Archivo de la etiqueta: La Arquitecta

56. El del Barquito, Parte 2

6 de Enero de 2008

Al día siguiente voy a trabajar casi sin dormir, ya se me estaba haciendo costumbre. El trabajo en un call center los fines de semana es escaso, solitario, y aburrido, y yo siempre me las arreglaba para tener acceso al msn de alguna manera (a pesar de estar bloqueado) para no morir de sueño y aburrimiento. A la tarde la veo conectada a La Arquitecta y le pregunto qué onda con el pendejo. Me cuenta que la acompañó hasta la casa, que se dieron un par de besos y el flaco empezó a insistir en que lo invitara a “desayunar” en la casa. Que el flaco le gustaba pero que algo no le cayó bien, tal vez la insistiencia, tal vez ella no tenía ganas, y le dijo que no. Quedaron en hablar para verse en la semana, intercambiaron teléfonos y se fue, no sin antes insistir un rato más. Que un poco se quedó con las ganas, pero en el momento le pareció que no daba. Y no es que ella fuera muy prejuiciosa, en general, acerca de si está bien acostarse o no la primera vez, más bien eso le parecía una pelotudez (como a mí). Pero si uno no lo siente, no da. En eso estamos de acuerdo. Al rato me manda un mensaje El del barquito, para ver si nos veíamos esa noche. Le contesto que sí, pero que me deje dormir un rato cuando vuelvo del trabajo, que estaba muerta. Quedamos para esa misma noche, a eso de las 22, me pasaba a buscar. Así que terminé mi aburrida jornada laboral y me fuí a casa, donde apague el celular y me desmayé en la cama. Dormí un par de horas, me duché, me arreglé (poco, como siempre, poco maquillaje, ropa interior apropiada, remera escotada, tacos) y ya estaba lista para salir. Él llegó, menos impuntual que la otra vez, subí a su auto y partimos, esta vez con rumbo a su barquito, sin escalas…

Ir a Post siguiente: El del Barquito, Parte 2 (cont.)

55. Casualidades (2)

Como bien me recuerda La Morocha, a veces la memoria nos traiciona, y hay datos en el último post que no son exactos. (Como debe haberlos en todos, seguramente). Esa noche habíamos salido en realidad La Morocha, La Colo, La Arquitecta y Yo. No recuerdo si Caro no vino o se fue más temprano. La Arquitecta no conocía todavía a la colo y la morocha, se conocieron esa noche y creo que no se cayeron del todo bien, por lo que no volvimos a salir todas juntas. Pero esa noche, ahora recuerdo, estabamos bailando las cuatro, antes que apareciera El del Barquito, y empezamos a hablar con un grupito de amigos. Uno de ellos era médico y estaba tratando sin éxito de levantarse a la arquitecta. Nosotras no teníamos ojos para otro. Uno de sus amigos a quien luego de pensarlo mucho, voy a llamar por su nombre, (se lo merece por lo que pasó después, ya lo verán). Estábamos hablando de Damián, un morocho, con unos ojos azules impresionantes, muy simpático y que además sabía bailar. ¿Qué más se puede pedir? Pobre, el médico era muy simpático pero bastante feito y con ese bombón al lado era dificil que le prestaramos mucha atención… Damián estuvo coqueteando con todas, pero finalmente se fue con la arquitecta. Mientras tanto yo ya había saludado a El del Barquito con lo cual no me quedaba otra que portarme bien esa noche. Si, puedo ser bastante perra si quiero, pero si hay alguien que me conoce y me puede ver, no da. En fin. Mientras tanto La Morocha estaba hablando con un canadiense muy simpático que estaba de vacaciones, aprovechamos para reirnos un rato y practicar el inglés… y la colo… seguro la colo se había encontrado con su “cacho de carne” como lo llamaba ella. Un profe del gimnasio con el que a veces se juntaban a tener unas clases muy particulares, pero que cada vez que se lo cruzaba en el boliche se hacía el lindo y no le daba mucha bola..

Ir a Post siguiente: El del Barquito, Parte 2.

