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28. Que las hay, las hay… (4)

-¿Lo podés creer? Justo a mí me dice que me voy a casar y voy a tener hijitos. Estos turros se creen que todas las minas en el fondo somos Susanitas, y nos dicen lo que creen que queremos escuchar. Es de libro, tan básicos son. Si hubieras visto mi cara cuando me dijo eso…

-Un caradura… cuánto chamuyo… ¿No?

-Sí, totalmente. No le creí nada, pero cuando se acercaba febrero lo empecé a pensar… ¿Y si el chanta tenía razón? Me preguntaba. Y me pasé todo el mes de febrero atenta, con las antenitas a full… por las dudas. Cuando llegó el 28 me puse un poquito triste de que no había conocido al supuesto amor de mi vida…

Le dije, y me quedé pensando que él y yo habíamos empezado a intercambiar mensajes y a chatear en febrero, aunque finalmente nos habíamos conocido (personalmente) en marzo. No era el hermano o el primo de una amiga, pero quién sabe… De todos modos era muy apresurado decir nada, así que me callé…

Seguimos un rato más abrazados y conversando sobre los brujitos y sus designios, hasta que se separó unos centímetros y mirándome a los ojos, soltó:

-El hindú me dijo que mi vida iba a cambiar el mes próximo, que mi corazón no iba a estar tan frio…

-Ahá… -le dije, tratando de ver para dónde venía.

-¿Querés ser mi novia?

Agregó, recordando lo que yo le había contado un rato antes…

-¿Quéee??

Pensé, o dije, ya no recuerdo. Creo que lo pensé, lo más probable es que me haya quedado muda, boquiabierta, sorprendida. Por un lado porque nunca me habían dicho nada así, por otro lado no podía evitar pensar: ¡Estás loco nene! ¡Te conozco desde ayer! ¡Nos vimos dos veces y chateamos un par!

-Bueno, lo reformulo -dijo él ante mi incómodo silencio- ¿Querés ser mi novia a partir de Abril?

-Ehhh…. -balbuceé, mientras intentaba inventar alguna respuesta y pensaba como salirme de ese brete -Ehhh… ¿Te lo puedo contestar en Abril?

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27. Que las hay, las hay… (3)

-¿Y qué te dijo?

-Empezó a tirarme las cartas y decirme cómo era yo. Cosas muy genéricas, le pegó en algunas cosas, pero a esta altura yo ya no le tenía mucha fe. En un momento miró las cartas, me miró, volvió a mirar las cartas y me dijo:

-¿Vos estas embarazada?

-No! -le contesté.

-¿Estás segura?

-Totalmente -le dije.

La verdad es que no había chance que lo estuviera, pero siempre queda lugar a alguna duda… me dejó pensando. La que sí estaba embarazada era mi amiga, pero no le dije nada…

-Bueno… -dijo medio dubitativo- Entonces… vas a tener dificultades para quedar embarazada… (!!) Pero no te preocupes, vas a hacer un tratamiento y a los 32 vas a tener mellizas…

-¿Qué???

No sé si lo dije o lo pensé, pero este tipo me parecía cada vez más loco, ¿Cómo me vas a decir algo así??

Después de decir un par de generalidades más me dijo:

-¿Querés preguntarme algo?

-Sí, quiero saber sobre mi ex. -Dije sin darle demasiada información. Ya me estaba dando bronca tener que decirle todo…

-A ver… -dijo, mientras sacaba un par de cartas más- …está saliendo con alguien, una morocha…

-No, no, no… eso no me importa. Si está saliendo con alguien mejor- dije un tanto sorprendida- lo que quiero saber es cuándo va a dejar de molestarme…

-Sí, acá sale que tiene cuentas pendientes con vos… -dijo, señalando alguna carta… y… más o menos para noviembre…

Me contestó. Debía ser Mayo, o Junio… para Noviembre faltaba mucho… mierda!

Le pregunté también sobre mis constantes enfermedades del último año, pero no me dijo nada coherente. Solo anotó en un papelito rosa la dirección de un curandero al que tenía que ir a ver de su parte, De más esta decir que nunca fui. Qué charlatanes son estos tipos, por dios. Pero había algo más que quería saber… y ya que estaba ahí…

-Quiero saber algo más… ¿Cuándo voy a conocer a alguien para empezar algo en serio? ¿Para enamorarme y todo eso…?

-A ver…

Dijo mientras me pedía que elija algunas cartas más. Las miró bien y me contestó, muy decidido

-En febrero. Va a ser un hombre morocho. Te lo va a presentar una amiga, es un hermano o primo de una amiga tuya. Con él vas a estar bien, te vas a casar y vas a tener hijos…

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26. Que las hay, las hay… (2)

-La verdad yo no creo mucho en esas cosas… -le contesté -Pero hace unos meses yo también fui a un brujito…

-Contame -dijo él.

