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No, no somos iguales.

 

Anoche salí con un Senior muy interesante, muy inteligente él. Nos sentamos a tomar un café, conversamos, pasamos un buen momento. Después del café nos levantamos y empezamos a caminar, él proponiendo ir a un lugar más “calentito” porque decía tener frío (no lo hacía y yo estuve un poco lenta al no registrar que era su torpe manera de pretender que lo invitara a mi casa. No lo hubiera hecho por otro lado) Caminamos y caminamos, él diciéndome que eligiera el lugar yo esta vez, yo sintiéndome un poco incómoda por el hecho de que doy por supuesto que en una primera cita ÉL VA A INVITAR y como yo no sé cual es su presupuesto se me complica pensar qué lugar elegir. En algún momento dijo que había visto “una pizzería barata” por la zona y caminamos tratando de encontrarla, pero sin éxito. La situación se puso incómoda, no porque me moleste lo de “pizzería barata” sino porque ya no entendía lo que quería y se me empezaban a ir las ganas. Yo SI tenía HAMBRE. Ya eran las 23.30 y seguíamos caminando sin rumbo. En algún momento le pido que me diga qué es lo que quiere hacer, que ya no entendía y que yo no me sentía cómoda eligiendo por él ni disponiendo de su presupuesto.

-ah… es que yo acostumbro a que cada uno pague lo suyo…

dijo, e hice un silencio. Si me hubiera visto la cara seguro abrí los ojos como el dos de oro.

-Si somos iguales… -siguió- estamos en la misma situación. Yo también estoy separado, me mudé hace poco, tengo mis dificultades económicas – y bla bla bla…

En ese momento no le respondí, pero su frasecita “Si somos IGUALES” me quedó resonando en la cabeza. Creo que detesto el seudo-feminismo más aún que al machismo. NO SENIOR, NO SOMOS IGUALES. No es LO MISMO ser MUJER que ser HOMBRE. No se trata de ESO. No son iguales las posibilidades laborales, ni las de sueldo. Ni te toman en cuenta igual para un puesto, ni te dan los mismos derechos. No es lo mismo en la casa, cuando la que cambia pañales, da la teta y las mamaderas y todo eso es MAMÁ y no PAPÁ, a lo sumo ellos se sienten unos santos si “te ayudan” o “te dan una mano” (dando por supuesto que las responsabilidades son todas tuyas). No es lo mismo cuando vos podes salir a trabajar tranquilo todos los días y yo tengo que hacer malabares cuando hay paro en el jardín, o se le murió el abuelito a la niñera. No es lo mismo cuando vos venís a una cita directo desde el trabajo, porque te quedaba más cómodo en remera deportiva y sandalias y yo antes de salir en una cita me depilo, me compro una remerita o una ropa interior, me doy un buen baño, me perfumo, me pinto las uñas, me peino, me calzo el jean ajustado o la pollerita, me subo a los tacos, me maquillo, me plancho el pelo etc, etc.

No Seniores. No es LO MISMO.

A otra perra con ese hueso.

Miguel Angel -El Ansioso- IV

Agosto de 2015.

Pese a su insistencia en que me quedara a dormir con él, finalmente me fui a mi casa. Me acompañó hasta la puerta, nos despedimos con un beso y me fui derechito a mi cama. Tenía muuucho sueño. O tal vez no tanto, pero extrañaba estar sola y tranquila en mi cama. Dormí hasta la mañana siguiente y me desperté con dolor de cabeza. Mal signo, no había tomado alcohol, solo jugo de manzana y habíamos tenido relaciones no una sino tres veces.

Y me desperté con dolor de cabeza.

Era feriado y mi hijo estaba con su padre así que tenía todo el día para mi. Pero no estaba del mejor humor. Decidí ocuparme de mis cosas y relajarme un poco, disfrutar de la paz de estar sola. Desayuné, me di un baño relajante y me disponía a mirar una peli en la cama cuando recibo un mensaje suyo. ¿ya? pensé. Me contó que estaba con sus hijas, preparandoles el almuerzo a lo que le respondí que dejara el celular y se ocupara de darle bola a sus hijas, pero siguió con los mensajitos. Salí a caminar al solcito tratando de despejar mi cabeza de ese dolor molesto que no se iba con nada, mientras él seguía con los mensajitos. Yo le respondía lo más amable posible, pero no tanto, me asustaba que creyera que ya eramos “algo” entre tanta ida y vuelta, recién nos habiamos visto una vez y no había sido el más placentero de los encuentros. Finalmente me cuenta que sus hijas se fueron, y me propone si quería ir a tomar un café.

