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Neeeext… (5)

Septiembre de 2013.

Él parecía muy entusiasmado y con ganas de probar todo su repertorio conmigo. Yo… mmmm… Yo estaba con un pie acá y otro allá. Medio desconectada con lo que estaba haciendo y disfrutándolo a medias, pero sentía que era algo que tenía que pasar. Como una prueba. El no paraba de proponerme cosas, que nalgadas, que si te acabo acá, que si la querés ver, que si te la meto por ahí. Y yo pensaba, pará flaco, sos un desubicado, me acabas de conocer, para algunas cosas hace falta confianza…

En fin. Terminamos lo que había que hacer, nos vestimos y nos fuimos. No fue la gran cosa, pero prueba superada -pensaba-.

Me dejó en la esquina de mi casa, lo saludé con un beso que no parecía tener muchas ganas de recibir, y no volví a saber más de él. No me sorprendió demasiado su desaparición, en el fondo todo lo que me había contado de su “ex” sonaba bastante a chamuyo y era bien posible que fuera un senior casado, de trampa y encima mentiroso. Tampoco me moría de ganas de volver a verlo, había sido un sexo bastante mediocre.

Ahora venía la parte difícil.

Volver a entrar a mi casa, después de haber tenido sexo con un tipo, y encontrarme con el-padre-de-mi-hijo.

Como dije, era un día de semana y era tarde. Entré tratando de no hacer ruido. Estaba todo oscuro. A tientas llegué hasta mi dormitorio. Él en ese entonces, aún dormía en mi cama. Hacía demasiado frío para mandarlo a dormir al living y yo no tenía ni una frazada extra. Así que me acosté en mi lado de la cama sin tocarlo, sin hacer ruido para no despertarlo. Me dí vuelta para dormir y…

…Me vino automáticamente el impulso de abrazarlo.

¿Abrazarlo?

Refrené el impulso con todas las fuerzas de mi voluntad.

Fue una sensación muy bizarra, no porque quisiera abrazarlo A ÉL, pero supongo que después de una buena sesión sexo lo más natural es querer abrazar a alguien antes de dormir. Ésto está muy mal, pensé. No puedo seguir durmiendo con este Senior en mi cama…

Me di vuelta para el otro lado, y finalmente, después de pensar y pensar, logré dormirme.

Al día siguiente, en el desayuno miré al padre-de-mi-hijo y le dije:

-Cuando vayas a la casa de tu mamá traete una frazada. A partir de ahora dormís en el living.

Neeeext… (4)

Septiembre de 2013.

Y fue un beso bastante bueno. Lo suficientemente bueno como para que en el momento en que me miró y me dijo -¿Vamos a otro lado? yo entre miedos y dudas contesté que sí.

Subimos a su auto y me preguntó

-Vos sabes donde hay…? Por acá…?

Pero la verdad no sabía. No tenía ni la menor idea. Se puso a buscar en Google desde su teléfono y en ese momento empecé a dudarlo un poco. Era un día de semana, y era tarde. Tampoco era tan urgente, podíamos dejarlo para otro día. Pero él parecía estar decidido a no dejar pasar la oportunidad. (Nota mental: Flaco, para la próxima que salgas con alguien en una zona que no conoces, googlealo antes…) Arrancó y encaró para el fondo, mirando su teléfono de tanto en tanto, mientras tanto las cosas se iban enfriando y yo tenía cada vez más dudas. El flaco me gustaba, pero la situación era cada vez menos tentadora. Se sentía casi forzada. Pero como me digo siempre: Ya estás en el baile, bailá.

Paró en una estación de servicio y se bajó a preguntar. ¡Se bajó a preguntar! Me quiero morir de la vergüenza. Esto ya es cualquiera, pensaba. Dejame-en-mi-casa-ahora….

Pero desde el auto ví como le daban indicaciones con grandes gestos y unas sonrisas cómplices que prefería ni mirar. Volvió al auto decidido y arrancó para donde le habían indicado. Ni un beso, nada.

