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El Loco.

A mi amiga A. le divierte que le tire las cartas.

Yo no creo demasiado en eso, pero una vez, hace muchos años, compré un mazo y un par de libros, un poco por curiosidad, un poco vaya uno a saber porqué. Pero la cosa es que los compré. Y de tanto en tanto, cuando ando muy desorientada, desempolvo el mazo y los libros, hago una pregunta y tiro un par de cartas.

Las respuestas nunca son demasiado claras, pero me dejan pensando… y eso es lo que vale.

La cosa es que el domingo pasado mi amiga vino con la cabeza medio revuelta, y me pidió que le tire las cartas. Brindamos, hizo su pregunta, tiramos un par de cartas, leímos, debatimos y pensamos juntas. Y en cuanto terminamos dijo:

-ahora preguntá vos…

Y yo que me venía haciendo la tonta porque no quería saber nada… Me puse a pensar, y pensar… pero la pregunta que anda rondando mi cabeza es siempre la misma… ¿para qué eludirla?

Ok, veamos… ¿Voy a conocer alguien realmente interesante en el próximo año?

dije, mientras mezclaba el mazo, pensando en mi pregunta. Corte, y repartí, como siempre, tres cartas. Una en el centro, otra a su izquierda, la tercera a la derecha.

La tercera. El futuro o la respuesta a la pregunta…

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Uh… El Loco… ¿Otro loquito más??

dije preocupada, mientras leíamos los significados de las primeras dos cartas, interesantes, pero medio intrascendentes…

Finalmente llegó el turno de la tercera, leímos…

"...la actitud del Loco, que sigue el camino del instinto..." 

"la pureza... las pasiones se han elevado a un nivel superior..."  

"sus experiencias... no las abandona, no las olvida; simplemente ellas no lo controlan" 

"él nos insta a seguir avanzando a pesar de nuestros temores."

"se relaciona en primer lugar con las Varas: acción, impaciencia ilusionada, movimiento sin pensamiento, pero se relaciona también con las Copas, con la insistencia de éstas en la imaginación y el instinto. El loco en realidad combina estos dos palos -fuego y agua- el camino de la transformación."

"En las lecturas, el Loco nos habla de coraje y optimismo, nos insta a tener fe en nosotros mismos y en la vida. En los momentos difíciles, cuando la gente que nos rodea nos presiona para que seamos prácticos, el Loco nos recuerda que quien mejor puede decirnos qué hacer es nuestro propio ser interior. 

Con frecuencia el loco puede simbolizar comienzos, momentos en que uno se aventura valientemente, de un salto, en una nueva fase en la vida, en particular cuando ese salto se da a partir de un sentimiento profundo, no de una planificación cuidadosa."*

Y me quedé pensando en esas palabras, con una sonrisa, casi como un buen augurio para éste año que comienza. Nuevos comienzos, espontaneidad, librarse de las preocupaciones y los miedos, ilusiones, arriesgarse a hacer locuras, seguir los instintos…

¿Qué más puedo desear?

Va mi deseo, entonces, para todos ustedes: Que en éste nuevo año que está por comenzar, nos animemos a seguir nuestros instintos, a preocuparnos menos, a disfrutar más, a arriesgarnos, a ilusionarnos, que tengamos nuevos comienzos, que nos animemos a hacer lo inesperado, a sorprendernos y que nos sorprendan, a vivir con alegría, a querer y que nos quieran, a recuperar la inocencia…

A ser un poco más… ¡Locos!

¡Feliz 2017!

_________________________

*Los setenta y ocho grados de sabiduría del Tarot, Los Arcanos Mayores. Rachel Pollack, ed. Urano.

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Acerca de la Felicidad

Últimamente ando triste. Preocupada, angustiada, reflexiva. Triste.

Pero resulta que no puedo hablar de eso.

Es imposible, absolutamente imposible soltar “estoy triste” sin que salten los acérrimos defensores de la felicidad y el pensamiento positivo por todos lados.

