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50. ¿Soy una mala amiga? (4)

Los días que siguieron me la pasé pensando que hacer con La Flaca. ¿La llamo y le cuento? ¿Espero que no se entere? ¿Qué hago?? Lo que yo quería hacer era llamarla, contarle todo y pedirle disculpas. Estaba dispuesta a aceptar que ella no quisiera disculparme y se enojara, pero al menos se habría enterado por mí. Aunque me daba mucho miedo enfrentar la situación. Pero ya estaba hecho y no podía revertirlo. Di vueltas y vueltas esos días, pensando qué decirle, cómo decirselo. Lo hablé con montones de amigas pidiendo opiniones. ¿Porque las mujeres siempre hacemos eso? ¿Pedir opiniones? ¿Nos da seguridad que el otro nos de la razón? Tenía montones de argumentos a favor de hablar, y otros tanto a favor de callarme la boca, al fin y al cabo fue mi error, no tenía porque descargar mis culpas contándole solo para hacerla sentir mal. Pero temía que se enterara por otro lado y eso sí, iba a ser mucho peor. Me decidí y la llamé. Estaba cerca de su casa, le iba a proponer encontrarnos para decirselo cara a cara. No sabía como decírselo directamente, así que la saludé, pregunté como estaba y deslice un sutil: “Che, que zarpado el pelado…” para tantear el terreno. Su respuesta me dejó muda: “Sí, es un desubicado, no sabés lo que hizo en el colectivo mientras volvíamos. Así como en joda le encajó un pico a  mi amiga, y la muy guacha no lo rechazó, me dió por las pelotas, ahora se fue de vacaciones, pero en cuanto vuelva lo voy a tener que hablar con ella porque no me gustó nada”. Ahí mismo me quedé con las palabras atragantadas en la garganta. Si esa era la reacción con su amiga por un pico en joda en el colectivo… ¿Qué iba a pensar de lo que yo le quería contar? Mejor callarse ahora! Le dije que no lo podía creer, que desubicados ambos, o algo asi, blablabla y corté. Sintiéndome todavía peor. Mucho peor.

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48. ¿Soy una mala amiga? (3)

Martes 1º de enero de 2008

Volví a mi casa caminando, de día ya. Con la cabeza dando vueltas y no exactamente por el alcohol. No podía dejar de pensar en lo que había pasado. Me sentía una mala amiga, a pesar de saber que las cosas se dieron así, y no las pude evitar. Que no fue a proposito. Pero igual pasó y los hechos no se pueden negar. Llegué a casa y me acosté. Di unas cuantas vueltas en la cama, no me podía dormir. Pensaba y pensaba. ¿Se lo digo? ¿Espero que no se entere? Pero si se entera por otro es peor, pensaba. Dormí unas horas, no muchas y me levanté. Era primero de enero, no había que ir a trabajar y no quería quedarme encerrada en casa, dando vueltas con mis ideas como un gato enjaulado. Me di una ducha, me cambié y salí. Eran como las 4 de la tarde y yo no había almorzado. Fuí a caminar, di unas vueltas y me senté en un bar cerca de casa, con mesas afuera. Pedí un café y un tostado y me colgué escuchando música, y mirando el cielo celeste, sin una sola nube. Siempre es un bajón estar solo un primero de enero, y más con un día tan lindo, con culpa y algo de resaca…

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47. ¿Soy una mala amiga? (2)

volvemos al 1º de enero de 2008…

Es de madrugada, de día ya y estamos saliendo del boliche. El pelado me agarra de la cintura cuando estamos saliendo y me mira. Me quedo un paso atrás de la flaca y su amiga y lo miro. En voz baja, y con los labios apretados, le digo: ni se te ocurra que va a pasar de ahí, sos el ex de mi amiga (ya se lo dije como cien veces, no?) Y sigo caminando. Fuimos a tomar un café con medialunas, los cuatro. El se sienta al lado mío y la flaca enfrente. Hablamos, nos reímos. En un momento él se entera que soy psicóloga, y me dice, haciéndose el gracioso si alguna vez me había pasado algo con un paciente, si me había calentado. Le digo que no. Insiste, pero ¿ninguno te tiró onda? Le digo que no, o que sí pero eso se maneja en el consultorio. (No me voy a poner a explicar a la salida del boliche lo que es el amor de transferencia, no da). Mientras hacía estas preguntas me miraba fijo, con su sonrisa picarona. Y se vino la pregunta que sigue a continuación. La de siempre. ¿Y no me podés atender a mi? Lareputamadre. Este hijo de puta me esta tirando onda adelante de mi amiga, cómo le da la cara? Yo no podía ni mirarlo, todo el tiempo contestaba mirando a la cara a La Flaca que estaba sentada justo enfrente. Me hice la boluda y la pilotee lo más que pude. Después los acompañé a la parada del colectivo y me fui a mi casa caminando, sintiéndome la peor.

