocí a Pitu, la mamá de Valentín. Era una amiga de La Morocha. Hablamos un rato de su hijo:

-¿Cómo me ves de nuera? Tenemos solo 26 añitos de diferencia….

Le pregunté riéndome, y ella se rió también. Antes de irse, Valentín me preguntó mi nombre, me dió un besote y un abrazo de esos que derriten el alma. A los pocos días, La Morocha me llamó para contarme, que fue a la casa de Pitu para mostrarle las fotos y videos del cumpleaños, y que Valentín cada vez que me veía en una foto decía:

-Esa es Des, mi NOVIA…

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07. Reflexiones…

En el post anterior mencioné como al pasar que para ese momento muchas cosas habían cambiado para mí. Que ya estaba cansada de la joda y las aventuritas de una noche. Pero me parece que no termina de quedar claro porqué y hay muchas cosas que todavía no conté. Voy a intentar explicarlo un poco, si es que se puede. Hubo muchos sucesos en la historia de ese año y medio que relato acá que me hicieron detenerme y pensar un poco. Primero, la historia del “Cacho de Carne” que me hizo pensar que a veces hablar de más no está tan bueno, y también que ir tanto al frente es una buena forma de evitar (conciente o inconcientemente) empezar una relación con alguien, conocer y dejarse conocer. Una especie de auto complot. Después, la historia con “El Rey León“, me hizo entender que no tengo ganas de estar en el último lugar en la vida de alguien. Que no tengo ganas de ser la que espera que el otro disponga de un mínimo ratito para mí. Así no me dan ganas. Pero hay otras cosas que todavía no conté y me gustaría desarrollar un poquito más. Una historia que me marcó mucho y me hizo cambiar mi forma de pensar fue la que pasó a fines de Junio de 2008. Era el cumpleaños de La Morocha, y yo venía viéndome con un flaco cada tanto, en una relación “sin compromiso”. Al menos así lo planteaba él, porque a decir verdad, no cumplía ni el más mínimo de los compromisos, ni siquiera el llamarme cuando me decía -Te llamo-. Sin embargo, cuando se dignaba a aparecer, y después que a mí se me pasara el enojo, se tomaba el atrevimiento de quedarse a dormir en mi casa. Esta situación estaba empezando a hartarme. Primero porque si hay algo que odio es que me dejen plantada. Y quedarme esperando que alguien me llame cuando en realidad nunca tuvo la más mínima intención de hacerlo ya me parece una tomada de pelo. Y encima… ¿dormir en mi casa como si fuera un hotel? Esto ya era demasiado. Para peor cuando él se quedaba a dormir no había forma de que yo pegara un ojo, y ya estaba cansando de ir a trabajar sin dormir. Ese sábado que La Morocha festejaba su cumpleaños, por supuesto había quedado en llamarme. Ya me había colgado la noche anterior, y ese mismo sábado me avisó, por mensaje de texto:

Tengo ensayo, termino tarde. Te llamo cuando salgo a ver si te paso a buscar por el cumpleaños.

Así que me fui al cumpleaños de mi amiga, enojadísima y sabiendo de alguna manera que el flaco no iba a aparecer en toda la noche. Aunque de rato en rato miraba mi celular para ver si había alguna novedad. Obviamente sin resultado alguno. Entonces, comí y bailé y tomé con mis amigas, tratando de olvidarme del celular, del idiota en cuestión y de mi propio malhumor. Estaba enojada conmigo misma por darle más importancia de la que tenía a semejante tarado. Hasta que lo conocí a Valentín…

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125. Y después… (3)

Estaba puteándome a mi misma por la puntualidad de mi cuerpo que complotaba contra mí, y sin poder bajarme del auto.  Seguíamos hablando y besándonos cada vez más intensamente. Cada vez que yo amagaba a abrir la puerta para irme me volvía a abrazar para darme un beso cada vez mas intenso que el anterior. Empezaba a amanecer y los vidrios del auto estaba totalmente empañados. Entre un beso y el otro me dice al oído:

-¿Estás segura que no querés invitarme a subir?

Me hizo dudar, ganas no me faltaban, la verdad, pero mi cuerpo me lo impedía. Y encima en pocas horas tenía que irme a trabajar. Así que saqué fuerzas de dónde no las tenía y me puse firme:

-Te dije que HOY no… No es que no quiera …pero no.

