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Coger como Mujer / Coger como Hombre.

Desde chicas nos enseñan que el sexo y el amor van siempre de la mano. Que tener relaciones es algo que una hace con un novio, cuando está enamorada o al menos en pareja, y que hay que esperar y sobre todo hacer-los esperar. A ellos (como si nosotras no quisiéramos, como si no lo disfrutáramos). La sociedad, la historia, la familia nos enseñan a ligar el sexo con las emociones, con el cariño, con el amor. A coger con todos los sentidos y con los ojos abiertos, compenetrándonos con el otro y siendo “uno” con él. Casi con esa fantasía de fusión y el ideal de “acabar juntos”, con el hermoso deslizamiento de sentido que permite confundir o intercambiar el `llegar al orgasmo al mismo tiempo´ con el `terminar juntos´, ¿casados? ¿Hasta que la muerte los separe?.

A los varones sin embargo se les enseña a coger de otra manera. Por eso será que ellos hablan de Coger mientras que nosotras nos quedamos con el empalagoso “Hacer el Amor”. Se les enseña a ponerla. Todas las veces que puedan y en cuánto agujero encuentren, y cuanto más mejor. Para ellos es importante la cantidad, el rendimiento y el tamaño. Y son más machos si la ponen más y mejor, priorizando la cantidad e incluso la diversidad de formas, tamaños y edades de partenaires… Será la biología, dicen algunos: ellos desperdigan su semilla, nosotras buscamos un compañero que ayude a defender a la cría. Yo prefiero creer que es la educación que recibimos, las costumbres de madres y abuelas y de la sociedad. Y los prejuicios. Y nosotras que nos conformamos.

De grande aprendí a Coger como Hombre. A mis casi 30 años, después de separarme de mi tercer novio y habiendo tenido muy pocas parejas sexuales, y tal vez después de una sobredosis de Sex and the City, un día decidí que tenía que aprender a coger como hombre.
Salí y lo hice. Al principio con más miedos y dudas que placeres. Pero estaba aprendiendo. Salía, conocía a alguien, me daban ganas y lo hacía. Sin amor, sin cariño, casi sin emociones. Solo sexo. Sin conexión emocional. Sin demasiados mimos, casi sin mirarse a los ojos. A veces con más ganas o más cariño que otras. Pero aprendí a separar el pasarla bien en la cama del enamorarse, del sentir.

Aprendí que tener una buena encamada no siempre implica quedarse llorando al día siguiente si el teléfono no suena, si no manda un mensaje.

A veces es necesario Coger como Hombre. Yo descubrí que a mi me sirvió para reacomodar mi autoestima. De una tímida introvertida que se creía el Patito Feo aprendí que puedo ser una mujer atractiva que puede cogerse al tipo que quiere. O casi. Me ayudó a sentirme segura y más tranquila. Y a dejar de buscar El Amor a la desesperada, con cualquiera.

Es el Amor lo que no hay que darle a cualquiera.
El Amor Propio. El cariño, eso es para una y él tendrá que ganárselo si lo vale…

El sexo….

El sexo está para disfrutarse, sin prejuicios.

(pero con cuidados, obvio)

Ilegalmente triste.

Mañana es el Día de la Madre, día en el que, salvo que hayas perdido recientemente a tu madre, no está permitido ponerse triste. Mi Madre está viva y goza de buena salud. No tengo “motivos” para estar triste. Pero como a mi me chupa un huevo lo que piense el resto del mundo lo digo igual.

El día de la Madre me pone triste.

       JÓDANSE.

Y si les molesta no sigan leyendo.

Si les interesa les cuento porqué.

