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31. Salida loca

La arquitecta era amiga de mi amiga, D., La Mamá de Mi Sobri. Un día hablando con ella después de la separación, me comenta que La Arquitecta también estaba sola y dice que sería una buena idea que salgamos juntas. La agrego en el msn y hablamos un par de veces. Las tres fuimos al mismo secundario, junto con Mi vecinita. La mamá de mi sobri y La Aquitecta a un curso, Mi vecinita y yo al otro. A La Arquitecta no la veía hace por lo menos, diez años, y nunca habíamos sido amigas en realidad. Pero tampoco había mucho por perder. Intercambiamos celulares y quedamos en salir un día de estos, vivimos las dos en el mismo barrio. Pensé que la cosa iba a quedar así, medio en la nebulosa. Yo soy medio colgada, la verdad, y cuando digo un día de estos…. mmm. La cuestión es que al día siguiente del After, me manda un mensaje La Arquitecta, diciéndome que iba a ir a tomar algo con una amiga, si quería prenderme. Yo estaba muerta de la salida del día anterior y cenando en una parrilla con mi viejo y mis hermanas, estuve a punto de decir que no. Pero lo pensé bien: era el último viernes del año, ¿Qué podía pasar? A lo sumo era un embole e iba a ir medio mal dormida a trabajar el sábado a la mañana, pero no mucho más. Así que fui a casa, me di una ducha rápida, me cambié y salí. Me encontré con ellas en el bar. La amiga había ido al mismo colegio, me sonaba de cara, pero no la conocía mucho. A ella tampoco en realidad y hacía mucho que no nos veíamos, pero pedimos unas cervezas y empezamos a hablar, surgió el tema hombres. Es un tema ideal para hablar entre chicas que no se conocen mucho, porque siempre hay algo para decir, y para reírse. Hablamos de nuestras experiencias, pasadas y presentes. La Arquitecta estaba en una situación parecida a la mía,  solo que se había separado hace un tiempo ya, y venía divirtiéndose hace rato, yo recién separadita…

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09. Vida de soltera

Estaba sola, libre y sin compromisos. Era hora de empezar a disfrutar de este estado, pero con quién? Uno de esos fines de semana me llama Mi vecinita, una amiga del secundario que vive a una cuadra y media de casa, y me invita a un cumpleaños al que ella y su novio iban a ir, de un amigo de él. En mi cabeza empezaron a formarse como siempre un montón de ideas, motivos para decir que no: que es raro salir de a tres, que no conozco a nadie, que me voy a sentir de más, que tal vez no sea un buen momento, y blablabla. No sé si queda claro hasta ahora pero soy bastante neurótica y siempre que tengo la posibilidad de hacer algo se me ocurren miles de motivos por los que no hacerlo. Pero ante la opción de quedarme otro fin de semana encerrada en casa, sola, opté por mi nueva filosofía: el “¿Porqué no?” Hay una frase que siempre me resultó interesante: “Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse, que arrepentirse de no haber hecho nada.” (Giovanni Bocaccio) Era momento de empezar a ponerla en práctica. Así que me cambié, y fui. Hacía muchísimo que no iba a un boliche, y aunque el lugar y la música no eran la gran cosa y yo no me sentía muy segura de mí misma ni sabía bien que era lo que quería, salir y demostrarme a mí misma que puedo divertirme, fue un gran paso para empezar. Incluso creo que me transé un flaco esa noche, se me acercó a hablar en un momento y yo seguí adelante con mi filosofía del “¿porqué no?”, nada me lo impedía, y se sintió bien saber simplemente que podía hacerlo. Eso si, cuando me pidió mi teléfono,  ahí no pude evitar decirle que no.

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04. El comienzo (2)

Para qué decir que fue un cumpleaños deprimente. No sé si el peor de mi vida, pero uno de los más tristes que recuerdo. No tenía mucho que festejar. Aunque el final de mi relación con F. era predecible, y ya había llorado mucho durante nuestra relación, tampoco estaba como para festejar. De golpe me encontré sola, muy sola. Ya dije que tengo pocas amigas, y ninguna disponible para reiniciar mi vida de soltera. D. (La mamá de mi sobri) está casadísima, y nunca le gustó mucho salir. G. (Mi Vecinita) está de novia, puede que se prenda en alguna pero no en todas. A V. (La Flaca) la veo una vez cada mil años. J. es una buena compañera para ir al cine, a ver esas pelis que nos gustan a nosotras solas, pero salir… mmmm. Había que buscar aliados para esta nueva soltería. Me acordé de N. que fue mi compañerita de banco en el trabajo (un trabajo aburridísimo en el Call Center de un banco, que ayudaba con el alquiler, pero se me hacía cada vez más pesado) tomábamos mate y charlábamos, había buena onda, y se había peleado con el novio hace poco más de un mes. Si, ya sabía por donde empezar. Mientras tanto, F. (mi ex) me hacía un llamadito cada 2 o 3 días para ver si se me había pasado el enojo. Yo le seguía contestando lo mismo: por ahora no quiero verte. Y cortaba.

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