Le dije, dejando abiertas las puertas para un encuentro próximo. Me pidió mi teléfono y se lo dí, y el me dió el suyo.

-¿Qué te parece si te llamo en la semana y me invitás a cenar?

-¿A cenar? ¿Vos estás esperando que yo te cocine?

Le pregunté, sorprendida de la caradurez de que era capaz este flaco. Ni te conozco y ya querés que te cocine? Nono, no da.

-Si, porqué? ¿No te gusta cocinar?

-No mucho…

Le dije, mintiéndole con alevosía. La verdad me encanta cocinar, pero éste todavía no se lo merecía. ¡Hacé algo vos! Invitame a tomar algo, a comer, al cine! ¿Qué es esto de que todo el esfuerzo lo tenemos que hacer nosotras? Los hombres están cada día más cómodos! Basta de hacérselas tan facil!

-Ok, te llamo y vamos a comer algo por ahí…

-Eso me suena mucho mejor!

Le dije, riéndome. Cuando finalmente estaba por bajarme para ir a dormir un par de horitas antes de volver a la rutina laboral dominguera, me agarró de los hombros y me volvió a besar, casi acostándose encima mío dentro de su auto. Mientras me besaba el cuello me decía al oído todas las cosas que le gustaría estar haciéndome si estuviera en mi casa, y empezó a volverse cada vez más difícil sostener mi decisión. Me dijo:

-Me gustaría agarrarte contra la pared…  besarte el cuello… después ir bajando… de a poquito… hasta volverte loca… chupártela hasta hacerte acabar… y después así como estás, paradita contra la pared…

Siguió hablando así una rato más, dando detalles y detalles en mi oído, mientras yo me odiaba con toda mi alma. Con el último aliento de voluntad que me quedaba le dí un beso más, abrí la puerta del auto y salí, no sin antes decirle:

-Llamame en la semana.

Y me fuí a dormir… Odiándome…

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124. Y después… (2)

Sábado 3 de mayo de 2008

Entonces empezamos a hablar, y a reirnos, y me invitó a tomar una cerveza. Yo ya había tomado bastante, pero acepté. Me contó que estaba ahí de casualidad, que odiaba los boliches y la música que pasaban, pero era el cumpleaños de un amigo y lo habían llevado. Mientras decía todo esto yo seguía bailando. Contó también que venía de tocar con su banda, tocaban heavy metal o algo así. Tenía 31 años y era ingeniero. Trabajaba ejerciendo su profesión en una empresa grande, que producía instrumentos tecnológicos y vivía con sus padres.

-¿Con tus padres? ¿Porqué?

-No sé, estoy cómodo ahí…

Nunca voy a entender porqué una persona de más de veintipico, que ya se recibió y gana más o menos bien sigue viviendo con sus padres. Me suena a algo tan infantil… Pero bueno, quién soy yo para juzgar a nadie. Además no lo conocía demasiado. No dije mucho más sobre el tema.  Seguimos charlando un rato más y nos dimos un par de besos, que fueron bastante interesantes, para mi sorpresa. Intensos. Pero esa noche yo estaba medio engripada, y encima indispuesta y al día siguiente como siempre, tenía que ir a trabajar. No daba para mucho más en esa situación. Estaba lejos de mi casa, en la otra punta de la capital, cansada y medio enfermita, y la verdad no sabía como volverme a casa. Pensaba bajar a la calle y tomarme un taxi. Pero él se adelantó y me dijo:

-Me voy a ir yendo, estoy con el auto querés que te alcance a tu casa?

