50. El beneficio de la duda (2) 4 Noviembre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: El viajero, Facebook, mensaje de texto, Novio, Zapatillas Verdes
15 comments
Domingo 5 de Abril de 2009
Un buen rato más tarde, recibo un mensaje de texto. Era él respondiendo el mío. Decía:
Yo no dejo de pensar en vos. Definitivamente hay algo que me subyuga, que me enciende el alma. Te necesito cerca y cuando no estás se me nota.
Besos
Sin pensarlo demasiado le contesté
Yo tampoco dejo de pensar en vos…
Escribí timidamente, estaba tratando de soltarme un poco, de liberarme de esos miedos que me seguían atormentando. Su respuesta no se hizo esperar.
Tené cuidado con los “…” Me puedo equivocar y pensar que me querés.
…
Su mensaje me hizo sonreir. Claro. Tres puntos suspensivos, como tres toques en el hombro, eran ya a esta altura como un código para nosotros. Eran su forma de decirme “te quiero” o “te amo” sin asustarme demasiado, sin esperar una respuesta. Y ahora me estaba invitando a jugar. A jugar al juego de los mensajes ocultos, las metáforas y los dobles sentidos. Un juego para el que siempre tuve cierta facilidad. Contesté entonces:
Ja Ja Ja.. Qué lindo. Y tal vez.. no te equivocarías mucho.
Decir las cosas y no decirlas al mismo tiempo. Ese era el juego. No pude con mi genio. Lo escribí, pero usando un “tal vez” y un condicional. Y dos puntos en vez de tres. Era una lucha entre mi intelecto y mis emociones, y venían cabeza a cabeza. Me respondió con uno o dos mensajes más, uno más dulce que el otro. Si no fuera por lo mucho que lo extrañaba, y por los suspiros que me arrancaba cada vez que sonaba mi celular, tal vez me habrían parecido un tanto empalagosos, pero no: me encantaron. Entonces me senté frente a la computadora y me puse a escribirle un mensaje por facebook. Necesitaba contarle lo que me estaba pasando, pero no podía hacerlo en forma directa, no me animaba. Siempre se me ocurre algún recurso para decir las cosas sin hacerme cargo del todo. Escribí:
Para: El Viajero
Asunto: Vos me dijiste que me ibas a cuidar…
Mensaje: Decime, entonces, qué hago?
Te cuento: hay un loquito que conocí por ahí, que me manda mensajes y me escribe cosas lindas, y me mira a los ojos con una intensidad que me hace temblar un poquito. Y a mí me da un poco de miedo. Me está asustando pensar que me puedo enamorar perdidamente de él…
Si, leyeron bien. Escribí todo eso y con tres puntos suspensivos al final. Y antes de tener tiempo de arrepentirme presioné “enviar”. Y me quedé frente a la compu como una idiota, con el corazón en la mano y esperando una respuesta.
Pero definitivamente no me esperaba la que recibí un rato más tarde…
.
del Otro lado: El blog de Des. Vigesimocuarto.
49. El beneficio de la duda. 2 Noviembre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Blog, El viajero, Facebook, mensaje de texto, Novio, Zapatillas Verdes
19 comments
No basta que todos sepamos que una persona es culpable de un delito. Sólo se lo puede condenar si se puede probar -más allá de toda duda razonable- que fue él quien cometió la fechoría.*
Domingo 5 de Abril de 2009.
Si bien sabía que habían entrado a mi blog desde facebook, no tenía forma de comprobar que efectivamente se tratara de él. Podía ser cualquier otro de mis contactos de facebook, o cualquier otra persona. Mi intuición me decía que sí, mi razón me decía que no. Que no era seguro al menos, así que había que sostener el beneficio de la duda. Según el derecho todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario (o al menos así debería ser). Con éste tipo de estupideces intento acallar a mi intuición para poder dormir en paz a la noche. Y así lo hice. Me fui a dormir pensando que no puedo ser tan paranoica. Que si me prometió que no lo iba a leer tendría que creerle. Mmmm… Tendría que… en fin. No estaba tan convencida. Sospechaba que en algún momento lo iba a leer y se iba a armar, pero esperaba que no fuera tan pronto. Todavía no sabía como iba a seguir esta historia. Dí unas cuantas vueltas en mi cama mientras pensaba estas cosas.