-Muchas de mis compañeras de trabajo habían ido y decían que adivinaba todo, que de entrada te decía todo tal cual. Yo descreía bastante, pero venía preocupada porque me estaba enfermando muy seguido, y además mi ex no dejaba de molestarme, así que fui, a ver si encontraba algunas respuestas…

-¿Y…?

-Intenté no ir demasiado desconfiada, pero la escena fue digna de una película de Almódovar…

-Jajaja… ¿cómo fue…?

-Llegué y era un segundo piso por escalera. Cuando subí, lo primero que veo es una puerta abierta y una señora de alrededor de ochenta años en bombacha y camiseta asomándose. En cuanto me vió entró corriendo, dejándome unos instante a la vista su arrugado trasero. Esto ya empieza raro -pensé- y me reí para mis adentros. Toqué el timbre y me abrió él: un bicho raro semi-pelado pero con el pelo largo hasta la mitad de la espalda. De musculosa y con un shortcito de jean todo desflecado, y en patas. Con una pancita cervecera protuberante que asomaba por debajo de la musculosa blanca. Muy bizarro el conjunto. Me hizo pasar a un departamento con poca luz, muchas velas, olor a sahumerio y pañuelos con dibujos colgados por todos lados. Imagenes y estampitas de todo tipo. Me pidió que me sacara los zapatos y los dejara ahí antes de pasar… Mientras lo hacía -tenía unas botas ajustadas, bastante complicadas de sacar- no podía dejar de pensar -¿Dónde carajo me estoy metiendo??? Pero ya estaba ahí…

-…

-Así que descalza y ligeramente avergonzada de la estupidez soberana que estaba haciendo pasé a la habitación donde él me esperaba. Estaba sentado enfrente mío, una mesa de vidrio con cartas de todo tipo nos separaba. Había al menos veinte mazos distintos de cartas de Tarot, además de runas, velitas y frascos de vidrio con agua o algún otro contenido líquido transparente. Antes de preguntarme nada puso una vela detrás de uno de esos cilindros de vidrio con agua adentro. Mirando fijamente el reflejo de la velita en el agua y agitando ligeramente el líquido, empezó a tirar nombres.

-¿Carlos te suena de algo?

-No. -le contesté.

-¿Jorge?

-Tampoco.

-¿Esteban?

-mmm… no.

Y así siguió un rato diciendo nombre tras nombre que realmente no me decían nada. Si le hubiera pegado a la primera con el nombre de El Enfermito, me hubiera sorprendido mucho y tal vez le hubiera creído algo, pero a esta altura ya me parecía un charlatán. Como al sexto nombre que tiró apareció el nombre de un ex de hace mil años y después empezó con nombres de mujeres -¿Habrá pensado que era tortita?- tiró el nombre de la mujer de mi papá, pero ninguno me decía nada que me interesara. Así que cambió de estrategia y pasó a las cartas…

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25. Que las hay, las hay…

-Contame… -le dije intrigada.

-Una tarde hace una semana o dos, estaba caminando por París. Recién había salido de un museo y venía paseando. En eso se me acercó un hindú, con turbante y todo. Se me quedó mirando muy fijo y después empezó a hablar… Me dijo:

-Tu cuerpo duerme de noche, pero tu mente no descansa.

-Decime algo que yo no sepa…

Le contesté, pero siguió hablando

-Vas a vivir muchos años. El dinero va a ir y venir, pero nunca te va a faltar…

Siguió mirandome, mientras yo me quedaba en silencio, un tanto desconfiado y agregó

-Tenés el corazón frío. Pero todo eso va a cambiar el mes próximo. Tu vida va a dar un vuelco.

Yo estaba sorprendido porque algunas de las cosas que dijo eran tal cual… pero seguía desconfiando un poco. Entonces me puso un papelito doblado en cuatro en la mano y me dijo:

-Todavía no lo abras. Decí una flor.

-Tulipanes

Contesté sin pensar demasiado. Me pidió que abriera el papelito y lo leí. Estaba anotado mi nombre exacto increiblemente, bien escrito, siempre tengo que deletrearlo, mi fecha de nacimiento y abajo decía “Tulipanes”. ¡No lo podía creer! Miré para todos lados para ver si era un joda, pero no…

-Qué raro! ¿Y qué más pasó? -le pregunté, muerta de curiosidad.

-Nada más. Me pidió unos Euros pero no tenía. Así que me dijo que nos íbamos a volver a encontrar y si lo que me dijo era verdad, yo lo iba a invitar un almuerzo.

-Si lo que me dijiste es cierto, te invito dos. -le contesté.

-¡No te lo puedo creer! Qué escena tan rara… ¿y vos pensas qué…?

No pude terminar de formular la pregunta.

-Y… el mes próximo empieza en unos días…

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