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60. Declaración de Insania

Art. 141.– “Se declaran incapaces por demencia las personas que por causa de enfermedades mentales no tengan aptitud para dirigir su persona o administrar sus bienes”.

152 bis. Podrá inhabilitarse judicialmente:

2º A los disminuidos en sus facultades cuando sin llegar al supuesto previsto en el art 141 de este código, el juez estima que del ejercicio de su plena capacidad pueda resultar presumiblemente daño a su persona o patrimonio;

(Código Civil)

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Las cosas siguieron más o menos así. Mensajitos en clave, besos, caricias y locura. Dormíamos juntos cada vez más seguido, nos extrañábamos cuando no estábamos juntos. A mí todavía me costaba un poquito más que a él relajarme del todo, todavía quedaban algunos miedos por ahí. Pero igual lo disfrutaba. Un día de esos estábamos caminando juntos por la avenida Santa Fé, comprando no se qué pelotudez, cuando en mitad del camino me frena, me toma del hombro y me dice, mirándome fijamente con sus ojitos verdosos: Sigue leyendo 60. Declaración de Insania

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46. To sleep or not to sleep? (3)

Sábado 4 de Abril de 2009

No apto para… diabéticos.

Agarró un marcador verde de trazo grueso, lo destapó y empezó a dibujarme el cuerpo. Lineas curvas como una planta enredadera en mi pecho, otras en mis piernas, y luego se tomó el tiempo de escribir un pequeño poema en mi abdomen desnudo, que terminaba casi llegando a mi pubis. Me hacía cosquillas pero era un sensación interesante. Era la primera vez que alguien me dedicaba un poema, y más aún de aquella manera. Lo leímos juntos. Estaba bueno, lindas palabras, sin excesivo romanticismo. Bien. Lástima que fuera tan perecedero, no hay forma de recuperar aquellas palabras. La hubo, en realidad. Sacamos algunas fotos, pero tiempo después, en un ataque de locura repentino las borré. Una pena. Una vez que él hubo terminado con mi cuerpo empecé yo con el suyo. Las letras no se me dan a mí tan fácil como a él, no al menos la poesía, ni siquiera la metáfora, lo mío es más literal. Pero siempre me gustó el dibujo, así que lo ilustré. Tomé otros colores, además del verde, azul y rojo. Unos trazos verdes por aquí, flores rojas y azules entrelazadas aquí y allá. Un ojo. Siempre me llamaron la atención los ojos, y siempre me gustó dibujarlos. Un ojo verde, con brillo en sus pupilas, y pestañas largas y curvas. Seguí ilustrando aquí y allá. Dejando mi marca en su cuerpo, mi nombre por acá, otra flor por allá, algunas figuras irregulares más allá. Nos miramos y nos reímos. Era bastante ridículo lo que estábamos  haciendo, pero no por eso menos divertido. Parecíamos dos nenes, entusiasmados. Apropiándonos del cuerpo del otro de toda manera posible. Una vez que terminamos con la sesión de dibujo y fotografía nos miramos.

-¿Y ahora?

Dijimos entre risas.

-Vamos a darnos una ducha, así nos sacamos todo ésto.

Le dije, mientras iba hasta el baño. Abrí la ducha y nos metimos juntos. Nos bañamos mutuamente, frotándonos con la esponja para sacar los restos de tinta que todavía nos cubrían. Pero no salía del todo. Nos reímos en la ducha, y nos besamos, y tal vez algo más…

Una vez que terminamos de ducharnos y secarnos nos percatamos que ya se había hecho de noche, otra vez. Empezábamos a tener hambre y en mi casa ya no había nada de comer.

-Te invito a comer ¿Querés?

Dijo. Y no pude más que contestarle que sí. Nos vestimos y salimos a caminar por el barrio. Era una noche hermosa, cálida, con una luna perfecta. Empezamos a caminar por el bulevard Charcas hasta que encontramos una pizzería…

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45. To sleep or not to sleep? (2)

Sábado 4 de Abril de 2009.

De golpe, un destello claro… la luz del día que se filtraba por la ventana daba de lleno en mis párpados. Abrí los ojos y miré el reloj, eran más de las diez de la mañana y él dormía plácidamente al lado mío. Increíblemente me había quedado dormida -con él en mi cama!- y habíamos dormido abrazados toda la noche. Era la primera vez en nosecuánto tiempo y se sentía bien. Raro, pero bien. Tengo que levantarme antes que se despierte y lavarme los dientes, así no da…- pensé, pero ya era tarde. Se había despertado y volvía a abrazarme.

-Estas acá -dijo, todavía somnoliento -menos mal que no te fuiste al living…

Y me besó. Me quiero morir, todavía no me lavé los dientes -pensaba, mientras lo besaba. Pero no estuvo tan mal. En fin, a todas esas cosas ibamos a tener que acostumbrarnos, si ésto seguía. Nos abrazamos un rato más en la cama, disfrutando de la fiaquita matinal y casi sin darnos cuenta nos fuimos acercando cada vez más, hasta que me encontré arriba de él, y él adentro mío. No estaba mal esto de dormir juntos, me había olvidado lo interesante que puede ser el sexo matinal, esos momentos en que uno todavía no distingue entre el sueño y la realidad y todas las defensas están relajadas.

Cerca del mediodía nos levantamos para para desayunar. Debo confesar que en todo ese día sólo salimos del cuarto para preparar algo de comer. Un rato al mediodía, un rato a la tarde. El resto del día transcurrió entre sexo, mimos y sábanas arrugadas. Genial. Como debería ser un fin de semana perfecto. Cada minuto que pasaba me iba sientiendo más y más estupidizada.  No podíamos estar un minuto sin estar uno cerca del otro. Ya bien entrada la tarde, en un momento que él se levantó de la cama para ir al baño, me encontré sola y respiré profundo. Totalmente relajada y depatarrada en mi cama. Se sentía genial. Manoteé mi biblioteca (que está arriba de mi mesa de luz) y me encontré con un librito que no leía hace mucho, uno de mis favoritos. Espantapájaros, de Girondo. No soporto la poesía pero en éste caso hago una excepción. No es romanticona ni empalagosa, y tiene una sonoridad genial, buenísima para leer en voz alta. Me hace llorar de la risa cada vez que lo leo. Cuando volvió me puse a leerle en voz alta. No lo conocía pero le gustó. Leimos juntos el resto de la tarde, desnudos los dos, muriéndonos de la risa y disfrutando de cada palabra. Jamás podría estar con alguien que no sepa disfrutar de un buen libro- pensaba para mí, y sonreía. Cuando terminamos de leer dijo:

-¿Tenés marcadores?

-Tengo… ¿para qué?

-Vos traelos… -dijo haciéndose el misterioso.

Fui a buscar la caja donde guardo los materiales de mis pacientitos y saqué un par de marcadores de trazo grueso. Se los dí.

-¡Buenísimos! -dijo- Vení, acostate acá. ¿Puedo?

-Dale…

Dije entre risas. No podía decirle que no a nada y la idea me parecía divertida, así que me dejé hacer. Me hacía cosquillas…

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Más de Girondo (mis favoritos):

Espantapájaros nº2

Espantapájaros nº6

Espantapájaros nº7

Espantapájaros nº8

Espantapájaros nº11

Espantapájaron nº12

Espantapájaron nº13

Espantapájaros nº18

Espantapájaros nº 21