Archivo de la etiqueta: El “cacho de carne”

07. Reflexiones…

En el post anterior mencioné como al pasar que para ese momento muchas cosas habían cambiado para mí. Que ya estaba cansada de la joda y las aventuritas de una noche. Pero me parece que no termina de quedar claro porqué y hay muchas cosas que todavía no conté. Voy a intentar explicarlo un poco, si es que se puede. Hubo muchos sucesos en la historia de ese año y medio que relato acá que me hicieron detenerme y pensar un poco. Primero, la historia del “Cacho de Carne” que me hizo pensar que a veces hablar de más no está tan bueno, y también que ir tanto al frente es una buena forma de evitar (conciente o inconcientemente) empezar una relación con alguien, conocer y dejarse conocer. Una especie de auto complot. Después, la historia con “El Rey León“, me hizo entender que no tengo ganas de estar en el último lugar en la vida de alguien. Que no tengo ganas de ser la que espera que el otro disponga de un mínimo ratito para mí. Así no me dan ganas. Pero hay otras cosas que todavía no conté y me gustaría desarrollar un poquito más. Una historia que me marcó mucho y me hizo cambiar mi forma de pensar fue la que pasó a fines de Junio de 2008. Era el cumpleaños de La Morocha, y yo venía viéndome con un flaco cada tanto, en una relación “sin compromiso”. Al menos así lo planteaba él, porque a decir verdad, no cumplía ni el más mínimo de los compromisos, ni siquiera el llamarme cuando me decía -Te llamo-. Sin embargo, cuando se dignaba a aparecer, y después que a mí se me pasara el enojo, se tomaba el atrevimiento de quedarse a dormir en mi casa. Esta situación estaba empezando a hartarme. Primero porque si hay algo que odio es que me dejen plantada. Y quedarme esperando que alguien me llame cuando en realidad nunca tuvo la más mínima intención de hacerlo ya me parece una tomada de pelo. Y encima… ¿dormir en mi casa como si fuera un hotel? Esto ya era demasiado. Para peor cuando él se quedaba a dormir no había forma de que yo pegara un ojo, y ya estaba cansando de ir a trabajar sin dormir. Ese sábado que La Morocha festejaba su cumpleaños, por supuesto había quedado en llamarme. Ya me había colgado la noche anterior, y ese mismo sábado me avisó, por mensaje de texto:

Tengo ensayo, termino tarde. Te llamo cuando salgo a ver si te paso a buscar por el cumpleaños.

Así que me fui al cumpleaños de mi amiga, enojadísima y sabiendo de alguna manera que el flaco no iba a aparecer en toda la noche. Aunque de rato en rato miraba mi celular para ver si había alguna novedad. Obviamente sin resultado alguno. Entonces, comí y bailé y tomé con mis amigas, tratando de olvidarme del celular, del idiota en cuestión y de mi propio malhumor. Estaba enojada conmigo misma por darle más importancia de la que tenía a semejante tarado. Hasta que lo conocí a Valentín…

Ir a Post siguiente: 08. Will you be my Valentine?

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118. Hakuna Matata

Para los que no recuerden la expresión “Hakuna Matata”… fijense acá y acá.

Por supuesto que a El Lento no volví a verlo. Charlamos un par de veces más como buenos amigos, pero ante sus invitaciones a salir o al cine, yo siempre estaba ocupada, o enferma o cansada, hasta que él mismo se cansó de invitarme. Y la cosa quedó ahí. Debo decir además, que nunca volví a tener noticias del Cacho de Carne tampoco. Simplemente nunca más me llamó, ni yo a él, tal como me lo había prometido, aunque más adelante volviera a aparecer de una manera u otra. Ya lo contaré a su tiempo. Un día, posiblemente antes de lo que pasó con el lento y el enfermito (disculpen el desorden pero la memoria a veces no retiene tanto detalle) recibí un mensaje de texto de un número desconocido. Era a la tardecita y yo estaba en la calle, yendo para mi casa. El mensaje decía:

¿Como anda la psicóloga más linda de Buenos Aires?

Nada más que eso. Y yo no tenía ni la menor idea de quién lo enviaba. Aunque para ser sincera… lo sospechaba. Respondí.

