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75. Calavera no chilla…

Sábado 26 de enero de 2008

Llegué a trabajar como pude, muerta de sueño, pero relajada y de buen humor. Me había ido en mini de jean y musculosa, con unas ojotas, lo más cómoda que pude. Pero estaba tan dormida que me olvidé de llevarme un abrigo, y eso era una heladera! Asi que me tuve que quedar las seis horas desabrigada y sin dormir. Fue un día largo y aburrido. Los clientes rompieron las bolas como de costumbre, con puras pelotudeces. ¿A quién se le ocurre llamar al call center de un banco un sábado a la mañana? Manga de zanganos, consíganse una vida!!! (Jajajaa… y eso que dije de buen humor!!! Sepan entender, la vida de empleado de call center es un tanto frustrante, más cuando uno tiene su profesión, pero todavía no puede vivir de eso) A la tarde le mandé un mensaje al gallego como me lo había pedido, deseándole un buen viaje, y pasándole mi mail. Pero sabía que no iba a volver a verlo y tampoco me preocupaba mucho. A los pocos días me escribió, e intercambiamos un par de mails y algunas charlas por msn, pero nada más. Mientras tanto El Alto y El del Barquito aparecían cada tanto con algun mensajito, pero no les dí mucha cabida. Con El del barquito habíamos quedado en salir por esos días, pero la verdad, se me habían pasado las ganas y empecé a inventar excusas o directamente a no atenderlo. Fue divertido, pero el sexo no era maravilloso y la charla francamente olvidable…  ¿Para qué insistir?

Por suerte faltaba poco para las vacaciones que habíamos planeado con La Colo, me hacía falta un descanso urgente. Esta vida de trasnochados no es para treintañeros!! Esa noche por supuesto, nada de salidas, caí desmayada hasta el domingo, que sonó el despertador para ir a trabajar otra vez… y encima empezaba a dolerme la garganta…

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62. Alta Salida (4)

¿Qué linda estás? ¿Eso es todo lo que me iba a decir? Hubiera preferido escuchar algo así como: La próxima va a estar mejor, es que me calentás mucho, o me ponés nervioso, o alguna otra explicación, por más estúpida que fuera. Lo que más me estaba preocupando de su silencio era, primero, que ni hubiera registrado que me dejó en la mitad, y segundo, que si no decía nada era porque eso era lo normal para él. Y ahí si, estábamos en problemas! ¡Me muero de la angustia de sólo pensarlo! Se acostó en la cama conmigo y nos quedamos en silencio un rato, yo tratando de no matarlo…  Al rato me dijo que se tenía que ir, porque al otro día trabajaba temprano, y que la próxima vez tal vez se podía quedar a dormir. What???? -pensé- vamos por partes, ¿quedarse a dormir? ¿de qué estas hablando willis? y ¿qué te hace pensar que va a haber una próxima vez?? ¿Si ni siquiera te tomás la molestia de volverlo a intentar? Todo eso lo debo haber pensado en una décima de segundo (a veces mi cabeza va más rápido que mis palabras). Creo que solo atiné a decir:

-¿A dormir???

Silencio.

-¿Te molestaría?

Me preguntó. Y como explicarle… ¿Cómo explicarle que para mí dormir con alguien es mucho más íntimo que tener sexo? Qué para eso sí necesito mucha confianza y ganas? Qué para mí eso implica más compromiso? Qué no quiero que usen mi casa como un hotel? Qué no estoy buscando un novio? La verdad es que ni siquiera sabía si quería volver a verlo, o volver a estar en una cama con él, todavía estaba un tanto molesta por lo que acababa (o no acababa) de pasar. Así le dije sin anestesia:

-La verdad es que preferiría que no. No sé si quiero dormir con alguien todavía. Lo otro lo vemos, pero a dormir, prefiero que no. Te llamo un taxi si querés.