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45. ¿Soy una mala amiga?

No puedo creer lo que acaba de pasar. Trato de olvidarme, bailando. Se me acerca un flaco y me empieza a hablar. Le digo que no, que no quiero hablar nada con nadie, que soy una mala amiga. Me pregunta porqué, le cuento. (¿Porqué será que le cuento mis cosas a gente que no tiene nada que ver?) Le pregunto si cree que soy una mala amiga. Ya no recuerdo su respuesta, solo sé que seguimos hablando un rato más. Quiere que le de un beso, yo le digo que no, que ya está bien por hoy, basta. Insiste, que le de mi teléfono así mañana vamos a tomar unos mates. Insisto en que no, insiste. Terminé dándole un beso a él también, un poco por insistente, un poco por escuchar mis locuras y otro poco para olvidarme de lo que recién había pasado. Para sacarme el sabor feo de la boca. Obviamente no le di mi teléfono a pesar de su insistencia, era pendejo, o no me gustó o ya no me acuerdo qué excusa encontré pero no se lo di. Además mi cabeza estaba en otra cosa. Eran casi las seis de la mañana y ya era hora de irse. Me acerco a La Flaca y el resto del grupo, no podía mirar al Pelado a la cara. ¿Vamos? pregunta la flaca. Vamos. Salimos caminando, riéndonos. ¡Qué noche loca! dice la flaca mirándome. Es cierto, ella me conoce de otra manera. De cuando era una chica tímida. Si supieras, pienso para mis adentros y me odio a mí misma por lo que hice y ya no puedo deshacer. El aire fresco de la madrugada en la cara me hace tan bien…

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44. Año nuevo, vida nueva… (7)

Seguimos bailando y El Pelado cada vez se ponía más cerca y me miraba más fijo. Yo estaba bastante ebria y esa situación estaba empezando a gustarme, y a la vez a incomodarme. Le digo:

-Sos el ex de mi amiga, no da.

-¿Porqué? -me contesta.

-Porque eso no se hace, somos amigas, -contesto.

-Pero ella no está acá ahora…

Me dice, como si hiciera alguna diferencia. Me separo de él unos centímetros, tratando de irme, no me deja.

-En serio, dejame ir, sos el ex de mi amiga, eso no se hace, digo.

Sigue bailando cerquita como si no me escuchara, con su cara a milímetros de la mía. Baila bien, un poco me gusta. Pero me siento mal. Hago un último intento:

-En serio, pelado, no esta bien esto. Sos el ex de mi amiga.

Digo por centésima vez. Y por toda respuesta me encaja un beso. Me gusta. Lo separo. Le digo que no, que no sea desubicado. Sigue, seguimos con el beso, por un lado me gusta, por otro me quiero morir. ¿Y si viene la flaca? ¿Y si nos ve la amiga? ¿Porqué hace esto? Basta, no puedo estar pensando tanto, me separo de él y me voy, enojada, no sin antes decirle por enésima vez que “no da”. Me voy a la pista sintiéndome una perra total. Yo tendría que haber dicho que no, pienso. Pero ¡yo dije que no! Lo dije unas cuantas veces pero… no alcanzó. ¿Soy una mala amiga? ¿Soy una mala amiga?

