Archivo de la etiqueta: el Auto Blanco

18. El encuentro, parte 5

Ví ese auto blanco, ahi nomás, a media cuadra de dónde estábamos, y de golpe se me aflojaron las piernas. Me quedé clavada en el lugar y prácticamente me colgué de su espalda, buscando sostén. Interrumpiendo totalmente la conversación, le pregunté:

-Llegás a ver la patente de ese auto blanco de ahí?

-Ehhh? -me contestó.

No entendía mucho lo que le estaba preguntando. Avancé unos pasos más hasta que llegué a divisar la patente del vehículo en cuestión… Y respiré aliviada. No era ese auto blanco, por suerte. Por supuesto que tuve que contarle algo de la historia del enfermito, para que comprendiera mi locura temporaria. Y mientras seguíamos caminando (y yo seguía colgada de sus hombros) le conté resumidamente la historia del enfermito y mis fantasmas. Cuando terminé de explicarle me abrazó él y me dijo:

-Quedate tranquila, yo te cuido. ¿Es muy grandote tu ex?

-No…. por??

-Salvo que sea muy grandote, o profesor de artes marciales, no te va a tocar ni un pelo, si se te acerca lo cago a trompadas…

Me dijo, medio en chiste, medio en serio. Y la verdad me hizo sentir muy cuidada, creo que era la primera vez en mi vida que me sentía así. Le aclaré que no iba a hacer falta que cagara a trompadas a nadie, que mi ex estaba loquito pero no tanto, y que de ser posible se abstuviera de las trompadas porque me enferma la violencia. Pero aún así… me sentí muy cuidada. Era toda una rareza para mí…

Seguimos caminando un rato más hasta que llegamos nuevamente a la puerta de mi casa. Esa noche había quedado con una amiga para acompañarla a un cumpleaños, pero todavía era temprano, debían ser como las diez de la noche. Nos dimos unos cuantos besos en la puerta del edificio, que se iban poniendo cada vez más intensos. Y empecé a dudar. ¿Qué hacer? ¿Subir o no subir? ¿Proponer? ¿Esperar que él proponga? ¿Dejarlo para otro momento? Mientras dudaba, él se separó de mi unos centímetros y me dijo, mirándome a los ojos:

-¿Me vas a invitar a subir? ¿O tengo que usar la vieja excusa del vaso de agua??

Me reí. Pero seguía con mis dudas. Le pedí unos instantes para hablar con mi amiga y ver cómo eran los planes para esa noche. La llamé y quedamos en encontrarnos en mi casa a las doce de la noche, lo que me daba casi dos horas. Tiempo suficiente. Así que finalmente lo invité a subir, con más dudas que certezas…

Ir a Post siguiente: 19. Un vaso de agua.

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17. El encuentro, parte 4

Me corrijo: veníamos caminando y él se detuvo, me agarró de la mano y me hizo girar, media vuelta, hasta que quedamos frente a frente, mirándonos a los ojos, y ahí me besó…

Debería decir que ese beso me tomó por sorpresa. Si bien podía esperármelo de alguna manera, después de la calidez con la que me había agarrado de la mano en la mesa, de sus piropos y sus miradas cada vez más intensas, lo que todavía no tenía tan claro era qué me pasaba a mí. Me generaba sensaciones encontradas. Hacía solo un rato lo había querido matar, o simplemente irme, pero también había habido momentos en los que me hacía morir de risa, o me resultaba muy atractivo. De a ratos sentía que esa historia iba a ser difícil, pero en otros se sentía tan natural… Lo que era claro era que no me resultaba indiferente, y había en el aire un olorcito a algo, de alguna manera, distinto. Por otro lado durante la charla había surgido el tema de Brasil, y él me había contado -aunque aclarando que tal vez podría cambiar sus planes – que se volvía a Brasil el primero de Abril (ese mismo martes) y que ya tenía sacado el pasaje.

Pero volviendo al beso …me besó y yo le correspondí. No me iba a achicar ahora, y además me moría de la curiosidad. Me besó, lo besé …y me gustó. Fue un beso dulce al principio, suave, cariñoso. Yo le pasé el brazo por atrás de la espalda, él abrazó mi cintura y suavemente me acercó a su cuerpo, mientras seguíamos besándonos bajo la luz de un farol, a metros de la esquina. Y así seguimos un buen rato, no sabría decir cuánto, a veces uno pierde la noción del tiempo. Se sentía bien. El beso se fue haciendo más intenso y cada vez me gustaba más. Empezaba a quitarme la respiración. Un rato más tarde me separé de él y volvimos a mirarnos a los ojos, ahora de una manera diferente, más cercana. Seguimos caminando tomados de la mano sin rumbo por las callecitas de palermo deteniéndonos de tanto en tanto en alguna esquina, a seguir besándonos como dos adolescentes, hasta que de golpe, a media cuadra de donde estábamos, veo un auto blanco, muy familiar…

Ir a Post siguiente: 18. El encuentro, parte 5.