Lo pienso. Lo pienso, lo pienso y lo pienso.

Por un lado no tenia nada que hacer, y es una persona agradable con la que se puede hablar.

Por el otro evidentemente el no tiene el menor registro de que la noche anterior no había sido perfecta ni mucho menos para mi.

Lo pienso otra vez y le respondo

-Ok, te veo en media hora en el bar. Pero por favor no vayas a creer que porque nos vemos dos veces seguidas ya somos “novios”…

Tras algunos mensajes más, me cambio y salgo para el bar, con una sensación incómoda. No muy convencida de lo que estaba por hacer. Mi cabeza estaba dividida.

Una parte me decía NO NO NO, vos sabes que no. Te cogió mal una vez, culpa suya, si te coge mal otra vez es culpa TUYA. Y encima se está enganchando…

Mientras que la otra parte pensaba, pero pobre, tal vez estaba nervioso, no nos conocemos y hace mucho que no está con nadie, tal vez eso pueda mejorar…

Pero la verdad, la primera hablaba más fuerte.

Puede que la segunda fuera más sensata pero la primera estaba gritando.

Y me hacía doler más aun la cabeza…

Miguel Angel -El Ansioso-II

Agosto de 2015.

Miré a mi alrededor. Era temprano, estabamos en un bar luminoso, rodeados de gente, cerca del pelotero, con niños corriendo alrededor… No era el ambiente para eso.

-No es el lugar… Si querés vamos…

Dije, haciendome la valiente y sosteniéndole la mirada. Si soy tímida que no se note. Pagó la cuenta y salimos. Ya era de noche y estaba fresco. Caminamos un rato mientras seguíamos charlando. Me frenó en una esquina y me besó. Fue un lindo beso. Suave al principio, después fue poniéndose más intenso, lentamente, uno de esos besos para disfrutarlos. Me apretó contra su cuerpo y noté que se estaba entusiasmando.

-¿Vamos a mi depto?

Preguntó, y empezamos a rumbear para ese lado. Caminamos en el frío de la noche, agarrados del brazo como viejos conocidos, frenando de tanto en tanto para probar esos besos que tanto nos habían gustado. Llegamos a su casa, entramos…. y a los besos caímos en su cama…

En segundos voló la ropa, y así sin conocernos demasiado nos encontramos desnudos, buscándonos.

Lo que siguió…    …no duró más de dos minutos.

Era de esperarse, como él me había contado… veintitres años con la misma mujer y después un año de nada. Yo ya iba preparada para que el primer encuentro fuera mínimo y breve. No estuvo mal igual. Fue agradable, teníamos buena química y nuestras pieles se sentían bien juntas. Pero no había la menor chance de terminar lo que apenas si había empezado. No preguntó, ni dije nada. Tampoco buscó otras formas de compensarlo.

Nos quedamos abrazados, él disfrutando su calma, yo en la esperanza de que el segundo intento fuera mejor…

Miguel Angel -El Ansioso-

Agosto de 2015.

Se llamaba… pongamos que Miguel Angel (por no nombrar otro famoso artista del renacimiento) y era bastante apurado. Nos conocimos online y enseguida empezamos a chatear. Era un tipo inteligente y con sentido de humor y teníamos muchos códigos en común. Y además vivía a cuatro cuadras de mi casa. Su única foto no me volvía loca pero aún así decidí darle una chance. Chateamos unas cuantas horas el primer día hasta que se hizo tardísimo y nos fuimos a dormir. El segundo día, después de chatear un rato, le dí mi número y seguimos hablando por WhatsApp, tambien hasta tarde. En algún momento dejó deslizar un sutil reclamo

-¿Siempre tengo que empezar yo las conversaciones?

A lo que respondí diciéndole

-Todavía no nos conocemos, pero por si no te diste cuenta… vos sos el hombre…

Seguimos hablando y me contó que estuvo en pareja 23 (si Veintitres!) años y se había separado hace un año porque ella le había sido infiel y él la había descubierto. En el último año -contó- había estado medio depre y no había salido con nadie. Se anotó en esa página esa misma semana que me conoció. Esos datos me hicieron un poco de ruido en la cabeza pero todo lo demás parecía que cerraba. Estaba solo, no buscaba joda, era laburador, inteligente simpático. Pero un poco apurado. Al tercer día ya me decía que no podía parar de pensar en mi… y yo ya empezaba a asustarme.