Bien, gracias… ¿Pero quién sos? No tengo tu número registrado…

A los pocos minutos recibo su respuesta:

Adiviná…

Me dijo haciéndose el misterioso… Y lo pensé. ¿Y si arriesgaba y me equivocaba? ¡Qué verguenza! Pero no había mucha opción. No recordaba haberle dado mi número a nadie, y menos a alguien que no me hubiera dado el suyo a cambio, tenía que ser él. Le contesté:

mmmm… ¿El Rey León en persona?

Arriesgué. Y se lo dije tal cual lo escribo acá, era una especie de chiste…

Jajaja… sí, como andas linda?

Me contestó. Así que era él, finalmente había aparecido… Le contesté, un tanto osada:

Todo bien, dice mi gata que quiere conocerte…

No se porqué, pero después de lo desastroso que había sido nuestro último encuentro y aún sabiendo que estaba casado, todavía tenía ganas de volver a verlo. Sería el recuerdo de esos ojos verdísimos, la sensación de que teníamos algunas cosas en común, o la esperanza que con más tiempo y en lugar más cómodo las cosas fueran totalmente diferentes. No se porqué, pero este tipo me gustaba. Sus mensajes habían logrado ponerme nerviosa y me moría de ganas de volver a verlo. Unos instantes más tarde su respuesta me dejó sin aire:

Jajaja… decile que yo también, ¿Me invitás?

Intercambiamos un par de mensajes más para ponernos de acuerdo con los horarios. Él vivía en provincia pero trabajaba en capital, la idea era encontrarnos algún día en su horario de almuerzo, en mi casa. Arreglamos para el día que yo tenía libre al mediodía, en esa época entraba a trabajar a las 15.00. Me aclaró podía llamarlo o mandarle mensajes cuando quisiera, pero siempre antes de las 16.00, porque sino podía meterlo en problemas. Le dije que por supuesto no hacía falta la aclaración, que no lo iba a molestar. Mi intención no era causarle problemas a nadie. Así que quedamos para el miércoles siguiente, a eso de las 12.00, en mi casa. Le dí la dirección y no me quedó otra que esperar… Mientras volvía a casa me temblaban las piernas de la ansiedad…

Ir a Post siguiente: 119. Hakuna Matata (2).

109. Volviendo a la rutina (2)

Última semana de febrero de 2008

Ya había vuelto a la rutina y el lunes había que volver a trabajar. Tenía mis dudas que El Rey Leon volviera a llamarme y la idea que me rondaba la cabeza era que hacer con el Cacho de Carne. ¿Llamar o no llamar? Por un lado me daba bastante bronca su actitud de no contestar mi mensaje despues de tanto tiempo y ni dar señales de vida. Por otro lado habíamos quedado en que lo llamaba yo, no podía esperar que él lo hiciera. Lo iba a llamar, pero no pensaba hacerlo ese mismo lunes. No quería quedar como una desesperada. Aunque la cabeza me carcomía. Así que esperé. De paso esperaba a ver si él se decidía a aparecer, pero no. Pasó el lunes, pasó el martes y llegó el miércoles. Cada vez me daban menos ganas de llamarlo, pero habíamos quedado en algo y yo siempre cumplo con mi palabra. Así que el miércoles a la noche agarré mi celular y marqué su número. Sonó, una, dos, tres veces… nadie atendía. Dejé sonar una cuarta y quinta… nada. No le iba a dejar un mensaje en el contestador. Odio los mensajes grabados. Corté. Y lo odié. Mientras pensaba que hacer hablaba con mis amigas por msn.

Des

-Es un hijo de puta, no me contestó el mensaje, ahora no me atiende. ¿A qué está jugando?

La Morocha

-No seas tonta, esperá un rato y volvelo a intentar, capaz que está ocupado…

Des

-Puede ser amiga, pero no creo. Igual lo voy a volver a intentar. Esperame ahi…

Y volví a intentarlo, habían pasado unos 20 minutos. Volví a marcar, desde mi celular, él debía tener registrado el número. Y otra vez sonó, una, dos …cinco veces, y corté.