Le dije, sintiéndome una perra, pero siendo muy sincera. Se rió. No sé si le gustó mucho lo que le dije pero tampoco me importaba tanto. Hablamos un rato más mientras nos vestíamos, se quedó mirando mi biblioteca y comentando mis gustos literarios. Me pidió prestada una novela de Eco, y se la dí (mal hecho, con lo que amo mis libros). Lo acompañé hasta la puerta y se fue, no sin antes decirme que tenía ganas de volver a verme. A lo que debo haber contestado algo así como:

-ahá, hmmm, bueno lo vemos…

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61. Alta Salida (3)

Ya en ropa interior, lo invité a pasar a la habitación para terminar lo que habíamos empezado. Seguimos con las caricias, cada vez más interesantes. Nos sacamos la poca ropa que nos quedaba mientras seguíamos tocándonos, hasta que me dijo algo que me dejó muda por un segundo o dos. Dijo algo así como “¿No me la chuparías un ratito?”. Nunca había escuchado una frase así dicha en voz alta. Sonaba taaan ridículo. Y no pude evitar pensar: esas cosas no se piden, no con palabras, al menos. Pero bueno, pensé, estás en el baile: bailá! Y así lo hice. Lo hice lo mejor que pude, hasta que me pidió que pare. Lo esperé mientras se ponía un preservativo. Tenía un miembro de tamaño normal, pero de un ancho considerable: interesante -pensé-. Después se acercó despacio me acarició un poco y me la metió. Empezamos a hacerlo, él arriba mío, moviéndose lentamente al principio, luego con un poco más de intensidad. Traté de relajarme y no pensar, y ya estaba empezando a disfrutarlo cuando de golpe se quedó quieto. ¿Ya está? – pensé para mis adentros-, pero no dije ni una palabra. Silencio total. Y esperé. Esperé haberme equivocado y que fuera solo una pausa en medio de un placentero desenlace. Pero no fue así. Se quedó quieto unos instantes y luego se separó de mi, para levantarse y sacarse el preservativo. Fue al baño a lavarse. Y yo seguía muda, sin decir una sola palabra. Esperando. No tenía un cronómetro a mano pero dudo que eso haya durado más de cinco minutos… Volvió y se acostó en la cama conmigo, acariciándome lentamente y mirándome. Yo seguía esperando una palabra, una pregunta, algo. No digo que me pidiera disculpas, pero era mucho pedir que lo registrara? Mientras me acariciaba la espalda, me miró fijamente y finalmente abrió su boca y dijo: Qué linda que sos. No era eso lo que yo esperaba escuchar…

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60. Alta Salida (2)

Amigas: FELÍZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER!!!

continúo:

…Número desconocido: atiendo. Una voz también desconocida. Pregunto quién habla, me dice su nombre: era el señor canoso que conocí el día de año nuevo. Ya me había llamado alguna vez, y había dejado mensajes en mi contestador, que no respondí. No me interesaba volver a verlo. Le dije que gracias por llamar, que en ese momento no podía hablar y que en todo caso lo llamaba yo. Me dijo que le gustaría verme y que podía pasar por su casa y tocarle el timbre cuando quisiera. O llamarlo. OK, contesté, quedamos así, besos. Y corté.

El Alto se me quedó mirando. Le expliqué la situación y se rió, -estás tremenda- me dijo, y seguimos cenando y tomando vino. Era un vino tinto bastante rico, no recuerdo cuál. Nos terminamos toda la botella y las cosas ya empezaban a resultarme graciosas. Salimos y empezamos a caminar. Me besó en la calle. Yo no sabía como responder, pero siguiendo mi filosofía del “porqué no?” me dejé llevar. Literalmente, me dejé llevar. Subimos a un taxi y llegamos a mi casa, donde él tenía que subir con la excusa de buscar su bolsito. Subimos y siguieron un par de besos en el living, que se fueron poniendo cada vez mas intensos. No sé si fue el vino tinto o que realmente quería probar cómo sería estar en la cama con él, pero ya me estaban dando un poco de ganas. Pero no estaba del todo segura. Le dije que no. Paramos un segundo, o dos. Pero al rato insistió, y ya estabamos en el living con poca ropa, sobre el sillón, acariciándonos, y no pude negarme más…

