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125. Y después… (3)

Estaba puteándome a mi misma por la puntualidad de mi cuerpo que complotaba contra mí, y sin poder bajarme del auto.  Seguíamos hablando y besándonos cada vez más intensamente. Cada vez que yo amagaba a abrir la puerta para irme me volvía a abrazar para darme un beso cada vez mas intenso que el anterior. Empezaba a amanecer y los vidrios del auto estaba totalmente empañados. Entre un beso y el otro me dice al oído:

-¿Estás segura que no querés invitarme a subir?

Me hizo dudar, ganas no me faltaban, la verdad, pero mi cuerpo me lo impedía. Y encima en pocas horas tenía que irme a trabajar. Así que saqué fuerzas de dónde no las tenía y me puse firme:

-Te dije que HOY no… No es que no quiera …pero no.

Le dije, dejando abiertas las puertas para un encuentro próximo. Me pidió mi teléfono y se lo dí, y el me dió el suyo.

-¿Qué te parece si te llamo en la semana y me invitás a cenar?

-¿A cenar? ¿Vos estás esperando que yo te cocine?

Le pregunté, sorprendida de la caradurez de que era capaz este flaco. Ni te conozco y ya querés que te cocine? Nono, no da.

-Si, porqué? ¿No te gusta cocinar?

-No mucho…

Le dije, mintiéndole con alevosía. La verdad me encanta cocinar, pero éste todavía no se lo merecía. ¡Hacé algo vos! Invitame a tomar algo, a comer, al cine! ¿Qué es esto de que todo el esfuerzo lo tenemos que hacer nosotras? Los hombres están cada día más cómodos! Basta de hacérselas tan facil!

-Ok, te llamo y vamos a comer algo por ahí…

-Eso me suena mucho mejor!

Le dije, riéndome. Cuando finalmente estaba por bajarme para ir a dormir un par de horitas antes de volver a la rutina laboral dominguera, me agarró de los hombros y me volvió a besar, casi acostándose encima mío dentro de su auto. Mientras me besaba el cuello me decía al oído todas las cosas que le gustaría estar haciéndome si estuviera en mi casa, y empezó a volverse cada vez más difícil sostener mi decisión. Me dijo:

-Me gustaría agarrarte contra la pared…  besarte el cuello… después ir bajando… de a poquito… hasta volverte loca… chupártela hasta hacerte acabar… y después así como estás, paradita contra la pared…

Siguió hablando así una rato más, dando detalles y detalles en mi oído, mientras yo me odiaba con toda mi alma. Con el último aliento de voluntad que me quedaba le dí un beso más, abrí la puerta del auto y salí, no sin antes decirle:

-Llamame en la semana.

Y me fuí a dormir… Odiándome…

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124. Y después… (2)

Sábado 3 de mayo de 2008

Entonces empezamos a hablar, y a reirnos, y me invitó a tomar una cerveza. Yo ya había tomado bastante, pero acepté. Me contó que estaba ahí de casualidad, que odiaba los boliches y la música que pasaban, pero era el cumpleaños de un amigo y lo habían llevado. Mientras decía todo esto yo seguía bailando. Contó también que venía de tocar con su banda, tocaban heavy metal o algo así. Tenía 31 años y era ingeniero. Trabajaba ejerciendo su profesión en una empresa grande, que producía instrumentos tecnológicos y vivía con sus padres.

-¿Con tus padres? ¿Porqué?

-No sé, estoy cómodo ahí…

Nunca voy a entender porqué una persona de más de veintipico, que ya se recibió y gana más o menos bien sigue viviendo con sus padres. Me suena a algo tan infantil… Pero bueno, quién soy yo para juzgar a nadie. Además no lo conocía demasiado. No dije mucho más sobre el tema.  Seguimos charlando un rato más y nos dimos un par de besos, que fueron bastante interesantes, para mi sorpresa. Intensos. Pero esa noche yo estaba medio engripada, y encima indispuesta y al día siguiente como siempre, tenía que ir a trabajar. No daba para mucho más en esa situación. Estaba lejos de mi casa, en la otra punta de la capital, cansada y medio enfermita, y la verdad no sabía como volverme a casa. Pensaba bajar a la calle y tomarme un taxi. Pero él se adelantó y me dijo:

-Me voy a ir yendo, estoy con el auto querés que te alcance a tu casa?

