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54. Mixed emotions. (2)

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Domingo 05 de Abril de 2009.

Llegué del parque con las ideas y las sensaciones aún más mezcladas. O tal vez no tanto. Mi amiga Caro siempre tan fóbica y a la defensiva contra cualquier atisbo de enamoramiento, me había permitido darme cuenta un poco que yo ya no quería eso para mí. Me había ocupado de discutirle ideas que bien habrían podido ser las mías, poco tiempo atrás. Me empezaba a dar cuenta que ya no quería estar tan a la defensiva. Me daban ganas de jugarme un poco por lo que (creía que) me podía estar pasando. Además él me hacía sentir cuidada. Bah… casi siempre, porque el temita del blog… Bueno, no era fácil. Y no iba a ser fácil tampoco. Decía… llegué del parque, y aunque le había dicho que lo llamaba al llegar, no lo hice. Necesitaba aquietar un poco mis pensamientos y acomodar las ideas. Estirar un poco esos momentos para mí. ¿Estaba preparada para resignar todo eso? ¿Mi soledad, mis libertades, mis tiempos? Entre duda y duda, un sonido metálico insistente me despertó de mi letargo.

Era el timbre. Sigue leyendo 54. Mixed emotions. (2)

53. Mixed emotions.

Del Otro Lado: Y la tarde siguiente. Vigésimosexto.

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Domingo 05 de Abril de 2009.

Necesitaba pensar, entender, entenderme. Necesitaba aire. Mi amiga Caro me tocó el timbre y bajé con el mate y el termo. Compramos unas medialunas y fuimos a tomar mates al parque. No nos veíamos desde antes que empezara toda esta historia. Le conté todo. Le conté los cafés y las charlas. Las caminatas. Los mensajes, y los marcadores verdes y los cepillos de dientes. Le conté que se quedó en casa y me había podido dormir. Le conté que me crucé con un auto blanco y su abrazo me calmó la angustia. Le conté de mis ganas y de mis miedos. De sus “tequieros” y sus “teamos” y de los tres puntos suspensivos, y de las preguntas de vivir en Rio o en Londres. Y del blog. Sigue leyendo 53. Mixed emotions.

111. El Regreso… (2)

Esa noche como contaba no pude relajarme, ni siquiera ingiriendo cantidades exageradas de alcohol. Intenté la mezcla pero nada me hizo efecto, así que me cansé y me fui a dormir. Tampoco me resultó facil, pero finalmente lo logré. Unos días más tarde recordé que hace unos meses El Enfermito me había enviado la dirección de un blog en el que supuestamente escribía para mí. No había vuelto a ingresar desde noviembre, pero se me ocurrió que podía haber escrito algo que me confirmara o descartara algunas ideas. Busqué la dirección e ingresé. En aquella época yo no tenía ni la menor idea de lo que era un Blog, pero entré y leí con mucha curiosidad y un poco de morbo. Lo que el posteaba eran poemas más o menos horrorosos (debería aclarar que me rompe la paciencia la poesía, y más cuando la escritura es retorcida y complicada) en castellano y algunos en inglés y hasta alguno en un intento de francés. No me gustaba, sonaba muy pretencioso. En fin. Encontré exactamente lo que buscaba. Cerca de la fecha en la que lo había visto al lado del colectivo encontré un poema titulado “la puerta azul” o algo por el estilo, en el que contaba algo así como que había estado dando vueltas por ese barrio en el que había sido feliz, pasando por esa puerta por la que había entrado y salido tantas veces y “le pareció verse salir de ahi, todavía enamorado” y blablabla…. Y unos días después de aquel incidente de la puerta de mi casa salía publicado otro poema bastante incomprensible, pero en el que lo único que se llegaba a entender era que le hablaba a una mujer, a la que insultaba bastante y la llamaba mentirosa, supuse que iba dirigido a mi, aunque hubiera preferido no hacerme cargo. Pero… ¡yo no te mentí! -pensaba para mi- Aunque me debe haber visto saliendo de noche, muerta de risa con mis amigas, con la pollera corta, el escote y los tacos altísimos. ¿Justo esa noche tenía que estacionar en la puerta de mi casa? Que se joda, -pensé- se lo merece por pelotudo. Cada vez me ponía más nerviosa. Encima mi amiga Caro me insistía en que hiciera la denuncia, que me cuidara, a ver si me pasaba algo… Cada vez que entraba o salía de mi casa miraba para todos lados a ver si veía su auto por ahí. Estaba empezando a sentirme perseguida. Pero por unos días no volví a tener noticias suyas y todo se tranquilizó.