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59. Alta salida

10 de Enero de 2008

Esa semana, después de la noche rara con El del Barquito, recibo varios mensajes de texto. Eran de El alto, que insistía en que cenaramos juntos. Iba a decirle que no, pero lo pensé bien, y no encontré motivos para negarme, además él me ponía nerviosa y yo quería averiguar porqué. Finalmente le dije que sí, con la condición de que no fuera en su casa, ni en la mía. Quedamos en que ese jueves me pasaba a buscar para ir a comer afuera. Pasó por mi casa a la tarde cargado con un bolso enorme. Venía de hacer guardia en la comunidad terapéutica en la que él trabaja (dónde terminaría yendo a una entrevista un buen tiempo después). Bajo a abrir la puerta para salir y me pide si puede dejar el bolso en mi casa, para no estarlo cargando. Buena excusa -pensé para mis adentros- y subimos. Dejamos el bolsito y volvimos a bajar. Era una tarde hermosa y empezamos a caminar. Él quería ir a una parrilla medio alejada de mi casa, así que a mitad de camino ya se hizo de noche y nos subimos a un taxi, hasta el lugar. Era una parrillita modesta, pero con buena pinta. Nos sentamos, pedimos (pidió él en realidad, y a mí me encanta que elijan por mí a veces) un vino tinto, ensalada, y varios cortes de asado. Comimos, tomamos vino, charlamos. Su mirada seguía poniéndome nerviosa, a pesar que seguía viéndolo bastante feo, pero a veces el vino ayuda.

En medio de la cena suena mi celular…

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53. El regreso de los muertos vivos (3)

Después de esa breve historia en mis años de estudiante universitaria, El Alto y yo cruzamos algunos mensajes de texto y algunas conversaciones via msn, durante los años que siguieron. Yo empecé a salir con el músico, después él se fue a vivir con su novia, yo me peleé con el músico y empecé a salir con el enfermito. Durante este tiempo hablabamos esporádicamente como amigos, pero siempre con una cierta tensión implícita, y varias veces quedamos en ir a tomar una cerveza por ahí, aunque yo siempre me hacía la tonta. Finalmente, luego de separarme me manda ese mensaje de texto, recordándome la salida que teníamos pendiente. Y ya no había excusas para decir que no. Habían pasado ya casi 8 años, las cosas debían ser diferentes de una manera u otra, ¿Porqué no probar? Salimos entonces una tarde de esa semana a tomar la dichosa cerveza. Fuimos a un barcito por mi barrio, con mesas afuera, tomamos, hablamos, nos pusimos al día con la vida de cada uno. Los dos nos recibimos hace bastante y estamos tratando de insertarnos en el mercado laboral con más o menos dificultades, ambos nos separamos de nuestras parejas. Hablamos de peleas, de ex novios, de pacientes, de trabajo, de amigos en común, de la familia. Nos divertimos, pero yo seguía sintiendo esa tensión. Él me miraba con cierta intensidad que me incomoda, sigo siendo un poco tímida en el fondo. Cuando se hizo tarde decidimos irnos del bar, me acompañó hasta la puerta de mi casa, él se iba después para otro lado. Durante el camino me contó que le gustaba cocinar y propuso cocinarme algo rico en su casa otro día. No supe que responder. Ir a comer a la casa de alguien, antes de saber si quiero acostarme con esa persona me incomoda. Díganme mal pensada, pero cena y vino en mi casa a mi me suena a sexo delivery. Y la verdad, no estaba tan decidida. Le dije  -…si, bueno, lo vemos, no sé- o algo así, y seguimos caminando. Al llegar a la puerta de mi casa nos despedimos, quedamos en volver a hablar, yo ya estaba poniendo la llave en la cerradura después de darle un correcto beso en la mejilla, cuando lo escucho que me llama. Me doy vuelta y no me dió ni tiempo a decir -qué-, ya me estaba encajando un tremendo beso en la boca. Nos quedamos unos instantes besándonos, hasta que me separé, dije alguna estupidez, como suelo hacer cuando me pongo nerviosa y me fui. Subí a mi departamento con un gran signo de pregunta en la cabeza. Y ahora…?

