Archivo de la etiqueta: El del Barquito

54. Mixed emotions. (2)

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Domingo 05 de Abril de 2009.

Llegué del parque con las ideas y las sensaciones aún más mezcladas. O tal vez no tanto. Mi amiga Caro siempre tan fóbica y a la defensiva contra cualquier atisbo de enamoramiento, me había permitido darme cuenta un poco que yo ya no quería eso para mí. Me había ocupado de discutirle ideas que bien habrían podido ser las mías, poco tiempo atrás. Me empezaba a dar cuenta que ya no quería estar tan a la defensiva. Me daban ganas de jugarme un poco por lo que (creía que) me podía estar pasando. Además él me hacía sentir cuidada. Bah… casi siempre, porque el temita del blog… Bueno, no era fácil. Y no iba a ser fácil tampoco. Decía… llegué del parque, y aunque le había dicho que lo llamaba al llegar, no lo hice. Necesitaba aquietar un poco mis pensamientos y acomodar las ideas. Estirar un poco esos momentos para mí. ¿Estaba preparada para resignar todo eso? ¿Mi soledad, mis libertades, mis tiempos? Entre duda y duda, un sonido metálico insistente me despertó de mi letargo.

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75. Calavera no chilla…

Sábado 26 de enero de 2008

Llegué a trabajar como pude, muerta de sueño, pero relajada y de buen humor. Me había ido en mini de jean y musculosa, con unas ojotas, lo más cómoda que pude. Pero estaba tan dormida que me olvidé de llevarme un abrigo, y eso era una heladera! Asi que me tuve que quedar las seis horas desabrigada y sin dormir. Fue un día largo y aburrido. Los clientes rompieron las bolas como de costumbre, con puras pelotudeces. ¿A quién se le ocurre llamar al call center de un banco un sábado a la mañana? Manga de zanganos, consíganse una vida!!! (Jajajaa… y eso que dije de buen humor!!! Sepan entender, la vida de empleado de call center es un tanto frustrante, más cuando uno tiene su profesión, pero todavía no puede vivir de eso) A la tarde le mandé un mensaje al gallego como me lo había pedido, deseándole un buen viaje, y pasándole mi mail. Pero sabía que no iba a volver a verlo y tampoco me preocupaba mucho. A los pocos días me escribió, e intercambiamos un par de mails y algunas charlas por msn, pero nada más. Mientras tanto El Alto y El del Barquito aparecían cada tanto con algun mensajito, pero no les dí mucha cabida. Con El del barquito habíamos quedado en salir por esos días, pero la verdad, se me habían pasado las ganas y empecé a inventar excusas o directamente a no atenderlo. Fue divertido, pero el sexo no era maravilloso y la charla francamente olvidable…  ¿Para qué insistir?

Por suerte faltaba poco para las vacaciones que habíamos planeado con La Colo, me hacía falta un descanso urgente. Esta vida de trasnochados no es para treintañeros!! Esa noche por supuesto, nada de salidas, caí desmayada hasta el domingo, que sonó el despertador para ir a trabajar otra vez… y encima empezaba a dolerme la garganta…

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57. El del barquito, parte 2 (cont.)