Me desperté a la mañana siguiente, sacudiendo aquellos pensamientos como si se tratara de un mal sueño. No podía ser él. No podía defraudarme de esa manera… me lo había prometido. Relajada después de una noche de sueño tranquilo, me preparé el desayuno, y noté con sorpresa que no dejaba de pensar en él, y en todas las cosas que habían pasado ese fin de semana. ¿Sería posible algo más? Todo parecía encaminarse hacia ese lado. No paraba de pensar en la noche que dormimos juntos, en Girondo y sus poesías, en el marcador verde, y en esa pizza que se me quedó atragantada de la sorpresa. ¿Podría ser real todo eso? ¿O sería puro chamuyo? Todavía me costaba un poco confiar en él… Pero definitivamente no pensaba en otras cosas, solo en él. Era uno de esos días en que los suspiros se hacen constantes, y uno siente el alma hinchada, que casi no entra en el pecho. Necesitaba comunicarme con él, de alguna manera. Aún con esa duda clavada en el pecho, no pensaba preguntar. Así que lo llamé. Agarré mi celular y marqué su número, casi por primera vez. Hasta aquí la iniciativa siempre había sido suya. Sonó… una, dos, tres… y cuatro veces. No me atendió, y no me animé a insistir. Esperé un rato, una hora o tal vez menos, sin novedades. Entonces le mandé un mensaje de texto. Escribí:
Solo te llamé para decirte que te extraño.
Des.
Y aún medio indecisa y sin pensarlo demasiado, lo envié.
.
*http://neuro.qi.fcen.uba.ar/ricuti/Tonterias/beneficio.html
Ir a Post siguiente: 50. El beneficio de la duda (2).
48. To sleep or not to sleep? (5). 28 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Blog, El viajero, Facebook, Novio, Zapatillas Verdes
18 comments
Pedimos la pizza finalmente, y comimos mirando un poco la luna y charlando de lo loca que había sido la última semana. Es sorprendente la cantidad de cosas que pueden pasar en tan pocos días, y tantas otras veces pueden pasar semanas enteras y que no pase absolutamente nada. Terminamos de comer, y volvimos caminado para mi casa abrazados. O más bien, yo colgada de su espalda. En cada esquina nos frenábamos para besarnos y disfrutar de nuestra cercanía. Pero había un par de cosas que aún daban vueltas por mi cabeza. Por un lado lo del blog, por el otro lo que acababa de pasar un rato antes. ¿No era demasiado pronto? Ya habíamos dormido juntos ayer, y ya era tarde. ¿Daba para dormir juntos dos noches seguidas? Esto empezaba a asustarme un poco. Además todavía necesitaba un poco de libertad, un ratito de espacio para mí. ¿Cuándo iba a escribir en mi blog entonces? ¿Con él ahí? No, eso no daba. ¿Iba a dejar de escribir por él? No, tampoco me parecía…
Llegamos hasta mi casa y subimos. Nos abrazamos y nos besamos, tomamos un café y me dijo:
-Me voy a ir yendo…
Y se me quedó mirando. Supongo que esperaba que le pidiera quedarse, pero ya a esta altura necesitaba un descansito. Tanto amor de golpe satura un poco, o todavía no estaba preparada, no sé.
-Ok, terminemos el cafecito y te acompaño.
Nos despedimos en la puerta con un beso y un abrazo, y la promesa tácita de hablar al día siguiente. Antes de irse me besó, y me tocó tres veces seguidas el hombro con su dedo índice. Casi como un código, en clave morse. Ya lo había hecho antes y yo no le había prestado demasiada atención. O sí y me había hecho la tonta. Pero después de esa noche era imposible no entender. Tres puntos, como tres puntos suspensivos. … Obviamente era una forma de decirme lo que yo le había pedido que no me diga, cuando dije -no me apures. Seguramente lo mismo que me había dicho en la pizzería. Pero me daba la chance de hacerme la tonta y no contestar, y así lo hice.
