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Don´t drink and text

Sábado a la noche.

Estas sola, porque la única invitación que tuviste fue la de un señor al que la semana pasada no se le paró y cuya única propuesta fue “querés acompañarme al casino?” definitivamente tienen caca en la cabeza.

Pelis.

Empanadas.

Vino.

Y un poco mas de vino.

Nadie te habla, ni un puto mensaje.

Termina la peli italiana, un poco mas depre de lo necesario y entras a facebook.

Para ver que hay.

Y que hay?

Que el forro que te agrego hace un mes, ese con el que saliste hace un año y medio… sube una foto con su minita.

Sonriente él.

Rubia ella.

Pelo corto, ojos claros.

Parecida a mi, pensás.

Y yo aca sola.

Mirando.

Porqué tengo que verlo? pensas…

Lo borro a la mierda, por forro… O no… Dejo de ver sus publicaciones… Y entonces el alcohol hace su parte. Está en linea el muy forro. Claro, si acaba de publicar. Abrís MP y el tinto escribe por vos.

te voy a eliminar de mis “amigos”. No entiendo realmente para que me agregaste. Para que vea tus fotos con tu chica?
se feliz, pero no es necesario que me lo refriegues por la cara
besos

Se que mañana me voy a arrepentir.

Pero lo envío.

Y lo elimino de mis amigos.

Tengo que dejar de tomar.

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78. Being New Poor.

Ir a Post siguiente: 79. ¿Cómo le digo?

Del Otro lado: Hasta el papel…

 

Las cosas entre nosotros seguían muy bien. Disfrutábamos de estar juntos y cada vez teníamos más planes. O mejor dicho, él cada vez tenía más planes. Un día nos íbamos a mudar a un departamento más grande, al día siguiente me iba a llevar a recorrer Europa o a las Islas Griegas, otro día se quería comprar una moto, un rato más tarde se conformaba con comprar una cama más grande, al día siguiente nos íbamos a mudar a Rio, para vivir cerquita del mar. Yo a veces me enganchaba y a veces no tanto. Me costaba un poco despegarme de la realidad, de mi cuenta bancaria que cada vez estaba más flaquita. Lo cierto era que los ahorros algún día se iban a terminar. Había que hacer algo. Sigue leyendo 78. Being New Poor.

74. Entre la espada y la pared.

Ir a Post siguiente: 75. Entre la espada y la pared (2).

Del otro lado: Llevo…

23 de Junio de 2009 

Le contesté el comentario pero seguía sin saber que hacer. Iba, venía y caminaba mientras pensaba. ¿Ahora qué hago? Algo tenía que hacer, pero no sabía qué. Odio confesarlo, pero esto me pasa seguido. Sé que algo tengo que hacer pero no se qué. O sí, pero no me gustaba mucho la idea. Lo que estaba claro era que algo iba a tener que perder, por un lado o por el otro. Y había uno de los dos lados que me iba a doler un poco más. Después de dar vueltas como una boluda, chequeando obesivamente las estadísticas del blog, los comentarios, el facebook para ver si veía rastros de él sin resultado, seguía sin saber que hacer. Sigue leyendo 74. Entre la espada y la pared.

59. En Clave (2)

Ir a Post siguiente: 60. Declaración de Insania.

Antes de hacerlo lo pensé y lo pensé. No me animaba. Tenía miedo de qué iban a pensar los demás. -Nena, vos estás loca- me diría mi amiga Caro. Pero al final me animé y lo cambié. Me metí en mi perfil, en información personal y cambié mi “situación sentimental”. Pero la cosa no era tan fácil como creía. Facebook no solo te pregunta si “estás en una relación” sino que además, una vez que le decís que sí, tiene la caradurez de preguntarte si querés poner  “con quién”. Epa. ¿No era suficiente con cambiar el estado civil? ¿Encima tengo que poner con quién? ¿Y si él no quería? ¿No tendría que preguntarle? Sigue leyendo 59. En Clave (2)

58. En Clave

El Sindrome del enamoramiento es una enfermedad de etiología no muy bien definida aunque los estudios parecen orientar a una fisiopatología desencadenada por la necesidad de otra persona. Por desgracia epidemiológicamente es una patología muy extendida a nivel mundial, siendo extremadamente raros los casos de personas que no lo hayan padecido. Los casos más serios se suelen dar en la edad media de la vida y aunque afecta por igual a ambos sexos parece ser que en los hombres suele ser clínicamente mucho mas evidenciable, siendo las mujeres más sutiles en sus manifestaciones clínicas.”