Al fin de semana siguiente volvimos a salir con mis amigas, esta vez sin novedades en la puerta de mi casa, aunque yo seguía bastante loquita por lo sucedido el fin de semana anterior. Bailando empecé a charlar con un morocho, medio petisito, que parecía muy simpático. Tenía una sonrisa hermosa, y hablaba con mucha tranquilidad. Me contó que era del interior, que vivía solo acá hace unos años, y que trabajaba en una empresa que hacía catering de eventos y tenía un par de restoranes. Le iba bien. Bailamos un rato más, y charlamos, pero no avanzaba demasiado. Parecía medio lento. A mí me estaba empezando a gustar, aunque estaba perdiendo la paciencia. Casi podría decir que tenía ganas de transarme a alguien, solo para quitarme el recuerdo de la semana anterior de la cabeza, y el mal gusto de la boca…

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110. El regreso…

Primeros días de Marzo de 2008

Un día como cualquier otro, salía del trabajo, tarde como siempre. Me tomé el colectivo de siempre, en la esquina de siempre y viajaba tranquilamente, hasta que algo raro me nubló la vista. Me refregué los ojos para ver nuevamente: no podía ser. Justo al lado del colectivo de siempre, en la calle de siempre, veo una auto que me resultaba llamativamente familiar. Era el auto del Enfermito. No podía ser, me fijé de nuevo, solo para estar segura. Pero ese auto era inconfundible. Blanco y viejo, bastante roto y con detalles claramente reconocibles. Tenía los faroles de atrás pintados de plateado y recordaba de memoria la patente. Definitivamente era él. Y yendo para el lado de mi casa. El corazón se me salía del pecho de la angustia. ¿Estaba yendo para mi casa? ¿Qué hacía? ¿Me seguía? ¿Tendría la llave de abajo todavía? ¿Me estaba volviendo paranoica? Me paré y me fui para el lado de adelante del colectivo, para ver que hacía. Seguía derecho por la misma calle del colectivo hasta que lo pasó y lo perdí de vista. Al bajar del colectivo en la esquina de mi casa miré para todos lados, para ver si lo veía. Pero no lo ví. Seguía angustiada. Era como ver un fantasma, después de tanto tiempo. Bah, en realidad no era tanto, solo un poco más de tres meses. Pero había pasado tanta agua debajo del puente que creí que no iba a volver a saber de él. En realidad después de los mails no había vuelto a tener noticias suyas. Solamente algunas madrugadas en las que el telefono de mi casa sonó y al atender, solo silencio del otro lado. Solamente podía ser él. Pero nada más. Después de unas horas de asustarme y putearlo y pensar que hacer me tranquilicé y decidí no hacer nada. Por ahora no había pasado nada, solo verlo. O a su auto más bien. ¿Y si lo había vendido? Ahí quedaron las cosas hasta ese mismo sábado. Habíamos quedado en salir con las chicas y nos juntamos en casa. Comimos algo, tomamos unos vinos, nos pusimos lindas y nos divertimos. El plan era ir a bailar a un bolichito cerca de casa en el que conocíamos a uno de los rrpp y entrabamos siempre gratis. Salimos a eso de la 1 y pico con rumbo al boliche y en cuanto abrí la puerta… casi me muero. Ahí nomás, estacionado en la puerta de mi casa, su auto. Se me aflojaron las rodillas y me quedé petrificada mirándolo, mientras mis amigas me preguntaba qué pasaba.

-Colo, haceme el favor, no puedo ni mirar, fijate si la patente es la de él.

Le dije a mi amiga y le indiqué el número de patente. Después de escuchar su confirmación me angustié más todavía.

-¿Qué hace acá? ¡Justo acá! ¡En la puerta de mi casa!! ¿Qué hago? ¿Hay alguien en el auto?

-No hay nadie amiga, lo ves por ahí? -Me preguntó La Colo…

Miré a mi alrededor, la vereda de enfrente y las esquina y no vi ninguna silueta conocida..