Volví a subir pensando que al fin iba a tener toda la camita para mí, para dormir toda despatarrada como siempre. Solo que antes de irme a la cama, no se me ocurrió mejor idea que sentarme frente a la PC, que estaba apagada desde el viernes. Abrí la página de WordPress. Era muy tarde para ponerme a escribir, y tenía la cabeza llena de pájaros y de dudas, no había chance de concentrarme. Pero entré a curiosear, cuántas personas habían entrado, desde dónde… y para mi sorpresa veo que había una entrada desde facebook…
.
Del otro lado: Des-atragantando antes de atragantarse, vigésimoterceros.
Ir a Post siguiente: 49. El beneficio de la duda.
47. To sleep or not to sleep? (4). 23 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Cita, El viajero, Novio, Zapatillas Verdes
22 comments
Ya había dicho que era un noche hermosa y templada de los primeros días de abril, con una luna perfecta. Elegimos una mesita afuera y nos sentamos. Debería aclarar que tengo la mala costumbre, desde chiquita, de sentarme en cualquier lado con las piernas cruzadas. No sé porqué, pero estoy cómoda en esa posición. Algo bastante inconveniente cuando una usa pollera, pero por suerte no era el caso de esa noche. Me había puesto un jean clarito, bien ajustado, una camisa negra cruzada y botas largas negras. Así que me senté, crucé las piernas arriba del asiento como era mi costumbre. En ese momento la voz de mi vieja empezó a retumbar en mi cabeza: -nena, que hacés sentada así? No ves que ni entrás en la silla? Estás acompañada, comportate como un señorita! Mierda, mamá, callate, ¿qué hacés acá? -pensé para mí. Pero era cierto, era sillas con apoyabrazos y mis piernas cruzadas no entraban del todo.
–Uh, ni me doy cuenta y ya me siento toda despatarrada, debería comportarme como una señorita, ser un poco más femenina… pero no me sale!
Dije mientras ojeaba la carta, un poco en broma, un poco en serio. En realidad poco me importa la imagen que doy, suelo hacer lo que me hace sentir cómoda, sin pensarlo demasiado. Pero la respuesta no se hizo esperar…
-Vos sentate como quieras, yo te amo igual…
Dijo sin casi darse cuenta de lo que decía. Me quedé mirándolo con los ojos abiertos como platos. Cerré la carta instantáneamente. ¿Qué??? ¿Qué me dijiste??? Pensé, pero de mi boca no salió ni una sola palabra. Ahora sí que me dejaste muda, ésta no me la esperaba. Hasta ese momento venía relajándome de a poquito, pasándola bien, disfrutando, tratando de controlar los miedos. Pero ésto había sido como un baldazo de agua fría. ¿Y ahora? ¿Qué te contesto? Decir -hace más de 24 hs. que estamos juntos y la estamos pasando divino, pero…. yo todavía no… No. Definitivamente no. No quería ni podía decir algo así. Así que opté por callarme. Me mantuve en silencio durante un minuto o dos (aunque tal vez fueron segundos, pero se sintieron como minutos), lo miré, miré para abajo… Y volví a abrir la carta.
-¿Vos te diste cuenta de lo que me acabás de decir?
Pregunté mirando solo a la carta. No podía mirarlo a los ojos.
-Ehhh… no del todo. Creo que se me escapó…
-Ah… ok… No sé si te puedo contestar… …¿Pedimos?…
Dije, tratando desviar la conversación hacia otros rumbos. Pero esas palabras seguían resonando en mi cabeza, y calculo que también en la suya. ¿Sería verdad? ¿Era posible? Pero si nos conocíamos hace ¡sólo una semana! Pero tambien era cierto que hacía más de un día que estábamos juntos, que habíamos dormido juntos, y que la estábamos pasando genial. ¡Mierda! ¿Qué necesidad había de arruinarla así? ¿Cómo puede ser que solo dos palabritas tengan el poder de cambiar tanto las cosas?