Del Otro Lado: *Setenta segundos. Vigésimooctavo.

Ir a Post siguiente: 59. En Clave (2).

Es bien sabido que el enamoramiento en una enfermedad que enceguece los sentidos y nos hace idealizar y necesitar constantemente el contacto con  la otra persona. Que con el paso del tiempo puede atenuarse y dar inicio al amor, o a la finalización de la pareja. Pero mientras dura el enamoramiento nos tiene completamente tomados. No hay lugar en nuestra cabeza para otra cosa. Incluso nos hace hacer cosas idiotas de las que, de no estar enfermos de enamoramiento, nos avergonzaríamos. Una de estas cosas idiotas que uno suele hacer en ese estado es crear un lenguaje común. Códigos. Claves. Sigue leyendo 58. En Clave

51. A confesión de parte…

Domingo 5 de Abril de 2009

Unos minutos más tarde, llega su respuesta, esa que me dejó con la boca abierta sin saber si matarlo a besos o a trompadas.

Para: Desencontrada

Asunto: Vos me dijiste que me ibas a cuidar…

Mensaje: Creo que no está loco, creo que sencillamente te vio de una manera apasionada, sincera, encrespada y que indudablemente, como yo, encontró la mujer que le llena esos espacios que tenía vacíos en el alma, que le diste vuelo y le sanaste algunas heridas. Sin dudas deberías volar unos metros más, tomarlo de la mano y dejarte, elevarte por el aire mirar todo desde las alturas y comprender que esa luna que tanto te atrae brilla con intensidad inusitada en su cercanía.

Si tu lema es “porque no”, deberías aplicarlo en un momento que quizás sea trascendental en tu vida.

Ah si te vas a enganchar con un loquito preferiría que ese insano fuera yo.

El Viajero.

¿Si tu lema es “porqué no“?? ¿Cabe alguna posibilidad de que sea una mera casualidad? No. No, no, no. Ni en pedo. Me está diciendo que leyó mi blog. Y lo que es peor todavía es que me lo está diciendo sin decírmelo, usando el mismo recurso pedorro que yo y sin hacerse cargo. Lareputamadrequeteparió. Me lo prometiste. Y yo soy tan pelotuda que te crei. O no te creí, no sé. De alguna manera creí que por arte de magia me iba a poder evitar todo esto. La puta madre. ¿Y ahora? ¿Qué habrá leído? ¿Todo? ¿Una parte? ¿Qué parte? Me quiero matar. ¿Y que te contesto? ¿Me hago la boluda y espero que te hagas cargo o te mando a cagar, o…? Todos estos pensamientos se revolvieron por mi cabeza en pocos minutos. Pero en algún momento dejé de pensar. La bronca, y el odio, y el recuerdo de todas las mentiras de mi ex me impidieron seguir pensando y lo único que pude hacer fue contestar.

Para: El Viajero

Asunto: Vos me dijiste que me ibas a cuidar…

Mensaje: y porqué me prometiste que no ibas a leer mi blog, si ya lo leiste??

Y lo envié. No sabía bien qué respuesta esperaba del otro lado. Estaba enojada, desilusionada, molesta, incómoda. Caminaba en círculos por los pocos metros cuadrados de mi departamento pensando qué hacer. Y todo lo que antes era ansiedad por verlo y hablar con él de golpe se había convertido en ansiedad a secas. Y dudas. ¿Esto significa que es un mentiroso? ¿Que me va a seguir mintiendo? ¿O será que le pedí demasiado? ¿Era posible que cumpliera su palabra? ¿Qué esperaba yo, que lo leyera pero no me lo dijera? Mientras dudaba y dudaba, sonó mi celular: era él.