Subí a su auto y partimos rumbo al barquito. Yo en realidad hubiera preferido invitarlo a mi casa o pasar por un hotel, pero no me dió tiempo a decírselo, ni siquiera paramos para tomar algo. La verdad, estar tirados en el piso del barquito, refregando la espalda contra la alfombra en una noche calurosa y sin siquiera un ventilador ya no me parecía una idea demasiado tentadora. Pero allí fuimos. Llegamos al barquito y bajó con una o dos botellas de cerveza y un cd que recién había comprado y escuchamos un par de veces. Ya lo veníamos escuchando en su auto. La escena se repitió casi calcada de la vez anterior. Al principio estaba todo bien, una previa interesante, pero para mi gusto demasiado prolongada, ya empezaba a irritarme. Intentamos hacerlo sobre el sillón pero era muy angosto, casi nos caímos. Terminamos desvistiéndonos a las apuradas sobre la alfombra, después que él se fuera al baño a ponerse el preservativo (cosa que sigo sin entender). Empezamos a hacerlo, el arriba mío, moviéndose lenta pero intensamente. Venía bien, pero yo estaba con la cabeza en cualquier lado. La cosa con el del barquito se sentía medio artificial. Yo había decidido que quería tener sexo (con él), era más una decisión racional, que pasional. No podía conectarme demasiado. Tal vez me había apurado, la realidad es que el tipo mucho no me calentaba, daba buenos besos, pero nada más, ni siquiera podíamos tener una conversación decente. Ya estás en el baile, ahora bailá, pensé para mis adentros. Seguía moviéndose encima mío cada vez con más intensidad, casi demasiado, diría yo. Estaba obstinado en hacerme acabar y yo con la cabeza en cualquiera… imposible. Cambiamos de posición y la cosa siguió más o menos igual. No puedo echarle toda la culpa a él, para ser justos, era yo la que estaba en cualquier lado. Nunca había sido fanática del “sexo casual”. Tuve un par de encuentros antes de mi última relación, de las cuales el mejor recuerdo que tengo es estar caminando solita al viento fresco de la madrugada. Pero ahora había decidido recuperar el tiempo perdido y probar. Igual no había estado tan mal. Nos vestimos y salimos a tomar una cerveza mirando las estrellas. Estuvimos en silencio un buen rato. Fue agradable, me gusta el silencio, y más mirando las estrellas. Luego empezamos a hablar, y por algún motivo salió el tema religión. Él era evangelista, yo… no sabría definirme, no sé si creo en algo, pero en lo que con seguridad no creo es en las instituciones religiosas, me parecen de lo más perverso. Fue una charla amena de todos modos, pero me quedé pensando que teníamos muy poco en común. Finalmente me dejó en casa y se fue, después de decir “hablamos” con una amplia sonrisa…

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56. El del Barquito, Parte 2

6 de Enero de 2008

Al día siguiente voy a trabajar casi sin dormir, ya se me estaba haciendo costumbre. El trabajo en un call center los fines de semana es escaso, solitario, y aburrido, y yo siempre me las arreglaba para tener acceso al msn de alguna manera (a pesar de estar bloqueado) para no morir de sueño y aburrimiento. A la tarde la veo conectada a La Arquitecta y le pregunto qué onda con el pendejo. Me cuenta que la acompañó hasta la casa, que se dieron un par de besos y el flaco empezó a insistir en que lo invitara a “desayunar” en la casa. Que el flaco le gustaba pero que algo no le cayó bien, tal vez la insistiencia, tal vez ella no tenía ganas, y le dijo que no. Quedaron en hablar para verse en la semana, intercambiaron teléfonos y se fue, no sin antes insistir un rato más. Que un poco se quedó con las ganas, pero en el momento le pareció que no daba. Y no es que ella fuera muy prejuiciosa, en general, acerca de si está bien acostarse o no la primera vez, más bien eso le parecía una pelotudez (como a mí). Pero si uno no lo siente, no da. En eso estamos de acuerdo. Al rato me manda un mensaje El del barquito, para ver si nos veíamos esa noche. Le contesto que sí, pero que me deje dormir un rato cuando vuelvo del trabajo, que estaba muerta. Quedamos para esa misma noche, a eso de las 22, me pasaba a buscar. Así que terminé mi aburrida jornada laboral y me fuí a casa, donde apague el celular y me desmayé en la cama. Dormí un par de horas, me duché, me arreglé (poco, como siempre, poco maquillaje, ropa interior apropiada, remera escotada, tacos) y ya estaba lista para salir. Él llegó, menos impuntual que la otra vez, subí a su auto y partimos, esta vez con rumbo a su barquito, sin escalas…

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54. ¿Casualidades?

Esa misma semana quedamos en salir a bailar el viernes. Vamos juntas Caro, La Colo, La Morocha y yo, al boliche donde me llevó la colo. Es un lugar muy top y está de moda, pero ella conoce a alguien y nos hacen pasar. El lugar es muy divertido y tiene buena onda, la pasamos bárbaro. En la mitad de la noche alguien se acerca y me saluda. ¡No lo puedo creer! ¡Era El del Barquito! Él y su amigo el rubio habían ido a cenar ahí y se quedaron a bailar. Nos habíamos visto el sábado anterior y no nos habíamos comunicado desde entonces. ¿Qué opinan uds? ¿Creen en las casualidades? Ok, estábamos ahí. Estar con él no había sido la mejor noche de mi vida pero todavía me gustaban sus besos. Nos dimos algunos besos y seguimos bailando. Él insistía en que me fuera con él, yo quería bailar con mis amigas. Además eran como las 4 de la mañana y yo tenía que ir a trabajar como a las 9.00, quería dormir al menos unas horitas. Me quedé bailando un rato más pero él seguía insistiendo. Finalmente accedí y me fuí con él, pero no sin antes aclararle que me iba a ir a dormir a mi casa… sola. Nos fuimos con el amigo, subimos a su auto y me dejaron en la puerta de mi casa, quedamos en volver a encontrarnos otro día. Les agradecí por traerme a casa y bajé. ¿Vieron que a veces puedo portarme como una nena buena? Ja.