Ir a Post siguiente: 48. To sleep or not to sleep? (5).
del otro lado: Quedarse. Vigesimosegundos.
46. To sleep or not to sleep? (3) 22 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, El viajero, Marcadores, Novio, Zapatillas Verdes
20 comments
Sábado 4 de Abril de 2009
No apto para… diabéticos.
Agarró un marcador verde de trazo grueso, lo destapó y empezó a dibujarme el cuerpo. Lineas curvas como una planta enredadera en mi pecho, otras en mis piernas, y luego se tomó el tiempo de escribir un pequeño poema en mi abdomen desnudo, que terminaba casi llegando a mi pubis. Me hacía cosquillas pero era un sensación interesante. Era la primera vez que alguien me dedicaba un poema, y más aún de aquella manera. Lo leímos juntos. Estaba bueno, lindas palabras, sin excesivo romanticismo. Bien. Lástima que fuera tan perecedero, no hay forma de recuperar aquellas palabras. La hubo, en realidad. Sacamos algunas fotos, pero tiempo después, en un ataque de locura repentino las borré. Una pena. Una vez que él hubo terminado con mi cuerpo empecé yo con el suyo. Las letras no se me dan a mí tan fácil como a él, no al menos la poesía, ni siquiera la metáfora, lo mío es más literal. Pero siempre me gustó el dibujo, así que lo ilustré. Tomé otros colores, además del verde, azul y rojo. Unos trazos verdes por aquí, flores rojas y azules entrelazadas aquí y allá. Un ojo. Siempre me llamaron la atención los ojos, y siempre me gustó dibujarlos. Un ojo verde, con brillo en sus pupilas, y pestañas largas y curvas. Seguí ilustrando aquí y allá. Dejando mi marca en su cuerpo, mi nombre por acá, otra flor por allá, algunas figuras irregulares más allá. Nos miramos y nos reímos. Era bastante ridículo lo que estábamos haciendo, pero no por eso menos divertido. Parecíamos dos nenes, entusiasmados. Apropiándonos del cuerpo del otro de toda manera posible. Una vez que terminamos con la sesión de dibujo y fotografía nos miramos.
-¿Y ahora?
Dijimos entre risas.
-Vamos a darnos una ducha, así nos sacamos todo ésto.
Le dije, mientras iba hasta el baño. Abrí la ducha y nos metimos juntos. Nos bañamos mutuamente, frotándonos con la esponja para sacar los restos de tinta que todavía nos cubrían. Pero no salía del todo. Nos reímos en la ducha, y nos besamos, y tal vez algo más…
Una vez que terminamos de ducharnos y secarnos nos percatamos que ya se había hecho de noche, otra vez. Empezábamos a tener hambre y en mi casa ya no había nada de comer.
-Te invito a comer ¿Querés?
Dijo. Y no pude más que contestarle que sí. Nos vestimos y salimos a caminar por el barrio. Era una noche hermosa, cálida, con una luna perfecta. Empezamos a caminar por el bulevard Charcas hasta que encontramos una pizzería…
Ir a Post siguiente: 47.To sleep or not to sleep? (4).
45. To sleep or not to sleep? (2) 20 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: El viajero, Marcadores, Novio, sexo, Zapatillas Verdes
14 comments
Sábado 4 de Abril de 2009.
De golpe, un destello claro… la luz del día que se filtraba por la ventana daba de lleno en mis párpados. Abrí los ojos y miré el reloj, eran más de las diez de la mañana y él dormía plácidamente al lado mío. Increíblemente me había quedado dormida -con él en mi cama!- y habíamos dormido abrazados toda la noche. Era la primera vez en nosecuánto tiempo y se sentía bien. Raro, pero bien. Tengo que levantarme antes que se despierte y lavarme los dientes, así no da…- pensé, pero ya era tarde. Se había despertado y volvía a abrazarme.