115. Confirmaciones

Unas horas más tarde, abro mi casilla y me encuentro con esto:

(en negrita, mis pensamientos…)

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From: elenfermito@ciudad.com.ar
To: desxxx@hotmail.com; desxxxx@gmail.com

Subject: Hola
Date: Mon, 7 Apr 2008 14:00:03 -0300

Hola como estas?

Mira te escribo para contarte que ayer termine de mudarme, me compre un departamentoQué te vas a comprar si nunca tuviste dónde caerte muerto y seguís andando con la misma chatarra inservible de auto!- en xxxxx (mi calle) al 2400.
Te escribo esto para que no pienses que te estoy persiguiendo, ni algun otro delirio. -Ningún otro delirio? Jajajaa…. ¿Cómo te habrás enterado?- De hecho no estoy viviendo solo ahi, sino con mi actual pareja.  -Cómo si a mí me importara… no te creo nada!– Solo para que lo sepas ya que, es mas que seguro, que en algun momento me cruces, a mi, a mi auto, no por mucho, pero que de momento sigue siendo el mismo.

Saludos.
Que andes bien.

ElEnfermito.

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De hecho no nos escribíamos mails desde diciembre, la ultima vez que lo mandé a la reconchadesumadre. ¡Qué casualidad! Justo ahora se le dió por escribirme, solo para que no me asuste… ¡Qué considerado de su parte!

Ahora sí que se confirmaban todas mis sospechas y no podía creerle una sola de sus palabras. Ni que se hubiera mudado, ni que estuviera en pareja, ni que se hubiera comprado un departamento. De hecho nunca le había gustado demasiado mi barrio… o al menos eso me decía. Y si tenía pareja o no, realmente me tenía sin cuidado. Ojalá, así dejaba de molestarme de un puta vez. Lo pensé un buen rato, lo consulté con mi amiga Caro, en medio de un ataque de angustia que ya casi ni me dejaba respirar. No podía quedarme quieta ni pensar. Vinieron a mi mente y a mi mano una cantidad innumerable de epítetos con los que pensaba contestarle. De hecho escribí y borré varias veces un mail, con insultos de toda calaña. Pero finalmente entré en razones e hice lo que había que hacer: no contesté. Para qué. Si era posiblemente todo mentira. No valía ni siquiera un insulto mío, y menos una demostración de interés. En lo que a mi respectaba, ese mail nunca lo recibí. Lo que sí hice fue entrar en su blog nuevamente, solo para chequear… y me encontré con la última confirmación:

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Este blog solo admite a lectores invitados.

http://www.el-enfermito.blogspot.com/

Si eres lector de este blog, cuéntanos algo de tí. Accede a través de tu cuenta de google

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¿Hace falta decir más…?

Ir a Post siguiente: 116. Demasiada información.

114. El Regreso… (5)

Unos días más tarde, vuelvo a verlo conectado. Otra vez con la imagen del gatito. Lo saludo:

Des

¿Cómo andás?

Ishido

Todo bien, vos? Terminando de mudarme…

Des

Ah… Estás en el barrio…

Ishido

Si, acá trayendo las últimas cosas. ¿Vos estas en tu casa? ¿Vamos a tomar un café?

Des

Sí, estoy en casa.

Estoy enferma, no fui a trabajar… Pero no quiero salir a la calle. Y además vos tenés novia, ya te dije…

Era cierto, estaba con faringitis por tercera vez en lo que iba del año. Tanta joda no podía ser sin consecuencias…

Ishido

Uh… pobre, ¿Te duele la garganta?

Des

Sí horrible la verdad…

Ah… No sabés lo que me pasó!

En ese momento me decidí a probar mis teorías y ver si lograba hacerlo saltar. No me banqué nunca las sospechas y menos las dudas…

Ishido

Contame…

Des

Te acordás que te conté de mi ex? Ese que estaba medio loquito?

Ishido

mmmm… si, algo me contaste…

Des

No sabés, enloqueció por completo. Hace unos días estaba con mis amigas en casa por salir, y cuando bajamos para ir al boliche… Me encuentro con su auto en la puerta de mi casa! ¿Me está persiguiendo?

