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69. Another Friday Night

Viernes 25 de enero de 2008.

Como era de esperarse Damián no volvió a dar señales de vida en toda la semana. De hecho nunca volví a saber de él. Pero llegó el viernes a la noche y ya se nos estaba haciendo costumbre, la previa en mi casa y luego al boliche de siempre. Esa noche salimos solas, Caro y yo. Tomamos algo en casa y salimos, muertas de risa caminando hasta el boliche, como siempre. Caro es bastante más alta que yo, y le gustan los altos, así que ya se me había hecho costumbre señalarle los altos que nos cruzábamos, a ver si alguno le gustaba. Y esa noche había uno, alto, que estaba bastante bien. Se lo mostré y le gustó. Así que estuvimos ahí un rato, lo miramos, él miraba también. Pero no hacía nada. Dimos una vuelta por ahí y cuando volvimos, otra vez las miraditas, que van y que vienen. Al rato lo vemos con una chica, una colorada, bastante linda. Pero el flaco seguía mirando y a Caro le gustaba. Así que nos fuimos hasta la barra del fondo a buscar una servilleta. Anotamos el teléfono y el nombre de Caro y volvimos. Esperamos que se fuera a la barra y dejara a su chica por un rato, y ahí me acerqué y tratando de vencer mi timidez le dí la servilleta en la mano. Solo le dije:

-Te lo manda mi amiga.

Me miró sorprendido y me fui, muerta de verguenza. Al rato se acercó a preguntarme quién era mi amiga y se la presenté. Dijo que esa noche estaba acompañado pero que la llamaba mañana así arreglaban para verse. Caro estaba contenta, pero a la vez molesta. Era incómodo verlo ahí con su chica. Mientras tanto un grupo de 4 o 5 flacos se acercaron con una botella de champagne y muchas copas.

-Chicas, ¿Quieren Champagne?- dijeron

-Sí, gracias-

contesté, y empezamos a hablar y bailar con ellos. Eran simpáticos. Mientras uno de ellos acariciaba el gato que tengo tatuado en la espalda, casi como si fuera real, yo me entretuve hablando con un morocho, no muy alto. No era muy lindo, pero era simpático, y tenía una linda sonrisa. Hablamos, bailamos y terminamos dándonos unos besos, un rato. Hasta que me cansé y me fui. Caro ya se había ido, a ella no le caían muy bien. Por el camino alguien me agarró de la mano, ni recuerdo quién era. Bailamos un rato y nos dimos unos besos también, pero me fui. Estaba buscando a Caro y la encontré en la otra punta de la pista, bailando…

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68. Damián -el pendejo- (4)

Al día siguiente me desperté con el sol en la cara, con el maquillaje corrido, la ropa arrugada, y de muy mal humor. Miré mi celular: ni una llamada perdida, ni un mensaje de texto. Debían ser las nueve y algo de la mañana. No hay nada que odie más en el mundo que el hecho de que me dejen plantada. O sí, peor es todavía que me dejen plantada y no digan ni a. Pero no puedo ser tan egocéntrica, pensé para mí. ¿Mirá si le pasó algo? El amigo me dijo que salió para acá… Ahora que lo pienso sonaba a verso, pero y si no? Mientras me preparo el desayuno, le mando un mensaje. Escribo:

-Anoche te estuve esperando un rato largo. ¿Qué pasó???

Un rato largo más tarde, recibo una respuesta.

-Soy Mariano, el amigo de Damián. ¿No llegó a tu casa? Acá no está…

¿Quéee? ¿Estos dos me están tomando el pelo o en serio pasó algo? Me empecé a preocupar. ¿Qué carajo te importa? Me hubiera dicho mi amiga Caro, pero me importa. Soy así. Le contesto:

-Che, me dejas preocupada. ¿Me avisás si sabés algo? Gracias.

Y me quedé pensando. Y dudando. Mi intuición me decía que era puro verso. Que esos dos estaban por ahí cagándose de risa. Que le habría caído la novia, o le dió paja viajar o cualquier otra pelotudez… pero las dudas no me dejan vivir en paz. ¿Y si…? Maldita costumbre que tengo de no hacerle caso a mi intuición. Un par de horas más tarde, nuevo mensaje de texto:

-Me acaba de llamar Damián. Dice que salió para tu casa y lo asaltaron por el camino. Que fue a hacer la denuncia y lo demoraron mucho. Que perdió la dirección de tu casa y no tenía el celu para llamarte.

Mmmmm… Será cierto? Respondo.

-Ok Mariano, gracias por avisarme. Besos.