-No, no lo veo… andará por ahí? ¿Tendrá la llave de abajo de casa todavía? ¿Estará dentro del edificio?? -pregunté.

-Nena tendrías que ir a hacer la denuncia, mirá si te hace algo?? -dijo Caro.

-No, Caro… ¿qué me va a hacer? Es un enfermito pero no es un violento… No creo que me haga nada. Tal vez vendió el auto y no es él… Aunque sería mucha casualidad que se lo haya vendido a algún vecino…

Con la ayuda de mis amigas junté fuerzas, respiré hondo y salimos para el boliche, aunque la onda ya no era la misma. No podía dejar de pensar en distintas hipótesis y el efecto del alcohol se había desvanecido como un suspiro. Y por más que lo intenté y lo intenté, esa noche no hubo caso de volver a emborracharme…

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76. Nadie pasa de esta esquina…

Viernes 1 de Febrero de 2008

Era el cumpleaños de una compañera del Call Center, La Colo y yo estábamos invitadas, y como ya se nos estaba haciendo costumbre, nos juntamos las cuatro. Veníamos saliendo juntas hace un tiempo ya y nos estábamos divirtiendo mucho. Mientras esperábamos que llegara una amiga de alguien, empezamos a hablar de eso, de lo bien que la pasábamos y lo bueno que era para todas poder salir en grupo. Y se nos ocurrió la idea de ponerle un nombre al grupo. Empezamos a barajar varios. Y como vivíamos hablando (mal) de nuestros ex, a La Morocha se le ocurrió “las divorciadas”, pero no estaba bueno darles tanto protagonismo a ellos. La idea no era ser un grupete de despechadas, sino apuntar a divertirnos y pasarla bien. Caro sugirió “Las Divinas” y todas nos tentamos de risa. Por esa época venía sonando una cancioncita de un programa para pre-adolescentes, en el que había dos grupitos, Las Divinas y Las Populares. Tanto nos reímos que a partir de ese momento empezamos a llamarnos así, Las Divinas. Aunque debo confesar que yo siempre me sentía más una “popular”, era un buen momento para cambiar de bando, aunque sea por un ratito. Sí, ya sé que suena muy idiota, pero era muy divertido!

Bueno, finalmente entramos al cumpleaños, que era en un barsucho de barrio norte. Nos tomamos un par de tragos, y bailamos un poco. Era temprano. En un momento fuimos al baño, y Caro empezó a hablar en portugués a los gritos y a salpicar a todos con agua de la canilla. Nos enganchamos todas y nos moríamos de risa. No parábamos de cantar y decir boludeces. Parecíamos teenagers. Ahí fue cuando nos enteramos que Caro tiene muy poca resistencia al alcohol. Un rato más tarde estaba tirada en un sillón sin poder levantarse. La idea era ir a bailar después, pero con Caro en ese estado no podíamos. Así que nos subimos a un taxi, la dejamos en su casa y una vez que chequeamos que había llegado entera hasta su departamento, seguimos viaje para el boliche…

70. Another Friday Night (2)

La encontré a Caro y seguimos bailando un rato. Ya dije varias veces que me gusta mucho bailar, y si me sacan a bailar nunca digo que no. Me sacó a bailar un flaco de gorrita. Lo miré bien. Era del grupo de amigos que nos habían invitado a tomar champú. Justamente el que se había quedado acariciando el gatito de mi espalda. Bailamos, no estaba mal. Nos dimos unos besos. Me quedé pensando… no da transarse a dos del mismo grupo de amigos, no? No, no da. Pero no me importó mucho. Me fui y seguí bailando. Cuando ya nos estábamos por ir, se acerca de nuevo el morocho del principio a saludar. Nos damos unos besos y me pregunta si no me quiero ir con él. Me rio. Y le digo que no.

-No te conozco, a dónde me voy a ir con vos?

Me cuenta entonces que es argentino, pero que vive en España hace unos años. Que vino de visita a Buenos Aires y que ésta era su última noche. Que mañana se va de vuelta a España, y le parece que era una buena forma de despedirse de su país. Me río. Pero no contesto. Me dice al oído:

-No sabés como la chupo. En España me dicen el lamecoños…-

¿What????? Me quedé muda. No puedo creer lo que acabo de escuchar. Es lo menos sutil que me dijeron en mi vida. Me río. No sé que contestar.