No sabía qué contestar. No sería la primera vez que me subo al auto de un desconocido, pero ésta noche estaba segura que no quería nada más. No en estas condiciones al menos. No sabía que decir. Finalmente le dije:

-Me encantaría, pero no pienses que va a pasar algo más. Esta noche no al menos…

Y nos fuimos juntos. Subí a su auto y encaramos para el lado de mi casa, que quedaba de camino para la suya. En cuanto subimos puso música, heavy metal por supuesto. Música de la cual no entiendo absolutamente nada ni me gusta demasiado, pero bueno, a él le gustaba. Después cambió de música y puso algo de rock más clásico, eso me gustaba más. Siempre me gustó bailar rock. Hablamos un poco de eso, de ir alguna vez juntos a una clase de rock, no estaba mal. Él se reía mucho de todo, encontraba todo gracioso. Yo no entendía mucho de que se reía, hasta que finalmente entendí que era un poco así. Una de esas personas que se toman todo en broma, que no se hacen problemas por nada. Sonaba raro para un ingeniero, en general uno tiene la idea de que son gente seria y estructurada, pero esos son prejuicios. Llegamos a la puerta de mi casa y estacionó enfrente, pero no me bajé. Seguimos dándonos besos, cada vez más intensos, y ya estaba maldiciéndome a mí misma por la puntería de mis ciclos. ¿Justo esa noche tenía que ser? En fin, pero esas son cosas que no se pueden controlar. Por lo menos me iba a servir para no apurarme a hacer las cosas sin pensar y después arrepentirme…

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123. Y después…

Principios de Mayo de 2008

Finalmente El Rey León entendió y no volví a tener noticias suyas. Y no me arrepentí. Pero las cosas que me pasaron con él me hicieron repensar bastante mi posición, al menos en lo referido a los hombres. Si bien todavía no me sentía preparada para empezar una nueva pareja, me daba cuenta que había cosas que ya no me servían de la misma manera. Que si alguna vez había tenido la fantasía de estar con alguien casado, para tener una relación mas “libre”, ahora veía que eso era pura fantasía, en la realidad las cosas eran muy diferentes Que no era solo una relación “libre” también era una relación muy pobre.  y eso de hecho nunca me había servido demasiado. Siempre fui una persona sin muchos grises, las cosas para mí son claras, blanco o negro. O estoy a full y doy todo lo que tengo… o no estoy. Aunque estaba aprendiendo a reconocer algunas escalas de grises definitivamente ésta no era la mía. Sí estaba aprendiendo a tener relaciones más ocasionales y divertirme de otra manera, pero ésto no me llenaba del todo. De lo que sí estaba segura era de que no quería volver a tener otra relación como la que había tenido con mis ex, en las que yo me entregaba al 100% y del otro lado… bueno, del otro lado no era lo mismo, o simplemente no podían darme lo que yo necesitaba. O lo que estaba empezando a creer que merecía. Pasaron entonces un par de semanas un poquito más reflexivas, en las que sin embargo, seguí saliendo a divertirme con mis amigas, pero un poco más tranquila. Una noche de mayo, creo que era el primer viernes del mes, nos reunimos en la casa de La Colo para festejar su mudanza e inauguración del departamento. Éramos varios, amigos, ex compañeros y compañeros de trabajo, y por supuesto, Las Divinas. No me acuerdo si estábamos todas. Escuchamos música, tomamos, bailamos, cantamos hasta que se quejaron los vecinos, y finalmente nos dispusimos a salir, a un barcito de la zona. Ahí seguimos bailando un rato más, y tomando unas cervezas. Estabamos todos bailando en una ronda, con las carteras y los abrigos en el medio, muriéndonos de risa. Mirando a nuestro alrededor, no se veía nada interesante. El lugar estaba lleno de pendejos y la verdad a mí, los pendejos nunca me atrajeron. Hasta que en un momento aparece en escena un par de ojos verdes muy llamativos encima de una sonrisa blanca, en una cara que no parecía de un pendejo. Obviamente capturó mi mirada. No era hermoso, pero me llamaba la atención. Esos ojos se dirigían directamente a la ronda que habíamos armado. El lugar estaba muy lleno y no era fácil pasar, y él estaba intentando pasar justamente por el medio de la ronda. En el medio de su camino sus ojos se dirigen hacia mí y me dice:

-Perdón…

Había pisado algun bolso o algo así.

