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84. El Tano (3)

Advertencia: no apto para menores…

Así que fuimos para su casa, por el camino continuó la pantomima de la música alta, con él cantando y golpeando el volante mientras manejaba. Creo que por primera vez en mi vida, me puse el cinturón de seguridad solita, sin que nadie me lo pidiera. Llegamos a su casa y atravesamos una cochera en la que había miles de cosas desordenadas y un perro grandote, que no paraba de mover la cola.

-No te asustes, estoy medio en obra todavía…

Me dijo, y para mis adentros pensé -se nota… Pero arriba la casa estaba bastante ordenadita. Me senté en un enorme sillón blanco mientras él ponía algún canal de música a un volumen excesivo en el televisor enorme que estaba enfrente. Luego fue a la cocina buscar dos copas, sacó una botella de champagne que tenía abierta en la heladera y sirvió para los dos. ¿Quién tiene una botella de champagne abierta en la heladera un jueves??? Pensé, pero no dije nada y agarré la copa que me ofreció. Tomé un sorbo y a los pocos instantes ya estaba encima mío, sacándome la ropa y besándome, con la misma intensidad con la que hacía todo, al parecer. La cosa se ponía prometedora. Desnudos los dos en el sillón, empezamos a hacerlo. Se recostó encima mío y me la chupó un rato, sin demasiado entusiasmo. Luego me la metió con intensidad. Y así siguió haciéndolo por un rato cada vez más intensamente hasta que acabó. Y yo me quedé mirando el techo y pensando ¿Eso es todo, amigos?. Por supuesto no dije nada, esperando que todo iba a mejorar en un segundo intento. Cosa que nunca sucedió. Inmediatamente se levantó y se fue al baño a darse una ducha, dejando la puerta del baño abierta, mientras yo escuchaba o miraba la música estridente de su televisor, y me preguntaba qué cuernos era lo que había pasado. Luego se vistió, se acerco a mí, me dió un par de besos y me dijo:

-Vamos? Te llevo a tu casa…

-Ok…

Le contesté, desilusionada, mientras trataba de juntar mi ropa por entre los almohadones del sillón. Me vestí, y salimos nuevamente hacia su auto. Me llevó hasta la puerta de mi casa, manejando de una forma cada vez más imprudente, y cantando a los gritos como siempre. En cuanto llegamos a la puerta me dió un beso o dos y me dijo:

-Los viernes en lo de mi hermano hacen karaoke, no querés que te venga a buscar y te venís con un par de amigas?

-¿Mañana…???

Le contesté, pensando para mí que no podía soportar tanta aceleración junta durante mucho rato más, y menos combinada con mal sexo…

-Sí, mañana, no te tienta?

-Decime una cosa -Le dije, ya sin pelos en la lengua -¿Vos sos siempre así??

-¿Así cómo, bombón?

-Así, acelerado… ¿no parás nunca?

-Jajajaja…

-No, la verdad que mañana no. Es mucho para mí. Sí querés lo vemos otro día, más adelante…

-Ok…

Me contestó, con una notoria cara de orto,  no le había gustado mucho lo que le dije, pero ya no me importaba. Nada. Le dí un beso más, me bajé de su auto, y me fuí. Y en cuanto cerré la puerta de mi casa sentí una paz que no sentía hace rato…

Qué lindo es el silencio a veces…

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83. El Tano (2)

Jueves 7 de febrero de 2008

Llegamos entonces, entre intentos de charla interrumpidos por subida y bajada de volumen del estereo del auto, en los que El Tano me cantaba temas a todo volumen y golpeaba el volante con sus manos, mientras yo para mis adentros solo podía pensar -¿cómo llegué acá??. Bajamos en la parrilla de su hermano y nos sentamos en una mesa. Él saludó al mozo y le pidió que trajera una cerveza y una porción de rabas. Charlamos un poco más hasta que sonó su celular. Atendió y se dedicó durante los siguientes diez o quince minutos a discutir con su ex acerca de la cuota del jardín de la nena. Cosa que intenté no escuchar, pero me fue bastante dificultoso, ya que ni siquiera osó levantarse, y siguió sentado enfrente mío, impavido, como si nada pasara. Una vez que cortó volvió a hablar conmigo naturalmente. Comentándome su discusión con la ex por nosequé del jardín de la nena, que por suerte ya no recuerdo. Yo me sentía ya bastante incómoda. Sentía que estaba metiéndome en su mundo de golpe y sin invitación: El bar de su hermano, me contó de su relación con su padre, la ex sentada a la mesa con nosotros y la mayor parte de la cena discutiendo la crianza de una criatura de tres añitos. Está bien que yo soy psicóloga de niños… pero hacía falta enterarme de tanto? Al rato agarró la carta y eligió por mí. Cosa que le agradecí en el fondo, ya que cuando me siento a comer con alguien que no conozco me siento tan incómoda que elegir algo de la carta es una tarea casi imposible, que puede tomarme un rato largo. Sí, sigo siendo tímida en algunas cosas, solo aprendí a disimularlo bien. Pidió un pollo al verdeo y más cerveza. Yo timidamente pedí un agua mineral. Estaba recuperándome de una faringitis y todavía seguía tomando los antibióticos. Tomar alcohol no era una buena idea. Seguimos cenando entonces, más o menos en el mismo clima. Él siempre acelerado, saltando de un tema a otro, hablando fuerte. Cada tanto se levantaba, iba y venía. Yo tratando de seguirlo, con cierta dificultad. Terminamos de cenar, él pidió un fernet, yo un café. Mientras pensaba que tenía que volverme en auto con él y se había tomado nosecuántos vasos de cerveza y un fernet… Al terminar la cena volvimos a su auto, donde nos dimos unos cuantos besos y arrancó.