-Sos un animal, le digo -no me podés decir eso! Voy a hacer como que no te escuché.

-Porqué?, me contesta -tenés miedo que te guste?

Y vuelve a darme un beso. Pero los besos se estaban poniendo buenos, y de golpe la propuesta se me hacía cada vez más interesante. Nunca me había ido con alguien de un boliche, y me daba un poco de miedo. Además estaba Caro y habíamos quedado en irnos juntas. Qué dilema. Pero bueno, me acordé de mi filosofía del “Y porqué no??” y le pedí que me diera un minuto. Me fui a hablar con Caro y le pregunté si no le molestaba que me fuera con él. Me dijo

-No, pero estás segura? No lo conocés.

-No sé Caro, pero me dieron ganas-

Le dije. Me contestó:

-Ok, nena pero tené cuidado, si?

Y ahí nomás, por primera vez en mi vida, me fui acompañada de un boliche…

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69. Another Friday Night

Viernes 25 de enero de 2008.

Como era de esperarse Damián no volvió a dar señales de vida en toda la semana. De hecho nunca volví a saber de él. Pero llegó el viernes a la noche y ya se nos estaba haciendo costumbre, la previa en mi casa y luego al boliche de siempre. Esa noche salimos solas, Caro y yo. Tomamos algo en casa y salimos, muertas de risa caminando hasta el boliche, como siempre. Caro es bastante más alta que yo, y le gustan los altos, así que ya se me había hecho costumbre señalarle los altos que nos cruzábamos, a ver si alguno le gustaba. Y esa noche había uno, alto, que estaba bastante bien. Se lo mostré y le gustó. Así que estuvimos ahí un rato, lo miramos, él miraba también. Pero no hacía nada. Dimos una vuelta por ahí y cuando volvimos, otra vez las miraditas, que van y que vienen. Al rato lo vemos con una chica, una colorada, bastante linda. Pero el flaco seguía mirando y a Caro le gustaba. Así que nos fuimos hasta la barra del fondo a buscar una servilleta. Anotamos el teléfono y el nombre de Caro y volvimos. Esperamos que se fuera a la barra y dejara a su chica por un rato, y ahí me acerqué y tratando de vencer mi timidez le dí la servilleta en la mano. Solo le dije:

-Te lo manda mi amiga.

Me miró sorprendido y me fui, muerta de verguenza. Al rato se acercó a preguntarme quién era mi amiga y se la presenté. Dijo que esa noche estaba acompañado pero que la llamaba mañana así arreglaban para verse. Caro estaba contenta, pero a la vez molesta. Era incómodo verlo ahí con su chica. Mientras tanto un grupo de 4 o 5 flacos se acercaron con una botella de champagne y muchas copas.

-Chicas, ¿Quieren Champagne?- dijeron

-Sí, gracias-

contesté, y empezamos a hablar y bailar con ellos. Eran simpáticos. Mientras uno de ellos acariciaba el gato que tengo tatuado en la espalda, casi como si fuera real, yo me entretuve hablando con un morocho, no muy alto. No era muy lindo, pero era simpático, y tenía una linda sonrisa. Hablamos, bailamos y terminamos dándonos unos besos, un rato. Hasta que me cansé y me fui. Caro ya se había ido, a ella no le caían muy bien. Por el camino alguien me agarró de la mano, ni recuerdo quién era. Bailamos un rato y nos dimos unos besos también, pero me fui. Estaba buscando a Caro y la encontré en la otra punta de la pista, bailando…

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54. ¿Casualidades?

Esa misma semana quedamos en salir a bailar el viernes. Vamos juntas Caro, La Colo, La Morocha y yo, al boliche donde me llevó la colo. Es un lugar muy top y está de moda, pero ella conoce a alguien y nos hacen pasar. El lugar es muy divertido y tiene buena onda, la pasamos bárbaro. En la mitad de la noche alguien se acerca y me saluda. ¡No lo puedo creer! ¡Era El del Barquito! Él y su amigo el rubio habían ido a cenar ahí y se quedaron a bailar. Nos habíamos visto el sábado anterior y no nos habíamos comunicado desde entonces. ¿Qué opinan uds? ¿Creen en las casualidades? Ok, estábamos ahí. Estar con él no había sido la mejor noche de mi vida pero todavía me gustaban sus besos. Nos dimos algunos besos y seguimos bailando. Él insistía en que me fuera con él, yo quería bailar con mis amigas. Además eran como las 4 de la mañana y yo tenía que ir a trabajar como a las 9.00, quería dormir al menos unas horitas. Me quedé bailando un rato más pero él seguía insistiendo. Finalmente accedí y me fuí con él, pero no sin antes aclararle que me iba a ir a dormir a mi casa… sola. Nos fuimos con el amigo, subimos a su auto y me dejaron en la puerta de mi casa, quedamos en volver a encontrarnos otro día. Les agradecí por traerme a casa y bajé. ¿Vieron que a veces puedo portarme como una nena buena? Ja.