Tengo recuerdos. Muchos recuerdos. De muchos Días de la Madre. Recuerdo levantarnos temprano con mi Papá y mi Hermana. Luego con mi Papá y mis dos Hermanas. Mientras Mamá dormía, en voz baja y cuchicheando preparar un buen desayuno, con bandeja para comer en la cama. Con la complicidad y la alegría de preparar una sorpresa, de agasajar a alguien querido. Recuerdo a Papá salir despacito a comprar medialunas. O Flores. O las dos cosas. Recuerdo ir caminando los tres o los cuatro, entre risitas ahogadas y cuchicheos, llevando la bandeja, las flores, el regalo. Recuerdo despertar a Mamá con el desayuno en la cama, las flores y el regalo cantando todos a coro

Felíz Día, Mamaaaaaa, Feliz Diiiiiaaaa mamaaaaaaaaaa, Feliz Diiiiiiiaaa, Feliz Diiiiiaaaaa, Feliz Diiiiaaa Mamaaaaaaaaa

Son recuerdos felices, cálidos y alegres. Mucho antes de las peleas y los gritos, mucho antes de que mis padres se separan. Todo eso tan lindo y tan pegado en mi memoria al “Día de la Madre”, eso que me gustaría experimentar, al menos una vez en la vida.

Eso que SE BIEN que NUNCA me va a pasar.

Déjenme estar triste en paz.

Y no me jodan.

Miguel Angel -El Ansioso- IV

Agosto de 2015.

Pese a su insistencia en que me quedara a dormir con él, finalmente me fui a mi casa. Me acompañó hasta la puerta, nos despedimos con un beso y me fui derechito a mi cama. Tenía muuucho sueño. O tal vez no tanto, pero extrañaba estar sola y tranquila en mi cama. Dormí hasta la mañana siguiente y me desperté con dolor de cabeza. Mal signo, no había tomado alcohol, solo jugo de manzana y habíamos tenido relaciones no una sino tres veces.

Y me desperté con dolor de cabeza.

Era feriado y mi hijo estaba con su padre así que tenía todo el día para mi. Pero no estaba del mejor humor. Decidí ocuparme de mis cosas y relajarme un poco, disfrutar de la paz de estar sola. Desayuné, me di un baño relajante y me disponía a mirar una peli en la cama cuando recibo un mensaje suyo. ¿ya? pensé. Me contó que estaba con sus hijas, preparandoles el almuerzo a lo que le respondí que dejara el celular y se ocupara de darle bola a sus hijas, pero siguió con los mensajitos. Salí a caminar al solcito tratando de despejar mi cabeza de ese dolor molesto que no se iba con nada, mientras él seguía con los mensajitos. Yo le respondía lo más amable posible, pero no tanto, me asustaba que creyera que ya eramos “algo” entre tanta ida y vuelta, recién nos habiamos visto una vez y no había sido el más placentero de los encuentros. Finalmente me cuenta que sus hijas se fueron, y me propone si quería ir a tomar un café.

Lo pienso. Lo pienso, lo pienso y lo pienso.

Por un lado no tenia nada que hacer, y es una persona agradable con la que se puede hablar.

Por el otro evidentemente el no tiene el menor registro de que la noche anterior no había sido perfecta ni mucho menos para mi.

Lo pienso otra vez y le respondo

-Ok, te veo en media hora en el bar. Pero por favor no vayas a creer que porque nos vemos dos veces seguidas ya somos “novios”…

Tras algunos mensajes más, me cambio y salgo para el bar, con una sensación incómoda. No muy convencida de lo que estaba por hacer. Mi cabeza estaba dividida.

Una parte me decía NO NO NO, vos sabes que no. Te cogió mal una vez, culpa suya, si te coge mal otra vez es culpa TUYA. Y encima se está enganchando…

Mientras que la otra parte pensaba, pero pobre, tal vez estaba nervioso, no nos conocemos y hace mucho que no está con nadie, tal vez eso pueda mejorar…

Pero la verdad, la primera hablaba más fuerte.

Puede que la segunda fuera más sensata pero la primera estaba gritando.