-Estas acá -dijo, todavía somnoliento -menos mal que no te fuiste al living…
Y me besó. Me quiero morir, todavía no me lavé los dientes -pensaba, mientras lo besaba. Pero no estuvo tan mal. En fin, a todas esas cosas ibamos a tener que acostumbrarnos, si ésto seguía. Nos abrazamos un rato más en la cama, disfrutando de la fiaquita matinal y casi sin darnos cuenta nos fuimos acercando cada vez más, hasta que me encontré arriba de él, y él adentro mío. No estaba mal esto de dormir juntos, me había olvidado lo interesante que puede ser el sexo matinal, esos momentos en que uno todavía no distingue entre el sueño y la realidad y todas las defensas están relajadas.
Cerca del mediodía nos levantamos para para desayunar. Debo confesar que en todo ese día sólo salimos del cuarto para preparar algo de comer. Un rato al mediodía, un rato a la tarde. El resto del día transcurrió entre sexo, mimos y sábanas arrugadas. Genial. Como debería ser un fin de semana perfecto. Cada minuto que pasaba me iba sientiendo más y más estupidizada. No podíamos estar un minuto sin estar uno cerca del otro. Ya bien entrada la tarde, en un momento que él se levantó de la cama para ir al baño, me encontré sola y respiré profundo. Totalmente relajada y depatarrada en mi cama. Se sentía genial. Manoteé mi biblioteca (que está arriba de mi mesa de luz) y me encontré con un librito que no leía hace mucho, uno de mis favoritos. Espantapájaros, de Girondo. No soporto la poesía pero en éste caso hago una excepción. No es romanticona ni empalagosa, y tiene una sonoridad genial, buenísima para leer en voz alta. Me hace llorar de la risa cada vez que lo leo. Cuando volvió me puse a leerle en voz alta. No lo conocía pero le gustó. Leimos juntos el resto de la tarde, desnudos los dos, muriéndonos de la risa y disfrutando de cada palabra. Jamás podría estar con alguien que no sepa disfrutar de un buen libro- pensaba para mí, y sonreía. Cuando terminamos de leer dijo:
-¿Tenés marcadores?
-Tengo… ¿para qué?
-Vos traelos… -dijo haciéndose el misterioso.
Fui a buscar la caja donde guardo los materiales de mis pacientitos y saqué un par de marcadores de trazo grueso. Se los dí.
-¡Buenísimos! -dijo- Vení, acostate acá. ¿Puedo?
-Dale…
Dije entre risas. No podía decirle que no a nada y la idea me parecía divertida, así que me dejé hacer. Me hacía cosquillas…
Ir a Post siguiente: 46. To sleep or not to sleep? (3).
Más de Girondo (mis favoritos):
44. To sleep or not to sleep? 19 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: El viajero, Novio, Zapatillas Verdes
16 comments
No sé como me había animado, pero lo había dicho. Lo había invitado a dormir, con todo lo que eso implica para mí. Hacía mucho que no podía dormir con nadie. Ni siquiera con una amiga. Las últimas veces que algún osado compañero ocasional se había invitado solito, no había podido pegar un ojo en toda la noche, o simplemente me había llevado una almohada y una frazadita al diván del living y había dormido plácidamente ahí, en paz y solita. No sé porqué será que algunos hombres tienen esa maldita costumbre de auto-invitarse. Dicen boludeces como -uh! qué tarde se hizo… qué cómoda está tu cama… es que acá estoy más cerca del trabajo… o simplemente se acomodan y se duermen sin más invitación. Como si la casa de una fuera un hotel que ni siquiera se sienten en la obligación de pagar. Por suerte eso no había pasado hasta ahora con El Viajero. Siempre se había portado como un caballero, diciendo -Bueno, me voy… – a la hora indicada, y yo lo acompañaba hasta la puerta sin más. Hasta ese día.
Unos segundos más tarde su respuesta.
-¿Estás segura?
-Sí, quedate -le dije- lo que sí, te aviso, me cuesta un poco dormir acompañada últimamente, así que no te asustes si en la mitad de la noche me levanto y me voy a dormir al living.