Ey, no, vamos! Pensá en positivo!

Dale, ponete bien, mirá para adelante!

Soltá, Flui, pedile al universo!

Y etcétera, etcétera, etcétera.

Me irritan, me enojan, me sublevan. ¿Porqué no tengo permitido estar triste? ¿Porqué no se puede?

Acaso hay algo más mononeurónico que la felicidad impuesta? ¡Se feliz! ¡No pienses! Sonríe!, piensa en positivo!, repite frases huecas como un mantra!, suelta!, vive!, etc… Todas frases escritas en un odioso tono imperativo. ¿Porqué nos tienen que decir cómo vivir, cómo pensar?

Dejenme decirles porqué.

La dictadura de la felicidad es uno de los mejores inventos de éste capitalismo enfermo en el que vivimos. La mejor herramienta de control. Muda, silenciosa, nadie cree que está siendo controlado. Al menos en los siglos anteriores era más evidente. Nos vendían indulgencias y estampitas y promesas de felicidad en la próxima vida a cambio de que nos calláramos la boca y aguantáramos en ésta. Ahora, ¡peor aún! Tenemos que callarnos y ser felices ¡Sin chistar! en éste mismo mundo que nos explota. Ni se nos ocurra protestar, angustiarnos, enfermarnos y dejar de producir. ¡Nada de eso! A pintarnos sonrisas idiotas y seguir produciendo, que la rueda tiene que seguir girando.

Pero la vida no es así. La vida tiene matices. Negros, blancos, y varios tonos de grises. Momentos felices, momentos tristes, momentos en los que ni. No es lo mismo cuando se muere tu tío favorito que cuando se casa tu mejor amiga, o vos estas enamoradísima. Y no podés estar siempre igual. Eso sería idiota, rematadamente idiota. A veces estamos felices, a veces tristes, a veces enojados, angustiados, preocupados, a veces sentimos varias cosas al mismo tiempo. ¿Y porqué no permitirnos vivir lo que nos pasa? Disfrutar lo bueno, sufrir lo malo, incluso querer hacer cosas para cambiarlo? ¿Acaso no es eso -si existe- la libertad?

Así que ya saben.

Déjenme estar triste en paz.

Ya se me va a pasar.

Amén.

Reencuentros

 

Freud dice que el encuentro con el Objeto, el Objeto de Deseo, el Objeto de Amor, es siempre en el fondo un reencuentro. Una reedición de aquellas Primeras Experiencias de Satisfacción, de los primeros Amores. Por lo general los Psicoanalistas cuando hablamos de éstas cosas pensamos en el Edipo. “Siempre se vuelve al primer amor” dicen. Las primeras figuras de amor: Mamá, Papá. Pero las figuras son eso: figuras, funciones, espacios vacíos. Y por tanto son también intercambiables.

Pasé años y años de Diván tratando de entender QUÉ buscaba. Por qué siempre elegía hombres tan diferentes a Papá. Mi viejo, un tipo cabeza dura, laburador, un poco básico para algunas cosas. Inteligente pero con los pies muy sobre la tierra. Y sin embargo yo siempre me enganchaba con cualquiera que me vendiera un pedacito de nube y una excusa para volar. Primero un Músico, después un Cineasta, después un Escritor. Todos bohemios, soñadores, chamuyeros, infantiles, VAGOS.

Casi casi el opuesto a Papá.

El único rasgo de Mi Padre que siempre me resultó irresistible en los hombres son los ojos claros. Me puede un par de ojos claros, cuanto más expresivos mejor. Pero ¿Y el resto? ¿Qué es lo que busco? ¿Por qué tan perdida?

En el último tiempo sin análisis y en mis ratos de reflexión a solas empecé a pensar que yo elegía en Identificación a mi Padre. En vez de buscar un Hombre-como-él… era YO la que asumía ese rol. La que laburaba, producía, tenía los pies bien la tierra. Típico de la Histeria, diría algún colega Francés, asumir la posición Femenina en Identificación al Padre, al Hombre (con razón nuestra vida es un quilombo)… Pero y entonces ¿Qué busco? ¿A quién?