Y me hacía doler más aun la cabeza…

Miguel Angel -El Ansioso- III

Agosto de 2015

Después nos dio hambre y salimos a caminar buscando algun lugar en el barrio donde sentarnos a comer. Ibamos caminando de la mano como dos viejos conocidos. Nos sentíamos cómodos. Nos sentamos en una pizzería cerca de mi casa y esperamos que nos atendieran, mientras charlabamos. Él me agarraba de la mano y me miraba, embelesado. Yo trataba de sostener su mirada, pero en el fondo me era imposible. Me intimidaba su intensidad, recién nos estabamos conociendo. Finamente nos cansamos de esperar que nos atendieran y pedimos la pizza para llevar.

Volvimos para su casa caminando despacio, disfrutando el fresco de la noche. Una vez que entramos a su departamento el hambre y la pizza quedaron enfriándose sobre la mesa.

A los besos me empujó hacia la cama y yo me dejé llevar. Empezó a sacarme la ropa despacio y a besarme lentamente, de arriba hacia abajo. La cosa se ponía interesante y lo dejé hacer sin oponer la menor resistencia. Al fin se había acordado que el sur también existe!

Cuando empezaba a entusiasmarme con la situación se alejó para buscar un preservativo. Contuve un gemido por la mitad y no dije nada, solo esperé. Una vez que se lo puso volvió rápidamente a la cama y repitió su rutina, casi de la misma manera. Tal vez duró un minuto o dos más. Me aguanté el -¿Yaaa? que tenía atragantado y lo abracé. Así nos quedamos abrazados un buen rato en la cama. No pregunté. Ni preguntó. Compartimos un rato de silencio y paz, hasta que le recordé que se enfriaba la comida.

Comimos la pizza fría, mientras hablábamos de nuestras vidas, acompañándola con jugo de manzana. El me hablaba de sus hijas y su familia, yo de la mía. Nos reíamos.

Después de comer me abrazó por atrás y empezó a hacerme masajes. Y yo que vivo contracturada, jamas me niego a un masaje. Fuimos de vuelta a la cama y me acosté mientras él me masajeaba la espalda. La cosa empezó a ponerse más caliente y yo estaba entre dejarme llevar, para ver si al fin mejoraban las cosas, o irme a la mierda para no pasar otra vez por lo mismo. Ya estás en el baile -pensé- y me deje llevar una vez más. Nos besamos y nos entrelazamos y mientras empezamos a sacarnos la ropa una vez más me dijo

-Estás bastante cómoda, vos… no?

Era cierto, hasta ahora solo lo había dejado hacer, y la verdad es que no me había dado tiempo de nada, pero bueno… Esta vez hice caso de sus palabras y lo intenté. Nos sacamos la ropa y lo besé de arriba a abajo, deteniéndome en el abajo. Su reacción fue buena, sus gestos y sonidos parecían indicar que le gustaba lo que estaba pasando así que le puse onda y seguí… hasta que me frenó, una vez más, buscando un preservativo. Se lo puso y esta vez fui yo la que subió arriba de él y dominó la situación. A ver si así logramos que la cosa dure un poco más -pensaba- Pero me agarro de la cintura y empezó a moverse a su ritmo, mucho más acelerado que el mío. En un momento me acerqué y se susurré al oído…

-¿Qué apuro hay?

Acusó recibo, frenando la intensidad un poco y dejándome hacer, y empecé a jugar un poco a mi ritmo, despacito yendo y viniendo, sintiéndolo y disfrutándolo lentamente… pero ni había empezado a entusiasmarme cuando el se impacientó y volvió a dominar la situación. Me rindo -pensé- ésto no tiene caso. Y lo observé acabar debajo mío en menos de dos minutos.

Eran cerca de las 3 de la mañana y yo lo único que pensaba era que tenía sueño. Mucho sueño.

Miguel Angel -El Ansioso-II

Agosto de 2015.

Miré a mi alrededor. Era temprano, estabamos en un bar luminoso, rodeados de gente, cerca del pelotero, con niños corriendo alrededor… No era el ambiente para eso.