38. Año nuevo, vida nueva…

Para como venía ese año, un bajón atrás del otro, el fin de año se estaba poniendo de lo más divertido. La idea era no terminar el año en “abstinencia” y ya lo había cumplido, y para más detalles en un barquito! Me estaba empezando a gustar esto de estar soltera. Lo que más terror me causaba era enamorarme del primer idiota que se cruzara, porque ya saben, tengo debilidad por los idiotas y los enfermitos, así que me decidí a dejar el corazoncito guardado en un cajón, como dice mi querido Joaquín y seguir adelante a pura diversión. Era Domingo, 30 de Diciembre. Había salido la noche anterior con El del Barquito y el lunes 31 no había que ir a trabajar. ¡Qué ganas de salir! Llamé a Caro para ver si tenía ganas de hacer algo y se prendió, quedamos en ir a tomar algo por Las Cañitas. En eso me mandó un mensaje de texto La arquitecta que también estaba con ganas de hacer algo, así que la invité también. Ellas dos no se conocían, así que hicimos una previa en casa, tomamos algo y salimos. Fuimos para las cañitas, pedimos un par de tragos y nos sentamos a charlar… y mirar. No pasaba mucho pero era mejor que quedarse en casa. Subimos a la pista, bailamos, hablamos con algunos flacos. No pasó demasiado, mucha histeria por parte de ellos últimamente, pero igual nos divertimos bastante. Cuando nos cansamos de bailar nos fuimos a desayunar a un barsucho por plaza italia tres cafés enormes con medialunas, el mío sin leche como siempre, y nos quedamos hablando mal de nuestros ex (como corresponde). Qué buena sensación la de salir del boliche y caminar solitas al vientito de la madrugada, mucha paz…

Ir a Post siguiente: Año nuevo, vida nueva… (2).

32. Salida loca (2)

Viernes 28 de Diciembre de 2007

Después de la cerveza seguimos con un mojito, y la charla ya venía rumbeando para el lado de la histeria masculina.

-Los tipos están cada día más histéricos, -decía La Arquitecta, -ahora ya ni te encaran, se quedan ahí esperando que una haga todo el trabajo.

Mientras mirábamos a nuestro alrededor se confirmaba esta idea. Cada uno en su mundo, cero onda la gente.

-A las únicas que se toman la molestia en encarar son las rubias desteñidas con pinta de gato y las tetas hechas.

Dijo, mientras pasaba una platinada con extensiones y tetas de plástico y tooodos los flacos del bar se daban vuelta a mirar.

-Pero nosotras no podemos quedarnos esperando, no señor, -dijo, -somos las tres lindas, solteras, profesionales y solitas, vamos a hacer algo!

Confieso que casi, casi… muero de la vergüenza, pero le seguí el juego. Además después del mojito, seguimos con una copa de vino tinto, así que todo empezaba a parecerme graciosísimo. La seguí entonces, nos paramos en la puerta del barcito, y empezamos a “cobrar peaje”, cada uno que entraba tenía que saludarnos con un beso en la mejilla. La verdad fue algo insólito, jamás se me hubiera ocurrido hacer algo así, pero fue muy divertido, hablamos con todo el mundo, hicimos una mini-encuesta a ver que opinaban los caballeros  acerca de las rubias platinadas con las tetas hechas, conocimos gente y nos reímos mucho. Creo como dice Nietzche que lo que no te mata te hace más fuerte, esa noche no morí de vergüenza y le gané un par de puntitos a mi timidez crónica. A decir verdad, ya aprendí a disimularla bastante bien. A eso de las tres de la mañana y después de charlar con todo el mundo me despedí de ellas y me fui a dormir, había que levantarse tempranito al día siguiente…

Ir a Post siguiente: El del Barquito.

31. Salida loca

La arquitecta era amiga de mi amiga, D., La Mamá de Mi Sobri. Un día hablando con ella después de la separación, me comenta que La Arquitecta también estaba sola y dice que sería una buena idea que salgamos juntas. La agrego en el msn y hablamos un par de veces. Las tres fuimos al mismo secundario, junto con Mi vecinita. La mamá de mi sobri y La Aquitecta a un curso, Mi vecinita y yo al otro. A La Arquitecta no la veía hace por lo menos, diez años, y nunca habíamos sido amigas en realidad. Pero tampoco había mucho por perder. Intercambiamos celulares y quedamos en salir un día de estos, vivimos las dos en el mismo barrio. Pensé que la cosa iba a quedar así, medio en la nebulosa. Yo soy medio colgada, la verdad, y cuando digo un día de estos…. mmm. La cuestión es que al día siguiente del After, me manda un mensaje La Arquitecta, diciéndome que iba a ir a tomar algo con una amiga, si quería prenderme. Yo estaba muerta de la salida del día anterior y cenando en una parrilla con mi viejo y mis hermanas, estuve a punto de decir que no. Pero lo pensé bien: era el último viernes del año, ¿Qué podía pasar? A lo sumo era un embole e iba a ir medio mal dormida a trabajar el sábado a la mañana, pero no mucho más. Así que fui a casa, me di una ducha rápida, me cambié y salí. Me encontré con ellas en el bar. La amiga había ido al mismo colegio, me sonaba de cara, pero no la conocía mucho. A ella tampoco en realidad y hacía mucho que no nos veíamos, pero pedimos unas cervezas y empezamos a hablar, surgió el tema hombres. Es un tema ideal para hablar entre chicas que no se conocen mucho, porque siempre hay algo para decir, y para reírse. Hablamos de nuestras experiencias, pasadas y presentes. La Arquitecta estaba en una situación parecida a la mía,  solo que se había separado hace un tiempo ya, y venía divirtiéndose hace rato, yo recién separadita…

Ir a post siguiente : Salida loca (2).