Será porque es su primera vez conociendo gente online, pensé, no puede ser tan apurado si aun no nos conocemos cara a cara! Y se lo dije. Dijo que no, que él sabía lo que le pasaba y que en todo caso él decidía que riesgos corría. Ok, dije, yo prefiero ser un poco más cauta hasta no conocer a la persona y ver que pasa pero sos grande…

Quedamos en vernos ese mismo fin de semana.

Nos encontramos el sábado a la tarde para tomar un café. Mi primer impresión del cara a cara fue rara. Era petisito, apenitas unos centímetros más que yo. Menos mal que no me había puesto tacos. Y tenia una de esas caras que no sabes si es hermosa o fea. Ojos grandes y fijos, linda sonrisa, flaquito, pelado. Nos sentamos y hablamos, hablamos y hablamos. No paraba de mirarme fijamente a los ojos. Tanto que me ponía nerviosa. Bueno, tampoco es tan difícil ponerme nerviosa en realidad. Me hago la dura pero en el fondo soy una nena tímida. En un momento del café se acerca y me dice al oído

-Quiero revolear a la mierda esta mesa que nos separa y comerte la boca…

Neeeext… (5)

Septiembre de 2013.

Él parecía muy entusiasmado y con ganas de probar todo su repertorio conmigo. Yo… mmmm… Yo estaba con un pie acá y otro allá. Medio desconectada con lo que estaba haciendo y disfrutándolo a medias, pero sentía que era algo que tenía que pasar. Como una prueba. El no paraba de proponerme cosas, que nalgadas, que si te acabo acá, que si la querés ver, que si te la meto por ahí. Y yo pensaba, pará flaco, sos un desubicado, me acabas de conocer, para algunas cosas hace falta confianza…

En fin. Terminamos lo que había que hacer, nos vestimos y nos fuimos. No fue la gran cosa, pero prueba superada -pensaba-.

Me dejó en la esquina de mi casa, lo saludé con un beso que no parecía tener muchas ganas de recibir, y no volví a saber más de él. No me sorprendió demasiado su desaparición, en el fondo todo lo que me había contado de su “ex” sonaba bastante a chamuyo y era bien posible que fuera un senior casado, de trampa y encima mentiroso. Tampoco me moría de ganas de volver a verlo, había sido un sexo bastante mediocre.

Ahora venía la parte difícil.

Volver a entrar a mi casa, después de haber tenido sexo con un tipo, y encontrarme con el-padre-de-mi-hijo.

Como dije, era un día de semana y era tarde. Entré tratando de no hacer ruido. Estaba todo oscuro. A tientas llegué hasta mi dormitorio. Él en ese entonces, aún dormía en mi cama. Hacía demasiado frío para mandarlo a dormir al living y yo no tenía ni una frazada extra. Así que me acosté en mi lado de la cama sin tocarlo, sin hacer ruido para no despertarlo. Me dí vuelta para dormir y…

…Me vino automáticamente el impulso de abrazarlo.

¿Abrazarlo?

Refrené el impulso con todas las fuerzas de mi voluntad.

Fue una sensación muy bizarra, no porque quisiera abrazarlo A ÉL, pero supongo que después de una buena sesión sexo lo más natural es querer abrazar a alguien antes de dormir. Ésto está muy mal, pensé. No puedo seguir durmiendo con este Senior en mi cama…

Me di vuelta para el otro lado, y finalmente, después de pensar y pensar, logré dormirme.

Al día siguiente, en el desayuno miré al padre-de-mi-hijo y le dije:

-Cuando vayas a la casa de tu mamá traete una frazada. A partir de ahora dormís en el living.

Neeeext… (4)

Septiembre de 2013.

Y fue un beso bastante bueno. Lo suficientemente bueno como para que en el momento en que me miró y me dijo -¿Vamos a otro lado? yo entre miedos y dudas contesté que sí.

Subimos a su auto y me preguntó

-Vos sabes donde hay…? Por acá…?

Pero la verdad no sabía. No tenía ni la menor idea. Se puso a buscar en Google desde su teléfono y en ese momento empecé a dudarlo un poco. Era un día de semana, y era tarde. Tampoco era tan urgente, podíamos dejarlo para otro día. Pero él parecía estar decidido a no dejar pasar la oportunidad. (Nota mental: Flaco, para la próxima que salgas con alguien en una zona que no conoces, googlealo antes…) Arrancó y encaró para el fondo, mirando su teléfono de tanto en tanto, mientras tanto las cosas se iban enfriando y yo tenía cada vez más dudas. El flaco me gustaba, pero la situación era cada vez menos tentadora. Se sentía casi forzada. Pero como me digo siempre: Ya estás en el baile, bailá.