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52. El regreso de los muertos vivos (2)

(Alguna noche de noviembre de 2000…)

Esa noche nos dimos unos besos y no pasó más nada. Yo era chica y muuy tímida, y además tampoco me dieron ganas. Era un buen amigo, y me caía bien, pero no me calentaba. Salimos un par de veces y la cosa seguía más o menos igual, teníamos charlas maravillosas, muchos besos, pero nada más. De cada salida, para peor, volvía con tortícolis. Darle un beso era una odisea, el medía un poco mas de 1.90 y yo apenas 1.60 y algo. Aún con tacos y parada sobre un escalón seguía siendo muy alto. Fuimos a tomar algo un par de veces, y hasta alguna vez lo convencí de que me acompañara a una clase de tango. Pero nada cambió. Cuando me llamaba nos quedabamos un buen rato hablando por teléfono, pero a veces no tenía ganas de atenderlo, porque sabía que me iba a preguntar cuando nos veíamos, y yo no sabía que decir. Hasta que un día le dije. Le dije que creia que a mí no me pasaba lo mismo que a él. Se me quedó mirando con cara rara, y me dijo: -pero vos pensas que yo estoy enamorado? No, yo no pensaba eso, pero sabía que no iba a poder seguir estirando la cosa sin pasar por la cama, y la verdad, seguía sin calentarme. Decirle eso me parecía una crueldad injustificada, sobre todo, porque me caía bien, y nos íbamos a seguir cruzando en la facu un tiempo más. Así que balbuceé una sarta de incoherencias que ya no recuerdo, y quedamos en no volver a salir y seguir siendo amigos. Al poco tiempo yo empecé a salir con El Músico (una historia que por ahora, no merece ser contada, ya veremos más adelante) y nos seguimos cruzando en la facu, como “amigos”. Aunque siempre me ponía algo nerviosa al hablar con él…

¿Porqué será que hay gente que no nos calienta pero nos pone nerviosas? ¿Nunca les pasó?

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51. El regreso de los muertos vivos

1º semana de enero de 2008

Esa semana recibo un mensaje de texto que decía algo así: “Feliz año nuevo, D. ¿Porqué no nos tomamos esa cervecita que venimos posponiendo hace tanto? Besos.” Al Alto, quien mandaba el mensaje, lo conocí cuando estudiaba en la facultad. Fuimos compañeros de algunas materias, y salimos un par de veces. Pero eso fue hace mucho tiempo, antes de conocer al Enfermito y antes de mi novio anterior, El Músico, con el cual también salí tres años. Así que si hago bien las cuentas, fue por lo menos 7 años atrás. O más. Cursabamos una de esas materias aburridísimas, en las que hay que hacer un trabajo grupal interminable. El grupo lo habíamos armado con una amiga mía, El Alto y un amigo de él. Fue un cuatrimestre tedioso, de reunirmos durante horas y horas a redactar idioteces sobre un psicodiagnóstico a una adolescente histérica e insoportable. Cuando finalmente lo terminamos, sentimos que necesitabamos festejar, reunirnos con fines un poco más divertidos. Justo se acercaba mi cumpleaños, asi que aprovechamos esa excusa para armar una reunión, vinieron un par de amigas mías (por esa época yo era super tímida y tenia muy pocas) y nosotros 4. Tomamos, bastante, hablamos, nos reímos. Y de a poco todos se empezaron a ir. Todos menos el alto. Me caía muy bien, pero fisicamente no me atraía. Era muy alto, demasiado para mí, (que no me caracterizo por mi gran estatura) y no me parecía lindo.  Se quedó conmigo, que ya estaba bastante ebria y nos quedamos escuchando música, sentados en el piso abrazados, mirando el amanecer por la ventana. No pasó mucho tiempo hasta que ese abrazo se transformó en muchos besos…

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