Ishido

Bueno, che… puede ser casualidad, o tal vez vive por ahí…

Des

Nada que ver, vive en la otra punta de la capital. Y casualidad? Justo en la puerta de mi casa?? No creo. Y eso no es todo. Unos días antes venía en el colectivo y lo veo, justo al lado del colectivo que va para el lado de mi casa, su auto…

Ishido

Me parece que estás un poco perseguida…

Des

No, y además tiene un blog, donde escribe cosas que supuestamente son para mí. Y justo esos días escribió… ¿Querés leerlo? entra acá: www.el-enfermito.blogspot.com y fijate

Ishido

Que raro todo…

Des

Y si… yo la verdad estoy preocupada. Mis amigas me dicen que lo denuncie y la verdad lo estoy pensando. Mirá si me hace algo? No sé si no tiene copias de la llave del edificio…

Ishido

Pero denunciarlo me parece una locura! Solo por estacionar en la puerta de tu casa? Es la vía pública!

Des

Sí, pero solo iba a hacer una exposición policial, para que quede registrado…

Ishido

¿Pero no lo podes perjudicar con eso?

Des

Che… Pensé que éramos amigos. Parece que estás más preocupado por él que por mi…

Ishido

No es así, solo que no quiero que hagas una boludez y despues te arrepientas. Estas segura que se puede?

Des

Sí, ya me asesoré con un abogado amigo y me dice que está todo bien. Que lo haga por las dudas así me quedo tranquila…

Mentí, para asustarlo un poco. La verdad no había averiguado nada ni pensaba hacer una denuncia, era una locura..

Ishido

Bueno, fijate. Pero ¿no es mejor que lo hables con él? Tal vez te estas confundiendo y nada que ver…

Des

No, con él ni pienso hablar. Me diría puras mentiras. Además mirá si se confunde él. No lo llamo ni loca…

Ishido

Bueno, bueno… tengo que seguir por acá, después hablamos… Pensalo bien…

Dijo, y se desconectó. Y yo me quedé frente al monitor, furiosa, pero cada vez con menos dudas. Casi seguro era él. La angustia me desbordaba por todos los poros. Una o dos horitas más tarde recibo un mail en mi casilla…

Ir a Post siguiente: 115. Confirmaciones.

112. El Regreso… (3)

Algún fin de semana de mediados de marzo de 2008.

Seguíamos bailando y charlando con El Lento, pero no pasaba nada. Me cansé de esperarlo y me fui a bailar con mis amigas, pero él andaba por ahí, con los suyos. Cada tanto pasaba y me hacía algún comentario y volvía a irse. Un buen rato más tarde volvió y seguimos hablando un rato. Nos fuimos a sentar juntos a un silloncito. Hablamos de la vida de cada uno, de lo que es vivir solo, hasta me mostró fotos de su gato, y yo de la mía. Ya estaba empezando a hartarme de tanto blablabla. Me le quedé mirando fijamente, entre los ojos, y nada. Me acerqué un poco… y nada. No había caso, definitivamente era un Lento. Y cuando estaba a punto de levantarme e irme, me agarró de la mano y me dió un beso. Al fin! Era un beso suavecito, casi tímido, se podría decir. Estuvimos besándonos un rato hasta que le dije que me tenía que ir, al otro día como siempre (bah, en un rato…) me tenía que ir a trabajar. Se ofreció a acompañarme y se lo agradecí. Después de lo que había pasado la semana anterior casi que me daba un poco de miedo volver sola a casa. Durante el camino le conté un poco la historia del enfermito. Tuve que hacerlo cuando sin darme cuenta de lo que decía, le estaba hablando del terror que me daba encontrarme con un auto blanco en la puerta de mi casa. Y así, charlando y caminando, llegamos hasta la esquina de mi casa. Era una noche fresca, todavía no amanecía. Cuando cruzamos la calle y nos aproximamos a la puerta sentí que de golpe empezaba a faltarme el aire. Ahí, a dos pasitos adelante mío, el maldito auto blanco. Sentí que se me aflojaban las rodillas y la angustia se apoderaba de mí. Me agarré de el como pude y a las puteadas, como podía, llegué hasta la puerta de mi casa. Casi sin poder hablar me senté en los escaloncitos de la puerta y le hice señas para que se sentara al lado mío.