En estos últimos días, y en las charlas con un Caballero que me tiene algo atontada se me vino algo a la cabeza.

Y recién termino de hacer Clic.

Lo que se llamaría un Insight.

No es Papá. No es Mamá.

Es EL Hombre. Es EL Padre (de mi Madre). Aquel al cuál ella probablemente nunca soltó y no se canse nunca de llorar, aunque hace más de 30 años que ya no esté en éste mundo. Un tipo Excepcional. O excepcionalmente idealizado por ella, que es la que me transmitió lo que no es posible recordar. Él, que falleció a mis 4 años, del cual guardo apenas dos o tres recuerdos, probablemente encubridores. Él que era un Romántico total, un tipo culto, lector, conocedor de las letras, la filosofía, el arte, la historia. Él que me hacía escuchar a Vivaldi o sentarme durante horas a mirar bien de cerca las rosas para aprender a apreciar la belleza, o se pasaba tardes enteras contándome cuentos. Eso es lo que busco. Ese abuelo que -según las palabras de mi madre- me adoraba. Su primer nieta, a sus 72 años, el amorcito de su vida, como decía él. Esta nena es tan linda y tan dulce -decía- que alguna vez va a hacer muy feliz a un hombre.

¿Cómo olvidarse de ésas palabras de las que, sin embargo, hasta hace unos días no me acordaba?

Un Millón de Primeras Citas

Hace más o menos un año que vivo de primera cita en primera cita. Me aburren. Cuando no me aburren se comportan como ratas, o como pelotudos, o no me gustan ni un poco, o besan como el culo, o cogen peor. A esta altura ya no sé, si son ellos o soy yo. Que digo que quiero conocer a alguien que valga la pena, que me interese para algo más, pero a la vez no hay uno que me venga bien. Me pasé el invierno prácticamente encerrada, mirando pelis y comiendo, sin ganas de un pelotudo más, sin ganas de salir a cagarme de frío al pedo. Ahora que volvió el calorcito volvieron las ganas de salir, pero parece que no tanto. Parece que estuviera todo el tiempo buscando la excusa para tacharlos de la lista, para volver a casa con mis pelis, mis libros, mi paz. ¿Será que me estoy volviendo demasiado exigente? ¿Será que en el fondo no tengo tantas ganas de salir de la cueva? ¿Será que al final me da miedo darle una oportunidad a alguien?

Tal vez sea, un poco, en parte.

Tal vez que sea que las experiencias pasadas dejan aprendizajes, pero también miedos. Miedo a repetir los errores, miedo a volver a elegir como el culo. No tengo apuros, estoy bien sola, no me jode la soledad, son las frases que me repito como un mantra.

Pero a la vez extraño.

Extraño la complicidad de fundirse en un abrazo de esos que parecen arreglarlo todo por un instante. Extraño esos besos que te quitan la respiración, extraño las risas compartidas, las noches largas, las caminatas bajo la luna.

Pero como viene la mano todo eso va a tener que esperar, un poco más.

Quién sabe cuanto más.

Lo sigo intentando a pesar de todo. Parece que soy más optimista de lo que pensaba.

79. ¿Cómo le digo?

Los dos tenemos más de treinta (y el tiempo no corre nunca para atrás) vivimos juntos hace casi un año, nos amamos, planeamos tener una familia. Bueno… un día si, otro día más o menos, otro ni locos. Sobre todo cuando en el colectivo se nos sienta alguna criaturita insufrible de esas que no paran de gritar y hacer caprichitos todo el viaje, o una madre de esas que hablan de cuánto hace que no duermen. Ahí nos miramos con carita de “ni en pedo”. Sigue leyendo 79. ¿Cómo le digo?