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22. El pesado (2)

Ese martes, manda otro mensaje de texto:

“¿Qué hacemos mañana?”.

Le respondo :

“Salgo del trabajo a las 14.00, te parece que vayamos a tomar un café a la tarde?”,

“Ok, mañana arreglamos”.

Contesta. Bien, hasta ahí iba bien. Al día siguiente otro mensaje:

“Nos vemos hoy?”.

Mmmmm, si ya habíamos arreglado, no te pongas pesado! -pienso. No contesto, estaba laburando a full, el call a la mañana es un loquero. Al rato otro mensaje:

“¿Qué hacemos?”.

Al rato otro:

“¿Porqué no me contestas?

Mmmmm… esto ya estaba empezando a molestarme. Contesto:

“Estoy a full en el trabajo, hablamos en un rato”.

Pero sigue mandando mensajes. Dónde vamos, a que hora nos vemos, qué querés hacer, una pregunta atrás de la otra. ¡Yo estaba trabajando! ¡Pero que pesado! La verdad ya tantos mensajes y tantas preguntas me estaban llenando la paciencia. Además siempre me gustaron los hombres decididos, y éste parecía cada vez más inseguro. Esta catarata de preguntas donde parecía que yo tenía que decidir todo me estaba sacando las pocas ganas que tenía de salir con él. Me cansé. Respondo:

“Me parece que me equivoqué, mejor no salgamos”.

Llama. No contesto. Llama de nuevo. Aclaro: trabajo en un call center, estoy hablando por teléfono todo el tiempo. No sólo estoy harta de hablar por teléfono, sino que es prácticamente imposible hablar por DOS teléfonos al mismo tiempo. Además de que no tenía ganas de atenderlo. Pero a esta altura ya quería matarlo. Le mando un texto:

“Esperame, ya te llamo”.

Me tomo un descanso y me voy al office, lo llamo. Simple, le explico que no da, que se me fueron las ganas, que siento que se puso pesado y todavía no nos conocemos, no le gustó nada, pero no me importó. Se terminó ahí para mí. Siguió mandando un par de mensajes más pero ya no contesté. Fin.

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21. El pesado

Al día siguiente a eso de las 6 de la tarde recibo un mensaje de texto.

“Hola linda, como estás?”

De un número desconocido. Definitivamente era un pesado. Ya la noche anterior durante la fiesta me había contado que vivía cerca de mi casa, que quería que nos viéramos en la semana para conocernos más, que yo le parecía hermooooooooosa, todo eso mientras yo tomaba un vaso de vino tinto y el coca-light, porque (no pudo evitar contármelo) tenía problemas de salud y no podía tomar alcohol. Y yo mientras tanto pensaba: que aburriiiido! ¿Eso es lo que contás en una fiesta? ¿Qué se me pasó por la cabeza para darle mi teléfono? Bueno, todo tiene solución, pensé. Alcanza con no contestarle el mensaje y listo, va a entender. (Qué inocencia la mía, no?) No contesté su mensaje entonces y seguí con mi vida, tranquila. Pero el lunes en el trabajo: otro mensaje, que tampoco respondí. Y al rato otro, y otro. Uffff, pensé, qué pesado! Entonces contesté uno de sus mensajes, el me contestó, yo le contesté. En conclusión, quedamos para vernos el miércoles a la tarde cuando yo salía del trabajo, Ok. Me convenció, me dijo tantas veces yo era “una mujer impresionante” y no sé cuantas pavadas más que me dio pena decirle que no. O soy una cagona, que se yo. La cuestión fue que quedamos para el miércoles. Listo, ¿qué tengo para perder? Pensé. De última, un café, hablamos y si es un cargoso me voy.