Y nunca se volvió a contactar conmigo. Ni yo con él. Con lo que odio quedarme con las dudas…

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67. Damián -el pendejo- (3)

Suena mi celular: Damián. Atiendo. Me habla con voz melosa

-¿Cómo estás bombón? Recién salgo de la ducha. ¿Ya pensaste una propuesta para hacerme?

Contesto

-Che, no seas vueltero, las cosas están claras por acá. Estoy sola, tengo una botella de vino tinto. Si querés te venís, traés el aceite de masajes y vemos que onda.

-Uh, pero se me complica, estoy con mi amigo acá que se va a quedar a dormir, estábamos por ver una peli y tomar un Fernet, no te querés prender?

-La verdad que no, ya te lo dije. Prefiero que nos encontremos vos y yo nomás. Ni te conozco y me propones algo de a tres??

-Pero no seás malpensada, linda, es solo para ver una peli…

-Bueno, no gracias. No voy a ir para allá, no quiero ver una peli, ni siquiera me gusta el Fernet! Lo dejamos para otro día si querés, no hay drama.

-No bueno, pará, dejame ver qué hago. Te llamo en un rato…

-Ok, besos.

Corta. Me meto en la ducha por las dudas, mientras espero su respuesta. La verdad a esta altura me daba igual que fuera un histérico, que estuviera por casarse o que tuviera 5 hijos. Se me había metido en la cabeza y quería sacarme las ganas. Salgo de la ducha y veo un mensaje de texto.

-Pasame la dire, voy para allá.

Se la paso mientras me cambio, me maquillo, me seco el pelo y espero. Vive en nuñez, yo en Palermo, no puede tardar mucho.

Sigo esperando, mientras ordeno mi casa, me perfumo, me cambio los aros. Pongo música. Y sigo esperando. Miro el celular, ningún mensaje. Me tiro en la cama a leer, mientras espero, ya no se qué más ordenar. Ya eran casi las once de la noche, le mando un mensaje

-¿Te espero?

Si hay algo que odio, pero con toda mi alma, es que me hagan esperar. Si yo puedo bañarme, cambiarme, maquillarme y estar divina con la casa ordenada y esperándolo en menos de 45 minutos, lo menos que espero es que el otro no tarde más de una hora en recorrer un trayecto que como mucho, toma 30 minutos de viaje.

Pero nunca respondió. Unos 25 minutos después, cansada de esperar, lo llamo. Llamo a su celular. No contesta. Espero 5 minutos y vuelvo a intentarlo. A la tercera me atiende su amigo.

-Mmmhmmm… ¿Cómo, no llegó? Damián salió para allá hace rato, yo estaba durmiendo… se debe haber olvidado el celu acá…

Le pido disculpas por despertarlo, y ya de un humor horrible me tiro en la cama a leer y esperarlo un rato más, pensando que tal vez se retrasó…

Y ahí, vestida y maquillada, sin darme cuenta, me quedé totalmente dormida…

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66. Damián -el pendejo- (2)

Lunes 21 de enero de 2008, 21.30 hs, aprox.

Recibo un mensaje de texto, número desconocido.

-Hola bombón, cómo andas?

¿Quién será? Pienso. Recuerdo que le dí mi número a Damián, pero él no me dió el suyo. Tenía que ser él.

Respondo

-Bien, vos? Cómo estuvo ese viaje?

Arriesgo, usando los datos que me dió su amigo el médico. ¿Y si no era él?

-Bien, volví hace un rato, querés hacer algo?

Era él, menos mal. Hubiera quedado como una estúpida si era otro! Contesto:

-Bueno, puede ser! ¿Qué se te ocurre?

Esto ya se estaba volviendo un chat, por teléfono. Medio pesado, pero tenía que seguirle el juego, si tenía ganas de verlo. Y tenía. Me contesta

-Estoy con un amigo, porqué no buscas una amiga y vamos a tomar algo los cuatro?

Uhhh. Esto empezaba a no gustarme. A todo esto eran ya las diez de la noche, de un lunes! Medio complicado. Por razones obvias, no podía contar con la arquitecta. La colo y la morocha viven lejos. Caro trabaja temprano a la mañana. Dificil de coordinar con tan poco tiempo. Además yo quería verlo a él solo! Ahora se le daba por hacerse el difícil…

Contesto:

-Un lunes a esta hora lo veo difícil. Si querés arreglamos para otro día con más tiempo…

Otro mensaje suyo

-Estaría bueno hoy, y si salimos los tres?