Des

-Otra vez no me atiende Morocha! Ya fue. Se está haciendo el lindo conmigo y eso a mí no me va…

La Morocha

-Y… quien sabe, no? Pero no habían quedado bien la otra vez?

Des

-Sí! Por eso no entiendo nada, había estado re cariñoso cuando se fue… parecía que daba para…

La Morocha

-Estos hombres, Des… ¿Quién los entiende?

Des

-No se, amiga. A mí me suena a que me está queriendo demostrar algo. Primero me dice que “él no es un cacho de carne” y después me coge y desaparece…

Ahora el “Cacho de Carne” soy yo???

La Morocha

Jajajaja…. Bueno, no te lo tomes así, él se la pierde..

Des

Más vale qué él se la pierde! Yo no soy un Cacho de Carne de nadie!!! Además ni siquiera me cogió tan bien…

Igual voy a hacer un último intento y lo doy de baja…

Le dije a La Morocha. Y Lo intenté por última vez. Volví a marcar su número pero esta vez desde el teléfono fijo de casa. Él no tenía ese número y quería ver si atendía, al menos por curiosidad. Pero fue igual. Sonó, sonó, y nunca atendieron. Eso es todo, me dije. No pienso llamar a nadie más de tres veces sin que me contesten, si le intereso, tendrá registradas las llamadas perdidas y me llamará él. Lo que es yo, esa historia ya la di de baja en mi cabeza, a otra cosa…

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108. Volviendo a la rutina

Domingo 24 de febrero de 2008

Se habían acabado las vacaciones, eso era todo. Después de dormir un par de horas nos levantamos, desayunamos y armamos los bolsitos. El día estaba lindo así que nos fuimos para la playa, nuestro micro salía a la tarde. Les conté toda la aventura de la noche anterior, que no había resultado tal como la imaginaba. Igual seguía pensando en esos ojitos verdes. Hacía un tiempo que venía rondandome la idea de que un hombre casado era lo mejor que podía conseguir: No me iba a volver loca, ni a hacer escenitas de celos, para eso tenía a la otra. Conmigo solo sexo y pasarla bien, una vez cada tanto. La idea sonaba bien, era una fantasía interesante. Total enamorarme no estaba en mis planes. Ya me estaba dando miedo que cada vez que me enamoraba de alguien terminaba siendo un idiota o un enfermito. Pero las dudas rondaban mi cabeza. ¿Qué onda este flaco? No me había dado su número, ¿Me llamaría? No me quedaba otra que esperar. Respecto al sexo… sólo pensaba que podía mejorar, y mis amigas estaban de acuerdo en eso. En la playa nos encontramos con Toto y Ricardo, que seguían intentando levantarse a La Colo y la Morocha, pero esta vez traían refuerzos. Estaba el hermano de alguno de ellos, un flaco musculoso y de pelo largo, que se la pasó toda la tarde mostrando lo marcaditos que tenía los abdominales y contando que era profe de gimnasia (como si a mi me importara… Yo había empezado el profesorado en algun momento y lo había dejado poco antes de recibirme, conozco el ambiente y no me tienta!). Tenía novia además, pero no parecía importarle demasiado. O sí, no sé. Porque lo que es yo, no le di ni bola, pobre flaco. Mi cabeza rondaba entre El Rey Leon, y El Cacho de Carne. La cercanía a la vuelta a Buenos Aires me había recordado mi promesa de llamarlo a la vuelta. Pero él no había respondido mi mensaje en casi diez largos días. ¿Qué tenía que hacer? ¿Llamar o no llamar? Dudas y más dudas. Me daba tanta bronca llamarlo, pero sabía que iba a terminar haciéndolo. Finalmente Toto y Ricardo, jugando a los noviecitos con mis amigas nos pasaron a buscar con el auto por el hotel, cargaron los bolsitos y nos dejaron en la estación. Nunca me cayeron del todo bien, pero debo confesar que se portaron como dos caballeros. Subimos al micro rumbo a Baires y al fin de nuestras vacaciones. La habíamos pasado muy bien juntas y se había empezado a afianzar lo que sería una larga amistad. Fue un viaje largo, y como suele pasar no me pude dormir. Tenía muy pocas ganas de volver a mis actividades laborales rutinarias y muchas dudas en la cabeza, pero ya las resolvería en el transcurso de esa semana. En el medio del viaje, ahora recuerdo, pasó algo muy raro. Mientras todos dormían, ya tarde a la noche, dos señoras al otro lado del pasillo hablaban y hablaban mirando unas fotos. En un momento una de ellas se acerca y me muestra una foto, y me dice:

-Mirá esta foto, las sacamos con un celular, ¿Vos que ves acá?