-Es ése EL AUTO…

Le dije, señalando a la esquina en cuanto pude articular palabra. Todavía con las rodillas temblando, no estaba en condiciones de subir a mi casa. Nos quedamos ahí, hablando. Me pidió que le contara un poco más de la historia, de cómo habíamos llegado a esto pero no se si se habrá entendido algo, no estaba muy lúcida en ese momento. Lo que si creo que se entendió fue que estaba angustiada, que en ese momento odiaba a mi ex más que a nada en la tierra, pero que no podía hablar de otra cosa. Pobre El Lerdo, no le dí mucha bola, solo lo necesitaba ahí para acompañarme en ese mal momento. Se quedó un rato más dándome charla.

-¿Será que se mudó por acá? ¿Estará saliendo con alguna vecina? ¿O sólo se viene hasta acá para molestarme?

Me preguntaba yo, en voz alta.

-¿Él vive lejos? -me preguntó.

-Hasta donde yo sé, vive con su mamá en la otra punta de la capital, pero no sé que puede haber pasado en estos meses, supuestamente se iba a quedar en España, pero yo ya no le creo nada. -contesté.

-Vos decime el nombre y apellido completo de él y yo te averiguo… -dijo él.

– … ¿Qué??

-Que me des los datos de él y te averiguo… -repitió.

-¿Qué querés averiguar???

Le pregunté, cada vez más angustiada. Yo salgo de un loquito y caigo en otro, pensaba…

-No sé, lo busco a ver que sale, si trabaja, si se mudó, si vendió el auto… -contestó él como si nada.

-Nooooo… te agradezco, prefiero que lo dejemos así. Gracias por acompañarme. Me voy a dormir…

Le contesté. ¿Que quería decir “yo averiguo”? ¿A que tipo de información tenía acceso este flaco? La verdad no lo conocía, y por más que odiara al enfermito no le iba a dar sus datos a alguien que no conocía…

-Ok, ¿me das tu mail? -me preguntó.

Se lo dí y me fui a dormir, o a intentarlo al menos…

Ir a Post siguiente: 113. El Regreso… (4).

111. El Regreso… (2)

Esa noche como contaba no pude relajarme, ni siquiera ingiriendo cantidades exageradas de alcohol. Intenté la mezcla pero nada me hizo efecto, así que me cansé y me fui a dormir. Tampoco me resultó facil, pero finalmente lo logré. Unos días más tarde recordé que hace unos meses El Enfermito me había enviado la dirección de un blog en el que supuestamente escribía para mí. No había vuelto a ingresar desde noviembre, pero se me ocurrió que podía haber escrito algo que me confirmara o descartara algunas ideas. Busqué la dirección e ingresé. En aquella época yo no tenía ni la menor idea de lo que era un Blog, pero entré y leí con mucha curiosidad y un poco de morbo. Lo que el posteaba eran poemas más o menos horrorosos (debería aclarar que me rompe la paciencia la poesía, y más cuando la escritura es retorcida y complicada) en castellano y algunos en inglés y hasta alguno en un intento de francés. No me gustaba, sonaba muy pretencioso. En fin. Encontré exactamente lo que buscaba. Cerca de la fecha en la que lo había visto al lado del colectivo encontré un poema titulado “la puerta azul” o algo por el estilo, en el que contaba algo así como que había estado dando vueltas por ese barrio en el que había sido feliz, pasando por esa puerta por la que había entrado y salido tantas veces y “le pareció verse salir de ahi, todavía enamorado” y blablabla…. Y unos días después de aquel incidente de la puerta de mi casa salía publicado otro poema bastante incomprensible, pero en el que lo único que se llegaba a entender era que le hablaba a una mujer, a la que insultaba bastante y la llamaba mentirosa, supuse que iba dirigido a mi, aunque hubiera preferido no hacerme cargo. Pero… ¡yo no te mentí! -pensaba para mi- Aunque me debe haber visto saliendo de noche, muerta de risa con mis amigas, con la pollera corta, el escote y los tacos altísimos. ¿Justo esa noche tenía que estacionar en la puerta de mi casa? Que se joda, -pensé- se lo merece por pelotudo. Cada vez me ponía más nerviosa. Encima mi amiga Caro me insistía en que hiciera la denuncia, que me cuidara, a ver si me pasaba algo… Cada vez que entraba o salía de mi casa miraba para todos lados a ver si veía su auto por ahí. Estaba empezando a sentirme perseguida. Pero por unos días no volví a tener noticias suyas y todo se tranquilizó.