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del Otro lado: El blog de Des. Vigesimocuarto.

Ir a Post siguiente: 52. relevo de pruebas.

50. El beneficio de la duda (2)

Domingo 5 de Abril de 2009

Un buen rato más tarde, recibo un mensaje de texto. Era él respondiendo el mío. Decía:

Yo no dejo de pensar en vos. Definitivamente hay algo que me subyuga, que me enciende el alma. Te necesito cerca y cuando no estás se me nota.

Besos

Sin pensarlo demasiado le contesté

Yo tampoco dejo de pensar en vos…

Escribí timidamente, estaba tratando de soltarme un poco, de liberarme de esos miedos que me seguían atormentando. Su respuesta no se hizo esperar.

Tené cuidado con los “…” Me puedo equivocar y pensar que me querés.

Su mensaje me hizo sonreir. Claro. Tres puntos suspensivos, como tres toques en el hombro, eran ya a esta altura como un código para nosotros. Eran su forma de decirme “te quiero” o “te amo” sin asustarme demasiado, sin esperar una respuesta. Y ahora me estaba invitando a jugar. A jugar al juego de los mensajes ocultos, las metáforas y los dobles sentidos. Un juego para el que siempre tuve cierta facilidad. Contesté entonces:

Ja Ja Ja.. Qué lindo. Y tal vez.. no te equivocarías mucho.

Decir las cosas y no decirlas al mismo tiempo. Ese era el juego. No pude con mi genio. Lo escribí, pero usando un “tal vez” y un condicional. Y dos puntos en vez de tres. Era una lucha entre mi intelecto y mis emociones, y venían cabeza a cabeza. Me respondió con uno o dos mensajes más, uno más dulce que el otro. Si no fuera por lo mucho que lo extrañaba, y por los suspiros que me arrancaba cada vez que sonaba mi celular, tal vez me habrían parecido un tanto empalagosos, pero no: me encantaron. Entonces me senté frente a la computadora y me puse a escribirle un mensaje por facebook. Necesitaba contarle lo que me estaba pasando, pero no podía hacerlo en forma directa, no me animaba. Siempre se me ocurre algún recurso para decir las cosas sin hacerme cargo del todo. Escribí:

Para: El Viajero

Asunto: Vos me dijiste que me ibas a cuidar…

Mensaje: Decime, entonces, qué hago?

Te cuento: hay un loquito que conocí por ahí, que me manda mensajes y me escribe cosas lindas, y me mira a los ojos con una intensidad que me hace temblar un poquito. Y a mí me da un poco de miedo. Me está asustando pensar que me puedo enamorar perdidamente de él…

Si, leyeron bien. Escribí todo eso y con tres puntos suspensivos al final. Y antes de tener tiempo de arrepentirme presioné “enviar”. Y me quedé frente a la compu como una idiota, con el corazón en la mano y esperando una respuesta.

Pero definitivamente no me esperaba la que recibí un rato más tarde…

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del Otro lado: El blog de Des. Vigesimocuarto.

Ir a Post siguiente: 51. A confesión de parte…

49. El beneficio de la duda.

No basta que todos sepamos que una persona es culpable de un delito. Sólo se lo puede condenar si se puede probar -más allá de toda duda razonable- que fue él quien cometió la fechoría.*

Domingo 5 de Abril de 2009.

Si bien sabía que habían entrado a mi blog desde facebook, no tenía forma de comprobar que efectivamente se tratara de él. Podía ser cualquier otro de mis contactos de facebook, o cualquier otra persona. Mi intuición me decía que sí, mi razón me decía que no. Que no era seguro al menos, así que había que sostener el beneficio de la duda. Según el derecho todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario (o al menos así debería ser). Con éste tipo de estupideces intento acallar a mi intuición para poder dormir en paz a la noche. Y así lo hice. Me fui a dormir pensando que no puedo ser tan paranoica. Que si me prometió que no lo iba a leer tendría que creerle. Mmmm… Tendría que… en fin. No estaba tan convencida. Sospechaba que en algún momento lo iba a leer y se iba a armar, pero esperaba que no fuera tan pronto. Todavía no sabía como iba a seguir esta historia. Dí unas cuantas vueltas en mi cama mientras pensaba estas cosas.