-Hay dos personas de frente, y una medio de espaldas entre los dos, con capucha…

Era un figura blanca medio borrosa que se veía en el medio…

-¿Viste?? Nosotras vemos algo parecido, pero ahí solo estaban mi nieta y su marido, será un fantasma?

-Que raro… ¿La habrán revelado mal?

Fue lo único que atiné a decir, y preferí no decir más nada. Yo no creo en esas cosas…

Ir a Post siguiente: 109. Volviendo a la rutina (2).

103. Ella baila sola (2)

Bajé a bailar con él, y hablamos un rato mientras bailábamos. Seguía mirándome fijo con sus ojos verdísimos, y una sonrisa picarona. Me contó que tenía 33 años y que trabajaba en una empresa grande. Le pregunté si estaba ahí de vacaciones y me dijo que no, que había venido a la carrera, era fanático de las motos. Le pregunté entonces a dónde se había ido de vacaciones y me dijo:

-Estuve en Cariló unos días.

En pocos segundos mi cabeza empezó a trabajar. Cariló es un lugar muy familiar, tenés 33 años, dudo que te hayas ido con tus papás… entonces… lo que seguía era casi obvio.

-En familia, ¿no?

-Sí…

-Dudo que la familia sean papá y mamá, estás casado?

-…

-Estas casado… ok.

-Bueno, casado no… pero…

-Ok, se entiende. De última es problema tuyo, a mí no me importa…

Seguimos bailando y charlando de otros temas. Me contó que había tenido un accidente con su moto, y tenía la pierna lastimada, le costaba un poco bailar. Pero seguía haciendolo. Estaba parando con unos amigos en un camping cercano al boliche. Un rato más tarde me invitó a tomar algo. Le dije que sí, pero que fuéramos a la barra de afuera, que era más tranqui. Adentro hacía mucho calor. Nos sentamos a tomar algo afuera, mirando la luna. Él pidió una cerveza, yo un agua mineral. Y seguimos charlando. Teníamos mucha afinidad en algunas cosas. Hablamos de los signos, de características de personalidad, que teníamos muy en común. Y no se cómo terminamos hablando de gatos. Siempre me gustaron los gatos y ya dije que tengo uno tatuado en el homóplato derecho, se lo mostré y se rió.

-No te lo puedo creer, yo tengo una pantera tatuada en el mismo lugar, me encantan los felinos…

Dijo, y empezó a hablar de la personalidad de los felinos, casi me muero porque sentí que me leía el pensamiento

-Me encantan, son super inteligentes, muy independientes, sensuales…

Decía que se sentía identificado con la personalidad de los felinos, las mismas boludeces que yo a veces digo, los gatos y yo nos entendemos.

-De hecho, las iniciales de mi nombre son  R E Y, como el rey león

Dijo, y nos reimos bastante, su nombre no me gustaba mucho, así que a partir de ese momento le dije “gatito” o “rey leon” medio en broma. Cada vez me gustaba más, y odiaba más el hecho de que fuera casado, pero esa noche estaba solo, y yo no engañaba a nadie. A todo esto “el cacho de carne” nunca había contestado mi mensaje, asi que… libertad total.  Nos dimos unos cuantos besos y me seguía mirando con sus ojos verdísimos hasta que me dijo:

-¿Vamos?

El problema era a dónde. Yo estaba en una habitación de hotel con dos amigas, él en un camping con otros tres. Y encima tenía que levantarse tempranito para ir a la carrera. Pero me agarró de la manito y me dijo:

-Seguime…

Y no pude negarme…

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94. Por fin, vacaciones!