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43. Año nuevo, vida nueva… (6)

Creo que por el camino me transé algún otro flaco más solo para no pensar, esa noche estaba desatada y todo me parecía muy divertido. No hace falta aclarar que estaba medio ebria, y me parecía una buena manera de empezar el año, con muchos besos. Casi como un signo de cómo iba a ser ese año. Volví al costado de la pista, donde estaban El Pelado, La Flaca y su amiga. Bailé con ellos, me reí. En un momento aparece un amigo de la flaca, se saludan, hablamos. No me gustó el pibe, era simpático igual. Le digo a la flaca,

-¿Qué onda con éste pibe? ¡Me esta tirando onda mal!

Yo me refería al pelado, ella entendió que hablaba del amigo, me contestó

-Si te gusta hacé lo que quieras!

Y se fué a la pista. El Pelado me sacó a bailar otra vez. Yo trataba de hacerme la boluda y bailar sola, pero el volvía a agarrarme de la mano, bailaba bien y era muy dominante. Bailamos. Se ponía muy cerca y me estaba poniendo nerviosa, encima la amiga de la flaca andaba por ahí. Cada vez bailábamos más cerca. Le dije

-Ojo, sos el ex de mi amiga, no te zarpes.

No me dió ni bola. Se lo volví a decir. Siguió como si nada, bailando cerca y mirándome fijo. Me fui. Fui a la pista, di una vuelta y volví, pero me quedé del otro lado, pensando que con eso era suficiente, pero volvió a buscarme. Yo no sé si estaba caliente conmigo o enojado con la flaca, pero siguió adelante. Volvió a sacarme a bailar, bailamos muy cerca hasta que me arrinconó contra una pared, me miraba fijo, de cerca…

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42. Año nuevo, vida nueva… (5)

Volví a la pista silbando bajito, me puse a bailar tratando de pensar en otra cosa. Con el ex de una amiga no se hace, pero este guacho me estaba tirando mucha onda, ¿Para qué carajo lo habrá traído La Flaca? ¿Será que todavía está caliente con él? ¡Pero no le da ni bola! Bueno, no es momento de pensar tanto, seguí bailando… A esta altura tal vez deba aclarar que además estar descalza y con el vestido violeta mojadísimo, siempre fuí a bailar con un look muy particular. Uso anteojos desde los 4 años y me los dejaba puestos para ir a bailar, usé lentes de contacto en algún momento de mi adolescencia pero luego los dejé, me cansaron un poco por un lado, por otro lado, no me sentía yo cuando me miraba al espejo, los anteojos ya eran casi parte de mi cara. Por otro lado era casi una provocación, era casi un desafío era probarme a mí misma y a los demás que podía ser atractiva aún con anteojos. Por otro lado tengo un gatito tatuado en el omóplato derecho, será un capítulo aparte explicar como llegó ese michi ahí, pero tendría que ir mucho al pasado. Así que la escena se completaba así: descalza, con el vestido violeta mojado, los anteojos y el gatito en la espalda. Nunca faltaba algún bobo que señala el gatito y preguntara ¿muerde? o ¿es gato o gata? o peor, el que te mira fijo y te pregunta ¿porqué un gato? con cara de pícaro. Ni los que me veían con anteojos y comentaban ¡Qué cara de intelectual! como si la intelectualidad se redujera a un par de anteojos, qué idiotez. Pero bueno, esa noche y con un par de copas encima era capaz de dejar pasar cualquier comentario idiota…

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41. Año nuevo, vida nueva… (4)

Volví a bailar con La Flaca y el grupito. En eso vuelve a buscarme uno de los flacos que me transé en alguna de mis incursiones anteriores, medio enojado. No le gustó que me escapara. Quiere bailar conmigo, quedarse que le dé mi teléfono. Y a mí ni siquiera me gustaba mucho, menos ahora que lo veía con más luz. Menos que menos me gusta cuando se ponen pesados. Bailé un rato con él y me escapé para la pista otra vez, él se quedó hablando con mi amiga. Me puse a bailar por ahí, ya a esta altura estaba descalza y con el vestido mojado casi hasta la cintura, un papelón. Pero medio borracha y muy divertida, feliz. Me transé a algún otro flaco por el camino, ya ni recuerdo caras ni nombres, solo recuerdo que todos me parecían muy chiquitos y me iba muerta de risa. Cuando volví el flaco seguía hablando con mi amiga, insistiendo en que quería estar conmigo, que le de mi teléfono. ¿Porqué será que se encaprichan cuando no les damos bola? Le dije que no y seguí bailando, esa noche no me importaba nada. Mi amiga La Flaca estaba anonadada. Hace unos años cuando salíamos el esquema era invertido. Ella era la que iba de tipo en tipo, divirtiéndose y yo la que miraba, tímida, sin entender demasiado cual era la gracia. En una de esas La Flaca se fue a bailar a la pista, se me acerca el pelado muerto de risa preguntándome como van mis incursiones. Me mira raro, con esas miradas penetrantes que te intimidan, contesto alguna boludez y me río. Me saca a bailar. Era cierto, baila muy bien como decía La Flaca. Pero se me acerca demasiado, casi que me apoya, me mira fijo a los ojos, y a mí en general me calientan los tipos que bailan bien. Bailo un tema o dos y me voy, haciéndome la boluda y pensando: es el ex de mi amiga, es el ex de mi amiga….