- … Espero que no… No me gustaría…
-Bueno, veamos qué pasa.
Le dije, mientras le ofrecía un cepillo de dientes nuevito. Por suerte tengo la costumbre de comprarlos de a dos, y tenía uno guardado por ahí. Me daba un poco de verguenza lavarme los dientes delante de él, pero me hice la valiente, saqué pecho… e hice como si fuera lo más natural del mundo. Y él también. Cuando terminamos de lavarnos los dientes se metió desnudo en la cama y yo hice lo mismo. La verdad es que no soporto dormir desnuda. No me banco la sensación de las sábanas sobre la piel, el roce. Me es muy incómodo. Pero no tenía nada decente para ponerme, para dormir acompañada. Las dos gotitas de “chanel nº 5″, baby dolls o camisones sexies son lo más alejado de mi estilo que puede existir. A mí me gusta dormir cómoda. Nada mejor que una musculosa vieja, o a lo sumo un camisoncito de algodón, seguramente medio desteñido. Así que estuve dando vueltas en la cama un buen rato. Abrazándolo para un lado, y para el otro. Se sentía bien estar cerca suyo pero a la vez estaba incomodísima, el roce constante de piel con piel no me permitía relajarme. Así no me voy a poder dormir -pensé -y no quiero pasarla mal, mejor que se vaya acostumbrando a verme como soy. Me levanté, saqué del último cajón del placard una musculosa vieja, una bombachita, me los puse y volví a la cama. Lo abracé una vez más, pasé el brazo por debajo de la almohada y ahora sí, traté de relajarme un poco, finalmente y …
.
Ir a Post siguiente: 45. To sleep or not to sleep? (2).
43. Tengo Novio (3) 15 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Besos, Blog, Cita, Facebook, Novio, sexo, Zapatillas Verdes
25 comments
Me quedé muda, mudísima. No sabía qué contestar. No podía creer que había sido tan tonta. Tenía obviamente en mi facebook una aplicación de blogs, en la que tenía seis blogs registrados, algunos que leía… y el mío. Obviamente no decía cuál era cuál pero no podía ser tan difícil, sobre todo cuando el mío tenía alguna información básica. Sin datos personales, pero psicóloga, de 30 años… no iba a ser muy difícil de deducir. Mierda, pensé. Mierrrrrrrrrda. ¿Y ahora qué le digo? No daba mentir, simplemente yo no soy así. Y además no hubiera tenido sentido. Así que no se lo negué. Solo le repetí
-Acordate que me prometiste que no lo ibas a leer.
Pero sabiendo la inutilidad absoluta de aquellas palabras. Ahora solo faltaba prepararse para lo que se iba a venir después. Esperaba que más tarde que temprano, pero en algún momento iba a pasar. Me quedé un poco preocupada, pero él parecía tan seguro cuando me decía que no lo iba a leer que me relajé. Seguimos hablando de otras cosas mientras la cercanía y la intesidad de los besos y las miradas se iba haciendo omnipresente. Nos levantamos, caminamos un poco y fuimos casi directamente hasta mi casa, hacia mi cama. Qué pasó después, no les sabría decir. Mi memoria ya no registra con exactitud la sucesión de hechos. Si podría contar que de tanto en tanto, cuando parábamos a tomar un descanso, se me quedaba mirando con un ternura y una fijeza que hubieran derretido el hielo de los polos, si es que todavía queda algo. Alguna vez, así como al pasar largó un “te quiero”, que todavía sonaba extraño a mis oídos. Era casi como un golpe en la frente que alguien volviera a usar aquellas viejas palabras. No me era natural contestarle (como hubiera debido) “yo también”. Odio decir y hacer cosas sólo porque es lo correcto, y si no me salía decirlo, todavía no lo pensaba hacer. Tampoco me daba para quedarme en silencio, y todo lo que podía contestarle era
-No me apures…