16 de febrero de 2008

Finalmente llegó la fecha tan esperada. Como habíamos arreglado con la Colo, nos íbamos de vacaciones juntas a la costa. Habíamos reservado en el hotel del sindicato una semana. Unos días antes me llama La Colo para preguntarme si no me molestaba que La Morocha viniera con nosotras. Debo confesar que en un primer momento me pareció un poco complicado. Si bien La Morocha me caía bien, solo habíamos compartido algunas salidas y era raro eso de irse de vacaciones a la misma habitación de hotel con alguien que no conocía. Pero al fin y al cabo pensé: ¿Porqué no?? ¿Qué es lo peor que puede pasar? Es solo una semana! Y le dije que sí. Así que salimos las tres en el micro la noche del viernes, teníamos que llegar a la habitación del hotel a las 10 de la mañana del sábado. Ya en la terminal de retiro les conté toda la historia del “Cacho de Carne” y se rieron mucho. Pero yo me quedé pensando… en él. Le había prometido llamarlo a la vuelta pero en el fondo lo había pasado bien y me había sentido cómoda con él en algún sentido. Así que me envalentoné y le escribí un mensajito de texto:

-Estoy en la terminal saliendo para la costa, te mando un beso grande, hablamos a la vuelta.

Y antes de pensarlo mucho presioné “send”. Y lo mandé. Sentí que tenía que darle alguna señal que lo que había pasado no era “solo sexo” para mí, que había alguna posibilidad de otra cosa. Aunque no estaba muy segura tampoco. Supongo que hubiera querido recibir alguna respuesta minimamente cariñosa de su parte, al menos un “pasala lindo” o “yo también te mando un beso” o algo así. Nos subimos al micro un rato después. Iban pasando las horas y yo miraba el celular cada media hora o veinte minutos para ver si encontraba alguna respuesta suya …y nada. Nada! Ya estaba empezando a arrepentirme de haberle mandado un mensaje. No hay nada peor que mandar un mensaje y que no te lo respondan. Te pones a pensar las estupideces de siempre: ¿No le habrá llegado? ¿Estará ocupado? ¿Estará durmiendo? ¿No me habrá llegado su respuesta? ¿Estaré muy ansiosa? ¿Tengo que darle más tiempo? La verdad es que a veces las minas somos muy idiotas y nos enroscamos mucho pensando. Siempre los justificamos con excusas. Cuando lo más simple hubiera sido pensar: Le mandé un mensaje, lo recibió y decidió no contestarme. Pero ¿porqué? Había algo en esta historia que no me cerraba, quedaba siempre alguna duda…

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93. Ciega a Citas… (7)

Advertencia: no apto para menores…

Volvimos a empezar entonces, primero unas caricias cada vez más intensas, muchos besos, hasta que se puso un preservativo y tirado en la cama, me pidió que me subiera arriba de él. Así lo hice durante una rato con movimientos largos y profundos, lentos al principio y luego cada vez con mayor intensidad, doblando suavemente mi cintura mientras lo hacía. Me frotaba con fuerza contra él y cada vez que me parecía que estaba por empezar a sentir algo, la sensación no llegaba a concretarse del todo. Y eso que se había traído unos preservativos de esos con “tachas” que en general no soporto mucho por que me raspan… pero en este caso ni me enteré hasta después, que vi los envoltorios tirados por ahí. Así que la cosa transcurrió más o menos así, teníamos piel, me sentía cómoda con él, pero me quedaba con la sensación de que algo no me cerraba del todo. Tal vez porque todo se había dado muy rápido, tal vez por su comentario desafortunado acerca de ser o no ser un cacho de carne, tal vez yo tenía la cabeza en cualquier lado, o tal vez simplemente, no lo sentía como me hubiera gustado. Seguimos haciéndolo igual, un rato después él se subió arriba mío y siguió haciéndolo con mucha intensidad hasta acabar y desplomarse arriba mío. Se quedó un rato largo acariciándome la espalda y haciéndome masajes. Casi se podía pensar como un gesto de cariño, aunque había algo frío, algo que no podría  precisar, en el roce de nuestras pieles. Algo no me cerraba. Me sentía cómoda con él y a la vez no. Una sensación ambigua. Se habían hecho cerca de las once de la noche y seguíamos tirados en la cama acariciándonos y conversando, cuando me propuso:

