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123. Y después…

Principios de Mayo de 2008

Finalmente El Rey León entendió y no volví a tener noticias suyas. Y no me arrepentí. Pero las cosas que me pasaron con él me hicieron repensar bastante mi posición, al menos en lo referido a los hombres. Si bien todavía no me sentía preparada para empezar una nueva pareja, me daba cuenta que había cosas que ya no me servían de la misma manera. Que si alguna vez había tenido la fantasía de estar con alguien casado, para tener una relación mas “libre”, ahora veía que eso era pura fantasía, en la realidad las cosas eran muy diferentes Que no era solo una relación “libre” también era una relación muy pobre.  y eso de hecho nunca me había servido demasiado. Siempre fui una persona sin muchos grises, las cosas para mí son claras, blanco o negro. O estoy a full y doy todo lo que tengo… o no estoy. Aunque estaba aprendiendo a reconocer algunas escalas de grises definitivamente ésta no era la mía. Sí estaba aprendiendo a tener relaciones más ocasionales y divertirme de otra manera, pero ésto no me llenaba del todo. De lo que sí estaba segura era de que no quería volver a tener otra relación como la que había tenido con mis ex, en las que yo me entregaba al 100% y del otro lado… bueno, del otro lado no era lo mismo, o simplemente no podían darme lo que yo necesitaba. O lo que estaba empezando a creer que merecía. Pasaron entonces un par de semanas un poquito más reflexivas, en las que sin embargo, seguí saliendo a divertirme con mis amigas, pero un poco más tranquila. Una noche de mayo, creo que era el primer viernes del mes, nos reunimos en la casa de La Colo para festejar su mudanza e inauguración del departamento. Éramos varios, amigos, ex compañeros y compañeros de trabajo, y por supuesto, Las Divinas. No me acuerdo si estábamos todas. Escuchamos música, tomamos, bailamos, cantamos hasta que se quejaron los vecinos, y finalmente nos dispusimos a salir, a un barcito de la zona. Ahí seguimos bailando un rato más, y tomando unas cervezas. Estabamos todos bailando en una ronda, con las carteras y los abrigos en el medio, muriéndonos de risa. Mirando a nuestro alrededor, no se veía nada interesante. El lugar estaba lleno de pendejos y la verdad a mí, los pendejos nunca me atrajeron. Hasta que en un momento aparece en escena un par de ojos verdes muy llamativos encima de una sonrisa blanca, en una cara que no parecía de un pendejo. Obviamente capturó mi mirada. No era hermoso, pero me llamaba la atención. Esos ojos se dirigían directamente a la ronda que habíamos armado. El lugar estaba muy lleno y no era fácil pasar, y él estaba intentando pasar justamente por el medio de la ronda. En el medio de su camino sus ojos se dirigen hacia mí y me dice:

-Perdón…

Había pisado algun bolso o algo así.

-Y la verdad no sé si te voy a poder perdonar así nomás, vamos a tener que hablarlo un poco…

Le contesté y empezamos a hablar. Supongo que el alcohol me ayudó a desinhibirme, nunca había sido tan caradura. Pero ya no me importaba…

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78. Nadie pasa de esta esquina (3)

Finalmente se fue El Rayado y me quedé hablando con El Profe, que me venía histeriqueando hace rato. Ya sabía por mi amiga que en el trabajo venía preguntando por mí (daba clases en el gimnasio del banco, junto con el que estaba con la colo) pero no se animaba a mucho. Hablamos un rato pero parecía medio tontito, lindo cuerpo pero poca cabeza. Nos dimos unos besos pero la verdad, no me entusiasmaron mucho, ni sus besos, ni su conversación. Esa maldita costumbre que tienen los profes de hacerse los lindos me revienta. Me quedé un rato más con él pero se hacía tarde y como siempre, yo tenía que ir a laburar unas horas más tarde. Así que opté por irme. Les dije:

-Ya vuelvo…

Bajé y enfilé para el guardarropas, a buscar mi abrigo y mi cartera, pero por el camino me cruzo con El Rayado, que me partió la boca de un beso. Buen beso… me quedé pensando. Nos colgamos hablando un rato y dándonos unos besos mientras él insistía en que nos fuéramos juntos, y yo insistía en que no. Era muy chico para mí, decía tener 24 pero aparentaba menos. Además no estudiaba, ni leía ni el diario, cosa que me deserotiza bastante, pero creo que hice demasiadas preguntas. ¿Qué me hizo pensar que eso daba para más de un polvo o dos? Sus besos se ponían cada vez más interesantes, así que a la tercera vez que me dijo de irnos juntos le dije:

-Ok, pero vos esperame acá, yo subo, saludo y nos vamos.

La Colo estaba con su chico así que se iba a ir acompañada, La morocha se había perdido hace rato por ahí con otro pendejito, amigo de El Rayado y parecía que también se iba acompañada, así que no había ningún problema para irme… Salvo El Profe que se ve que no tuvo la misma opinión que yo acerca de nuestros besos. Cuando les dije que me iba, me preguntó:

-¿Tan temprano te vas?