-¿Querés que vayamos para mi casa?

Me preguntó. Lo pensé bastante, las cosas venían bastante raras hasta ahora, pero los besos estaban buenos, había que probar a ver si algo mejoraba. Si lo hacía con la intensidad con la que hablaba… Bueno, probemos, me dije para mis adentros, y le dije que sí…

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82. El Tano

Esa misma semana, recibo un llamado en mi celular, número desconocido. Atiendo y escucho una voz ronca que me saluda, que me suena ligeramente familiar:

-¿Cómo andás bombón?

Me pregunta, como si yo supiera con quién hablo. Contesto entonces

-Quién habla?

-¿Ya te olvidaste de mí, linda? Soy El Tano, nos conocimos el otro día en el boliche…

-Ah… como estas? No tenía tu número..

-Todo bien, vos?

Estuvimos hablando un rato. Me contó que es separado, que tenía una hijita de tres años que era la luz de sus ojos. Que trabajaba mucho pero ahora estaba de vacaciones. Y siguió la conversación:

-¿Querés cambiarte y te paso a buscar para cenar?

-¿Hoy?? Es jueves…

-Sí, porqué no? Vamos a comer algo nomás…

La verdad, parecía una locura total. Pero los viernes no trabajaba y además no me iba a quedar en casa esperando que apareciera el otro pendejo…

-Ok, dame un rato que me cambio y vamos.

-Dale, te paso a buscar a las 21.00.

Le dí la dirección de mi casa, me metí a la ducha, me cambié, me maquillé. Al rato me llega un mensaje suyo:

Estoy en la puerta.

Bajo y estaba esperandome dentro de su auto. Todavía había luz de día. Me subo y arranca. Me dice:

-¿Tenés pensado algún lugar o te llevo donde me parezca?

-¿Qué se te ocurre? -Le contesto

-Hay un lugar que me gusta en Lanús.

-¿En Lanús?? -Pregunto

-Si, no te hagas drama, después te traigo de vuelta…

-Ok…

Le contesto, pensando -espero que no sea un serial killer que va a tirar mis huesitos en el riachuelo…- Empezamos a hablar de su hijita, y de su separación. Venía escuchando una radio pedorra tipo FM Hit, y cada tanto en medio de una canción subía el volumen al máximo y empezaba a cantar a los gritos, golpeando el volante con las manos. Habrá pensado que me parecía divertido, pero la verdad, estaba empezando a asustarme. Estaba yendo hacia Lanús en el auto, bastante lindo por cierto, de un desconocido de 34 años que me hablaba de su hijita, y en vez de parecer un padre responsable, me recordaba a un adolescente en plena época maníaca. Pero bueno, ya estás acá, pensé para mis adentros. Me dejé llevar al restaurante que como me enteré por el camino, era una parrilla de su hermano. Él y su padre manejaban un rastaurante especializado en pastas y el hermano una parrilla, bastante populares ambos, de zona sur. Aunque la idea de ir a un lugar donde todos lo conocían no me resultaba muy tentadora…

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77. Nadie pasa de esta esquina (2)

Llegamos al boliche entonces, Las Divinas menos una que perdimos por el camino. Estabamos bailando cuando se me acerca un flaco me saluda y me pregunta:

-¿No te acordás de mí?

-Mmmm, no… respondo. -¿Nos conocemos?

-Sí, claro, de la semana pasada, acá.

-¿Vos estás seguro?

-Sí. Ah, tal vez porque me corté el pelo…

-Ahhhh, vos tenías una remera rayada?

-Sí, ahora te acordás?

La semana anterior, antes de irme con El Gallego, me había transado a uno que no me interesaba demasiado. Era muy pendejito, pero insistió mucho y me hizo reir, así que me lo transé y me fui. Y me olvidé totalmente de él. Además es cierto que se había cortado el pelo, estaba rapado. Seguimos hablando.

-Sí, me acuerdo, ¿Cómo andás?

-Todo bien, te fuiste el otro día, no me diste bola!

-…

-Sos mala, eh?

Seguimos hablando un rato, después nos dimos unos besos y me fui otra vez, le dije que iba a bailar un rato con mis amigas, y después por ahí nos volvíamos a ver. Seguimos bailando un rato y me fui a tomar algo a la barra. En eso empiezo a hablar con uno que tenía pinta de más grande. ¡Cómo me gustan los canosos! Tenía un look raro, muy fashion, con una remera estampada con inscripciones, y un blazer rayado. Tenía un estilo muy tano, bastante seductor. Nos dimos un par de besos y le dí mi teléfono. Se tenía que ir, pero quedó en llamarme en la semana. Volví a seguir bailando con mis amigas. La Colo se encontró con su profe, ese que siempre se hacía el lindo, que estaba con otro profe, que me venía tirando onda y yo no le daba bola…

Siguió histeriqueando un rato, miradita va, miradita viene, bailamos. En el medio que estábamos bailando se aparece El Rayado y me mira feo. Me habla al oído:

-¿Nos vamos juntos?

-Después vemos -le contesto -Estoy con amigos ahora…

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