-Y la verdad no sé si te voy a poder perdonar así nomás, vamos a tener que hablarlo un poco…

Le contesté y empezamos a hablar. Supongo que el alcohol me ayudó a desinhibirme, nunca había sido tan caradura. Pero ya no me importaba…

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122. Hakuna Matata (5)

Fines de abril de 2008

Por unos días no volví a tener noticias suyas. No me preocupaba demasiado, en realidad, ya prefería no volver a saber de él de una vez por todas. Lo había pensado mucho y eso no me cerraba por ningún costado, así que tanto mejor si desaparecía el solito. Me la hacía más fácil. Pero no fue así. Unos días más tarde recibo un mensaje suyo en mi celular:

-¿Cómo andás bombón? Nos vemos?

Decía. Y la verdad preferí no responderle. Pasaron unos días más y seguía insistiendo, no se daba por aludido. Mandó un mensaje más, nuevamente sin respuesta. Y luego un tercero. En general pensaba que era más fácil hacerme la boluda, que los tipos entendían las indirectas. Que si no te responden al tercer mensaje entendés que no da. Pero evidentemente no era el caso porque éste flaco seguía insistiendo. Evidentemente algunos no entienden las indirectas, habrá que ir al grano y decir las cosas claritas. Le contesté entonces:

-Todo bien, pero preferiría que no nos vieramos más, para serte sincera…

Pocos minutos más tarde recibo su respuesta

-Eh! ¿Pero porqué? ¿Pasó algo?

-No pasó nada. Simplemente me doy cuenta que no es lo que necesito.

Le contesté, suponiendo que había sido lo suficientemente clara. Que iba a entender y no iba a seguir insistiendo. Lamentablemente no fue así, y unos segundos más tarde, su respuesta:

-No te entiendo, qué es lo que necesitas?

Que te importa! -pensé para mi- claramente no algo que vos puedas darme! Pero me sentí en la obligación de contestarle, no se bien por qué, así que lo hice

-No quiero encuentros a las escondidas al mediodía, ni quiero estar con alguien que tiene cero interés en conocerme y con el que no puedo ni soñar con ir a tomar un café, creo que me merezco otra cosa!

Le dije, omitiendo algunos datos. Para qué hacerlo sentir mal agregando lo más importante, que haría tolerable todo el resto: Si por lo menos me cogieras bien…. Pero creo que la idea básica se entendía. No era de los que se daban por vencidos facilmente, y creo que ya empezaba a sonarme a caprichito. Alcanza que no puedas tenerlo para que empieces a insistir? Me respondió:

-No sé porqué pensas eso, sí tengo ganas de conocerte, y nada nos impide tomar un café…

Y ya me hinché la paciencia. Caprichitos no, que para caprichosa estoy yo, eh! Un tanto más cortante esta vez le contesté, ahora sí por última vez:

-La verdad que prefiero que no. Disculpame pero en esto decido yo y lo sentí así. Dejemoslo ahí. Te mando un beso.

Unos minutos más tarde recibí la respuesta. La última de su parte:

-Ok, voy a respetar tu decisión, aunque no la comparta. Si cambias de opinión avisame. Besos.

Lo leí, todavía sin poder creer en su insistencia. Pero había tomado una decisión, y aunque me cuesta mucho llegar a hacerlo, una vez hecho rara vez cambio de idea. La verdad es que a veces a los hombres no los entiendo. Si yo me hubiera puesto insistente, seguro desaparecía él, pero alcanza que yo me haga la difícil para que de golpe se acuerde que casi no puede vivir sin mí? Definitivamente, cada vez los entiendo menos…

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121. Hakuna Matata (4)