No sabía qué contestar. No sería la primera vez que me subo al auto de un desconocido, pero ésta noche estaba segura que no quería nada más. No en estas condiciones al menos. No sabía que decir. Finalmente le dije:

-Me encantaría, pero no pienses que va a pasar algo más. Esta noche no al menos…

Y nos fuimos juntos. Subí a su auto y encaramos para el lado de mi casa, que quedaba de camino para la suya. En cuanto subimos puso música, heavy metal por supuesto. Música de la cual no entiendo absolutamente nada ni me gusta demasiado, pero bueno, a él le gustaba. Después cambió de música y puso algo de rock más clásico, eso me gustaba más. Siempre me gustó bailar rock. Hablamos un poco de eso, de ir alguna vez juntos a una clase de rock, no estaba mal. Él se reía mucho de todo, encontraba todo gracioso. Yo no entendía mucho de que se reía, hasta que finalmente entendí que era un poco así. Una de esas personas que se toman todo en broma, que no se hacen problemas por nada. Sonaba raro para un ingeniero, en general uno tiene la idea de que son gente seria y estructurada, pero esos son prejuicios. Llegamos a la puerta de mi casa y estacionó enfrente, pero no me bajé. Seguimos dándonos besos, cada vez más intensos, y ya estaba maldiciéndome a mí misma por la puntería de mis ciclos. ¿Justo esa noche tenía que ser? En fin, pero esas son cosas que no se pueden controlar. Por lo menos me iba a servir para no apurarme a hacer las cosas sin pensar y después arrepentirme…

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123. Y después…

Principios de Mayo de 2008

Finalmente El Rey León entendió y no volví a tener noticias suyas. Y no me arrepentí. Pero las cosas que me pasaron con él me hicieron repensar bastante mi posición, al menos en lo referido a los hombres. Si bien todavía no me sentía preparada para empezar una nueva pareja, me daba cuenta que había cosas que ya no me servían de la misma manera. Que si alguna vez había tenido la fantasía de estar con alguien casado, para tener una relación mas “libre”, ahora veía que eso era pura fantasía, en la realidad las cosas eran muy diferentes Que no era solo una relación “libre” también era una relación muy pobre.  y eso de hecho nunca me había servido demasiado. Siempre fui una persona sin muchos grises, las cosas para mí son claras, blanco o negro. O estoy a full y doy todo lo que tengo… o no estoy. Aunque estaba aprendiendo a reconocer algunas escalas de grises definitivamente ésta no era la mía. Sí estaba aprendiendo a tener relaciones más ocasionales y divertirme de otra manera, pero ésto no me llenaba del todo. De lo que sí estaba segura era de que no quería volver a tener otra relación como la que había tenido con mis ex, en las que yo me entregaba al 100% y del otro lado… bueno, del otro lado no era lo mismo, o simplemente no podían darme lo que yo necesitaba. O lo que estaba empezando a creer que merecía. Pasaron entonces un par de semanas un poquito más reflexivas, en las que sin embargo, seguí saliendo a divertirme con mis amigas, pero un poco más tranquila. Una noche de mayo, creo que era el primer viernes del mes, nos reunimos en la casa de La Colo para festejar su mudanza e inauguración del departamento. Éramos varios, amigos, ex compañeros y compañeros de trabajo, y por supuesto, Las Divinas. No me acuerdo si estábamos todas. Escuchamos música, tomamos, bailamos, cantamos hasta que se quejaron los vecinos, y finalmente nos dispusimos a salir, a un barcito de la zona. Ahí seguimos bailando un rato más, y tomando unas cervezas. Estabamos todos bailando en una ronda, con las carteras y los abrigos en el medio, muriéndonos de risa. Mirando a nuestro alrededor, no se veía nada interesante. El lugar estaba lleno de pendejos y la verdad a mí, los pendejos nunca me atrajeron. Hasta que en un momento aparece en escena un par de ojos verdes muy llamativos encima de una sonrisa blanca, en una cara que no parecía de un pendejo. Obviamente capturó mi mirada. No era hermoso, pero me llamaba la atención. Esos ojos se dirigían directamente a la ronda que habíamos armado. El lugar estaba muy lleno y no era fácil pasar, y él estaba intentando pasar justamente por el medio de la ronda. En el medio de su camino sus ojos se dirigen hacia mí y me dice:

-Perdón…

Había pisado algun bolso o algo así.

-Y la verdad no sé si te voy a poder perdonar así nomás, vamos a tener que hablarlo un poco…

Le contesté y empezamos a hablar. Supongo que el alcohol me ayudó a desinhibirme, nunca había sido tan caradura. Pero ya no me importaba…

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