Optó por cambiar de estrategia, hubiera sido simplemente estúpido insistir. Cuando me besaba me pedía que abriera los labios y susurraba palabras dentro de mi boca. Yo no sabía qué había dicho pero podía imaginármelo. De todos modos me ahorraba la obligación de tener que contestar y eso ya era un alivio. Así que lo dejé hacer, miéntras volvíamos a empezar. Un buen rato más tarde, después de muchas idas y vueltas, caímos muertos los dos sobre la cama. Transpirados y agotados, pero relajados, con mucho sueño. Se había hecho muy tarde y la verdad, después de todo lo que venía pasando, y visto y considerando nuestro reciente “noviazgo”, no me daba para volver a echarlo de casa, como venía haciendo hasta ahora, sutilmente. Debería decir que para mí, llegar a dormir con alguien es todo un evento. Sencillamente me parece algo muchísimo más íntimo que el sexo en sí. Lavarse los dientes, ponerse un pijama viejo, escucharse los ronquidos y levantarse a la mañana con los pelos parados y mal aliento… Me daba verguenza! Encima las últimas veces que lo había intentado no había podido relajarme ni pegar un ojo en toda la noche… Por eso lo venía postergando, pero esa noche… era distinto. Dije, entre dudas:
-¿Te querés quedar a dormir?
.
Ir a Post siguiente: 44. To sleep or not to sleep.
42. Tengo Novio (2) 13 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Blog, Cita, El viajero, Facebook, Novio, Zapatillas Verdes
30 comments
Viernes 3 de Abril de 2009
Obviamente la cosa no quedo ahí. Él siguió preguntando y yo cada vez sabía menos qué contestar, ni cómo. Los silencios se hacían más prolongados y hasta intenté decirle que prefería no contestarle. Pero no era tan fácil y además en algún momento se iba a enterar… Pero la pregunta era ¿Yo quería que él leyera lo que estaba escribiendo? No estaba segura. Era inevitable que si lo leía vinieran escenas de celos, desconfianza, prejuicios. No iba a ser fácil hacerle entender que yo escribía sobre un pasado, reciente pero pasado al fin. Que mi vida hoy era diferente. Y que no me arrepentía de nada, que había sido una experiencia muy interesante y sumamente enriquecedora. Imposible de explicar y mucho menos de entender. Pero lo intenté.
-Te lo voy a contar pero con una condición.
-¿Cuál?
-Que me prometas que nunca lo vas a leer. NUNCA.
-Eh! ¿Pero porqué?
-Porque creo que te puede llegar a hacer mal. Puede ser doloroso. Prometémelo.
-Te doy mi palabra -dijo, mirándome a los ojos.
-mmmm…. No sé si te creo…
Le contesté. Me era difícil creer que iba a aguantar la tentación, no sé si yo podría…
-De verdad, te doy mi palabra de honor que no lo voy a leer.
Dijo y yo hice un esfuerzo por creerle. Aunque en el fondo sabía que no lo iba a poder cumplir, que le estaba pidiendo demasiado. Pero quise creer.
-Ok. Empecé escribiendo cómo había sido la ruptura con mi ex. Había sido una historia rara, complicada, que aún no terminaba de comprender. Sentí que tenía que contarla para terminar de entenderla yo. Para cerrar esa historia. Y después seguí escribiendo, contando mis historias…
-¿Historias como qué?
-mmmm…. Bueno, salidas con amigas, conocer gente, no sé… siempre me pasaban cosas que me parecían divertidas para contar…
-¿Escribís de los tipos que te levantabas?
-Ehhh…. mmmm… bueno, algo así, pero…
-¿En internet? ¿Dónde lo puede leer cualquiera?
-…
-¿No te da miedo?
-¿Miedo a qué?
-No sé, que alguien te reconozca, que lo lea alguien que no lo tiene que leer, que te juzguen, que te maltraten…
-No, la verdad no me da miedo. No tengo nada que ocultar, y además escribo con un seudónimo. No por vergüenza, sino por mantener la privacidad. Y que me juzguen no me importa en lo más mínimo. Yo sé lo que soy y lo que valgo, no necesito del reconocimiento de nadie…
-¿Y te lee mucha gente?