Con el Rey león nos vimos una vez más, la semana siguiente. Y fue más de lo mismo, ni vale la pena contar los detalles. Lo único relevante de ese encuentro fue que me tomé un poco más de tiempo para hablar con él, escucharlo. Necesitaba entender qué era lo que me atraía de él, cuando todo indicaba lo contrario. No encontré la respuesta que esperaba, pero sí me enteré que tenía una hijita de pocos meses. -Qué hijo de puta que sos- pensé para mí -tu mujer cuidando a la beba y vos acá… Pero según él me contó no era ni la primera ni la última vez que lo hacía, así que definitivamente yo no hacía la diferencia. No había motivo para sentirme culpable, aunque un poco de bronquita me dio. Respecto al sexo… No era maravilloso, tampoco horrible. Simplemente termino medio. En principio no estaba mal para pasar el rato, y porque no había otra cosa. Pero tampoco era algo que me entusiasmara demasiado. Y además estaba la cuestión del horario. Eso de estar saliendo de la cama temprano, solo para arreglarme para él no me cerraba para nada. Para un tipo que nunca iba a tener tiempo para mí. Tiempo para llamarme, hablar un rato, preguntar cómo estás, ni para ir a tomar algo, ni hablar de ir al cine… La semana que siguió a nuestro último encuentro no tuvimos ningun tipo de contacto. Él ni llamó, ni mandó mensajes, y por supuesto que yo tampoco lo hice. La verdad, estaba empezando a pensar que era mejor así. Vernos empezaba a parecerme una perdida de tiempo, casi que prefería dormir un ratito más. Pero las cosas no quedaron así. El miercoles siguiente, dos semanas después de nuestro último encuentro, seguía sin noticias de él, y ya casi me había olvidado del asunto. Estaba terminando de bañarme y cambiarme para ir a trabajar, al mediodía, cuando de golpe escucho sonar el timbre de mi casa. Eso era raro. No el portero eléctrico de abajo, sino el timbre de mi departamento. Solo podía ser el portero… y yo estaba vestida solo con una toalla y el pelo mojado. Me acerqué a la puerta y pregunté:

-¿Quién es?

Mientras miraba por la mirilla. Solo ví una gorrita, era él. Le pedí que me espere mientras me cambiaba. Fui a mi cuarto y me puse lo primero que encontré, para salir a abrirle.

-¿Qué hacés acá? No te esperaba…

-Es que perdí el celular y no tenía más tu número… Venía a dejarte esto… (me muestra un sobre blanco) pero tu vecina me abrió y subí a ver si estabas…

Mmmm… que raro todo, pensaba para mí, suena a puro chamuyo…

-¿Mi vecina te abrió? Qué peligro ¿Qué le dijiste? ¿Y como pensabas salir si yo no estaba??

No estaba muy contenta con su visita, así, sin avisar. Y no le creía demasiado. Le ofrecí un vaso de agua mientras hablamos un ratito. Me pidió que le repitiera mi teléfono y volví a dárselo mientras le decía:

-La próxima avisame así arreglamos con tiempo, ahora me tengo que ir  a trabajar…

Y lo acompañé abajo, para abrirle la puerta. La verdad, todavía tenía algo de tiempo, pero lo que no tenía eran ganas. No me gustaba que fuera él el que tomaba todas las desiciones, y menos que yo tuviera que aceptarlas así como venían. El sobre no me lo dejó, asi que no sé que decía. Pero lo que sí sabía era que no tenía muchas más ganas de esto…

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120. Hakuna Matata (3)

Los besos fueron subiendo en intensidad mientras nos sacábamos la ropa, ya tirados en el sillón. Le pregunté si había traido preservativos y me contestó que no, que se los había olvidado. Por suerte yo siempre tengo, así que fui a mi cuarto a buscar un par y volví. Los hombres están cada día más estúpidos. ¿O habrá creído que yo iba a acceder sin…? Ya desnudos en el sillón, empezamos a tocarnos mientras él se ponía el preservativo. Las cosas se estaba poniendo interesantes, aunque debo confesar que el sol del mediodía entrando por la ventana me sacaba un poco de clima. Cuando terminó de ponerse el preservativo, y después de tocarme un poco más, me la puso, y empezó a moverse encima mio. Eran movimientos lentos y profundos y de a poco iban aumentando la intensidad. La verdad, estaba empezando a gustarme mucho la situación, asi que me relajé y lo dejé hacer. Sus movimientos eran cada vez más intensos, tal como a mí me gustaba, hasta que de pronto y sin avisar, se quedó quietito sin hacer ni un sonido. ¿Eso es todo amigos? Pensé para mí, pero no dije nada. Me quedé en silencio y lo abracé, esperando a ver cual era un reacción. Él tampoco dijo nada. Se quedó un rato más conmigo hasta que se levantó y me pidió permiso de ir al baño. Obviamente que yo me había quedado por la mitad, pero no le dije nada. Lo dejé levantarse e ir al baño, mientras lo esperaba desnuda y acostada en el silón, tal como había quedado, con la esperanza que cuando volviera tuviera ganas de seguir un poco más. Vanas esperanzas las mías. En cuanto volvió del baño, sin tocarme ni decir palabra, empezó a juntar sus prendas del piso y a vestirse, mientras yo lo miraba. Así que me levanté y empecé a hacer lo mismo, sin muchas ganas. Le pregunté:

-¿Ya te tenés que ir?