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40. Año nuevo, vida nueva… (3)

Qué divertido! El centro de la pista estaba lleno de espuma, llegaba como a la rodilla o un poco más. Obviamente, después de la cena de año nuevo, todos veníamos medio entonados, pedimos una botella de vino blanco y empezamos a bailar. El piso estaba lleno de agua y espuma. Me saqué los zapatos y los guardé en la cartera, con tanta agua era más cómodo bailar descalza y además no arruinaba mis zapatos. Fue una fiesta de lo más divertida, a pesar de la tensión un tanto incómoda que había entre La Flaca y El Pelado, ¿A quién se le ocurre ir a bailar con tu ex? Pero a mí a esa altura ya no me importaba nada, pasaban buena música para bailar, suficiente. Estábamos todos bailando y tomando vino cerca de la puerta, donde no había tanta espuma. Cada tanto me escapaba del grupete y me iba a bailar al centro de la pista sola, en medio del lío. El lugar no estaba muy lleno, pero había mucha onda. Empecé a bailar con un flaco, hablamos, nos dimos unos besos. Me fui. Últimamente hago eso, me voy, me escapo. Me escapé, y volví a bailar con mis amigos. Al rato volví a escaparme a la pista y me puse a bailar. Me gusta bailar sola, me hace sentir muy libre y bailando me siento bien con mi cuerpo, y conmigo misma. Al rato empieza a hablarme otro flaco, ya no recuerdo ni si le pregunte su nombre, total, ¿para qué? Nos dimos unos besos y volví a escaparme. Ya ni se porqué pero en aquel momento me divertía eso. Tal vez porque me daba a mí el poder de controlar la situación y no como había sido en mi adolescencia, de quedarme esperando algo del otro…

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39. Año nuevo, vida nueva… (2)

La Flaca es una vieja amiga, nos conocemos desde la escuela primaria. Nos vemos poco, una vez al año, o dos, pero nos queremos. Ella tiene una hija de 9 años, por eso a veces se le complica un poco salir, y yo estuve mucho tiempo de novia. Habíamos hablado por esos días y arreglamos para salir la noche de año nuevo, después de los festejos familiares. Cené con la familia, muy tranquilo y después que logramos meter a la abuela en un taxi y mandarla a su casa, la llamé. Me dijo que había hablado con su ex, El Pelado, para ir a bailar salsa.

-¿Con tu ex, Flaca? –le dije.

-Sí, te acordás ese que conocí en la clase de salsa, baila divino y como a vos te encanta bailar pensé que…

-Ok, Flaca… si a vos te parece, vamos!

Venía con el pelado y una compañera de trabajo en el auto de él y yo me encontraba con ellos allá. Al rato me llama diciéndome que el boliche de salsa estaba cerrado, si se me ocurría algún otro lugar. Sugerí un boliche de mi barrio, donde había ido con La Colorada y quedamos en encontrarnos ahí. Los esperé en la puerta. El lugar estaba super lleno y había una cola importante para entrar, así que decidimos ir al bolichito que está a la vuelta. Fuimos. Yo me había puesto el vestido violeta que usé para la fiesta de fin de año de la empresa, con un escote interesante, y unas sandalias negras de taco alto divinas. Llegamos y nos invitaron a pasar, adentro: fiesta de la espuma…

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