-No mucha en realidad, pero hay algunos.
-Ahora me da curiosidad…
-Me prometiste que no lo ibas a leer! Además no te pienso dar la dirección…
-¿Es uno de los blogs que tenés en tu Facebook?
-…
.
Ir a Post siguiente: 43. Tengo Novio (3).
41. Tengo novio. 12 Octubre 2009
Posted by ...(des)encontrada... in 2009.Tags: Blog, Cita, El viajero, Novio, Zapatillas Verdes
16 comments
Viernes 03 de Abril de 2009.
Ese día intercambiamos algunos llamados y quedamos en encontrarnos por la tarde. Me había venido bien un día de soledad para ordenarme un poco. Todavía no me acostumbraba a la idea de “tener novio” y eso de andar pegoteados todo el día no me cerraba del todo. Apenas estábamos conociéndonos y necesitaba un poco de aire. Además siempre venía bien algo de tiempo para escribir en mi blog, cosa que para ésa época, era una de mis actividades principales. Así que esa tarde nos encontramos. Bajé en cuanto tocó el timbre y empezamos a caminar para un barcito con mesas afuera, uno de los tantos que hay en Palermo. Era una tarde fresquita pero agradable. Pedimos lo de siempre: yo café negro, él pepsi light. Y mientras tomábamos, nos abrazámos y acariciábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Obviamente empezamos a hablar y hablar y hablar, como cada vez que nos encontrábamos.
-¿Qué estuviste haciendo hoy? -preguntó.
-Fui al hospital a la mañana, hoy empezaron las clases y tenía que ir a recibir a los alumnos y presentar la materia. Después me vine para casa…
-¿Y qué estuviste haciendo toda la tarde?
Por esa época yo estaba con poco trabajo, había renunciado a mi puesto en el call center hacía unos meses y todavía disfrutaba de la tranquilidad de trabajar poco. Cosa que a la vez me llenaba de angustias. Con total inocencia contesté, casi sin saber lo que estaba diciendo:
-Estuve leyendo… y escribiendo.
Ya se lo había dicho antes, que escribía. Pero había quedado como al pasar y él nunca había preguntado qué. Supuse que no le interesaba…
-Ahhh, Escribís? ¿Qué escribís?
Preguntó, sumamente interesado. Él también escribía, yo ya lo sabía. Pero me había equivocado, y ahora iba a tener que aclarar. ¿Qué decir? Después de pensarlo unos segundos opté por decir la verdad, sin explicar demasiado. Tal vez la cosa quedara ahí y pasáramos a otros temas…
-Tengo un blog…
Dije, tratando de no darle demasiada importancia al asunto. Pero la cosa no quedó ahí. Él insistió.
-¿Un blog? ¿Y sobre qué escribís?
Me tomé unos segundos más para pensar la respuesta. Realmente no sabía qué contestar y me había metido en un brete. ¿Qué decir? Lo más natural en mí hubiera sido abrir la boca y empezar a largar todo. Pero eso no podía ser sin consecuencias y él estaba empezando a importarme. Entonces ¿Qué hacer? ¿Porqué mierda no me habré callado la puta boca? pensé. Pero ya era tarde. Intenté balbucear alguna respuesta difusa, que no dijera demasiado…
-Nada importante, boludeces mías, cuento mis historias -dije y tratando de cambiar el rumbo de la conversación agregué- lo bueno es que descubrí que puedo escribir. A mí siempre me gustó mucho leer y creía que era inútil para escribir, pero un día decidí sacarme los prejuicios de encima y empezar, y la verdad fue fluyendo. Y ahora si bien no creo que lo haga genial, al menos me dí cuenta que puedo hacerlo….
-Sí, buenísimo…. Pero ¿Qué tipo de historias escribís?
Volvió a preguntar. No me la iba a dejar pasar tan fácil…
Ir a Post siguiente: 42. Tengo Novio (2).