Paró en una estación de servicio y se bajó a preguntar. ¡Se bajó a preguntar! Me quiero morir de la vergüenza. Esto ya es cualquiera, pensaba. Dejame-en-mi-casa-ahora….

Pero desde el auto ví como le daban indicaciones con grandes gestos y unas sonrisas cómplices que prefería ni mirar. Volvió al auto decidido y arrancó para donde le habían indicado. Ni un beso, nada.

Llegamos. Era un Telo mediopelo, en una zona horrible. Estacionó su auto mediopelo en la entrada de la habitación y entramos. Yo estaba bastante nerviosa. Hacía mil años que no entraba a un telo ni me acostaba con alguien que no fuese el Padre-de-mi-hijo, y a esta altura tampoco sabía si tenía tantas ganas. Encima no había tomado ni una gota de alcohol, así que tenía plena conciencia de lo que estaba haciendo. Para peor la habitación era bastante feita, de esas con espejo en el techo y luces rojas por doquier. Bien de telo berreta. En fin. Cerré los ojitos y me dejé llevar.

Se acercó y me dio un beso, y las cosas se fueron dando, de a poco, tranquilamente. Para ser la primera vez en mucho tiempo… no estaba tan mal. Me relajé todo lo que pude e intenté disfrutar. No había tanta química como me hubiera gustado y evidentemente teníamos estilos bastante diferentes…

La cosa venía bastante bien hasta el momento en que intentó penetrarme sin ponerse un preservativo. Stop. Puedo ir a un Telo con un x que no conozco a pasar un buen rato, pero de ahí a coger sin forro? Nonono. Te pones un preservativo ya o me visto y me voy. Se lo dije.

-Sin forro, no. Ponete uno.

Por suerte se lo puso, y seguimos en lo nuestro. En un momento, en la mitad del acto abrí mis ojitos y me vi reflejada en el espejo del techo, mirando el culo de un senior arriba mío, y no pude evitar notar lo bizarro de la situación. ¿Qué hago acá? y ¿Quién es éste?

Neeeext… (2)

Pero definitivamente no me atraía. No sabría decir si era por su cara de señor mayor que me chocaba un poco (no le creía ni un poquito que tenía 45) o por su discurso tan…. como decirlo? Me daba la sensación de que las mujeres que pasaban por su vida eran meros objetos decorativos y acompañantes… y yo nunca me vi en esa posición. Yo soy protagonista en mi vida, no me veo en el rol secundario en la vida de otro.

En fin. Igualmente terminamos nuestros cafés, pedimos unos tragos, y seguimos hablando un rato más, hasta que se hizo la hora de irnos y nos subimos a su auto. “Caballerosamente” se ofreció a dejarme en la parada del colectivo… (Si, qué galán!!!) Dimos unas vueltas en su auto mientras hablábamos de literatura y poesía y ponía unos temas de Luis Miguel, cosa que a mis ojos lo hacía cada vez más incogible. En un momento estacionó el auto y seguimos hablando y escuchando música hasta que se me tiró encima para darme un beso…

Me agarró totalmente desprevenida porque no lo esperaba (ni lo quería…) pero una vez más pensé, estás en el baile, ahora bailá. Cerré los ojos y lo dejé hacer. Pero no fue un beso muy agradable. Tenía una boca enorme y me babeaba toda la cara, parecía que quería comerme. Además no dejaba sus manos quietas y en un momento la cosa se empezó a poner pesada. No me estaba gustando ni un poco y el parecía diferir completamente. Intenté pararlo dos o tres veces pero no hacía caso y seguía poniéndose pesado. Empecé a asustarme un poco de su insistencia y me enojé. Le dije que parara o que me iba a bajar ahí nomas. Que en ese momento no tenía ganas de seguir con eso.

Por suerte en algún momento entró en razón, me llevó a la parada del colectivo, le di un besito y me bajé, mientras lo escuchaba decir -me gustaría volver a verte alguna vez…

-si, claro- pensaba mientras sentía el viento fresco en la cara y respiraba aliviada.

Me esperaba un largo viaje en colectivo hasta mi casa.

(des) Moro (nada)

Agosto de 2013.