Me desperté a la mañana siguiente, sacudiendo aquellos pensamientos como si se tratara de un mal sueño. No podía ser él. No podía defraudarme de esa manera… me lo había prometido. Relajada después de una noche de sueño tranquilo, me preparé el desayuno, y noté con sorpresa que no dejaba de pensar en él, y en todas las cosas que habían pasado ese fin de semana. ¿Sería posible algo más? Todo parecía encaminarse hacia ese lado. No paraba de pensar en la noche que dormimos juntos, en Girondo y sus poesías, en el marcador verde, y en esa pizza que se me quedó atragantada de la sorpresa. ¿Podría ser real todo eso? ¿O sería puro chamuyo? Todavía me costaba un poco confiar en él… Pero definitivamente no pensaba en otras cosas, solo en él. Era uno de esos días en que los suspiros se hacen constantes, y uno siente el alma hinchada, que casi no entra en el pecho. Necesitaba comunicarme con él, de alguna manera. Aún con esa duda clavada en el pecho, no pensaba preguntar. Así que lo llamé. Agarré mi celular y marqué su número, casi por primera vez. Hasta aquí la iniciativa siempre había sido suya. Sonó… una, dos, tres… y cuatro veces. No me atendió, y no me animé a insistir. Esperé un rato, una hora o tal vez menos, sin novedades. Entonces le mandé un mensaje de texto. Escribí:

Solo te llamé para decirte que te extraño.

Des.

Y aún medio indecisa y sin pensarlo demasiado, lo envié.

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*http://neuro.qi.fcen.uba.ar/ricuti/Tonterias/beneficio.html

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48. To sleep or not to sleep? (5).

Pedimos la pizza finalmente, y comimos mirando un poco la luna y charlando de lo loca que había sido la última semana. Es  sorprendente la cantidad de cosas que pueden pasar en tan pocos días, y tantas otras veces pueden pasar semanas enteras y que no pase absolutamente nada. Terminamos de comer, y volvimos caminado para mi casa abrazados. O más bien, yo colgada de su espalda. En cada esquina nos frenábamos para besarnos y disfrutar de nuestra cercanía. Pero había un par de cosas que aún daban vueltas por mi cabeza. Por un lado lo del blog, por el otro lo que acababa de pasar un rato antes. ¿No era demasiado pronto? Ya habíamos dormido juntos ayer, y ya era tarde. ¿Daba para dormir juntos dos noches seguidas? Esto empezaba a asustarme un poco. Además todavía necesitaba un poco de libertad, un ratito de espacio para mí. ¿Cuándo iba a escribir en mi blog entonces? ¿Con él ahí? No, eso no daba. ¿Iba a dejar de escribir por él? No, tampoco me parecía…

Llegamos hasta mi casa y subimos. Nos abrazamos y nos besamos, tomamos un café y me dijo:

-Me voy a ir yendo…

Y se me quedó mirando. Supongo que esperaba que le pidiera quedarse, pero ya a esta altura necesitaba un descansito. Tanto amor de golpe satura un poco, o todavía no estaba preparada, no sé.

-Ok, terminemos el cafecito y te acompaño.

Nos despedimos en la puerta con un beso y un abrazo, y la promesa tácita de hablar al día siguiente. Antes de irse me besó, y me tocó tres veces seguidas el hombro con su dedo índice. Casi como un código, en clave morse. Ya lo había hecho antes y yo no le había prestado demasiada atención. O sí y me había hecho la tonta. Pero después de esa noche era imposible no entender. Tres puntos, como tres puntos suspensivos. … Obviamente era una forma de decirme lo que yo le había pedido que no me diga, cuando dije -no me apures. Seguramente lo mismo que me había dicho en la pizzería. Pero me daba la chance de hacerme la tonta y no contestar, y así lo hice.