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37. El del Barquito (5).

Nos vestimos y salimos a tomar la cerveza en la parte de afuera del barquito, mirando las estrellas, tratando de recuperar el aliento. Nos quedamos en silencio un rato. Hubiera sido un momento muy romántico para dos enamorados, pero no era el caso. Igual estuvo bueno el silencio compartido, cada uno con sus pensamientos. Me sentí muy rara conmigo misma, era una experiencia diferente para mí la de tener sexo con alguien que no conozco, y casi podría decir: con alguien que no me interesa. Hasta el momento yo era de la idea que tener sexo sin amor no era lo mío, pero estaba tratando de descubrir que podía ser bueno, divertido. Y que tampoco implica mucho compromiso, es solo eso. Después hablamos un poco, de temas comunes. La familia, los intereses de cada uno. El amaba los deportes, los autos, el turismo aventura. Yo el cine, los libros, bailar. No teníamos mucho en común la verdad, pero fue una charla amena. Más tarde volvimos al auto, arrancó, saludó al vigilante de la puerta y salió. No debe ser la primera vez que usa el barquito de telo, pensé para mis adentros, porque el vigilante lo vio entrar y salir en menos de dos horas de madrugada y lo saludó como si nada. ¿O será más común de lo que yo creo? Me llevó hasta la puerta de mi casa, nos dimos unos besos y bajé.

-Hablamos-

Nos dijimos antes de despedirnos. ¿Que mierda querrá decir ese “hablamos” tan impersonal? -me quedé pensando-… Pero al fin y al cabo no me importó mucho porque no sabía si quería volver a verlo. ¿Fin?

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36. El del Barquito (4)

Pero para hacerlo se levantó y se fué al baño, nunca entendí porqué. ¿Timidez? Al volver dejó encendida la luz del bañito con la puerta entreabierta y apagó la otra. Y así en penumbras, volvió. Se acomodó arriba mío, me dió un par de besos y me la metió. Costó un poco al principio, yo hacía más de dos meses que no hacía nada, pero no estuvo mal. Después empezó a moverse arriba mío mientras me besaba, y como todo lo hizo con mucha intensidad. Se movía muy fuerte mientras me besaba y mordía mis labios por momentos. Me gustaba, pero de a ratos, casi que parecía demasiado intenso. Dolía un poco, no sé si por mi falta de práctica, y casi de experiencia. No voy a decir que era virgen, pero había estado con mis ex (tuve dos ex más antes del enfermito) y con un par más, en toda mi vida. No es una larga experiencia que digamos. En fin, me quedé con la duda de si era su intensidad, mi inexperiencia, o que tenía un miembro muy grande. Un poco por mi timidez, un poco por la de él, la cosa es que nunca lo vi. Cuando quería tocarlo él me sacaba la mano. ¡Qué raro! pensé, pero en el sexo cada uno tiene sus locuras y se lo respeté. Seguimos un poco así, pero me dolía. Cambiamos de posición un par de veces, se tomó su tiempo, hasta que acabó. Yo ni noticias, imposible. Entre lo que me dolía, y que estaba con la cabeza en cualquier lado no había ni chance. Igual a mí me divertía la experiencia y era casi como una meta a cumplir. Después de terminar nos quedamos tirados en el piso, acariciándonos, completamente transpirados los dos. Era 29 de Diciembre y hacía mucho calor.

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35. El del Barquito (3)