Me metí en la ducha y lloré mientras el ruido del agua que caía me amparaba. Salí tragándome las lagrimas y me vestí como pude. Hacía milenios que no salía con nadie y no tenía la más mínima idea de cómo había que vestirse para salir en pleno invierno. Me puse algo que me pareció medianamente decente, me perfumé, me peiné y salí rumbo al bar de la esquina. Llegué bastante antes de la hora que habíamos acordado. Me senté, pedí un café y mientras lo tomaba y ojeaba el reloj me preguntaba ¿Qué carajo hago acá? A lo que rápidamente me respondía -Salir de ahí. En mi casa el aire era irrespirable y yo definitivamente necesitaba una bocanada de aire fresco. O pensar en otra cosa o como carajo quieran llamarlo.

El Moro llegó relativamente puntual, vestido de negro, con lentes oscuros y una gorra, que se sacó apenas llegó hasta la mesa. Era tal cual lo había visto en sus fotos. Un tipo común, flaco alto, con la cabeza rapada y una cara que no era ni fea ni hermosa.

Nos saludamos y me preguntó

-Me vas a contar que pasó que te decidiste a encontrarnos así de un día para el otro?

Lo dudé un poco antes de responderle, porque no me parecía que era el tema apropiado para hablar en una primera salida, pero siendo un poco sincera conmigo misma, no creía que pudiera hablar de otra cosa en ese momento. Apreté la garganta para no llorar, y como pude le conté los eventos de ese mismo día. Él escuchó respetuosamente intercalando algunas preguntas de vez en cuando hasta que terminé de contar.

-O sea que ésta es una cita por despecho? -Preguntó a continuación

-No… no… lo sé -dije -Si fuera así… ¿Te molestaría?

-No -dijo riendo -Sólo quería saberlo

Seguimos hablando un rato más, de otras cosas. Me contó de su hija, algo de su vida, yo le conté algunas cosas de la mía. Terminamos nuestros cafés y pedimos otros mientras seguíamos hablando. Era agradable pensar en otras cosas por un rato que no fueran las miserias de mi historia, aunque no podía dejar de tenerlas presentes a modo de nudo en la garganta. Un rato más tarde salimos y el aire frío en la cara fue una sensación muy interesante. Caminamos un poco hasta que llegamos a su auto y me invitó a subir.

Lo dudé…

47. To sleep or not to sleep? (4).

Ya había dicho que era un noche hermosa y templada de los primeros días de abril, con una luna perfecta. Elegimos una mesita afuera y nos sentamos. Debería aclarar que tengo la mala costumbre, desde chiquita, de sentarme en cualquier lado con las piernas cruzadas. No sé porqué, pero estoy cómoda en esa posición. Algo bastante inconveniente cuando una usa pollera, pero por suerte no era el caso de esa noche. Me había puesto un jean clarito, bien ajustado, una camisa negra cruzada y botas largas negras. Así que me senté, crucé las piernas arriba del asiento como era mi costumbre. En ese momento la voz de mi vieja empezó a retumbar en mi cabeza: -nena, que hacés sentada así? No ves que ni entrás en la silla? Estás acompañada, comportate como un señorita! Mierda, mamá, callate, ¿qué hacés acá? -pensé para mí. Pero era cierto, era sillas con apoyabrazos y mis piernas cruzadas no entraban del todo.

–Uh, ni me doy cuenta y ya me siento toda despatarrada, debería comportarme como una señorita, ser un poco más femenina… pero no me sale!

Dije mientras ojeaba la carta, un poco en broma, un poco en serio. En realidad poco me importa la imagen que doy, suelo hacer lo que me hace sentir cómoda, sin pensarlo demasiado. Pero la respuesta no se hizo esperar…

-Vos sentate como quieras, yo te amo igual…

Dijo sin casi darse cuenta de lo que decía. Me quedé mirándolo con los ojos abiertos como platos. Cerré la carta instantáneamente. ¿Qué??? ¿Qué me dijiste??? Pensé, pero de mi boca no salió ni una sola palabra. Ahora sí que me dejaste muda, ésta no me la esperaba. Hasta ese momento venía relajándome de a poquito, pasándola bien, disfrutando, tratando de controlar los miedos. Pero ésto había sido como un baldazo de agua fría. ¿Y ahora? ¿Qué te contesto? Decir -hace más de 24 hs. que estamos juntos y la estamos pasando divino, pero…. yo todavía no…  No. Definitivamente no. No quería ni podía decir algo así. Así que opté por callarme. Me mantuve en silencio durante un minuto o dos (aunque tal vez fueron segundos, pero se sintieron como minutos), lo miré, miré para abajo… Y volví a abrir la carta.