-¿Y si vamos a comer algo? Te invito…

Acepté su propuesta, nos vestimos y salimos, fuimos en su auto hasta una pizzería bastante linda del barrio y nos sentamos a pedir una pizza y una cerveza. Fue la primera vez en mi vida que me invitaron a comer después de tener sexo (y no antes). Durante la cena charlamos bastante, pero ésta vez hablaba casi siempre él, y yo escuchaba. De alguna manera había vuelto a ser la chica tímida de antes, con él me sentía expuesta, descubierta. Me costaba hablar algunas cosas y sacar temas de conversación. Igual recuerdo que hablamos bastante, de mi profesión, de la suya, de los barrios. Él vivía en el barrio que había sido mi barrio de la infancia, asi que hablamos un rato largo de eso. Cuando terminamos de comer, me dijo que tenía una reunión más tarde y que tenía que irse, me llevó en el auto hasta la puerta de mi casa, nos dimos unos besos de despedida y me bajé del auto. Ya era casi viernes y yo me iba de vacaciones el sábado por diez días. Quedamos en que lo llamaba cuando volvía para volver a vernos…

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92. Ciega a Citas… (6)

Advertencia: no apto para menores…

Entonces, me acerqué a mi cuarto para ayudarlo a poner algo de música, cuando el me atrajo hacia su cuerpo y sin previo aviso me besó. Fue un beso intenso y ya estabamos al borde de la cama. Siguió atrayendome hacia su cuerpo y yo me dejé llevar, mientras un pensamiento ambiguo se iba formando en mi cabeza. ¿Qué mierda estamos haciendo? ¿Primero se va sin siquiera darme un beso, se hace el lindo durante una semana entera y ahora quiere irse a la cama en cinco minutos? Parecía todo muy raro, y si bien mi primer impulso fue frenarlo, le seguí el juego. Ya estaba ahí, ¿qué tenía para perder? Y por otro lado suponía que lo que estaba pasando era responsabilidad mía por ser tan bocona, así que tenía que estar a la altura de las consecuencias y bancármela. Y de ser posible pasarla bien además… Me dejé llevar entonces, y a los pocos minutos estabamos besándonos desenfrenadamente en mi cama y sin ropa. Se sentía bastante raro, la verdad. Debo confesar que su cuerpo desnudo no era lo más tentador que ví en mi vida. Era alto y flaco, muy flaco, casi sin masa muscular. Y su miembro era a imagen y semejanza de su cuerpo, de largo normal, pero muy muy flaquito. Nunca había visto uno así. Finalmente lo hicimos, con bastante entusiasmo de su parte. Primero se la chupé un rato mientras el buscaba un preservativo. Se lo puso y me penetró, recostandose encima mío un rato, luego me pidió que me agachara sobre la cama y me volvió a penetrar por atras, tipo “perrito” hasta que acabó dentro mio. No estuvo mal, pero tampoco fue la experiencia más maravillosa de mi vida, aunque como se habrán dado cuenta por mi relato, mi cabeza estaba en cualquier lado menos ahí, todo me parecía raro. Por otro lado su miembro flaquito no ayudaba mucho, la verdad me costaba poder sentir algo. Él estaba descontento con su “rendimiento”, decía que hubiera querido durar más tiempo pero que hace rato que no hacía nada y estaba “fuera de training”.

-No como vos…

Agregó en un tonito irónico que no me agradó demasiado. Entre enojarme y reirme opté por la segunda. Me reí y mantuve el silencio. El solito empezó a hablar:

-El otro día me fuí, no porque no tuviera ganas de hacer nada, la verdad me gustaste mucho, pero después de todo lo que dijiste… No quería que pensaras que soy un “cacho de carne”.

En todo caso un “cachito” pensé para mis adentros, recordando las dimensiones de su miembro… Y me reí.

-¿Y hoy? ¿Qué cambió? ¿Hoy sí sos un cacho de carne?

Le pregunté, tratando de entender un poco. Aunque debería decir que su comentario me descolocó un poco. Era raro, parecía un planteo más bien femenino, aunque por otro lado casi parecía decir que él no buscaba “solo sexo” conmigo, como si le hubiese interesado de otra manera…

-No sé, me dieron ganas, fue un impulso, ni lo pensé.

