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Neeeext… (3)

Septiembre de 2013.

Obviamente no volví a salir con el Boga, hablamos una o dos veces más, amablemente y le hice saber como pude que no estaba interesada. Aunque siempre me quedaré con la intriga de saber qué edad tenía realmente. Uno de esos días, boludeando en Badoo para evitar las conversaciones incómodas con mi ex, me encuentro con la foto de un senior muy interesante. Morocho, de cara agradable y una mirada intensa filtrada por unos anteojitos que le le daban un look intelectual muy sexy. Y a mi me pierden los seniores intelectuales. Cruzamos un par de palabras y empezamos a chatear. Venía bien, cocinero, pero ya no ejercía y se había montado una pyme con un amigo que parecía andar bien, separado, con un hijo chico, vivía solo, escribía sin faltas de ortografía y parecía haber leído al menos un par de libros. Como la charla venía interesante arreglamos para vernos. Un día de semana a la tarde me pasó a buscar por mi casa y fuimos a tomar algo en un bar de mi barrio. El pidió una gaseosa, yo un café, y empezamos a hablar. Cara a cara no era taaan sexy como en sus fotos, pero era claramente un senior interesante. Le conté un poco de mi situación mientras él escuchaba tranquilamente emitiendo de vez en cuando algún juicio de valor ante las actitudes de mi ex (-Ah… tu ex un pelotuuudooo, eh?). Después le pregunté por su separación. Su hijo era aun más chico que el mío y el decía haberse separado a fines del año pasado, cuando aún era un bebito de meses. Eso me sonaba un poco raro. Me contó una historia complicada. Su ex era adicta y paciente psiquiátrica y las cosas ya no andaban del todo bien cuando ella quedó embarazada. Que él se había hecho cargo del nene y que en realidad vivía con él y ella lo veía de vez en cuando, pero que ésta noche estaba con ella. Mientras hablaba de vez en cuando relojeaba su celular, al que le llegaban de tanto en tanto mensajes de WhatsApp de ella, hablando del nene. Todo un poco raro…

Pero seguimos hablando de todo un poco mientras las miradas comenzaban a hacerse un poco más intensas y yo empezaba a ponerme un poco nerviosa…

Le pregunté sobre su trabajo y porqué no ejercía más su profesión y me contó que le encantaba cocinar, que había trabajado en un hotel importante y le iba bien, pero que ya no se bancaba el ritmo loco de la cocina y que había elegido invertir en otra cosa y vivir un poco más tranquilo. Y yo que tengo la mala costumbre de decir lo primero que me viene a la cabeza, sin pensar, le solté:

-Viste lo que dicen de los cocineros…

-¿Qué dicen?

-Que son todos Putos o Borrachos…

-Pero yo no tomo alcohol… y lo de puto…

Dijo, mientras se acercaba y me comía la boca de un beso…

Neeeext… (2)

Pero definitivamente no me atraía. No sabría decir si era por su cara de señor mayor que me chocaba un poco (no le creía ni un poquito que tenía 45) o por su discurso tan…. como decirlo? Me daba la sensación de que las mujeres que pasaban por su vida eran meros objetos decorativos y acompañantes… y yo nunca me vi en esa posición. Yo soy protagonista en mi vida, no me veo en el rol secundario en la vida de otro.

En fin. Igualmente terminamos nuestros cafés, pedimos unos tragos, y seguimos hablando un rato más, hasta que se hizo la hora de irnos y nos subimos a su auto. “Caballerosamente” se ofreció a dejarme en la parada del colectivo… (Si, qué galán!!!) Dimos unas vueltas en su auto mientras hablábamos de literatura y poesía y ponía unos temas de Luis Miguel, cosa que a mis ojos lo hacía cada vez más incogible. En un momento estacionó el auto y seguimos hablando y escuchando música hasta que se me tiró encima para darme un beso…

Me agarró totalmente desprevenida porque no lo esperaba (ni lo quería…) pero una vez más pensé, estás en el baile, ahora bailá. Cerré los ojos y lo dejé hacer. Pero no fue un beso muy agradable. Tenía una boca enorme y me babeaba toda la cara, parecía que quería comerme. Además no dejaba sus manos quietas y en un momento la cosa se empezó a poner pesada. No me estaba gustando ni un poco y el parecía diferir completamente. Intenté pararlo dos o tres veces pero no hacía caso y seguía poniéndose pesado. Empecé a asustarme un poco de su insistencia y me enojé. Le dije que parara o que me iba a bajar ahí nomas. Que en ese momento no tenía ganas de seguir con eso.

Por suerte en algún momento entró en razón, me llevó a la parada del colectivo, le di un besito y me bajé, mientras lo escuchaba decir -me gustaría volver a verte alguna vez…

-si, claro- pensaba mientras sentía el viento fresco en la cara y respiraba aliviada.

Me esperaba un largo viaje en colectivo hasta mi casa.

Neeeext…

Agosto-Septiembre de 2013

Obviamente no me iba a quedar de brazos cruzados llorando por nadie que no mereciera una lágrima mía (ni de nadie). Tenía pensado empezar a salir y disfrutar de la vida y si no era con el Moro iba a ser con algún otro. Así que seguí chateando. De paso me mantenía distraída y con la atención puesta en el celular más que con lo que pasaba en mi casa, dónde la convivencia se tornaba algo cada vez más insoportable. Un día apareció Richard. Un abogado que decía tener 45 añitos, Rubio, canoso y con unos ojos verdes más que interesantes. Después de un par de buenas charlas quedamos en vernos el fin de semana siguiente. Yo había quedado en encontrarme con dos amigas en el Botánico y el señor se ofreció a pasar a buscarme por ahí más tarde.

Y así fue. Me junté con las amigas, charlamos, despotricamos contra los hombres como siempre hacemos cuando nos encontramos y cuando empezaba a bajar el sol nos sentamos a tomar un café en el bar que está justo enfrente. Le mandé un mensaje para avisarle dónde estaba y un rato después, cuando mis amigas ya estaban por irse me manda un mensaje.

Estoy llegando, es un auto negro.

Nos quedamos mirando y de golpe aparece un auto negro impresionante. Yo no se nada de autos, pero éste de lejos se notaba que no era un autito cualquiera. Saludo a mis amigas y con un poco de nervios me acerco a su auto. No estoy acostumbrada a subirme al auto de un tipo que no conozco y la verdad es que me da un poco de miedito. Pero me hago la valiente y subo. Nos saludamos. Es un tipo agradable, elegante, pero parece tener diez o quince años más que el de la foto que vi en su perfil. Y mi cabeza no para. Pienso. Yo tengo 34, el dice tener 45, pero ¿será verdad? ¿O se le habrán caído algunos por el camino? ¿Y si tuviera diez más de los que dice? Es casi la edad que tiene mi papá….

Arranca el auto y vamos a tomar algo en un bar de Palermo. Tenemos una charla muy agradable a pesar de que yo estoy algo nerviosa. Me cuenta de sus viajes, de su hija, de su trabajo. Yo le cuento algunas cosas también. Y lo escucho contar sus viajes por el mundo, sus gustos caros, sus insinuaciones de cómo le gusta agasajar a la mujer que está con él mientras me mira fijo… y pienso -puta madre, porqué no me podré sentir atraída por un tipo así alguna vez….