Archivo de la etiqueta: mensaje de texto

(des) Moro (nada) …IV

Agosto de 2013.

Siguieron unos cuantos mensajes en los que intentamos ponernos de acuerdo, pero era al pedo. Parecía que hablábamos dos idiomas diferentes. Yo intentaba explicarle que no iba a ir a su casa porque no lo conocía, que me parecía bastante cómoda su postura y que de última yo iba a ir a su casa cuando estuviera segura de lo que quería hacer, y no antes. Que invitarme a su casa para mi era casi, casi como citarme en el telo. El me decía que no era tan así, que por ir a su casa no estaba obligada a nada y que si yo quería cenaba y me iba. Pero no entendía que yo no lo conocía. Y que no iba a ir a su casa. Yo le decía que hagamos algo antes. Y que si nos daban ganas no iba a tener problema en ir a su casa. El se puso en cabezadura. Que no, que ya nos conocemos, que no es necesario.

Y así siguió la conversación un rato hasta que me harté, puteé, revoleé el teléfono, lloré. Si, como ustedes bien leen. Lloré. Me juré que no iba a llorar por el padre-de-mi-hijo y estaba llorando (de bronca) por un pelotudo que ni siquiera conocía. Así de chiflada estoy.

No le contesté más. Y no nos vimos.

No voy a ir a la casa de un tipo que no conozco.

Es el colmo de la comodidad y yo no soy el delivery del 0-800-Minita.

He dicho.

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(Des) Moro (nada) …III

Agosto de 2013.

Mientras mi vida seguía cayéndose a pedazos y la convivencia con El padre-de-mi-hijo se hacía cada vez más insoportable, yo pensaba en los besos del Moro, y en la salida que íbamos a tener el siguiente fin de semana. Me preguntaba como sería estar en la cama con otra persona después de tanto tiempo. Si me iba a animar, si iba a poder disfrutarlo o me iba a angustiar más.

Durante esa semana esos pensamientos me mantuvieron a flote. Había decidido que no estaba en condiciones de deprimirme. Tenía un hijo y una casa que mantener, un laburo del que ocuparme y que no podía darme el lujo de tirarme en la cama a llorar. Así que había que seguir adelante como fuera. Entonces en los pocos ratos que tenía libres, fui, me depilé, me compré algo de ropa decente para salir (con lo poco que podía gastar) y me preparé mentalmente para el fin de semana.

Los mensajes con el Moro iban y venían al principio de la semana y hacia mediados de la semana empezaron a espaciarse cada vez más, hasta que finalmente dejó de responderme. Se iba acercando el fin de semana y yo me ponía cada vez más ansiosa. ¿Será que se va a borrar? pensaba. Y sí, podía ser que se borrara, pero ¿antes de coger? eso era raro.

Ya casi llegando el fin de semana no pude soportar más mi propia ansiedad y le mandé un mensaje. Si me iba a dejar colgada necesitaba saberlo. Escribí:

Y? que hacemos el finde?

Al rato el Moro me respondió

Si querés traete una botella de vino y yo te cocino.

Lei y releí su mensaje una y mil veces. ¿Me estaba invitando a su casa, directamente? ¿Y encima esperaba que fuera sola, que llevara un vino? Me parecía la respuesta más cómoda que podía haber. Vení. Vení vos. Ah y traete un vino. Daaaaale, ¿Y no querés que lleve los forros también?? Dejate de joder….

Me enojé. Dudé varias veces entre responderle, ver si podía proponer alguna otra cosa o mandarlo a la reconchadesumadre, pero despues me acordé de esos besos tan suavecitos, tan dulces… Me tomé un rato largo para pensar mi respuesta y finalmente escribí:

Me estás diciendo que vaya yo a tu casa? ¿Eso es lo más interesante que tenés para proponerme?

A lo que el respondió

Bueno, si querés te paso a buscar.

71. …y una de arena.