-¿Vos te diste cuenta de lo que me acabás de decir?

Pregunté mirando solo a la carta. No podía mirarlo a los ojos.

-Ehhh… no del todo. Creo que se me escapó…

-Ah… ok… No sé si te puedo contestar…  …¿Pedimos?…

Dije, tratando desviar la conversación hacia otros rumbos. Pero esas palabras seguían resonando en mi cabeza, y calculo que también en la suya. ¿Sería verdad? ¿Era posible? Pero si nos conocíamos hace ¡sólo una semana! Pero tambien era cierto que hacía más de un día que estábamos juntos, que habíamos dormido juntos, y que la estábamos pasando genial. ¡Mierda! ¿Qué necesidad había de arruinarla así? ¿Cómo puede ser que solo dos palabritas tengan el poder de cambiar tanto las cosas?

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del otro lado: Quedarse. Vigesimosegundos.

43. Tengo Novio (3)

Me quedé muda, mudísima. No sabía qué contestar. No podía creer que había sido tan tonta. Tenía obviamente en mi facebook una aplicación de blogs, en la que tenía seis blogs registrados, algunos que leía… y el mío. Obviamente no decía cuál era cuál pero no podía ser tan difícil, sobre todo cuando el mío tenía alguna información básica. Sin datos personales, pero psicóloga, de 30 años… no iba a ser muy difícil de deducir. Mierda, pensé. Mierrrrrrrrrda. ¿Y ahora qué le digo? No daba mentir, simplemente yo no soy así. Y además no hubiera tenido sentido. Así que no se lo negué. Solo le repetí

-Acordate que me prometiste que no lo ibas a leer.

Pero sabiendo la inutilidad absoluta de aquellas palabras. Ahora solo faltaba prepararse para lo que se iba a venir después. Esperaba que más tarde que temprano, pero en algún momento iba a pasar. Me quedé un poco preocupada, pero él parecía tan seguro cuando me decía que no lo iba a leer que me relajé. Seguimos hablando de otras cosas mientras la cercanía y la intesidad de los besos y las miradas se iba haciendo omnipresente. Nos levantamos, caminamos un poco y fuimos casi directamente hasta mi casa, hacia mi cama. Qué pasó después, no les sabría decir. Mi memoria ya no registra con exactitud la sucesión de hechos. Si podría contar que de tanto en tanto, cuando parábamos a tomar un descanso, se me quedaba mirando con un ternura y una fijeza que hubieran derretido el hielo de los polos, si es que todavía queda algo. Alguna vez, así como al pasar largó un “te quiero”, que todavía sonaba extraño a mis oídos. Era casi como un golpe en la frente que alguien volviera a usar aquellas viejas palabras. No me era natural contestarle (como hubiera debido) “yo también”. Odio decir y hacer cosas sólo porque es lo correcto, y si no me salía decirlo, todavía no lo pensaba hacer. Tampoco me daba para quedarme en silencio, y todo lo que podía contestarle era

-No me apures…

Optó por cambiar de estrategia, hubiera sido simplemente estúpido insistir. Cuando me besaba me pedía que abriera los labios y susurraba palabras dentro de mi boca. Yo no sabía qué había dicho pero podía imaginármelo. De todos modos me ahorraba la obligación de tener que contestar y eso ya era un alivio. Así que lo dejé hacer, miéntras volvíamos a empezar. Un buen rato más tarde, después de muchas idas y vueltas, caímos muertos los dos sobre la cama. Transpirados y agotados, pero relajados, con mucho sueño. Se había hecho muy tarde y la verdad, después de todo lo que venía pasando, y visto y considerando nuestro reciente “noviazgo”, no me daba para volver a echarlo de casa, como venía haciendo hasta ahora, sutilmente. Debería decir que para mí, llegar a dormir con alguien es todo un evento. Sencillamente me parece algo muchísimo más íntimo que el sexo en sí. Lavarse los dientes, ponerse un pijama viejo, escucharse los ronquidos y levantarse a la mañana con los pelos parados y mal aliento… Me daba verguenza! Encima las últimas veces que lo había intentado no había podido relajarme ni pegar un ojo en toda la noche… Por eso lo venía postergando, pero esa noche… era distinto. Dije, entre dudas:

-¿Te querés quedar a dormir?

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