Llegamos. Era un Telo mediopelo, en una zona horrible. Estacionó su auto mediopelo en la entrada de la habitación y entramos. Yo estaba bastante nerviosa. Hacía mil años que no entraba a un telo ni me acostaba con alguien que no fuese el Padre-de-mi-hijo, y a esta altura tampoco sabía si tenía tantas ganas. Encima no había tomado ni una gota de alcohol, así que tenía plena conciencia de lo que estaba haciendo. Para peor la habitación era bastante feita, de esas con espejo en el techo y luces rojas por doquier. Bien de telo berreta. En fin. Cerré los ojitos y me dejé llevar.

Se acercó y me dio un beso, y las cosas se fueron dando, de a poco, tranquilamente. Para ser la primera vez en mucho tiempo… no estaba tan mal. Me relajé todo lo que pude e intenté disfrutar. No había tanta química como me hubiera gustado y evidentemente teníamos estilos bastante diferentes…

La cosa venía bastante bien hasta el momento en que intentó penetrarme sin ponerse un preservativo. Stop. Puedo ir a un Telo con un x que no conozco a pasar un buen rato, pero de ahí a coger sin forro? Nonono. Te pones un preservativo ya o me visto y me voy. Se lo dije.

-Sin forro, no. Ponete uno.

Por suerte se lo puso, y seguimos en lo nuestro. En un momento, en la mitad del acto abrí mis ojitos y me vi reflejada en el espejo del techo, mirando el culo de un senior arriba mío, y no pude evitar notar lo bizarro de la situación. ¿Qué hago acá? y ¿Quién es éste?

Neeeext… (3)

Septiembre de 2013.

Obviamente no volví a salir con el Boga, hablamos una o dos veces más, amablemente y le hice saber como pude que no estaba interesada. Aunque siempre me quedaré con la intriga de saber qué edad tenía realmente. Uno de esos días, boludeando en Badoo para evitar las conversaciones incómodas con mi ex, me encuentro con la foto de un senior muy interesante. Morocho, de cara agradable y una mirada intensa filtrada por unos anteojitos que le le daban un look intelectual muy sexy. Y a mi me pierden los seniores intelectuales. Cruzamos un par de palabras y empezamos a chatear. Venía bien, cocinero, pero ya no ejercía y se había montado una pyme con un amigo que parecía andar bien, separado, con un hijo chico, vivía solo, escribía sin faltas de ortografía y parecía haber leído al menos un par de libros. Como la charla venía interesante arreglamos para vernos. Un día de semana a la tarde me pasó a buscar por mi casa y fuimos a tomar algo en un bar de mi barrio. El pidió una gaseosa, yo un café, y empezamos a hablar. Cara a cara no era taaan sexy como en sus fotos, pero era claramente un senior interesante. Le conté un poco de mi situación mientras él escuchaba tranquilamente emitiendo de vez en cuando algún juicio de valor ante las actitudes de mi ex (-Ah… tu ex un pelotuuudooo, eh?). Después le pregunté por su separación. Su hijo era aun más chico que el mío y el decía haberse separado a fines del año pasado, cuando aún era un bebito de meses. Eso me sonaba un poco raro. Me contó una historia complicada. Su ex era adicta y paciente psiquiátrica y las cosas ya no andaban del todo bien cuando ella quedó embarazada. Que él se había hecho cargo del nene y que en realidad vivía con él y ella lo veía de vez en cuando, pero que ésta noche estaba con ella. Mientras hablaba de vez en cuando relojeaba su celular, al que le llegaban de tanto en tanto mensajes de WhatsApp de ella, hablando del nene. Todo un poco raro…

Pero seguimos hablando de todo un poco mientras las miradas comenzaban a hacerse un poco más intensas y yo empezaba a ponerme un poco nerviosa…

Le pregunté sobre su trabajo y porqué no ejercía más su profesión y me contó que le encantaba cocinar, que había trabajado en un hotel importante y le iba bien, pero que ya no se bancaba el ritmo loco de la cocina y que había elegido invertir en otra cosa y vivir un poco más tranquilo. Y yo que tengo la mala costumbre de decir lo primero que me viene a la cabeza, sin pensar, le solté:

-Viste lo que dicen de los cocineros…

-¿Qué dicen?

-Que son todos Putos o Borrachos…

-Pero yo no tomo alcohol… y lo de puto…

Dijo, mientras se acercaba y me comía la boca de un beso…