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113. El Regreso… (4)

Algún sábado de Marzo de 2008

Esa noche me dormí como pude y me levanté temprano, como todos los sábados, para ir a trabajar. Una vez en el laburo me enteré que El Lerdo me había agregado al msn. Ok, demuestra interés, pensé para mí, lo habrá hecho antes de irse a dormir porque hace unas pocas horas que nos despedimos. Pero algo parecía raro con este flaco, había algo que no me cerraba y todavía no sabía qué. Estaba aburrida y tenía sueño. El laburo los fines de semana era muy tranquilo y era dificil mantenerse despierto. Me volví a meter en el blog de El Enfermito para ver si había novedades, pero no ví nada. Así que dediqué a boludear con el messenger. No había nadie con quien hablar y me puse a chusmear los contactos que tenía bloqueados, solo para ver si el enfermito había vuelto a meterse en alguna de mis cuentas. Todo seguía igual, por suerte. Ahí me acorde de Ishido, un personaje raro con el que había chateado un tiempo atrás y después lo había bloqueado. Seguía con la duda. ¿Sería él? La curiosidad pudo más, y volví a admitirlo. Un tiempo después lo encontré conectado y volvimos a hablar.

Des

¿Cómo andás tanto tiempo?

Ishido

Todo bien! ¿Vos?

Des

Bien, aburrida en el laburo. ¿Qué contás? ¿Volviste con tu ex?

Ishido

Si! por suerte volvimos, estoy re contento. ¿Y vos con el tuyo?

Des

No, yo no… ni me lo nombres…

Ishido

¿Por? ¿Pasó algo?

Des

No importa… contame vos, ¿Cómo fue eso?

Ishido

Muy bien por suerte, nos estamos por mudar juntos

Des

No me digas, así de golpe? ¿Por dónde?

Ishido

Por palermo…

Des

¿Palermo? Es grande Palermo, ¿Qué parte?

Ishido

Es en xxxxxxxxx (nombre de la calle) al 2400

Y ahí tragué saliva. Esto se iba poniendo cada vez más raro. La dirección que me estaba dando era a media cuadra de mi casa. Y encima Ishido nunca usaba foto, tenía puesta en ese momento una foto de un gatito. Raro… muy raro todo…

Des

Ah… re cerca de mi casa! ¿Cuándo te mudás?

Ishido

Esta semana. ¿Así que vamos a ser vecinos? Podríamos ir a tomar un café un día de estos…

Des

¿Pero no decís que volviste con tu novia y estas bien? ¿Para qué??

Ishido

Es solo un café, para conocernos… Pero vos fijate…

Des

Ok, lo vemos. Pero no me cierra mucho…

Le dije y di por terminada la conversación. ¿Justo a media cuadra de mi casa? ¿Y justo se pone un gatito en la foto del messenger? Eso es raro… un hombre no usa un gatito, ¿cuántas locas más hay como yo que le gusten los gatos?  La duda si era o no era mi ex estaba siempre presente, pero yo no estaba segura. Dudaba. Dudo, luego existo, dijo Descartes, y yo me lo tomé siempre al pie de la letra. No podía ser tan paranoica. ¿O sí?

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103. Ella baila sola (2)

Bajé a bailar con él, y hablamos un rato mientras bailábamos. Seguía mirándome fijo con sus ojos verdísimos, y una sonrisa picarona. Me contó que tenía 33 años y que trabajaba en una empresa grande. Le pregunté si estaba ahí de vacaciones y me dijo que no, que había venido a la carrera, era fanático de las motos. Le pregunté entonces a dónde se había ido de vacaciones y me dijo:

-Estuve en Cariló unos días.

En pocos segundos mi cabeza empezó a trabajar. Cariló es un lugar muy familiar, tenés 33 años, dudo que te hayas ido con tus papás… entonces… lo que seguía era casi obvio.

-En familia, ¿no?

-Sí…

-Dudo que la familia sean papá y mamá, estás casado?

-…

-Estas casado… ok.

-Bueno, casado no… pero…

-Ok, se entiende. De última es problema tuyo, a mí no me importa…

Seguimos bailando y charlando de otros temas. Me contó que había tenido un accidente con su moto, y tenía la pierna lastimada, le costaba un poco bailar. Pero seguía haciendolo. Estaba parando con unos amigos en un camping cercano al boliche. Un rato más tarde me invitó a tomar algo. Le dije que sí, pero que fuéramos a la barra de afuera, que era más tranqui. Adentro hacía mucho calor. Nos sentamos a tomar algo afuera, mirando la luna. Él pidió una cerveza, yo un agua mineral. Y seguimos charlando. Teníamos mucha afinidad en algunas cosas. Hablamos de los signos, de características de personalidad, que teníamos muy en común. Y no se cómo terminamos hablando de gatos. Siempre me gustaron los gatos y ya dije que tengo uno tatuado en el homóplato derecho, se lo mostré y se rió.

-No te lo puedo creer, yo tengo una pantera tatuada en el mismo lugar, me encantan los felinos…

Dijo, y empezó a hablar de la personalidad de los felinos, casi me muero porque sentí que me leía el pensamiento

-Me encantan, son super inteligentes, muy independientes, sensuales…

Decía que se sentía identificado con la personalidad de los felinos, las mismas boludeces que yo a veces digo, los gatos y yo nos entendemos.

-De hecho, las iniciales de mi nombre son  R E Y, como el rey león

Dijo, y nos reimos bastante, su nombre no me gustaba mucho, así que a partir de ese momento le dije “gatito” o “rey leon” medio en broma. Cada vez me gustaba más, y odiaba más el hecho de que fuera casado, pero esa noche estaba solo, y yo no engañaba a nadie. A todo esto “el cacho de carne” nunca había contestado mi mensaje, asi que… libertad total.  Nos dimos unos cuantos besos y me seguía mirando con sus ojos verdísimos hasta que me dijo:

-¿Vamos?