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Del Otro Lado: La ciudad de la furia. Trigesimoquinto.

 

22 de Mayo de 2009

Por suerte Gerardo no volvió a tocar el timbre, ni Pablo volvió a llamar, ni Pedro volvió a mandar mensajes de texto. Aunque los hombres de sus fantasías hacían mucho más que eso. Me seguían persiguiendo en sus sueños y en sus pensamientos. A veces me los contaba y a veces no, pero se le notaba. Cuando la mirada se le volvía brumosa,  yo sabía que estaba viendo otra escena. Pero en algún momento tenía que pasar, así que tuve paciencia. O al menos lo intenté. Sigue leyendo 71. …y una de arena.

70. En problemas (3)

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Del Otro Lado: La ciudad de la furia. Trigesimoquinto.

Viernes de resurrección. Trigésimocuarto.

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La de Gerardo era historia antigua -le dije- nos conocimos hace casi diez años y cuando estábamos a punto de… me asusté y me fui. Creo que los dos nos quedamos con ganas, era un asunto pendiente. El año pasado nos volvimos a encontrar. Yo estaba solterísima, y él estaba casado y tenía un hijo chiquito, pero si a él no le importaba ¿porqué me iba a importar a mí? Nos encontramos unos días después y nos sacamos las ganas. Nos seguimos viendo de tanto en tanto, cuando él lograba escaparse de su mujer. No pasaba nada, entre él y yo no había sentimientos, era solo eso. Hacía rato que no lo veía, además -dije, tratando de tranquilizarlo, pero evidentemente no funcionó. Se lo veía cada vez más alterado.

-Ahora le mando un mensaje y le digo que no lo quiero ver más. Sigue leyendo 70. En problemas (3)

69. En problemas (2)

Ir a Post siguiente: 70. En problemas (3).

Del Otro Lado: Viernes de resurrección. Trigésimocuarto.

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Por supuesto que le dije todo lo que le tenía que decir, y se enojó y tuvimos una pequeña discusión. El motivo de su enojo no fue tanto el llamado como mi escueta respuesta.

-Así le dejás la puerta abierta para que te vuelva a llamar.

Dijo, y tenía razón. Tendría que haber contestado otra cosa, pero en el momento me taro y no me sale, nunca se qué decir.  Para cuando encuentro una respuesta adecuada ya es tarde. Traté de tranquilizarlo mientras le escribía un mensaje de texto al susdicho.

Sigue leyendo 69. En problemas (2)

68. En problemas

Ir a Post siguiente: 69. En problemas (2).

Del Otro lado: Ser o no ser… Trigésimotercero.

Era inevitable.
En algún momento tenía que pasar y yo lo sabía. Venía esperando que mágicamente no sucediera, pero tampoco podía hacer nada para controlarlo. Y pasó. De a poquito, como la gota que va horadando la piedra lentamente. Empezó unos días, antes o después de aquella charla, ya no recuerdo bien las fechas exactas. Era un día hermoso, sábado tal vez, y habíamos decidido ir a tomar solcito al parque. Y ahí estábamos, tirados en el pastito, acariciándonos mientras leíamos cada uno concentrado en su libro cuando de golpe… suena mi celular. Era un mensaje de texto. Lo leo.

Hola bombón! ¿Cómo estás tanto tiempo?

Pedro

Tragué saliva.

-¿Quién era? Sigue leyendo 68. En problemas

64. Libro de Quejas

Ir a Post siguiente: 65. Y más dudas…

Del Otro Lado: La vez, la última. Trigésimo.