Si, era ahí. Me estaba llevando a su barquito. Yo con unos tacos altísimos trataba de bajar por el pastito para entrar en el barquito, él me ayudaba mientras cargaba una botella de cerveza que sacó del baúl de su auto. ¿Tenía todo preparado? Parece que sí. Pero no me importaba mucho, estaba por terminar el año y yo no quería que el enfermito de mi ex fuera el único hombre que hubiera pasado por mi cuerpito ese año. Además la aventura parecía divertida. Subimos al barquito. Era chiquito adentro, el piso alfombrado, unos sillones a los lados, una mesa, una puertita que daba al baño, y otra que no me enteré nunca a donde daba. Sirvió la cerveza, con poca luz y empezamos a los besos. Cuando la cosa se puso más hot nos tiramos los dos en uno de los silloncitos, pero era muy angosto, incómodo. Terminamos tirados en el piso, ya con poca ropa. Hacía calor. Un costado de mi cabeza insistía pensando ¿Qué carajo hago acá? y ¿Quién carajo es éste? Y el otro se divertía mucho con la situación y tenía ganas de experimentar. ¿Adivinen a cuál le hice caso? Empezó a tocarme y tal como sus besos, era muy intenso. Al principio me gustó, me calentó, pero al rato empezó a parecerme demasiado directo, demasiado fuerte para ese primer momento. Le saqué la mano de ahí entonces sugiriendo que se pusiera un preservativo, y así lo hizo…

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34. El del Barquito (2)

Bajo y ahí está él, esperándome en su auto, un lindo auto, aunque yo no sé mucho de eso. No es lindo, ni alto, pero ya dije que me gustaban sus besos, y tiene una sonrisa simpática. Subo al auto y me propone ir a tomar algo frente al río, acepto. Vamos a un barcito muy lindo, tomamos algo y hablamos. Sonríe mucho y me mira, parece medio tímido (somos dos, que problema). Hablamos de nuestras vidas, le cuento un poco que hago, él me cuenta lo suyo. Tiene una imprenta, o algo así. Me cuenta que estudiaba, no me acuerdo qué, y dejó. Se dedicó a laburar full time. Habla mucho del gimnasio y su entrenamiento, parece que eso es muy importante en su vida. Tomamos una cerveza o dos y salimos a mirar el río. Nos sentamos en el pastito y nos damos unos besos, la cosa se empieza a poner hot. Hay poca luz, pero no, no da ahí. Propone ir a un lugar más cómodo y volvemos a su auto. Da un par de vueltas por la zona, parece que no sabe donde ir. En un momento estaciona su auto en una zona medio oscura.. y volvemos a empezar, un par de manos por aquí y por allá… pero es medio incómodo. No lo conozco, no da en el auto, en medio de la calle. Le digo que ahí no da, arranca y vamos a buscar otro lado, de un par de vueltas más, parece indeciso. En un momento me dice, tengo un lugar por acá, vamos? Le digo que si, y empieza a manejar, entra en un portón grande, saluda al de la puerta y estaciona. Miro a mi alrededor. Hay mucho pasto, río, un par de muelles y un montón de barquitos…

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33. El del Barquito

Último sábado del 2007.

Salgo del trabajo y me voy a caminar por el barrio, sola. A veces hago esas cosas, un poco porque me gusta estar sola, otro poco porque no quiero quedarme encerrada solo porque no tengo con quién ir a dar una vuelta. Voy hasta Plaza Serrano, miro la feria, pienso, camino, disfruto. Cuando estoy volviendo a casa suena mi celular: un número que no conozco, atiendo. Pregunto quién es, era el del barquito. ¡Qué sorpresa! Así que a veces si llaman… mirá vos. Hablamos un rato, y quedamos en salir esa noche, ir a tomar algo. Que raro, hace taaanto que no salgo con alguien! ¿Cómo era esto? Voy a casa, descanso un poco. Me levanto, me doy una ducha, me cambio, me maquillo. Y espero. No llega a la hora que dijo, cómo odio que me hagan esperar, menos mal que quedé que me pase a buscar por mi casa, sino tal vez estaría esperándolo en una esquina. Me engancho a mirar una peli en la tele (horrible, de esas que pasan en la tele de aire, porque no tengo cable) y sigo esperando. Pensando, ¿Será capaz de dejarme plantada? ¿Qué puede ser más patético que quedarse cambiada y maquillada en casa mirando una peli en canal 9 un sábado a la noche? No sé porqué pero siempre tengo miedo que me dejen plantada, o que pase algo… que insegura soy! Trato de aguantarme de no llamarlo, no quiero parecer pesada y además no lo conozco todavía. Sigo esperando, quince minutos, veinte… media hora. Ya es bastante, no me gusta esperar tanto y menos que no me avise. ¿Qué hago? ¿Lo llamo? ¿Le mando un mensaje? Le mando un mensaje, breve:

“¿Por donde andas?”.

Contesta al rato:

“Ya estoy llegando”.

Ok, me quedo tranquila, no puedo ser tan ansiosa (¿o si puedo?). Al rato efectivamente me avisa,

“Estoy en la puerta”.

Bajo…

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