El problema era a dónde. Yo estaba en una habitación de hotel con dos amigas, él en un camping con otros tres. Y encima tenía que levantarse tempranito para ir a la carrera. Pero me agarró de la manito y me dijo:

-Seguime…

Y no pude negarme…

Ir a Post siguiente: 104. Ella baila sola (3).

49. Comienzo de año bizarro

Estaba entonces, sentada en un bar, mirando el cielo y escuchando música la tarde del 1º de enero. En eso siento que alguien me habla, de atrás. Me saco los auriculares y giro la cabeza. Escucho: ¿Es un gatito? Ufff, y se creen tan originales. Si, tengo un gatito tatuado en la espalda, más exactamente en el homóplato derecho. Y después seguro viene el clásico ¿Y porqué un gatito? con cara de picarones. ¿Qué esperaran que les conteste? ¿Porqué esa es mi profesión y acá tengo tatuada la lista de precios??? -pensé- Pero en ese momento solo atiné a responder -si, es un gatito. Será que me sorprendió ese comentario a plena luz del día. Y viniendo de alguien que parecía tener la edad de mi padre, o más tal vez…

Se acercó el caballero a ver el gatito con más detalle, mientras que me contaba que a él también le gustaban los gatos y blablabla… Yo estaba sola, culposa y muuuy aburrida, así que antes que me diera cuenta, el Señor Canoso pidió permiso, se sentó y pidió un café. Miré para todos lados, viendo para donde escapar, pero después me acordé de mi nueva filosofía del “¿Porqué no?” y decidí que tomar un café acompañada era más divertido que tomarlo sola. Me pidió un café a mi también y empezamos a hablar. Era periodista político, me nombró varios medios para los que trabajaba o había trabajado, y empezó una charla muy interesante que duró un par de horas en las que nos contamos parte de nuestras vidas. Por mi parte tímidamente, por la de él no tanto. Hizo gala de haber sido partícipe de hechos históricos de lo más interesantes, de haber viajado por distintas partes del mundo, y compartido mesa y vino con unas cuantas celebridades. Era claro que él estaba interesado en mí, y yo no, al menos era claro para mí. Pero era simpático y yo no tenía nada más divertido que hacer, además contaba buenas historias. Cuando finalmente se hizo de noche, decidí que era hora de irme. De alguna manera logró que le diera mi teléfono, y me dió el suyo, no sin antes decirme que vivía en el 7mo piso del edificio de la esquina, que fuera a visitarlo algun día. Doble la servilleta con su teléfono y la guardé en mi cartera mientras me iba, pensando, que comienzo de año más raro…

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42. Año nuevo, vida nueva… (5)

Volví a la pista silbando bajito, me puse a bailar tratando de pensar en otra cosa. Con el ex de una amiga no se hace, pero este guacho me estaba tirando mucha onda, ¿Para qué carajo lo habrá traído La Flaca? ¿Será que todavía está caliente con él? ¡Pero no le da ni bola! Bueno, no es momento de pensar tanto, seguí bailando… A esta altura tal vez deba aclarar que además estar descalza y con el vestido violeta mojadísimo, siempre fuí a bailar con un look muy particular. Uso anteojos desde los 4 años y me los dejaba puestos para ir a bailar, usé lentes de contacto en algún momento de mi adolescencia pero luego los dejé, me cansaron un poco por un lado, por otro lado, no me sentía yo cuando me miraba al espejo, los anteojos ya eran casi parte de mi cara. Por otro lado era casi una provocación, era casi un desafío era probarme a mí misma y a los demás que podía ser atractiva aún con anteojos. Por otro lado tengo un gatito tatuado en el omóplato derecho, será un capítulo aparte explicar como llegó ese michi ahí, pero tendría que ir mucho al pasado. Así que la escena se completaba así: descalza, con el vestido violeta mojado, los anteojos y el gatito en la espalda. Nunca faltaba algún bobo que señala el gatito y preguntara ¿muerde? o ¿es gato o gata? o peor, el que te mira fijo y te pregunta ¿porqué un gato? con cara de pícaro. Ni los que me veían con anteojos y comentaban ¡Qué cara de intelectual! como si la intelectualidad se redujera a un par de anteojos, qué idiotez. Pero bueno, esa noche y con un par de copas encima era capaz de dejar pasar cualquier comentario idiota…

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02. ¿Por dónde empezar?

La idea al empezar esto era contar un poco las aventuras del ultimo año. Que fue un año muy raro para mí, distinto. Casi, casi… podría decir que la que vivió todas esas aventuras no fui yo, o al menos, no la misma de siempre. Pero a esta altura ya no sé cuál de todas es Yo. Tal vez sea la suma de todas, o un poquito de cada una. Empecemos por contar quién es “Yo”. Soy Psicóloga, tengo 30 años, vivo en Capital, sola. Bueno, no sola, con mi gata. Siempre fui una persona bastante seria, responsable, un poco tímida, introvertida. Me gusta mucho leer, el cine, debería decir que soy un poco intelectual, a pesar de que odio a la gente que se describe así, porque me parece un acto de soberbia. Creía no ser sociable, por lo que solía recluirme en relaciones medio simbióticas con personas poco sociables como yo (creía ser). Tengo pocos amigos, amigas, más bien, pero nunca tuve un grupo de pertenencia, amigas aisladas, una de acá, otra de allá. Tenía un novio, F. con el cual todo empezó maravillosamente, como un cuento de hadas pero después… bueno, se volvió más real, demasiado real.

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