Me contestó mientras me acariciaba cada vez con más ganas y empezábamos de nuevo…

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91. Ciega a Citas… (5)

Jueves 14 de febrero de 2008

Llegó el jueves, día de los enamorados. Me pasé toda la tarde pensando, muy ansiosa si le hacía una cena o no. No estaba muy convencida, o más bien… no me animaba a hacerlo. Sentía que me estaba exponiendo demasiado y ni siquiera sabía si valía la pena. Si bien hasta ahora se venía haciendo el interesante, justamente, con su supuesto desinterés, tal vez fuera solo eso, una pura estrategia. Pero eso ya se vería. A media tarde recibí un mensaje de texto de él:

¿Nos vemos hoy?

Le contesté:

Claro, a qué hora te parece?

Y al poco rato llegó su respuesta

A eso de las nueve paso por tu casa, pasame la dire…

Se la pasé, y seguí dudando o no si ameritaba cocinarle. Finalmente me decidí y compré una buena botella de vino tinto, un Malbec como me gusta, pero sin cena. Simplemente no me animé y tampoco habíamos quedado en nada. Esa semana estaba empezando mis vacaciones, asi que me pasé la tarde tomando solcito en la pile del gimnasio, aunque sin poder desenchufar mucho la cabeza. Volví a casa, la ordené un poco por las dudas, me duché, me puse linda, me seque el pelo, me maquillé,  me perfumé, y lo esperé. Al ratito sonó el timbre: era él. Agarré un saquito y la cartera, las llaves y bajé, bastante ansiosa. Abrí la puerta y lo saludé, me miró, observando con atención mi saco y la cartera en mi hombro y preguntó:

-¿Cómo, no me ibas a invitar a tu casa?

Un poco desconcertada, porque creí que no había sido muy explícita en la invitación, pero sin demasiadas ganas de retroceder, le respondí:

-La verdad, no tuve tiempo de cocinar, pero tengo una botella de vino si querés…

Y se ve que quería porque mientras terminaba de decirle esto ya estaba entrando conmigo. Subimos los cinco pisos en el ascensor, hablando trivialidades, y llegamos a casa. Le abrí la puerta mientras iba a la cocina a buscar la botella de vino, dos vasos y un destapador.

-¿Querés poner algo de música mientras? Fijate los CDs que están en mi cuarto…

Le dije. Apoyé la botella y los vasos sobre la mesa y me asomé a mi cuarto a ver en qué andaba. Lo encontré sentado sobre mi cama eligiendo algo para escuchar, y antes que me diera tiempo a decir -hola- me acercó a él y me dió un beso impresionante y a los cinco segundos ya estabamos tirados en la cama…

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90. Ciega a Citas… (4)

Entonces lo llamé, con la intención de invitarlo a cenar, tal como me había dicho mi analista, pero sin saber si me iba a animar. La verdad es que no estaba del todo convencida de eso de ponerme a cocinarle. Era como demostrar demasiado de golpe… Bueno, me decidí, agarré el celular y marqué su número, atendió:

-Hola…

-Hola, Des, qué sorpresa… ¿Cómo andas?

-Todo bien, vos?

-Bien, acá laburando un poco, estoy cerrando una edición…

-Bueno, me quedé pensando en lo de la otra vez… y pensé que… podría invitarte a…

No me animé a redondear la idea, por suerte me interrumpió.

-Jajaja… ya fue, des, no te hagas drama. Yo hoy estoy a full con el cierre, pero te parece que nos veamos el jueves? Te paso a buscar y…

-¿El jueves????

El jueves era justo 14 de febrero, día de los enamorados… me pareció rara su propuesta.

-Sí el jueves puedo.

-Ok, el jueves…

-Bueno, paso por tu casa a la noche, despues pasame la dire…

-Ok. Te dejo laburar tranqui. Besos.

-Otros! Hablamos.

Corté. Me quedé medio contrariada. ¿Quién los entiende? Primero se hace el cool y ni me llama, después me dice de salir el “día de los enamorados”. ¿No se habrá dado cuenta? ¿Qué mierda quiere este flaco conmigo??

No quedaba otra que esperar hasta el jueves…

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