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20. Fin de año (3)

Nos dimos un par de besos, y me pidió mi celular. No sé si será por el alcohol, o porque me agarró distraída, pero se lo di. ¿Para qué? ¿Si el flaco no me gustaba? ¿Si los besos no habían sido emocionantes? ¿Si ni yo sabía si quería empezar algo con alguien? Hacía apenas un poquito más de un mes que había cortado con el enfermito, no era tiempo todavía de pensar en nada con nadie, solo divertirme un poco. Se lo di, sin pensar demasiado, y me fui. Me fuí con mis compañeros a desayunar, y después a mi casa a cambiarme porque tenía que irme a laburar. Y empecé a acostumbrarme a eso de ir a trabajar sin dormir, o casi. Como dicen las abuelas: Calavera no chilla. Vaya uno a saber qué carajo quiere decir eso…

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19. Fin de año (2)

En un momento se me acerca un morocho de ojos claros, altísimo. Quienes me conocen bien saben que hay dos cosas que me llaman la atención (en alguien que no conozco). Una es que bailen bien, y otra son los ojos claros. Me pierden los ojos claros, o una mirada interesante. Empezamos a bailar, y ahí nomás sin decir mucho me estampa un beso. Yo que veía poniendo en practica mi política del “¿Porqué no?” le seguí el juego. Nos dimos un par de besos, hablamos un poco. Era más chico que yo, trabajaba en el sector de comercio exterior. Bueno, nos damos unos besos más, ahí cerquita de donde terminaba la pista. Había unas cortinas enormes que dividían el salón, ni idea que había atrás. La cuestión es que este muchacho, bastante desubicado, me agarra de la manito e intenta llevarme atrás de las cortinitas. ¿What??? Nonono. Una cosa es transarme a alguien que no conozco, y otra totalmente distinto es garchármelo en el medio de una fiesta rodeada de gente del trabajo. ¡No! Le dije que no, varias veces tuve que decírselo hasta que entendió. Me fui a seguir bailando con la gente del call como si nada. Al rato, vuelve a aparecer el pesado, el de seguridad informática. Bailamos un rato y seguía dale que dale con el blablabla. Me cansé de tanto blablabla…. Lo agarré de la manito y me lo llevé a un costadito (tampoco daba transármelo enfrente de todos mis compañeritos de trabajo) y me lo transé. Jajaja… dos en una noche, y pensar que en mi adolescencia me escandalizaba de estas cosas, y ahora empezaban a resultarme divertidas. ¿Estaba empezando a pensar como hombre?

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18. Fin de año

Diciembre siempre es un mes raro. Muchas reuniones, festejos de fin de año anticipado. La semana del 8 de diciembre se hizo el festejo de fin de año de la empresa, para la que en ese entonces trabajaba, hace un poco más de 3 años. Siempre hacían fiestas impresionantes, gigantescas. Montones de gente, bebida, muy divertidas. Y era la primera a la que iba a asistir soltera. Me fui a comprar un vestido. Elegí uno violeta, ajustado, con un escote importante. Yo siempre había sido muy recatada para vestirme. Como no soy muy dotada de adelante (si de atrás) nunca me había animado demasiado a los escotes, pero esa es una de las cosas que aprendí de la colorada. Un buen escote es cuestión de actitud, no hay nada que un buen corpiño no pueda solucionar. La fiesta se hacía en la rural, a pocas cuadras de casa. Vino otra compañera del call (la otra colorada) con su novio a casa, tomamos algo y partimos hacia la fiesta. Llegamos tempranito. Tomamos un par de vasos de vino, comimos, saludamos gente. La única ventaja de esos trabajos de mierda en call centers es que se conoce mucha gente con buena onda. Empezó a llegar más gente, bailamos, se puso divertido. Estaban todos, compañeros, supervisores, los jefes, y montón de gente de otros sectores que no conocíamos. Muchos hombres (ahora los veo!). En un momento empiezo a hablar con uno que me saca a bailar. Con lo que me gusta bailar, es raro que diga que no cuando alguien me saca. No era lindo, pero bastante simpático. Bailamos, hablamos, vamos a tomar algo. No sentamos en un sillón y seguimos hablando. Tenía 34 años, trabajaba en el departamento de seguridad informática (ja!) de la empresa y blablabla… Seguía hablando de trabajo y yo empezaba a aburrirme. Le seguí la charla un rato pero a esta altura yo estaba medio ebria y pensaba ¿vas a besarme?, él no hacía nada y seguía dale que dale con el blabla. En un momento me levante y me fuí, y volví a seguir bailando con el resto del grupo.

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