Debían ser las cuatro y algo de la madrugada

-Sí -le dije- Estoy cansada y mañana tengo que ir a laburar.

-¿Pero te vas a ir solita? ¿No querés que te acompañe? ¿O te alcance con el auto? -Arriesgó…

-No, si vivo acá a diez cuadras, no te hagas drama, me voy caminando.

Dije, tratando de zafar, y de que no bajara conmigo para ver que me iba acompañada… por otro.

-Pero estas segura? ¿No querés que te acompañe? Así te vas más tranquila…

-No, estoy tranquilísima, no me va a pasar nada…

Le contesté mientras me escapaba hacia las escaleras chequeando que no me siguiera…

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77. Nadie pasa de esta esquina (2)

Llegamos al boliche entonces, Las Divinas menos una que perdimos por el camino. Estabamos bailando cuando se me acerca un flaco me saluda y me pregunta:

-¿No te acordás de mí?

-Mmmm, no… respondo. -¿Nos conocemos?

-Sí, claro, de la semana pasada, acá.

-¿Vos estás seguro?

-Sí. Ah, tal vez porque me corté el pelo…

-Ahhhh, vos tenías una remera rayada?

-Sí, ahora te acordás?

La semana anterior, antes de irme con El Gallego, me había transado a uno que no me interesaba demasiado. Era muy pendejito, pero insistió mucho y me hizo reir, así que me lo transé y me fui. Y me olvidé totalmente de él. Además es cierto que se había cortado el pelo, estaba rapado. Seguimos hablando.

-Sí, me acuerdo, ¿Cómo andás?

-Todo bien, te fuiste el otro día, no me diste bola!

-…

-Sos mala, eh?

Seguimos hablando un rato, después nos dimos unos besos y me fui otra vez, le dije que iba a bailar un rato con mis amigas, y después por ahí nos volvíamos a ver. Seguimos bailando un rato y me fui a tomar algo a la barra. En eso empiezo a hablar con uno que tenía pinta de más grande. ¡Cómo me gustan los canosos! Tenía un look raro, muy fashion, con una remera estampada con inscripciones, y un blazer rayado. Tenía un estilo muy tano, bastante seductor. Nos dimos un par de besos y le dí mi teléfono. Se tenía que ir, pero quedó en llamarme en la semana. Volví a seguir bailando con mis amigas. La Colo se encontró con su profe, ese que siempre se hacía el lindo, que estaba con otro profe, que me venía tirando onda y yo no le daba bola…

Siguió histeriqueando un rato, miradita va, miradita viene, bailamos. En el medio que estábamos bailando se aparece El Rayado y me mira feo. Me habla al oído:

-¿Nos vamos juntos?

-Después vemos -le contesto -Estoy con amigos ahora…

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76. Nadie pasa de esta esquina…

Viernes 1 de Febrero de 2008

Era el cumpleaños de una compañera del Call Center, La Colo y yo estábamos invitadas, y como ya se nos estaba haciendo costumbre, nos juntamos las cuatro. Veníamos saliendo juntas hace un tiempo ya y nos estábamos divirtiendo mucho. Mientras esperábamos que llegara una amiga de alguien, empezamos a hablar de eso, de lo bien que la pasábamos y lo bueno que era para todas poder salir en grupo. Y se nos ocurrió la idea de ponerle un nombre al grupo. Empezamos a barajar varios. Y como vivíamos hablando (mal) de nuestros ex, a La Morocha se le ocurrió “las divorciadas”, pero no estaba bueno darles tanto protagonismo a ellos. La idea no era ser un grupete de despechadas, sino apuntar a divertirnos y pasarla bien. Caro sugirió “Las Divinas” y todas nos tentamos de risa. Por esa época venía sonando una cancioncita de un programa para pre-adolescentes, en el que había dos grupitos, Las Divinas y Las Populares. Tanto nos reímos que a partir de ese momento empezamos a llamarnos así, Las Divinas. Aunque debo confesar que yo siempre me sentía más una “popular”, era un buen momento para cambiar de bando, aunque sea por un ratito. Sí, ya sé que suena muy idiota, pero era muy divertido!

Bueno, finalmente entramos al cumpleaños, que era en un barsucho de barrio norte. Nos tomamos un par de tragos, y bailamos un poco. Era temprano. En un momento fuimos al baño, y Caro empezó a hablar en portugués a los gritos y a salpicar a todos con agua de la canilla. Nos enganchamos todas y nos moríamos de risa. No parábamos de cantar y decir boludeces. Parecíamos teenagers. Ahí fue cuando nos enteramos que Caro tiene muy poca resistencia al alcohol. Un rato más tarde estaba tirada en un sillón sin poder levantarse. La idea era ir a bailar después, pero con Caro en ese estado no podíamos. Así que nos subimos a un taxi, la dejamos en su casa y una vez que chequeamos que había llegado entera hasta su departamento, seguimos viaje para el boliche…