-No es el lugar… Si querés vamos…

Dije, haciendome la valiente y sosteniéndole la mirada. Si soy tímida que no se note. Pagó la cuenta y salimos. Ya era de noche y estaba fresco. Caminamos un rato mientras seguíamos charlando. Me frenó en una esquina y me besó. Fue un lindo beso. Suave al principio, después fue poniéndose más intenso, lentamente, uno de esos besos para disfrutarlos. Me apretó contra su cuerpo y noté que se estaba entusiasmando.

-¿Vamos a mi depto?

Preguntó, y empezamos a rumbear para ese lado. Caminamos en el frío de la noche, agarrados del brazo como viejos conocidos, frenando de tanto en tanto para probar esos besos que tanto nos habían gustado. Llegamos a su casa, entramos…. y a los besos caímos en su cama…

En segundos voló la ropa, y así sin conocernos demasiado nos encontramos desnudos, buscándonos.

Lo que siguió…    …no duró más de dos minutos.

Era de esperarse, como él me había contado… veintitres años con la misma mujer y después un año de nada. Yo ya iba preparada para que el primer encuentro fuera mínimo y breve. No estuvo mal igual. Fue agradable, teníamos buena química y nuestras pieles se sentían bien juntas. Pero no había la menor chance de terminar lo que apenas si había empezado. No preguntó, ni dije nada. Tampoco buscó otras formas de compensarlo.

Nos quedamos abrazados, él disfrutando su calma, yo en la esperanza de que el segundo intento fuera mejor…

Miguel Angel -El Ansioso-

Agosto de 2015.

Se llamaba… pongamos que Miguel Angel (por no nombrar otro famoso artista del renacimiento) y era bastante apurado. Nos conocimos online y enseguida empezamos a chatear. Era un tipo inteligente y con sentido de humor y teníamos muchos códigos en común. Y además vivía a cuatro cuadras de mi casa. Su única foto no me volvía loca pero aún así decidí darle una chance. Chateamos unas cuantas horas el primer día hasta que se hizo tardísimo y nos fuimos a dormir. El segundo día, después de chatear un rato, le dí mi número y seguimos hablando por WhatsApp, tambien hasta tarde. En algún momento dejó deslizar un sutil reclamo

-¿Siempre tengo que empezar yo las conversaciones?

A lo que respondí diciéndole

-Todavía no nos conocemos, pero por si no te diste cuenta… vos sos el hombre…

Seguimos hablando y me contó que estuvo en pareja 23 (si Veintitres!) años y se había separado hace un año porque ella le había sido infiel y él la había descubierto. En el último año -contó- había estado medio depre y no había salido con nadie. Se anotó en esa página esa misma semana que me conoció. Esos datos me hicieron un poco de ruido en la cabeza pero todo lo demás parecía que cerraba. Estaba solo, no buscaba joda, era laburador, inteligente simpático. Pero un poco apurado. Al tercer día ya me decía que no podía parar de pensar en mi… y yo ya empezaba a asustarme.

Será porque es su primera vez conociendo gente online, pensé, no puede ser tan apurado si aun no nos conocemos cara a cara! Y se lo dije. Dijo que no, que él sabía lo que le pasaba y que en todo caso él decidía que riesgos corría. Ok, dije, yo prefiero ser un poco más cauta hasta no conocer a la persona y ver que pasa pero sos grande…

Quedamos en vernos ese mismo fin de semana.

Nos encontramos el sábado a la tarde para tomar un café. Mi primer impresión del cara a cara fue rara. Era petisito, apenitas unos centímetros más que yo. Menos mal que no me había puesto tacos. Y tenia una de esas caras que no sabes si es hermosa o fea. Ojos grandes y fijos, linda sonrisa, flaquito, pelado. Nos sentamos y hablamos, hablamos y hablamos. No paraba de mirarme fijamente a los ojos. Tanto que me ponía nerviosa. Bueno, tampoco es tan difícil ponerme nerviosa en realidad. Me hago la dura pero en el fondo soy una nena tímida. En un momento del café se acerca y me dice al oído

-Quiero revolear a la mierda esta mesa que nos separa y comerte la boca…