¿Los tres? ¿Este caradura me esta proponiendo enfiestarme? ¿O yo soy muy mal pensada? Sé que soy mal pensada, pero realmente no da, salir sola con dos flacos, aunque solo sea a tomar una cerveza, es muy raro! Además si quiere verme, no necesita un guardaespaldas…

Contesto:

-No. De a tres no da. Yo estoy sola en casa, si querés venite y tomamos un vino…

Y sigue el chat:

-No puedo, estoy con mi amigo acá. No querés venir a casa y vemos una peli?

Ahh bueno, otro cómodo. Yo tengo que ir a tu casa para ver una peli con tu amigo? No… esto ya es demasiado. Me pongo firme.

-No, te dije que de a tres no me va. Y no voy a ir a tu casa.

Contesta:

-Bueno, bombón, no pienses cualquiera, era solo para ver una peli. Me voy a dar una duchita que recien vengo del gym, acá tengo un aceite para masajes …fijate si se te ocurre algo. Espero tu propuesta!

Esto ya era el colmo de la histeria. Resulta que ahora las propuestas las tengo que hacer yo! Y encima me calienta la cabeza por mensaje de texto… Le escribo, ya un poco enojada:

-Es simple. Yo estoy en casa, sola. Si tenes ganas venite y sino lo dejamos para otro día. No tiene porqué ser tan complicado!

Al rato, llamada entrante: Damián…

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65. Damián -el pendejo-

Por supuesto que ese sábado no me pude dormir. Estuve dos horas dando vueltas en mi cama, sintiéndome una boluda, revolviéndome entre la culpa y las ganas. Hasta que se hizo la hora de ir a trabajar. Me levanté, me cambié como pude y salí. Ese día no recibí mensajes, ni llamados de Damián. Tampoco se contactó en toda la semana. Cada día que pasaba me sentía más boluda. Llegó el viernes otra vez, y volvimos a ir a bailar con mis amigas al mismo lugar. Miré para todos lados con la ilusión de volvérmelo a encontrar, pero no lo ví. Si ví a sus amigos, en la pista. Los saludamos, el médico preguntó por la arquitecta, pero ella no estaba con nosotros esa noche. Seguimos bailando y hablando con ellos, mientras el médico intentaba encararme a mí y a alguna de mis amigas, infructuosamente, ya les conté que era bastante feito. Le pregunté por Damián, para ver si venía.

-No, no viene hoy, está de viaje, creo- me dijo.

-Es un pirata, tu amigo.

Le digo, tirándole un poco de la lengua, a ver si me daba algo de información. Y su respuesta me dejó muda.

-Sí, es un pirata, un caradura. Se está por casar, no te contó?-

Chaaaaaaaaaaan.

Eso no era exactamente lo que esperaba escuchar!

Puse mi mejor cara de pelotuda, y tratando de reponerme del golpe que acababa de recibir, me hice la superada. Me reí, y le dije, redoblando la apuesta

-Sí, claro que me contó. Decile que me llame para la despedida de solteros…!!

Y me fuí, todavía sorprendida de las cosas que era capaz de decir…

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63. Friday Night

Ese mismo viernes volvimos a salir. Nos juntamos en mi casa La Colo, La Morocha, Caro y yo. Tomamos un vino, o dos y enfilamos hacia el boliche, que ya se nos estaba haciendo habitual. Esta vez no vino La Arquitecta, que andaba por ahí haciendo de las suyas con algún caballero. Apenas entramos nos cruzamos con el médico, amigo de Damián (el pendejo) que nos preguntó por la arquitecta, le contamos que no venía y seguimos charlando un rato. Estaba ahí con su grupo de amigos, Damián incluído. Bailamos. Damián estaba bailando atrás mío, casi espalda con espalda. Cada vez más cerca, su espalda de la mía, y así sin mirarnos, ni tocarnos, ya se sentía que había mucha piel. En un momento me agarra la mano y me saca a bailar. Me sorprendió: bailaba muy bien, y me sabía llevar. Me gusta mucho bailar y me seducen mucho los hombres que saben cómo hacerlo. Y mientras bailábamos me clavaba sus ojos azules en los míos, fijamente. Hablamos un poco, me contó que era ingeniero, que tenía veintipocos y no recuerdo que otras cosas, pero no era de hablar mucho. Me estaba gustando y me empezaba a poner incómoda el hecho de pensar que tan solo una semana atrás había estado con La Arquitecta, que si bien no eran novios ni ella era mi íntima amiga… bueno, era raro. Le pregunté por ella y me respondió con evasivas. Algo así como: ella no está acá… Bueno, en conclusión, con bastante alcohol corriendo por mis venas, y este morocho moviéndose cada vez más cerca de mi cuerpo con sus ojos azules clavados en los míos, mis planteos éticos empezaban a flaquear. Así fue como terminamos a los besos, en el medio de la pista. Para peor los besos estaban de lo más interesantes, había mucha química entre nosotros. Me estaba gustando cada vez más el jueguito. Pero se hacía tarde y era hora que irme, en pocas horas tenía que entrar a trabajar. Le dije que me iba y me acompañó hasta la puerta, me pidió mi teléfono, e insistió en que nos fueramos juntos. Debo confesar que me moría de ganas, pero por uno u otro motivo le dije que no. Quería dormir unas horas antes de ir a trabajar y pensé que sería mejor vernos en la semana, más tranquilos. Insistió un rato más hasta que me fui. Quedamos en vernos esa semana, que él me llamaba. Me fui hasta mi casa caminando sola, pensando que todavía podía dormir una horita o dos antes de ir a trabajar. ¿Uds creen que me pude dormir…?