Primeros días de Mayo de 2009

Después de un año y medio de no estar en pareja, había cosas que ya había olvidado, o prefería no recordar. Los reclamos por ejemplo. La relación estaba recién empezando y los dos sentíamos la necesidad de estar en contacto todo el tiempo. Además Zapatillas Verdes estaba sin trabajo y no tenía mucho que hacer, y yo trabajaba poco. Hablábamos mucho por teléfono y nos mandábamos muchos mensajitos de texto. O más bien él me mandaba montones de mensajitos hermosos, que me hacían sonreir en donde estuviera, diciéndome cuánto me quería y lo mucho que me extrañaba. Yo casi siempre se los contestaba. Casi siempre. A veces estaba ocupada, o no escuchaba el teléfono en el tren, o simplemente no sabía que responder, y no contestaba. Yo considero que no todos los mensajes ameritan una respuesta. Pero él no estaba de acuerdo, y cuando nos veíamos más tarde venía el inevitable reclamo. Sigue leyendo 64. Libro de Quejas

63. (No todo es) Color de Rosa

Ir a Post siguiente: Feliz Cumple(s)!

del Otro Lado: Sombras a un costado. Vigésimonoveno.

Los días siguieron pasando y las cosas entre el señor de las Zapatillas Verdes y yo iban cada vez mejor.  Bueno… o casi. Yo todavía tenía algunos recaudos y un poco de miedo, y él… bueno él tenía sus momentos. Estaba todavía sin trabajo, viviendo de algunos dólares que todavía quedaban por ahí. Yo trabajaba poco, pero trabajaba, a veces todo el día, a veces sólo unas horas, dependiendo del día. Él buscaba trabajo, mandaba currículums a todos lados y tenía poco que hacer. Leía y escribía y me mandaba mensajitos de texto de tanto en tanto. Hablábamos mucho. Nos veíamos bastante: casi todos los días. Y dormía en mi casa cada vez más seguido. Sigue leyendo 63. (No todo es) Color de Rosa

57. Mixed emotions (5)

Del Otro Lado: *Hablamos… Vigésimoséptimo.

*Setenta segundos. Vigésimooctavo.

Ir a Post siguiente: 58. En Clave.

Y me fui a dormir con una sensación agridulce, todavía sorprendida por lo que había pasado. Mi inconciente había hablado por mi boca, y siempre que eso pasa le hago caso. Si dije eso por algo será. Era lo que había que decir. El inconciente no se equivoca. O sí, pero en todo caso no miente. Eso debía ser lo que sentía. Hacía mucho tiempo que no salía con nadie más de tres veces seguidas. No sé si era yo que no me quería enganchar, o que mis partenaires no eran lo suficientemente interesantes como para querer seguir viéndolos. Y en varias oportunidades no había sido mutuo. Había unos cuántos que me seguían llamando, incluso que me seguían mandando mensajitos. Pero lo único que podía pensar cuando los recibía era -qué pesados! Pero éste no era el caso, algo estaba cambiando. A la mañana siguiente  mientras iba a trabajar recordé que me había pedido que le mandara un mensajito para quedarse tranquilo. Todavía sentía lo mismo que la noche anterior, nada había cambiado. Le mandé el mensajito entonces, desde el colectivo. Sigue leyendo 57. Mixed emotions (5)

53. Mixed emotions.

Del Otro Lado: Y la tarde siguiente. Vigésimosexto.

Ir a Post siguiente: 54. Mixed emotions. (2).

Domingo 05 de Abril de 2009.

Necesitaba pensar, entender, entenderme. Necesitaba aire. Mi amiga Caro me tocó el timbre y bajé con el mate y el termo. Compramos unas medialunas y fuimos a tomar mates al parque. No nos veíamos desde antes que empezara toda esta historia. Le conté todo. Le conté los cafés y las charlas. Las caminatas. Los mensajes, y los marcadores verdes y los cepillos de dientes. Le conté que se quedó en casa y me había podido dormir. Le conté que me crucé con un auto blanco y su abrazo me calmó la angustia. Le conté de mis ganas y de mis miedos. De sus “tequieros” y sus “teamos” y de los tres puntos suspensivos, y de las preguntas de vivir en Rio o en Londres. Y del blog. Sigue leyendo 53. Mixed emotions.