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38. Año nuevo, vida nueva…

Para como venía ese año, un bajón atrás del otro, el fin de año se estaba poniendo de lo más divertido. La idea era no terminar el año en “abstinencia” y ya lo había cumplido, y para más detalles en un barquito! Me estaba empezando a gustar esto de estar soltera. Lo que más terror me causaba era enamorarme del primer idiota que se cruzara, porque ya saben, tengo debilidad por los idiotas y los enfermitos, así que me decidí a dejar el corazoncito guardado en un cajón, como dice mi querido Joaquín y seguir adelante a pura diversión. Era Domingo, 30 de Diciembre. Había salido la noche anterior con El del Barquito y el lunes 31 no había que ir a trabajar. ¡Qué ganas de salir! Llamé a Caro para ver si tenía ganas de hacer algo y se prendió, quedamos en ir a tomar algo por Las Cañitas. En eso me mandó un mensaje de texto La arquitecta que también estaba con ganas de hacer algo, así que la invité también. Ellas dos no se conocían, así que hicimos una previa en casa, tomamos algo y salimos. Fuimos para las cañitas, pedimos un par de tragos y nos sentamos a charlar… y mirar. No pasaba mucho pero era mejor que quedarse en casa. Subimos a la pista, bailamos, hablamos con algunos flacos. No pasó demasiado, mucha histeria por parte de ellos últimamente, pero igual nos divertimos bastante. Cuando nos cansamos de bailar nos fuimos a desayunar a un barsucho por plaza italia tres cafés enormes con medialunas, el mío sin leche como siempre, y nos quedamos hablando mal de nuestros ex (como corresponde). Qué buena sensación la de salir del boliche y caminar solitas al vientito de la madrugada, mucha paz…

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30. After Office (5)

Tendría que contar parte de lo que charlamos con Caro en el café, recuerden que yo recién la conocía. Me contó de su relación con El Rata, lo había conocido hace unos meses, por medio de una amiga. Se veían seguido pero la relación era puramente sexual.

-No sirve para otra cosa, es un pendejo tarado y un rata- dijo Caro -pero me encanta como me garcha-.

Y me contó una situación de una de sus primeras salidas. El Rata la llamó y le dijo que la iba a invitar a comer a la costanera. Ella se preparó, se puso divina, escote, maquillaje, tacos. El la pasó a buscar con su auto y la llevó a la costanera… a comer un choripán! Caro casi se muere. Tal vez ahora se entienda el porqué de los seudónimos. Caro no es su verdadero nombre, pero a partir de ese momento empezamos a llamarla así, en algunas ocasiones, por Carolina de Mónaco. Lo cierto es que la relación entre ellos nunca mejoró. Discutían mucho, pero se seguían viendo, él alquilaba una peli, o compraba helado, y se iba a la casa de Caro, nada de salidas, o cada tanto si, pero implicaba recorrer varios restoranes hasta encontrar en cual aceptaban tickets. Vale aclarar que el Rata no vive solo sino con sus padres, y tiene un buen trabajo, pero es así, rata. Continuando lo que contaba antes, escuchamos un bocinazo, nos damos vuelta… y era El Rata. No se como nos encontró, pero lo hizo. Nos subimos al auto y nos llevó, me dejó en casa primero y se fue con Caro. Debo confesar que tenía que darle algo de razón a Caro, no pudo evitar hacer algunos comentarios idiotas por el camino, como por ejemplo, decirle en voz alta a Caro:

-¡Está buena tu amiga, tenemos que conseguirle un novio!

A lo que no pude evitar contestar,

-Es que la amiga no quiere un novio, gracias igual…-

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