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56. El del Barquito, Parte 2

6 de Enero de 2008

Al día siguiente voy a trabajar casi sin dormir, ya se me estaba haciendo costumbre. El trabajo en un call center los fines de semana es escaso, solitario, y aburrido, y yo siempre me las arreglaba para tener acceso al msn de alguna manera (a pesar de estar bloqueado) para no morir de sueño y aburrimiento. A la tarde la veo conectada a La Arquitecta y le pregunto qué onda con el pendejo. Me cuenta que la acompañó hasta la casa, que se dieron un par de besos y el flaco empezó a insistir en que lo invitara a “desayunar” en la casa. Que el flaco le gustaba pero que algo no le cayó bien, tal vez la insistiencia, tal vez ella no tenía ganas, y le dijo que no. Quedaron en hablar para verse en la semana, intercambiaron teléfonos y se fue, no sin antes insistir un rato más. Que un poco se quedó con las ganas, pero en el momento le pareció que no daba. Y no es que ella fuera muy prejuiciosa, en general, acerca de si está bien acostarse o no la primera vez, más bien eso le parecía una pelotudez (como a mí). Pero si uno no lo siente, no da. En eso estamos de acuerdo. Al rato me manda un mensaje El del barquito, para ver si nos veíamos esa noche. Le contesto que sí, pero que me deje dormir un rato cuando vuelvo del trabajo, que estaba muerta. Quedamos para esa misma noche, a eso de las 22, me pasaba a buscar. Así que terminé mi aburrida jornada laboral y me fuí a casa, donde apague el celular y me desmayé en la cama. Dormí un par de horas, me duché, me arreglé (poco, como siempre, poco maquillaje, ropa interior apropiada, remera escotada, tacos) y ya estaba lista para salir. Él llegó, menos impuntual que la otra vez, subí a su auto y partimos, esta vez con rumbo a su barquito, sin escalas…

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55. Casualidades (2)

Como bien me recuerda La Morocha, a veces la memoria nos traiciona, y hay datos en el último post que no son exactos. (Como debe haberlos en todos, seguramente). Esa noche habíamos salido en realidad La Morocha, La Colo, La Arquitecta y Yo. No recuerdo si Caro no vino o se fue más temprano. La Arquitecta no conocía todavía a la colo y la morocha, se conocieron esa noche y creo que no se cayeron del todo bien, por lo que no volvimos a salir todas juntas. Pero esa noche, ahora recuerdo, estabamos bailando las cuatro, antes que apareciera El del Barquito, y empezamos a hablar con un grupito de amigos. Uno de ellos era médico y estaba tratando sin éxito de levantarse a la arquitecta. Nosotras no teníamos ojos para otro. Uno de sus amigos a quien luego de pensarlo mucho, voy a llamar por su nombre, (se lo merece por lo que pasó después, ya lo verán). Estábamos hablando de Damián, un morocho, con unos ojos azules impresionantes, muy simpático y que además sabía bailar. ¿Qué más se puede pedir? Pobre, el médico era muy simpático pero bastante feito y con ese bombón al lado era dificil que le prestaramos mucha atención… Damián estuvo coqueteando con todas, pero finalmente se fue con la arquitecta. Mientras tanto yo ya había saludado a El del Barquito con lo cual no me quedaba otra que portarme bien esa noche. Si, puedo ser bastante perra si quiero, pero si hay alguien que me conoce y me puede ver, no da. En fin. Mientras tanto La Morocha estaba hablando con un canadiense muy simpático que estaba de vacaciones, aprovechamos para reirnos un rato y practicar el inglés… y la colo… seguro la colo se había encontrado con su “cacho de carne” como lo llamaba ella. Un profe del gimnasio con el que a veces se juntaban a tener unas clases muy particulares, pero que cada vez que se lo cruzaba en el boliche se hacía el lindo y no le daba mucha bola..

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