-Sí, tengo que volver a trabajar, estoy atrasado y tengo una reunión en …

Me contestó, como si a mí me interesara lo que él tuviera que hacer. Yo también tenía que irme a trabajar, y sin embargo estaba ahí. En fin. Terminé de vestirme, compartimos un vaso de agua y un par de besos y bajé a abrirle. Antes de irme me dijo:

-Hermosa, si te parece te llamo la semana que viene…

-Ok, vemos

Le contesté y se fue, dándome un beso en la mejilla. No fuera cosa que alguien lo viera. Subí a casa a prepararme para ir a trabajar, ligeramente decepcionada y sin entender que era lo que encontraba atractivo de este tipo. ¿Era lo prohibido, el que estuviera casado? ¿El no saber si iba a aparecer o no? ¿Qué mierda le encontraba? Porque después de todo lo decepcionante que había sido la experiencia me quedaba todavía la duda de si quería volverlo a ver…

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119. Hakuna Matata (2)

La mañana del miércoles en que habíamos quedado en encontrarnos me levanté temprano y ansiosa. Me tomé mi tiempo para bañarme, hacerme un baño de crema y depilarme. Me puse ropa interior nuevita y linda, me vestí, con una pollera y una musculosa, y sandalias de taco. Todavía era verano, y quería estar linda, pero más o menos casual. Era raro prepararse para un encuentro al mediodía. Me maquillé, pero no demasiado. Me perfumé. Y me senté a esperar. Un rato más tarde sonó mi celular. Era él, avisándome que llegaba un poquito más tarde. Así que seguí esperándolo un rato más. Debo confesar que odio que me hagan esperar. Y aunque me moría de ganas de verlo, ésto de levantarme temprano para prepararme para un encuentro de éstos… no me estaba cerrando mucho. La verdad es que no son las mismas ganas las del mediodía que las de la noche. Más aún cuando uno dispone de una o dos horas para prepararse para el otro, mientras que el otro en cuestión, solo nos dedica un ratito de esos que le sobran, del mediodía. En algún momento había pensado en cocinarle, para que almorzara conmigo. Pero después lo pensé mejor. ¿Cocinarle? Pero yo estoy totalmente loca. ¿Quién es para que yo le cocine? Nonono. Totalmente no. No se lo merecía. No todavía al menos. Así que me preparé y solo lo esperé, sin comidita casera. Un rato más tarde sonó el timbre y bajé a abrirle. Ahí estaba él, en la puerta de mi casa, vestido con el uniforme de su trabajo. Seguía teniendo esos ojos verdísimos, hermosos. Pero de golpe, así, a plena luz del mediodía ya no me parecía tan lindo. Nos saludamos con un beso en la mejilla y subimos al ascensor. La situación era un poco incómoda. Hacía casi un mes que no nos veíamos y no sabíamos mucho de que hablar. Lo invité a pasar y le ofrecí algo de tomar. Un vaso de agua, no suelo tener mucho más en mi casa. Tenía en la mano la gorrita, con la marca de la empresa en la que trabajaba bordada, y su uniforme con la chombita bordada igual. Yo lo había escuchado que trabajaba para esa empresa, pero había supuesto que tenía un cargo más importante. Pero no, salía con la camioneta a levantar los pedidos en los comercios, ya no sonaba tan interesante. Hablamos de un par de trivialidades más, un poco incómodos los dos. Sabíamos a qué había venido, pero de golpe no resultaba tan natural. Hablamos de trabajo, de intereses y otras cosas. De golpe descubrí que no teníamos tanto en común. A él no le gustaban mucho los libros, segun sus palabras, no leía ni el diario. Respecto a sus estudios, había hecho un profesorado en educación física que no había terminado y luego se había dedicado a trabajar. Y no mucho más. Seguimos charlando un poco más, sentados a la mesa de mi living, mientras nos íbamos acercando de a poquito, hasta que finalmente nos besamos…

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