Volví a subir pensando que al fin iba a tener toda la camita para mí, para dormir toda despatarrada como siempre. Solo que antes de irme a la cama, no se me ocurrió mejor idea que sentarme frente a la PC, que estaba apagada desde el viernes. Abrí la página de WordPress. Era muy tarde para ponerme a escribir, y tenía la cabeza llena de pájaros y de dudas, no había chance de concentrarme. Pero entré a curiosear, cuántas personas habían entrado, desde dónde… y para mi sorpresa veo que había una entrada desde facebook…

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Del otro lado: Des-atragantando antes de atragantarse, vigésimoterceros.

Ir a Post siguiente: 49. El beneficio de la duda.

43. Tengo Novio (3)

Me quedé muda, mudísima. No sabía qué contestar. No podía creer que había sido tan tonta. Tenía obviamente en mi facebook una aplicación de blogs, en la que tenía seis blogs registrados, algunos que leía… y el mío. Obviamente no decía cuál era cuál pero no podía ser tan difícil, sobre todo cuando el mío tenía alguna información básica. Sin datos personales, pero psicóloga, de 30 años… no iba a ser muy difícil de deducir. Mierda, pensé. Mierrrrrrrrrda. ¿Y ahora qué le digo? No daba mentir, simplemente yo no soy así. Y además no hubiera tenido sentido. Así que no se lo negué. Solo le repetí

-Acordate que me prometiste que no lo ibas a leer.

Pero sabiendo la inutilidad absoluta de aquellas palabras. Ahora solo faltaba prepararse para lo que se iba a venir después. Esperaba que más tarde que temprano, pero en algún momento iba a pasar. Me quedé un poco preocupada, pero él parecía tan seguro cuando me decía que no lo iba a leer que me relajé. Seguimos hablando de otras cosas mientras la cercanía y la intesidad de los besos y las miradas se iba haciendo omnipresente. Nos levantamos, caminamos un poco y fuimos casi directamente hasta mi casa, hacia mi cama. Qué pasó después, no les sabría decir. Mi memoria ya no registra con exactitud la sucesión de hechos. Si podría contar que de tanto en tanto, cuando parábamos a tomar un descanso, se me quedaba mirando con un ternura y una fijeza que hubieran derretido el hielo de los polos, si es que todavía queda algo. Alguna vez, así como al pasar largó un “te quiero”, que todavía sonaba extraño a mis oídos. Era casi como un golpe en la frente que alguien volviera a usar aquellas viejas palabras. No me era natural contestarle (como hubiera debido) “yo también”. Odio decir y hacer cosas sólo porque es lo correcto, y si no me salía decirlo, todavía no lo pensaba hacer. Tampoco me daba para quedarme en silencio, y todo lo que podía contestarle era

-No me apures…

Optó por cambiar de estrategia, hubiera sido simplemente estúpido insistir. Cuando me besaba me pedía que abriera los labios y susurraba palabras dentro de mi boca. Yo no sabía qué había dicho pero podía imaginármelo. De todos modos me ahorraba la obligación de tener que contestar y eso ya era un alivio. Así que lo dejé hacer, miéntras volvíamos a empezar. Un buen rato más tarde, después de muchas idas y vueltas, caímos muertos los dos sobre la cama. Transpirados y agotados, pero relajados, con mucho sueño. Se había hecho muy tarde y la verdad, después de todo lo que venía pasando, y visto y considerando nuestro reciente “noviazgo”, no me daba para volver a echarlo de casa, como venía haciendo hasta ahora, sutilmente. Debería decir que para mí, llegar a dormir con alguien es todo un evento. Sencillamente me parece algo muchísimo más íntimo que el sexo en sí. Lavarse los dientes, ponerse un pijama viejo, escucharse los ronquidos y levantarse a la mañana con los pelos parados y mal aliento… Me daba verguenza! Encima las últimas veces que lo había intentado no había podido relajarme ni pegar un ojo en toda la noche… Por eso lo venía postergando, pero esa noche… era distinto. Dije, entre dudas:

-¿Te querés quedar a dormir?

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