Al fin de semana siguiente volvimos a salir con mis amigas, esta vez sin novedades en la puerta de mi casa, aunque yo seguía bastante loquita por lo sucedido el fin de semana anterior. Bailando empecé a charlar con un morocho, medio petisito, que parecía muy simpático. Tenía una sonrisa hermosa, y hablaba con mucha tranquilidad. Me contó que era del interior, que vivía solo acá hace unos años, y que trabajaba en una empresa que hacía catering de eventos y tenía un par de restoranes. Le iba bien. Bailamos un rato más, y charlamos, pero no avanzaba demasiado. Parecía medio lento. A mí me estaba empezando a gustar, aunque estaba perdiendo la paciencia. Casi podría decir que tenía ganas de transarme a alguien, solo para quitarme el recuerdo de la semana anterior de la cabeza, y el mal gusto de la boca…

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110. El regreso…

Primeros días de Marzo de 2008

Un día como cualquier otro, salía del trabajo, tarde como siempre. Me tomé el colectivo de siempre, en la esquina de siempre y viajaba tranquilamente, hasta que algo raro me nubló la vista. Me refregué los ojos para ver nuevamente: no podía ser. Justo al lado del colectivo de siempre, en la calle de siempre, veo una auto que me resultaba llamativamente familiar. Era el auto del Enfermito. No podía ser, me fijé de nuevo, solo para estar segura. Pero ese auto era inconfundible. Blanco y viejo, bastante roto y con detalles claramente reconocibles. Tenía los faroles de atrás pintados de plateado y recordaba de memoria la patente. Definitivamente era él. Y yendo para el lado de mi casa. El corazón se me salía del pecho de la angustia. ¿Estaba yendo para mi casa? ¿Qué hacía? ¿Me seguía? ¿Tendría la llave de abajo todavía? ¿Me estaba volviendo paranoica? Me paré y me fui para el lado de adelante del colectivo, para ver que hacía. Seguía derecho por la misma calle del colectivo hasta que lo pasó y lo perdí de vista. Al bajar del colectivo en la esquina de mi casa miré para todos lados, para ver si lo veía. Pero no lo ví. Seguía angustiada. Era como ver un fantasma, después de tanto tiempo. Bah, en realidad no era tanto, solo un poco más de tres meses. Pero había pasado tanta agua debajo del puente que creí que no iba a volver a saber de él. En realidad después de los mails no había vuelto a tener noticias suyas. Solamente algunas madrugadas en las que el telefono de mi casa sonó y al atender, solo silencio del otro lado. Solamente podía ser él. Pero nada más. Después de unas horas de asustarme y putearlo y pensar que hacer me tranquilicé y decidí no hacer nada. Por ahora no había pasado nada, solo verlo. O a su auto más bien. ¿Y si lo había vendido? Ahí quedaron las cosas hasta ese mismo sábado. Habíamos quedado en salir con las chicas y nos juntamos en casa. Comimos algo, tomamos unos vinos, nos pusimos lindas y nos divertimos. El plan era ir a bailar a un bolichito cerca de casa en el que conocíamos a uno de los rrpp y entrabamos siempre gratis. Salimos a eso de la 1 y pico con rumbo al boliche y en cuanto abrí la puerta… casi me muero. Ahí nomás, estacionado en la puerta de mi casa, su auto. Se me aflojaron las rodillas y me quedé petrificada mirándolo, mientras mis amigas me preguntaba qué pasaba.

-Colo, haceme el favor, no puedo ni mirar, fijate si la patente es la de él.

Le dije a mi amiga y le indiqué el número de patente. Después de escuchar su confirmación me angustié más todavía.

-¿Qué hace acá? ¡Justo acá! ¡En la puerta de mi casa!! ¿Qué hago? ¿Hay alguien en el auto?

-No hay nadie amiga, lo ves por ahí? -Me preguntó La Colo…

Miré a mi alrededor, la vereda de enfrente y las esquina y no vi ninguna silueta conocida..

-No, no lo veo… andará por ahí? ¿Tendrá la llave de abajo de casa todavía? ¿Estará dentro del edificio?? -pregunté.

-Nena tendrías que ir a hacer la denuncia, mirá si te hace algo?? -dijo Caro.

-No, Caro… ¿qué me va a hacer? Es un enfermito pero no es un violento… No creo que me haga nada. Tal vez vendió el auto y no es él… Aunque sería mucha casualidad que se lo haya vendido a algún vecino…

Con la ayuda de mis amigas junté fuerzas, respiré hondo y salimos para el boliche, aunque la onda ya no era la misma. No podía dejar de pensar en distintas hipótesis y el efecto del alcohol se había desvanecido como un suspiro. Y por más que lo intenté y lo intenté, esa noche no hubo caso de volver a emborracharme…

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